“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
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viernes, 9 de agosto de 2013

Fetichismo (parte 2): La Mercancía

En el apunte anterior hacía referencia a un libro Paul-Laurent Assoun sobre el Fetichismo, y reflexionaba en torno a la romería del fin de semana, y de cómo, aunque los católicos lo niegan, todo su rito de peregrinación y cumplimiento de promesas es un acto de fetichismo tal y como lo describió De Brosses. Fetichismo, cuando no idolatría. Algunas de las reacciones al apunte me han parecido algo simpáticas, porque las personas que me han escrito dicen que son creyentes a su manera. Eso me han dicho varios amigos y amigas para marcar distancia con el rito idolátrico oficial de la Iglesia Católica.

Pero digamos que esto del fetichismo se trata de hacer como si las cosas tuvieran propiedades o poderes que no tienen, eso es lo que ocurre en muchas de las personas que hicieron la romería y que profesan devoción a "La Negrita".

Ahora, intentaré explicar el renuevo que Marx le dio al fetichismo, para llegar a cómo estas formas del fetichismo se sintetizaron de forma notable en la romería. Para ello haré una breve disertación sobre eso que Marx llamó el fetichismo de la mercancía, y que a mi juicio es central para comprender la constitución de la subjetividad en estos tiempos que corren.

Marx en El Capital parte del análisis de la forma más simple de la riqueza: la mercancía. Y no es casual que inicie por ahí, pues se trata del elemento básico de la riqueza en la sociedad capitalista. Marx ve en la mercancía una toda una lógica, una genealogía, y explica que la mercancía no es un objeto simple, juega un papel activo, y tiene dos factores que determinan su existencia: el valor de uso y el valor, que son dos cosas distintas pero inherentes a la mercancía.

Esto resulta de primordial importancia en la teoría marxista de acumulación de capital, porque precisamente su metodología de análisis permite ver en lo concreto de un objeto, en su forma de mercancía, la historia que éste contiene, como objeto, el proceso de su producción encierra todo un cúmulo de conocimientos. Pero además, con su visión de totalidad hace visible las relaciones sociales que posibilitan la conversión de un objeto en un valor de uso y en un valor de cambio a través del trabajo humano – concreto y abstracto a la vez –, en mercancía.

El análisis dialéctico de Marx pone en su real contexto las relaciones económicas y sociales de las sociedades en donde impera el modo de producción capitalista. Lo importante de la metodología utilizada por Marx, es que en su análisis explica que la acumulación de Capital es parte del desarrollo histórico de las relaciones sociales, económicas y políticas de las sociedades, y que en este sentido no se trata de una relación natural.

El fetichismo del dinero, como veremos, es el producto de esta forma relaciones de poner en el centro de las relaciones económicas al dinero, como fin, y no como el medio del intercambio (forma de equivalente) que es.

Antes detengámonos a puntualizar el análisis que Marx hizo de la mercancía, para con ello dilucidar lo que en el parágrafo 4 del primer capítulo de El capital, Marx llamó El fetichismo de la mercancía, y que a mi juicio resulta de fundamental importancia para comprender cómo es que el capitalismo, a pesar de que claramente es un sistema destructivo, sigue sosteniéndose más allá de sus límites objetivos (es decir materiales) y se ha instalado como único sistema posible en la subjetividad, a fuerza de una naturalización en las relaciones sociales.

Empecemos por señalar que para Marx, en la relación de cambio, la mercancía juega un papel activo, y es el dinero el que sirve para “medir” el valor de la mercancía. El conocimiento de la economía proviene de la relación de cambio, y Marx ve en la mercancía que se vende, el objeto como tal. El dinero, ya lo veremos, es una mercancía peculiar que hace de equivalente entre todas las mercancías. Cuando Marx nos indica que en el modo de producción capitalista, la riqueza es un enorme cúmulo de objetos útiles, no sólo historiza esta riqueza, sino que además nos dice que en el modo de producción capitalista la producción gira en torno a la generación y multiplicación de estos objetos, que finalmente devendrán en capital.

Ahora bien, ese objeto que se ha denominado mercancía, nos explica Marx, se trata de un objeto exterior, modificado en su forma original (es decir se trata de un hecho histórico en tanto modificado por la mano – trabajo – humana, para ser más claro, es un objeto de la cultura), y que satisface necesidades humanas, deseadas o necesitadas, no importa, lo que importa es propiamente que satisfaga una necesidad. Ese objeto, se mencionó al inicio, se compone de dos factores que determinan su existencia: el valor de uso y el valor de cambio.

Cuando Marx habla del valor de uso se refiere al cuerpo propiamente del objeto, el objeto como cosa útil, producto del trabajo humano, y que no está determinado por la cantidad de trabajo que contiene, no se refiere a una determinación de tipo cuantitativa, sino más bien cualitativa. No se debe perder de vista el valor de uso de los objetos porque debe considerarse la forma de producir y reproducir la vida.

Es decir, que con sólo el valor de uso los objetos no se convierten en mercancía, sino que además los objetos en tanto útiles pueden contener un otro valor, que se denomina valor de cambio. Pero a diferencia del valor de uso de los objetos, este valor de cambio no es natural de los objetos, no remite a la forma, se trata más bien de una convención social, una propiedad socialmente determinada, y esa determinación es cuantitativa. El valor de una mercancía sólo se puede expresar a través de otra mercancía, un objeto “a” se expresa en una cantidad determinada de un objeto “b”, se trata de una relación cuantitativa, porque en principio los objetos, aunque útiles, no son comparables. Se deduce con facilidad, que una condición necesaria para el intercambio es que los objetos sean diferentes. Cuando una persona se hace la pregunta por el valor de una mercancía “a” la respuesta se basa en el valor de “b”, y cuando se pregunta por el valor de “b” se tendrá que hacer referencia a la mercancía “a”. Y esto ocurre porque hay una suposición de que el objeto tiene un valor. Pero ese valor se expresa en el valor de uso de otra mercancía, el valor se hace visible a través de otra mercancía, por sí mismo el valor es invisible. No hay mercancía posible sin relación con otras mercancías, es ahí dónde se manifiesta el valor de cambio, una mercancía aislada es una ficción metodológica. Por tanto, no se trata de una propiedad natural inherente al objeto, en la relación de cambio da igual que su naturaleza sea distinta, son intercambiables siempre que tengan la misma proporción de valor. Y aunque cuando en lo cotidiano se hace abstracción del valor de uso y nos remitimos al valor de cambio (de forma irreflexiva, por puro uso común) sigue siendo condición necesaria para la posibilidad de cuantificación del valor el valor de uso.

Pero sí hay algo que es “igual” en estas mercancías, y es eso que llamamos valor: la magnitud del valor. No se igualan los valores de uso, sin embargo, como se mencionó, un objeto como cosa, es útil en tanto ha sido modificado de su estado natural (transformación de la naturaleza) por el trabajo humano, y que es lo que constituye la base para poder pensar el valor: la cantidad de trabajo. Es teniendo en cuenta el trabajo humano contenido en este objeto útil que se pueden igualar los objetos. Por tanto, la sustancia del objeto es el trabajo, mientras la magnitud del mismo es la cantidad de trabajo socialmente necesario que contiene, como unidad de medida. Es justamente (o más bien injustamente) el trabajo lo que no se ve en la mercancía, pero precisamente el trabajo humano es lo que hace que la mercancía pueda ser comparable con otra mercancía.

La mercancía, por tanto, es un producto del trabajo humano útil, concreto. Y este cúmulo de mercancía que componen la riqueza en el modo de producción capitalista es producto del trabajo social disponible, que se expresa como trabajo concreto (que produce objetos de forma particular) a través de la división social del trabajo – que se nos presenta como una red de productores privados autónomos e independientes –, y eso es lo que está de fondo en este cúmulo de mercancías.

Los productores privados se presentan al mercado a cambiar sus valores de uso (para otros, para el propietario se trata de un “no valor de uso”) en tanto son poseedores (dueños) de objetos, es en ese momento en que el valor de uso se transmuta en valor de cambio y “se igualan” los objetos, en tanto contienen la misma magnitud de valor, es decir, en tanto la sustancia misma del valor (el trabajo humano). El tiempo medio para producir un objeto es una imposición social. Y este trabajo medio es lo que se denomina trabajo abstracto.

El economista Hernán Alvarado en su libro Para descifrar el símbolo monetario y el fin del capital (1997), explica que “Es la mediación de un trabajo concreto lo que le imprime a la cosa una supranaturalidad, lo que la convierte en objeto, en una materialidad social, en un valor de uso; de la misma manera que es la medida de un “trabajo abstracto” lo que le imprime al objeto una supersociabilidad: un valor de cambio que lo convierte en mercancía”.

El valor es una relación social que busca el reconocimiento de la fracción del trabajo social, esto se establece a través de una relación con otra mercancía. Para ello es necesario una forma de equivalencia. En la forma equivalente el cuerpo de la mercancía “b” aparece como “alma” de la mercancía “a”, por tanto el valor se puede expresar a través de otros objetos que “prestan” su cuerpo. Y el trabajo concreto de “b” se expresa como trabajo abstracto en la mercancía “a”. Este trabajo concreto contenido en la mercancía “a”representa un trabajo privado que al enfrentarse a la mercancía “b” se presenta como trabajo social. Según Marx: “El cuerpo que presta servicios de equivalente, cuenta siempre como encarnación de trabajo abstractamente humano y en todos los casos es el producto de un trabajo útil, concreto. Esta trabajo concreto, pues, se convierte en expresión de trabajo abstractamente humano.”

Esto es lo que Marx denomina la Forma simple del valor: “La antítesis interna entre valor de uso y valor, oculta en la mercancía, se manifiesta pues a través de una antítesis externa, es decir a través de la relación entre dos mercancías, en la cual una de éstas, aquella cuyo valor se ha expresado, cuenta única y directamente como valor de uso, mientras que la otra mercancía, aquella en que se expresa valor, cuenta única y directamente como valor de cambio. La forma simple de valor de una mercancía es, pues, la forma simple en que se manifiesta la antítesis, contenida en ella, entre el valor de uso y el valor”. Otra forma de valor es la Forma desplegada o total del valor, en la que se puede establecer una relación con todos los objetos a través de una mercancía, es justo ahí cuando el valor muestra su naturaleza social.

En la Forma general del valor, los objetos establecen una relación con una mercancía que hará las de equivalente general:
“Una mercancía sólo alcanza la expresión general de valor porque, simultáneamente, todas las demás mercancías expresan su valor en el mismo equivalente, y cada nueva clase de mercancías que aparece en escena debe hacer otro tanto. Se vuelve así visible que la objetividad del valor de las mercancías por ser la mera “existencia social” de tales cosas, únicamente puede quedar expresada por la relación social omnilateral entre las mismas; la forma de valor de las mercancías, por consiguiente, tiene que ser una forma socialmente vigente”.
Todas las mercancías son comparables a través de una sola, el valor social está expresado a través de esta “tercera mercancía” para lograr calcular las magnitudes del valor de las mercancías. Esta “tercera mercancía” en su función de equivalente general, juega un papel exclusivo y excluyente para medir el valor de todas las demás mercancías, es un objeto simple, pero es un objeto común que las compara a todas y posibilita el intercambio, como medida de valor. En tanto es medio de intercambio permanece “invisible”, nadie pregunta por su valor, porque supone el valor de las otras mercancías, es un supuesto absoluto que no se expresa. Según Alvarado, la Forma dinero deriva de esta Forma general del valor:
“En cuanto valores los objetos se transforman en mercancías (...) se toman en cuenta dos características de esta forma del objeto: la primera, que en la relación mercantil los valores de uso equiparan sus magnitudes de valor, de esa equivalencia depende su vigencia histórica. Los objetos mercantiles se sujetan a la ley social con el rigor con que sus materiales se sujetan a la ley de la gravedad. La segunda, que el valor de cambio comporta, en la práctica, una realidad simbólica: su precio, o representación del valor en términos dinerarios. Sólo que aquí lo simbólico esta supeditado a la materialidad de equivalente: el precio se refiere al valor de la materialidad del oro, al dinero”.

Lo que Alvarado explica, es que lo simbólico queda supeditado a la materialidad del dinero, y que es precisamente esa supeditación lo que permite que considerar al dinero mercancía, puesto que hay un valor de uso que deviene en valor de cambio, y el objeto se manifiesta “sólo como una cantidad equivalente de otros valores de uso”. Y agrega: “La equivalencia es un caso de ambivalencia; dos magnitudes se sopesan y se equiparan, así se propicia el vínculo mercantil. La equivalencia es la ambivalencia en su punto de equilibrio, pues el valor de cambio supone la doble valencia de la mercancía y del dinero”. Para Marx, es la forma de dinero “... la que vela de hecho, en vez de revelar, el carácter social de los trabajos privados, y por tanto las relaciones sociales entre los trabajadores individuales.” Marx insiste en que se trata de un modo de pensar válido “... para las relaciones de producción que caracterizan ese modo de producción social históricamente determinado: la producción de mercancías”.

Es precisamente aquí cuando se produce un fenómeno con enormes consecuencias para el modo de producción capitalista, y que a mi juicio también tiene serias consecuencias en la subjetividad, y que de alguna forma viene a determinar la forma en que nos relacionamos, y determina en alguna medida el porqué hacemos lo que hacemos, y es lo que Marx denominó el Fetichismo de la mercancía. Es este momento en que el desarrollo de la producción capitalista se topó con la cuestión del fetichismo. Es justamente aquí cuando, según Paul-Laurent Assoun, el "rasgo fetíchico" se inscribe en el momento de la materia bruta de las cosas con su carácter de forma en el sistema de los intercambios, es decir, en donde la cosa parece animarse hasta llegar a la "autonomía" y se incorpora a la "danza de las mercancías". 

Es por esto que Assoun dice que Marx se torna en etnólogo del capitalismo moderno, porque en sus análisis de la mercancía señala que ésta es la forma visible e inasible de las relaciones sociales, porque en el intercambio las cosas pareciera que se relacionan entre sí, como si no se tratara de relaciones humanas. Esta forma de fetichismo expresa la ruptura entre el valor de uso y el valor de cambio, y la naturalización de las relaciones sociales, por lo que parece que son las cosas las que tienen un valor que no poseen, con una dinámica propia. Es como si los objetos tuvieran propiedades por ser mercancías, y olvidamos que se trata de productos del trabajo humano. Pero esto ocurre porque, las mercancías, al producirse de forma privada y de forma independiente, sus atributos sociales se manifiestan en el intercambio, ocultando las relaciones sociales que tiene de fondo, pareciera que las cosas se relacionan entre sí, como si no existiera historia dentro de las mercancías. Se trata del trabajo humano, y lo que determina la magnitud de valor es la cantidad del trabajo. 

Marx explica que cuando una persona trabaja para otra, ese trabajo adquiere también una forma social. En el intercambio, y nada más que ahí, nos dice Marx, es que los productos del trabajo adquieren una objetividad del valor, que es social, y que se separa de su “objetividad de uso”, se trata pues de una escisión del producto laboral devenido en cosa útil y cosa de valor, que se hace efectiva en la práctica y cuando las cosas se producen para el intercambio, porque ahí se tiene en cuenta el valor para que el intercambio sea posible. Marx agrega: “A partir de ese momento los trabajos privados de los productores adoptan de manera efectiva un doble carácter social”, y explica que los objetos satisfacen una necesidad socialmente determinada, con la que prueban la eficacia como partes del trabajo global, dentro de la división social del trabajo, pero además, esta producción de objetos útiles produce objetos dotados de valor susceptibles de ser intercambiados por otros objetos equivalentes en cuanto a su magnitud de valor: “La igualdad de trabajos toto cœlo [totalmente] diversos sólo puede consistir en una abstracción de su desigualdad real, en la reducción al carácter común que poseen en cuanto gasto de fuerza humana de trabajo, trabajo abstractamente humano”.

Como explica Alvarado:
“El objeto es naturaleza transformada por el trabajo humano, lo que quiere decir relación de poder, intencionalidad, finalidad colectiva. No obstante, a menudo se atribuye al objeto propiedades que en sí no tiene y se omite, sospechosamente, el trabajo y su determinación: se le atribuye una plusrealidad, una segunda capa de sentido que recubre la funcionalidad original. Si no se distingue entre un objeto y una cosa natural, aunque ambos sean igualmente útiles, no se ve la mano humana, por ende no se puede delimitar lo real de la relación histórica. (...) en alguna parte se pierde así lo real del objeto. Lo curioso es que no se pierde el objeto sino su realidad histórica; el objeto sigue fungiendo en la práctica, pero ya no como lo que es, sino como otra cosa; como si la utilidad fuera refuncionalizada y puesta al servicio de otro orden, del orden arbitrario del fetiche, en el que se pervierte la realidad inicial del objeto. No obstante, al omitirse la naturaleza, el objeto será una metafísica; al olvidarse el trabajo será una cosa mítica; se esfuma así la objetividad de la cultura que lo originó. Esta operación mental consiste en aniquilar la realidad social del objeto, en omitir así la relación humana. Esta última pervive petrificada, como si fuera una cosa y no una dialéctica.” 
Marx lo que dice es que, al producirse de forma privada objetos que son socialmente útiles, se revela el carácter social del trabajo que los produce, y que justamente eso es lo que tienen de común las mercancías, que son objetos producto del trabajo humano, y en el mercado esta relación de trabajo, que es la que en el fondo produce el valor, se da de forma inconsciente, “No lo saben, pero lo hacen”, dice Marx. El valor no lleva escrito en la frente lo que es. Por el contrario, transforma a todo producto del trabajo en jeroglífico social. La relación social de las personas es transformada en un comportamiento social de cosas. Pero además como lo señala acertadamente Alvarado, se trata de una “relación de poder, intencionalidad, finalidad colectiva”, de una relación de explotación, en la que el capitalista se apropia del plusvalor producido por el obrero. Como “sospechosamente” se omite u olvida el trabajo contenido en la mercancía, la cosa se vuelve mítica y se oculta completamente la cultura que lo origina, la cultura de la irracionalidad capitalista, y a la vez inaugura el síntoma de la sociedad capitalista contenido en la producción de mercancías. Para el productor lo que interesa es cuánto valor ajeno obtendrá por el producto propio. La magnitud de valor cambia de forma constante y de forma independiente de la voluntad de los sujetos del intercambio, según Marx, “su propio movimiento social posee para ellos la forma de un movimiento de cosas bajo cuyo control se encuentran, en lugar de controlarlas”.

En ese sentido es que el método de análisis dialéctico de Marx permite ver que la sociedad burguesa genera en su modo de producción, el fetichismo, que se sostiene bajo una lógica perversa de explotación, y que se oculta bajo la figura de la mercancía. Pero además, pone de manifiesto que las actuales formas de relación social no son igualitarias, tal y como pretende la burguesía, y que no se trata del “Edén de los derechos humanos innatos”, sino que se trata de una sociedad en la que la desigualdad se disfraza de igualdad a través de la relación económica en la dialéctica del intercambio de mercancías. Esta ley de equivalencia del intercambio, según Alvarado, es una operación mental, donde lo distinto aparece como si fuera lo mismo, como si las cosas se cambiaran de forma proporcional (ya veremos cómo esto no es posible), que esta equivalencia “es una utopía mercantil”. En una nota al pie de página de El Capital, Marx lo explica de esta forma: “Lo que caracteriza, pues, a la época capitalista es que la fuerza de trabajo reviste para el obrero mismo la forma de una mercancía que le pertenece, y su trabajo la forma de trabajo asalariado…”. Alvarado sostiene que el trabajo en la sociedad capitalista se convierte en una actividad que desconoce lo subjetivo del sujeto que lo realiza, se trata de una ideología que no soporta lo específicamente humano, lo diferente, lo inconmensurable: “... Por eso cabe afirmar que el intercambio de objetos está fundado en una ficción que sostiene eficientemente un fetiche: la mercancía. Fetiche sobre el que pesa una mentira: la ley de equivalencia, o sea, la ley que toma lo diferente por lo mismo, que instaura la violencia simbólica de la medida, el totalitarismo del valor”.

Pero además de ocultar una relación de producción perversa, en donde se genera un sinrazón (el proletario y la exclusión), se impone como afirma Alvarado un totalitarismo del valor, que se instaura en la subjetividad, y que es finalmente lo que hace que el mismo sistema se mantenga a pesar de las contundentes pruebas de su propia disfuncionalidad:
“El intercambio que hace mercancía al objeto es, por otra parte, un proceso social que multiplica los usos y necesidades. Una instancia que acelera en progresión creciente la producción/consumo de objetos. La forma mercantil es un primer acelerador de ese proceso universal de objetivación o de transformación de la naturaleza en objeto, de la lógica general de cosificación, que termina siendo, para el sujeto, el mismo proceso de su enajenación.”
Tras esta extensa reflexión en torno al carácter fetichista de la mercancía, y en cómo efectivamente, ésta se convierte en síntoma del capitalismo, finalizo mencionando un detalle que me llamó poderosamente la atención de la romería pasada, y que no pasó inadvertida por mucha gente (y que demás dio origen a esta serie de apuntes sobre el fetichismo), es la foto de la Basílica por dentro:


Las marcas, según Naomi Klein en un interesantísimo libro titulado No Logo, han llegado a sustituir o al menos convertirse en algo similar a las mercancías, en algunos casos las mercancías "valen" por el simple hecho de tener un logo. Es decir, que "el capitalismo" ha dado un salto en las producción de fetiches, y las marcas pueden sustituir en alguna medida a los objetos (y su producción) al punto de que ya no es necesario el objeto como tal, sino su representación, que en este caso sería la marca. Es una inversión bastante interesante de lo que sucede con el fetiche religioso, que sí requiere del objeto. 

En todo caso, los fetiches a lo interno de la Basílica se sintetizan en el "pasillo de la fe", nótese el simbolismo de entrar de rodilla al santuario estando rodeado de marcas comerciales. No deja de ser una ironía que en el supuesto espacio sagrado se conjuguen tantos fetiches, primitivos y modernos. Pero lo que más me llama la atención es que la gente sea tan irreflexiva y no pueda ver a los mercaderes absolutamente metidos en el templo, por eso precisamente es que es tan importante el análisis Marxista de la mercancía, que devela el carácter social de la producción capitalista. Por eso es que Marx analiza el objeto básico de la producción, porque encierra y a la vez oculta todo el proceso de producción, es decir las relaciones de poder. Y esas relaciones de poder no es casual están presentes en ese acto religioso, la gente encandilada por el brillo de la mercancía no ve lo que ocurre frente a sus narices, este acto de fe, es precisamente lo que sostiene al fetiche religioso, este acto de fe también es lo que sostiene al capitalismo. La romería es un claro ejemplo de ello. 

El próximo apunte, analizará cómo efectivamente en este "acto de fe" el poder político también hizo su juego, aunque por supuesto como es la tónica en el gobierno de la Chinchilla, les salió un poco mal. Hasta aquí por hoy, que me extendí demasiado.

domingo, 23 de junio de 2013

El tiempo y el "modelo país"

Abro el diario de Tibás y me encuentro dos cosas que me llaman la atención: una entrevista a Fancisco Chacón (ex-ministro de propaganda) y un reportaje sobre el uso del tiempo de los costarricenses. En principio, una cosa no tiene que ver con la otra... y en realidad no, bueno tal vez un poco.

En noviembre del año pasado escribí un par de apuntes sobre el "Absurdo de vivir", el segundo específicamente relacionado con el trabajo y de cómo nuestra vida se va en el trabajo. Decía que "Vivimos sometidos (voluntariamente, es lo peor) a un ritmo de vida que únicamente sirve para la producción de cosas. Un ritmo de vida que en realidad es un ritmo de producción. Nuestra vida está en función de la producción, nos hemos convertido en simples eslabones de esta absurda y destructiva espiral de producción-consumo, que en realidad es de destrucción de la vida humana y del planeta, en forma paralela." 

Cuando leo el "reportaje especial" del diario de Tibás me quedo pensando que Álberto Barrantes C. ni siquiera se pregunta qué es lo que pasa, su reportaje es completamente superficial, lo cual no debería extrañarme. En su narración (decir análisis sería exagerar) Barrantes nos explica: "Corre como el agua. El principal culpable es el tiempo. Ese enemigo que, con sus minutos y segundos, se escurre en un abrir y cerrar de ojos entre la computadora, el celular, comer, dormir, el traslado para llegar al centro de trabajo y para realizar los quehaceres domésticos del día a día."  (la negira es mía).


Según Barrantes se trata del tiempo, no de la lógica de producción que nos ata al trabajo y al consumo. Sería mucho pedir que hubiese llegado al fondo del asunto. La colega y amiga Amaryllis Quirós lo pone un poco más en perspectiva cuando cuestiona la lógica materialista que nos exige tener más, pero se queda corta (claro que la entrevista y las opiniones de Quirós no están del todo consignadas en el reportaje). El reportaje de Barrantes por eso se queda corto, porque como es típico en estos periodistas de molde, apenas se dedica a describir una encuesta a la que podría sacársele más jugo, pero no es de interés ni del periodista ni del diario, que ya sabemos lo que es. Es apenas un dato que el 44% de los encuestados se sienta satisfecho con su trabajo, es decir el 56% está insatisfecho más de la mitad, hace diez años el 70% se manifestaba satisfecho. Esto no es un dato menor, ya veremos si en otro reportaje se mencionan las causas. 


Pero obviamente el "culpable" no es el tiempo, si no su distribución, y la distribución del tiempo no es azarosa, está completamente estructurada en función de la producción. La vida se nos va en el trabajo,  en estudiar para tener mejor trabajo, y en el consumo, porque el consumo es una pieza fundamental para que el sistema se sostenga, sin consumo no hay crecimiento y sin crecimiento, "hay caos". Por eso la reivindicación con respecto al tiempo es fundamental, y tiene también que ver con darle el verdadero valor que corresponde a los valores de uso, nuestra sociedad le da ha dado una posición privilegiada al valor de cambio, y es así como hemos convertido todo en una mercancía que se vende o se compra, "time is money", dicen los dueños de todo, los capitalistas, y las focas aplauden, aunque no tengan dónde caer muertos. Con esta lógica es que acabamos con nuestra vida, no es por culpa del tiempo, el tiempo es el que es, siempre lo ha sido, la diferencia fundamental es nuestro "ritmo de vida". 


Hace unos días veía una entrevista en TVE al presidente del Uruguay, José Mujica (ese que es "igualito a la Chinchilla"). En esa entrevista el Mujica reflexionaba sobre la vida, sobre nuestra vida en la sociedad de consumo, en esta misma línea en la que he venido argumentando desde hace meses sobre el trabajo y el tiempo, y Mujica decía: "... porque para vivir hay que tener libertad y para tener libertad hay que tener tiempo, si me preocupo mucho de los cacharros, de la casa grande, del servicio, cosas no tengo tiempo, me tengo que ocupar de eso, y si tengo mucha plata me tengo que preocupar de que no me roben y que trabajan, y si despilfarro estoy viviendo a costilla de otros. Entonces prefiero tener el mayor margen de tiempo para hacer lo que a mí me gusta y eso es la libertad. Mientras tengo que trabajar para llenar la olla no tengo libertad (…) Cuando tu compras con plata, no estás comprando con plata, estás comprando con tiempo de tu vida, que tuviste que gastar para tener esa plata y lo único que no se compra es la vida, entonces hay que ser avaro en la forma de gastarla y veo que la humanidad esta enloquecida y no tiene tiene tiempo." (se puede ver la entrevista completa aquí: http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-desayunos-de-tve/entrevista-jose-mujica-presidente-uruguay-desayunos/1847647/)


Es muy claro, nuestro tiempo está castrado por la lógica de producción-consumo, y eso no tiene ningún sentido. Y hay quienes se sienten muy felices con esta lógica - hasta orgullosos -, de que cada vez dediquemos más tiempo al trabajo y al consumo, total se trata de un modelo que en nuestro país se viene profundizando, ellos le llaman "modelo país". 



No tenemos tiempo para disfrutar de la vida, estamos insatisfechos con nuestro trabajo, y el malestar en esta cultura neoliberal sale por todos lados, pero aún así Francisco Chacón dice en esa entrevista publicada en el diario de Tibas, cuando le preguntan cuál es el "modelo país" que han impulsado, responde: "Hacer de Costa Rica un país exitoso en el mundo económico, para mejorar la calidad de vida de la población. Los esfuerzos que ha hecho Costa Rica en los últimos 25 años, y de los cuales me siento orgulloso de haber formado parte, han sido exitosos".

Gracias don Francisco, pero mejor no se hubiera molestado. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Apunte del fin del mundo...

Hago una pequeña pausa de estos apuntes gráficos, creo que amerita hacer una breve reflexión del "final de los tiempos".

He estado haciendo joda desde hace varias semanas sobre esto del fin del mundo, alguien me increpó casi exigiendo respeto por la cosmogonía maya. Pues no entendió nada. No hago mofa de la cosmogonía maya, hago mofa del fatalismo occidental, del uso del miedo como forma de control, el miedo vende, y mucho. Y recordemos que el sistema se sostiene porque se consume... de forma desmedida.

Nunca he creído que el mundo se vaya a acabar mañana o pasado, no creo que sea posible fijar una fecha, y si fuera posible habría que hacerlo viendo hacia atrás, no tanto al futuro. Creo que desde hace tiempo hemos venido acabando el planeta, y que esto es un proceso sostenido de destrucción, y por ende de nosotros mismos. Hay quienes tienen más responsabilidad que otros. Por ejemplo, no se puede comparar la responsabilidad del dueño de la Coca-Cola frente a la de, digamos, un vecino cualquiera (aún cuando ese vecino cualquiera no recicle ni media botella), la contaminación que uno y otro genera es disímil. Y sin embargo la responsabilidad se le suele tirar al vecino: recicle, ahorre energía, etc. Mientras por otro lado se le exige consumir. ¿Y la empresa? Mientras tenga una política de responsabilidad social corporativa, no pasa nada, son buenos. En nuestro país, para no divagar mucho, el tema de la producción limpia es sencillamente un slogan muy bonito, pero no efectivo, simplemente porque no se aplica como debería una política sostenida, estricta y consciente. Lo que importa es producir, es el crecimiento que es el sostén de la economía, y del fondo, por supuesto, que el capital se reproduzca, el cómo, vale madres. Ahora, lo discutible es si con esa política estricta de producción verde, podría haber capitalismo. Porque capitalismo y sostenibilidad ambiental son "antónimos". Lo uno niega lo otro. Así de sencillo.

Lo que le hemos hecho al planeta simplemente no tiene nombre. Y lo peor de todo es que lo hemos hecho en nombre de un absurdo, sosteniendo un absurdo. Una falsa noción de libertad sujeta al consumo irracional, como si tuviéramos 25 planetas. Lo más absurdo de todo, es que el sistema está hecho para que unos pocos acumulen lo que se produce entre muchos, y a eso le llaman naturaleza humana. Nos han hecho creer que este es el orden natural, que siempre ha sido así, que el ser humano es egoísta por naturaleza. Quienes nos acusan de querer volver a la era de piedra en el fondo están defendiendo una animalidad sin sentido, son ellos quienes se comportan como los animales de la edad de piedra. Eso es en lo que creen, en el fondo son eso, animales con poder, y nosotros les damos ese poder. Y lo que ocurre es que no tiene justificación algo así, simplemente contamos con la inteligencia necesaria para que sea diferente - yo sé que los hechos están probando lo contrario -, pero apelo a la racionalidad, por lo visto quienes gobiernan apelan, a la "racionalidad", pero de la animalidad. Este mundo tal y como está en este momento simplemente no tiene sentido. Hoy tenemos todos los elementos como para buscar otras formas de producir, pero eso implicaría parar... y eso es una mala palabra para los economistas, y también para quienes desde su día a día creen en el capitalismo y su crecimiento económico como única forma de organización económica, social y política.

Se nos va más de media vida trabajando, produciendo, destruyendo el planeta en ese mismo acto de producción, y no disfrutamos de la vida. Pensamos que la vida es consumo. ¿qué sentido tiene esto? Ninguno. Yo no sé para qué carajos vivimos, pero lo cierto es que me niego a vivir solo para trabajar. Me niego a tener que vivir produciendo para que alguien se haga rico a costa de mi trabajo, y que en este mismo acto otros simplemente mal vivan.

Una nueva era debería iniciar. A eso se referían los mayas. Pero muchas cosas deberían cambiar, también dijeron. Y las cosas no han cambiado, empeoran.

Y no creo que mañana ocurra el cataclismo que Hollywood y algunos insensatos esperan. Yo creo que "el fin del mundo" en realidad lo venimos provocando desde hace décadas de obstinado consumo irracional. Y lo que va a ocurrir no es que el mundo se acabe, es que el planeta se va a acomodar buscando el equilibrio que le hemos robado, y en esa búsqueda del equilibrio natural, una inmensa mayoría de la humanidad estará de más. Uno quisiera que la naturaleza tuviera el mecanismo para cobrar a cada quién de acuerdo a su responsabilidad, pero esa es tarea de un dios en el que no creo. Para ser muy honesto, y aunque quisiera vivir unos cuantos años más, creo que nos merecemos este final, por haber destruido el planeta de esta forma. No hay justificación. Nuestra forma de vida es absurda.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El absurdo de vivir, parte 2: El trabajo

"A usted que corre tras el éxito (...)
¿No le gustaría no ir mañana a trabajar
y no pedirle a nadie excusas, para jugar al juego
que mejor juega y que más le gusta...?
¿No le gustaría ser capaz de renunciar a todas sus pertenencias,
y ganar la libertad y el tiempo que pierde en defenderlas...? 
¿No le gustaría acaso, vencer la tentación
sucumbiendo de lleno en sus brazos...?"
Serrat

 
Luego de un par de semanas con el blog botado lo retomo, una vez que se acabó la tesis (por fin!!!) y sólo queda la graduación.

Continúo con este apunte sobre lo absurdo de vivir, esta vez con el apunte que debió ser el primero, pero que por razones no muy claras dentro de mi cabeza salió después.


Desde hace tiempo estoy convencido que nuestro estilo de vida es completamente absurdo. Vivimos para trabajar. La vida se nos va en el trabajo, y peor aún en el trabajo para Otro, que no es lo mismo que decir trabajo para los otros, para la colectividad. A producir, ese es el mandato. Pero ¿A producir para quién? ¿Para qué?

Voy a decir una obviedad. Vivimos en una sociedad en la prevalece el modo de producción capitalista.

La lógica del sistema en realidad es bastante simple, aunque sus formas y el entramado social y cultural que lo sostiene es bien complejo. ¿De qué se trata el capitalismo? Como ya había dicho en otro apunte, el capitalismo trata de algo bien sencillo: de acumular capital a partir de la producción de cosas, mercancías que llaman. Para que algo sea mercancía debe ser un objeto útil (valor de uso) que pueda ser intercambiable por otro objeto (valor de cambio). Ahora bien resulta que en la sociedad actual las cosas no se producen para ser útiles, sino para ser intercambiadas, para generar acumulación, y entonces eso ha derivado en que las cosas que consumimos hoy día, tengan una fecha de caducidad programada, con el simple objetivo de que tengamos que consumir un objeto similar en un periodo corto. Las compañías se encargan de hacernos creer luego que necesitamos ese nuevo objeto porque el anterior ya era obsoleto. Y así entramos en una esfera "infinita" de producción-consumo de cosas como si la naturaleza se regenerara a la misma velocidad. Estamos entonces atrapados en una esfera de consumo irracional que es la que precisamente provoca la destrucción de la naturaleza, esto a cambio de que los capitalistas (unos pocos, que son los dueños de las fábricas y de los bancos) acumulen riqueza. Este es el primer aspecto de esta espiral destructiva, el lado de la producción: la primacía del valor de cambio, ignorando el valor de uso, o lo que los economistas ("sabios gurús" de nuestro tiempo) llaman crecimiento económico, es decir, producir cada vez más (lo medimos año con año). Ya hemos escuchado que la economía decrece, y que eso produce desempleo, la desaceleración económica es por lo tanto mala, y para que haya aceleración económica debe haber consumo, sin consumo no hay producción sostenible para el capitalista. Recordemos que la motivación última del capitalista no es otra que la acumulación de capital.

Todo esto podría sonar a retórica trasnochada si no fuera porque esto tiene implicaciones directas en la subjetividad, y por extensión en la forma en que nos relacionamos. O sea, vivimos en una sociedad que produce mercancías, y en el que hemos establecido relaciones (de todo tipo, hasta afectivas) a través de la producción de objetos. Para decirlo de otra, nuestra sociedad está organizada bajo una serie de relaciones económicas que no son sólo económicas. Como ya se dijo, el modo de producción capitalista genera subjetividades, formas de relacionarnos que están marcadas por las relaciones económicas, es toda una lógica. Esta lógica de producción requiere de una legislación específica, y esa legislación se legitima socialmente, y subjetivamente, al punto que se naturaliza. Para que el sistema capitalista funcione, es necesaria una internalización de esa legalidad, o como la llamaría el programa de educación cívica: "cultura de la legalidad". Para eso existen una serie de mecanismos e instituciones, desde la familia, la iglesia, la escuela, los medios de comunicación. Y claramente lo que se busca es que este sistema se legitima socialmente, que no se cuestione, algo así como lo que Antonio Gramsci denominó hegemonía cultural.

El capitalismo ha logrado por tanto legalizar, y peor aún, naturalizar que los patrones (los dueños de la medios de producción) roben a diario el plus de valor que producen los trabajadores con su fuerza de trabajo. Ha logrado que nos sintamos culpables cuando reclamamos nuestros derechos: "no muerdas la mano que te da de comer", como si la mano que nos dan de comer no fueran otras que las nuestras.

A todo el mundo la parece natural ir a trabajar todo el día (o la noche), gastar varias horas de transporte de la casa al trabajo, y del trabajo a la casa. Pongo dos ejemplos.


Mi vecina tiene 23 años, ella viaja cada mañana 2 horas hasta su centro de trabajo, eso quiere decir que si la hora de entrada es a las 8 a.m., debe salir del edificio a las 6 a.m., o sea que como mínimo se tuvo que haber levantado a las 5:15 a.m. para alistarse; a la vuelta la cosa no es más alentadora, si sale a las 5 p.m., y atravesando la ciudad nuevamente se le van unas dos horas, y a veces más. Llegará cansada, con ganas de comer y dormir; para, a la mañana siguiente, seguir con su rutina. Eso quiere decir, que esta chica cada día dura una media jornada de trabajo para llegar a su centro de trabajo. Ella estudió, se le acabará esta semana su contrato, y no sabe si encontrará trabajo pronto. Digo esto, porque habrá quien pueda plantearle "cambiar de trabajo", sí claro, si encuentra trabajo. Porque la "libertad para escoger el trabajo" en realidad es casi un mito, funciona para unos pocos, en el Reino de la Necesidad la cosa no funciona así de sencillo. Así que a la vecina no le quedó opción, viajar todos los días al otro lado de la ciudad, al menos por esta semana.

Los chavalos que trabajan en la construcción del frente empiezan su jornada laboral con los primeros rayos del sol, o sea, como a las 6 a.m., o quizá antes; eso quiere decir que si viven relativamente cerca, mínimo deben levantarse a las 4:30 a.m., o sea que a las 5 a.m. deber ir saliendo de su casa. Terminan su jornada laboral a las 6 p.m., más o menos, eso quiere decir que posiblemente lleguen a su casa tipo 7 p.m. Al día siguiente la misma rutina: todo el día volando pala, jalando blocks, bajo el sol o la lluvia, y aunque tiemble. No mencionemos los riesgos laborales en una construcción. Esos chavalos deben llegar a su casa sin ganas de nada. La paga no debe ser muy buena tampoco.

Podría seguir poniendo ejemplos de aquí al infinito de gente que se le va la vida completa en el trabajo. ¿qué sentido tiene esto? ¿No es les parece un total sinsentido que alguien trabaje 8 horas diarias más otras 4 horas transportándose a causa del trabajo? Doce horas en total invertidas en el trabajo, y eso que no estamos contemplando la hora de almuerzo, que normalmente se hace en el centro de trabajo o muy cerca.

Es decir, nuestra vida se nos va en el trabajo. Vivimos para trabajar, y no trabajamos para vivir. En un trabajo que produce objetos, ¡que son para otros! Más claramente ¡qué hacen ricos a unos pocos! ¿A qué hora vemos crecer a nuestros hijos? ¿A qué hora gozamos de la vida? Sumemos además que nuestro tiempo libre se nos va en actividades que también tienen que ver con el trabajo, solo que no pago, como ocurre a muchas mujeres que dedican su tiempo libre para limpiar, cocinar, lavar y otras labores domésticas. Jornadas dobles en el mejor de los casos.

Y nuestras actividades de ocio tampoco son muy gratificantes que digamos, son más bien alienantes, los fines de semana pasamos metidos en el Mall, en esta orgía de consumo para que el sistema funcione. El cuadro no puede ser más patético. Nos  pasamos todo el día produciendo valor para Otro, otro tanto transportándonos, para llegar a la casa a comer, si acaso ver y que nos pasen ordenando que debemos consumir (la publicidad no es más que eso), y consumimos cuando tenemos tiempo libre. Una locura.

Vivimos sometidos (voluntariamente, es lo peor) a un ritmo de vida que únicamente sirve para la producción de cosas. Un ritmo de vida que en realidad es un ritmo de producción. Nuestra vida está en función de la producción, nos hemos convertido en simples eslabones de esta absurda y destructiva espiral de producción-consumo, que en realidad es de destrucción de la vida humana y del planeta, en forma paralela.

¿Porqué nos cuesta tanto pensar en que las cosas podrían ser diferentes? ¿No deberíamos simplemente disfrutar de la vida? Es perfectamente posible hoy, con el desarrollo tecnológico, trabajar lo estrictamente necesario, y el resto dedicarlo a cosas realmente productivas, pero para el espíritu, para la convivencia, bajo otros parámetros. Produciendo, pero para los otros, para nosotros, no para Otro. ¿No le gustaría, acaso?

Pero simplemente nos horrorizamos cuando pensamos en otra forma de vivir, hasta nos sentimos culpables, y es más fácil aceptar que el mundo se pueda acabar que otra forma de vida, de organización social, de convivencia. Nos cuesta aceptar que esta forma de vivir simplemente no tiene sentido: es absurda.

Tomado del álbum de fotos de Facebook de LaErre.tv

jueves, 13 de septiembre de 2012

Los perros de Johnny

Este no es un apunte canino, no tiene nada que ver con veterinaria ni con las mascotas del Alcalde de San José. Esta cargado de rabia e indignación, tiene que ver con los perros sarnosos que hacen de policías en la Municipalidad de San José.

Los "perros de Johnny" son tipos (y tipas) autoritarios, en su mayoría bien ignorantes, y con un poder, que ejercen con brutalidad sobre la gente, especialmente vendedores ambulantes. Los mandos medios de la muni, y el propio alcalde, podrán sacar datos, muchos datos, pero lo que los datos no muestran el es nivel de ensañamiento de sus perros... no muestran el nivel de autoritarismo, de gorilismo en el "ejercicio de sus funciones". Los perros de Johnny, están más pendientes de los vendedores ambulantes que del "hampa". Están más pendientes de proteger los intereses del comerciante, de los dueños, que de la gente misma.

Sucede que cada día hay más gente vendiendo chucherías en la calle, Otto Guevara dirá que se trata de "emprendedores", yo prefiero llamarlos por su nombre: excluidos. ¿De qué? De todo el sistema de Seguridad Social, de todo tipo de Derecho Laboral, de un trabajo digno, de la estabilidad necesaria para no estar viendo cómo se saca adelante la vida. Son gente que la pulsea todos los días. ¿Son "santas palomas"? No tiene importancia, toda esa gente está verdaderamente sobreviviendo. Y también son víctimas de las redes de contrabando que grandes "empresarios" montan. Ellos son tan sólo la parte visible de una gran red delictiva. Y los "perros de Jonhy" sólamente los ven a ellos, porque no les interesa atrapar al "pez grande" con sus estadísticas están satisfechos, se trata de una policía para cuidar los intereses de los dueños.

Ayer fui a una cita médica, y al pasar por San José, los "perros de Johnny" estaban en plena acción sacando a un vendedor ambulante de un bus. Pero no se trataba sólo de sacarlo, había que golpearlo, había que humillarlo.

La cuestión fue así: El chavalo estaba vendiendo mercadería en la calle  (no sé qué, pero no tiene importancia), cuando llegó la policía municipal, obviamente el compa agarra toda la mercadería y huye, la policía lo atrapa y forcejea, él, y también su compañera embarazada. En el forcejeo es obvio que habrán algunos golpes, pero el compita sólo se está defendiendo de la agresión policial, que es el efecto concreto de otro tipo de agresión que es estructural: económica. El Vendedor logra soltarse y montarse a un bus de Pavas, de donde es sacado por la fuerza, literalmente por la fuerza. Los perros de Johnny lo esposan en el bus y cuando logran bajarlo lo tiran contra el césped, ahí lo golpea de una forma "solapada" (según ellos) pero muy evidente para quienes estábamos presenciando semejante abuso.

Uno de los policías le pone la rodilla a la espalda mientras le ladra que lo va a llevar a los tribunales por "agredir a la autoridad", se lo dice con ira, yo diría que con odio, con espuma en el hocico. El vendedor llora en el suelo, tirado boca abajo, mientras las esposas hacen presión en sus muñecas y sus manos se ponen rojas. La escena es de una violencia tal que la gente, que nos agrupamos alrededor y, le exigimos al policía que cese su agresión que ya el vendedor está inmovilizado. El perro de Johnny ladra, escupe, muestra los dientes, y vuelve a amenazar al vendedor que está en el suelo, llorando, humillado. Su compañera, muy embarazada, le grita al perro de Johnny que ella fue quien le golpeó y le reta a que la arreste, otro perro la aparta. El vendedor en el suelo, intenta sentarse y el perro rabioso le ladra nuevamente que le llevará a los tribunales, luego le habla al oído, y no sé qué le dice. Pero no creo que le estuviera "leyendo sus derechos". La gente le grita a los perros, éstos vuelven a ver con odio, con ganas de arrestar a alguno de los transeúntes que indignados les gritaba.

Al cabo de un rato me acuerdo que los ipods sirven para algo más que escuchar música y lo pongo a grabar. Les pido a los perros de Johnny que se identifiquen, pero sólo ladran, el perro rabioso, saca su teléfono y me graba. Ninguno se identificó, y además dijeron que no tenían que hacerlo.




Lleno de ira regresé al trabajo. Ira contra esos, que nos dicen son los defensores del orden, diez perros contra un vendedor ambulante... Un perro que agrede a un vendedor que ya está inmovilizado, ¿para eso lo entrenan? No es la primera vez, la policía municipal de San José no se caracteriza por su civilismo. Pero estos perros rabiosos, tienen rabia de autoritarismo, de poder, creen que están por encima de cualquier ley, porque la ley que aplican es la ley del poder económico, de la propiedad privada, la ley de los dueños... la ley que les dicta que los otros no son gente, y que pueden pisotear sus derechos... a mí da igual que se trate de un delincuente o lo que sea, ya inmovilizado, cualquier cosa es agresión y deshumanización. No hay justificación que valga.

Y lo que veo es que toda esa gente que, insisto muy a pesar de lo que piensa Otto Guevara y su combo cavernícola, ninguno de esos vendedores y vendedoras está ahí por purito gusto, son los excluidos del sistema, son el resultado maravilloso de este sistema neoliberal. Son los perseguidos de todos los días, porque "alguien" les pone a vender la mercadería que no paga impuestos, ni cargas sociales, es una pura ganancia obscena, y los dueños, piden, exigen, esa cacería de los pequeños, los grandes muy posiblemente sean ellos mismos, es un negocio redondo, tal vez sean otro pero da igual, la lógica es bien perversa. El alcalde gustoso se presta al juego, nada extraño que él sea parte integral del negocito, y para eso tiene a sus perros rabiosos, a sus perros sarnosos...

Un buen día la gente se va a cansar, no va a aguantar más tanto abuso , y se volcará contra los perros, se volcará contra los dueños... adivinen de qué lado voy a estar...

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cita al futuro...

¿Sabe usted que va a hacer el 14 de marzo de 2014? ¡Pues yo sí! Y no es que me haya vuelto adivino, no, para nada. Lo que va a ocurrir el próximo 14 de marzo de 2014, es que tendré una cita en el Hospital Calderón Guardia para hacerme un ultrasonido en el tobillo. Lo supe luego de hacer una fila enorme, posiblemente si me hubiera levantado más temprano hoy, digamos a las 4 de la mañana me hubiera tocado en febrero o mediados de enero de 2014, o con suerte en 2013, pero nadie me tiene desayunando y llegando tan tarde (8 a.m.) al Hospital por un simple ultrasonido, ¡Mea culpa!

Cuando vi la fecha lo primero que pregunté es si lo que decía era cierto o me estaban chingando, la secretaria toda digna dijo, "sí, esa es la fecha", y yo le replicó aún incrédulo "¿es en serio?", y ella nuevamente responde "sí, esa es la fecha". Le señalo a la secretaria (que no era gorda ni comía papaya como la personaje cliché de Jiménez) que en la referencia médica dice "Urgente", y ella me responde que "no hay citas antes", y le respondo no puede ser, que sencillamente dentro de dos años no tiene ningún sentido una cita, porque o ya me curé o no tengo pie, y para no perder la cita me lo hago en el derecho y no en el izquierdo. Y ella me insiste que no hay citas antes, ¿y qué tengo que hacer para que me atiendan? ¿meter un recurso de amparo?, pues hable con su doctor me dice, ¿con mi doctor? ¿acaso los doctores redactan recursos de amparo? ¡además es doctora! Y me quedo dudando qué hacer frente a la ventanilla.

A todo esto, mientras hacía esa interminable fila que me lanzó de golpe al 2014, la sala de espera - para que los que sí sacaron una cita, tal vez en el 2009 y cuyas dolencias sobrevivieron como para ser mostradas en Rayos X o ultradonidos -, estaba hasta la madre. Gente quebrada y otros todos chuecos. A la par de la fila al futuro (que era la mía) había dos camillas, en una, una señora de unos casi sesenta años muy dolida de algo y lista para ser operada, bueno no sé, en ropa de hospital, la cosa es que se le notaba sufriendo. A la par, en otra camilla un señor con cara de resignación, sin moverse con los brazos en X sobre el pecho y mirando al techo. A la vuelta de la pared, otra camilla, y de una puerta no dejaban de pasar pacientes en camilla, y cada vez que pasaban los doctores "muy amablemente" pedían campo a los estorbosos que esperaban la cita del futuro lejanísimo. Un espectáculo patético, digno de un hospital de tercer mundo, digno espectáculo de un país cuyos políticos y empresarios han destruido la Seguridad Social, o sea un espectáculo patético, deprimente y decadente.

Es impresionante cómo las decisiones de los tecnócratas y corruptos al frente de un gobierno (han sido varios en realidad) pueden generar este estado de caos, esta sensación de impotencia, esta impunidad, porque ¿acaso la secretaria tiene la culpa? Pues no, pero ¿a quién carajos le reclamo? ¿cuál de los corruptos que se ha robado la CCSS da la cara? ¿dónde putas está Eduardo Doryan? Recordé con mucho cariño a Elieseo Vargas y Emilio Bruce (impune, profesor en la UCR). Me acordé de los dueños de la Clínica Bíblica, y que ese edificio en el centro de San José debería ser de la CCSS, porque de todas formas se debe haber construido con los fondos públicos que se trasladaron en ese mecanismo espurio y corrupto de la "venta de servicios", decisión también tomada por los amigotes que tenían en el gobierno. Es un gran negocio, como "no hay dinero" no hay equipo, y si no hay equipo las citas serán algún día, eso si el equipo funciona, y como es urgente hacerse la maldita radiografía, uno se la hace en un centro privado, ¿y si uno no tiene plata? Se jodió. A eso es lo que llaman economía de mercado, esta es la maravilla y el paraíso que nos anuncian desde hace treinta años., esto es... nada más y nada menos que el capitalismo.

La CCSS está en crisis y sus efectos directos los sufrimos todos, bueno no todos, hay un sector que hace clavos de oro, y ya ven siguen construyendo sus modernos hospitales-hoteles, son a los que va la presidenta (sí con minúscula) y la gente de su clase, pero también los nuevos ricos, los engañados y a los que no les queda otra y empeñan casi la vida que está a punto de perderse.

¡Un ultrasonido para el 14 de marzo de 2014, qué falta de respeto! y pensar que esto es el efecto de alguna decisión que tomaron los neoliberales en una mesa... que ni siquiera fue la de la Junta Directiva de la CCSS, seguramente fue en una mesa de tragos, celebrando su gran negocio... ya saben no soy adivino, pero puedo apostar a que así fue.

domingo, 1 de julio de 2012

La educación superior privada: una estafa

 Este es el país de la estafa permanente. Nos gusta ser estafados. Nos encanta que nos mientan, que nos prometan cosas que sabemos no se cumplirán. Vivimos en uno de los países más caros de toda Latinoamérica, el más caro de la región. Y lo justificamos, y además nos sentimos orgullosos de ello, somos ticos. Ir al súper es deprimente, y uno siempre sale con esa sensación de que el dinero no alcanza. Eso a pesar de que nos prometieron desde hace treinta años que la competencia traería mejores precios para el "consumidor". Treinta años llevamos creyendo esa promesa neoliberal. Nos han estafado. Y hay quienes justifican esta gran estafa, la defienden, algunos por orgullo, aunque estén comiendo mierda, otros por ignorantes, y otros tantos por fachos. Lo cierto, y esto es objetivo, los buenos precios anunciados nunca llegaron, y no creo que estén por llegar.

La ideología neoliberal ha penetrado todos los espacios de nuestra cotidianidad, absolutamente todos. El bombardeo ha sido tal, que los aparatos ideológicos nos han llevado al convencimiento de lo público es malo e ineficiente de por sí, y que lo bueno es lo privado. Que a una sociedad le conviene el egoísmo, porque eso genera solidaridad, algún día se derramará el vaso de la riqueza. Llevan treinta años diciéndonos eso. La competencia es buena, la regulación mala.

Este discurso ha servido para desmantelar al Estado, y algunas instituciones básicas, que de alguna forma redistribuían la riqueza. Privatizar para ser eficientes. En nombre de la eficiencia unos pocos hacen buenos negocios, y se quedan con la riqueza que producimos todos con nuestro trabajo diario. Los ejemplos sobran, desmantelaron la "banca de desarrollo", han quebrado la CCSS, al ICE, la educación. Asistimos a la consumación de la mayor estafa de la historia de este país, y algunos la celebran, por supuesto quienes ganan (los corruptos que nos gobiernan y sus aliados empresariales), pero sobre todo, quienes son estafados. Todo un contrasentido.

Esta gran estafa se extiende a la educación de una forma escandalosa. Tomemos como ejemplo concreto la Educación Superior. El titular de ayer en La Nación S.A. nos da algunas luces: "Docentes formados en "U" privadas fallan en prueba de mate". En el artículo se resalta que los egresados de las Universidades Públicas obtuvieron los mejores resultados, y las privadas que imparten la enseñanza de la matemática no salieron tan bien. La pregunta más sencilla y de sentido común es ¿Es que acaso alguien esperaba que fuera diferente? ¿A alguien le extraña que la universidad latina y la de San José sean las últimas? A mí no. Las explicaciones del encargado de la universidad de San José son algo confusas, para decir lo menos, pero en parte esa explicación tan jalada del pelo, podría explicar el bajo nivel.Otras universidades se amparan en que y imparten esas carreras, ¡Vaya descargo! "Ya no es cosa mía" parecen decir. Y claramente es su responsabilidad. 


Veamos un par de ejemplos más.

Hay una universidad cuyo fundador-dueño-director se graduó con honores, ¡cuidado falla! ¿Realmente alguien puede considerar esa universidad como un centro de enseñanza serio? Adivinen quienes sí... ¡acertaron! el CONESUP... y por supuesto, el graduado con honores, que por cierto es un diputadillo homofóbico.

Otro ejemplo. En una creativa institución la formación es realmente deficiente, porque claro, son muy creativos, y buscan salirse de los cánones de lo "normal", pero si viera con lupa lo que se produce ahí, no tengo ninguna duda que habría una gran indignación con la calidad de esa formación. Y bueno, baste agregar que la dueña, en un gran desprendimiento de su parte, solía "becar" a los estudiantes de escasos recursos a cambio de, nada más y nada menos, la limpieza de la caquita de sus nietos. Becados pero para hacer de empleados domésticos. Toda una belleza, pero además era un secreto a voces. ¿Y el CONESUP? Viendo para otro lado, como siempre. Sí hay que decir, que el operativo del OIJ para arrestar a la fundadora-dueña-directora fue un verdadero exceso. La actuación policial fue similar a la de la captura de un capo del cartel de Sinaloa. Muy mal que se legitime la violencia estatal de esta forma. Pero por supuesto que considero que la investigación y la detención están justificadas, tardías eso sí.

Sigamos. Otra universidad quiso que un estudiante negro se cortara sus dreads por considerarlos incompatibles con las buenas costumbres de la profesión médica. Este caso no es sólo un caso de discriminación, sino más grave aún, de control del cuerpo, y por supuesto a partir de los prejuicios.


Y esto es tan sólo una  pequeña muestra de lo que ocurre con la educación superior privada. Esto sin mencionar lo que también es un secreto a voces, hay universidades de estas que pasan a los estudiantes a contrapelo de la nota obtenida realmente. Algunas de estas universidades además cobran hasta el TCU (que por supuesto no tiene ningún sentido en la lógica mercantil de estos negocios) y los estudiantes hacen cualquier cosa (hasta edecanes en las graduaciones de la misma universidad). Sería bueno revisar los trabajos finales de graduación de algunas universidades, veríamos que llegan apenas a tesinas dignas de un curso de una Universidad de verdad. Muchas de las universidades privadas siguen siendo literalmente "casas" de enseñanza superior, de dudosa calidad, así, tratándolas muy bien. Claro que también hay honrosas excepciones, pero son eso, excepciones.

Ahora, no quiero decir que en las Universidades Públicas no ocurran cosas desagrdables ni que no haya mediocres, pero la diferencia es que existen marcos regulatorios, hay debate, hay diferencias y se reconocen. Pero en el caso de estos negocios privados no hay marcos regulatorios, porque como ya vimos, los neoliberales dicen que la regulación es mala, se impone además el pensamiento único, cualquier atisbo de organización estudiantil es reprimido ipso facto, lo cual casi no es necesario, se forma para la conformidad.

Es por eso que Leonardo Garnier ni siquiera se le ocurre mencionar la palabra regulación cuando se le pregunta por su opinión por las bajas calificaciones en matemáticas de los profesionales de universidades privadas. Al periodista tampoco se le ocurrió preguntarlo, y si lo hizo, no forma parte de lo importante para publicar por parte del diario de Tibás.

En esta pequeña entrevista Garnier reconoce la preocupación y larga tradición de las Universidades Públicas por la calidad, pero la contrapone a la "variabilidad" de las privadas. ¿Será acaso que una para Garnier una cosa sustituye la otra? Pensamiento neoliberal puro. Es la competencia la que asegura la calidad. Pero además agrega el Ministro:  "... me parece muy importante la tendencia a que cada vez más carreras vinculadas a la docencia busquen la acreditación, ya que es un instrumento que puede contribuir a elevar la calidad". ¿Y la regulación? ¿El control del CONESUP? ¿Para qué tener esa aberración llamada CONESUP, sino sirve para un carajo? ¿Para legitimar la apertura de garajes? Mejor los neoliberales se dejan de varas y lo hacen sin burocracia.

Pero volviendo a Garnier. Como vemos para Garnier la salida es la acreditación, según él "igualar hacia arriba", pero claro lo que no se dice es que los procesos de acreditación son cada vez más laxos, y que tienen sus trucos. Además "igualan" lo que no es igual. Y es preocupante que Garnier diga que la acreditación "... da instrumentos a los estudiantes y al MEP para poder sesgarse hacia aquellas carreras acreditadas". 

Garnier le deja la tarea, propia del MEP y del CONESUP, a la "mano" del mercado, y será así como los estudiantes se decanten por la universidad. Pero ojo la trampa y el perjuicio para el país por no querer asumir una responsabilidad tan importante como la regulación efectiva de estas universidades.  

En la utopía neoliberal de Garnier, los estudiantes hacen una elección racional (claro eso es lo que dice el dogma que él mismo enseña), no existe la publicidad que equipara el marketing con calidad, no. Tampoco importa que durante treinta años existe una campaña feroz contra todo lo que sea público, para él la elección es racional.  Mucho menos existen la realidad económica de los estudiantes, ni las estafas en el financiamiento para poder estudiar. Los estudiantes "libremente deciden" y así se decantan hacia las carreras que en el negocio de la acreditación cumplen con el ritual.

Mientras, universidades de garaje (aunque tengan grandes edificios y sean transnacionales) malforman a quienes deben formar a nuestros niños y adolescentes. Malforman psicólogos en cuestión de dos años y medio, y ésos son los encargados de hacer hacer terapias y velar por nuestra salud mental. Los médicos son formados en las instalaciones públicas, pero sí les cobran a los estudiantes los campos clínicos, y no usarán dreads, se vestirán muy bonito, muy aplanchaditos, pero con formación deficiente. las carreras que se imparten son "las que requiere el mercado" y cuando se sature el mercado no importa se abren otras, sin ningún tipo de planificación. Y así podríamos seguir con la lista.

Algún día el proceso de acreditación y el mercado harán que sean centros de calidad, mientras nos estamos paseando en el país con profesionales formados para el mercado, no para las necesidades del país. Porque para los neoliberales como Garnier, el mercado significa país. Las universidades privadas forman técnicos, no profesionales integrales, no les interesa, lo único que les interesa es el negocio.

Así es como se ha consumado esta estafa, disfrazada de educación libre. Una estafa fraguada con la ideología del mercado total. Apoyada por las autoridades de gobierno. Legitimada socialmente. Cuando lo correcto sería, ampliar el financiamiento de la Educación Superior Pública, garantizar el acceso a la Universidad, pero además formar para el país, no para el mercado. Es cuestión de hacerse una pregunta muy sencilla: ¿qué es lo que requiere el país para su desarrollo? Y por supuesto la respuesta incluye al sector privado, pero no sólamente. Y es a partir de esta pregunta tan sencilla como se pueden aprovechar de mejor forma los recursos destinados a las Universidades Públicas, vinculando al sector productivo toda la capacidad investigativa y de formación de la Universidades Públicas. Total que las universidades privadas no producen investigación, no les interesa, y universidad sin investigación no puede ser Universidad.

Pero la lógica neoliberal es otra, la de Garnier y la tecnocracia gobernante. El alto a la fiesta de las universidades privadas y su estafa debería ser una prioridad de un Ministro de educación serio, pero en el país de la estafa permanente no lo es, ni lo será. El señor Garnier le apuesta a la "mano invisible" que regula el mercado, y eso ocurre porque la educación para él no es un derecho, o tal vez lo sea, pero solo hasta la secundaria. Un Ministro serio actuaría teniendo como prioridad el interés común, pondría el derecho a la educación por encima al derecho de comercio. Para Garnier está por encima la lógica de acumulación de riqueza por encima del derecho a la educación. Contradictorio, porque el interés superior, el derecho a la salud fue lo que lo motivó a expulsar las fritangas de las escuelas y colegios. ¿Porqué no actuar con este miso criterio en la educación superior?

La promesa moderna, esta promesa burguesa de ascenso social a través de la educación, entonces no es más que eso, una promesa, y en nuestra sociedad neoliberal la promesa hay que comprarla... Toda una estafa.

sábado, 23 de junio de 2012

Pepe Mujica - La frase de la semana

Había pensada que la frase de esta semana sería la estupidez de René Castro sobre la exploración petrolera, o el doble discurso ambiental de Laura Chinchilla en la Cumbre Río + 20, o las declaraciones funestas de Óscar Arias en torno al golpe de estado en el Paraguay (mañana me referiré al Golpe de Estado de Paraguay).

Pero la verdad es que en medio de tantas malas noticias, y sobre todo estupideces, opté por el maravilloso discurso de Pepe Mujica en la Cumbre de Río + 20. Sin duda alguna el Pepe sigue demostrando ser un tipo consecuente con lo que piensa, y que además dice lo que piensa cuando es necesario, ojalá más presidentes fueran así.

Este discurso deja en evidencia la pobreza intelectual y espiritual de Laura Chinchilla. Sencillamente Chinchila me da vergüenza, demasiado conservadora, mentirosa y la verdad bastante tonta, una desgracia total.

Les dejo entonces este gran discurso del Pepe, esta será la frase de este semana, que es más bien el discurso de la semana...



domingo, 11 de marzo de 2012

El dinero y el cereal

Les dejo acá un nuevo aporte del compañero Diego Zárate.

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El dinero y el cereal

No quiero relatarles mi historia sin antes desahogarme. Las palabras son el único espacio que me queda, aunque nadie quiera leerlas, siguen presentes para mi, no me abandonan y me permiten respirar. Qué conjunción más hermosa de sonidos son las palabras, nadie se detiene a contemplar y apreciar lo deleitoso de su ejecución. Las palabras salen de nuestras gargantas y nos acarician desde adentro: brotan, emergen con fuerza desde el interior de nosotros mismos y se colocan en los oídos de los demás y cobran un sentido mágico para ellos. ¡Qué maravilloso fenómeno! Si la ejecución de las palabras es un placer indescriptible, comunicarse con los otros es un fenómeno que no puede
ser concebido por otro ser que no sea humano. La palabra es un puente que une todas las distancias y que conecta los más caudalosos ríos de la imaginación y la fantasía con la vida cotidiana de las personas.

Pero qué pobres somos en mi patria natal. Hace poco un decreto nos obliga a no comunicarnos mediante palabras, puede parecer absurdo y hasta ridículo, pero es cierto. La justificación para tal acto de brutalidad (porque solo así puede denominarse semejante ley) fue la eficiencia. Pensar en las palabras adecuadas para expresarnos requiere de mucho tiempo, mientras que los precios son un
mecanismo más eficaz para comunicarnos, así, cuando queremos algo de alguien u ocupamos de la ayuda de otra persona basta con depositar unas cuantas monedas en las vertablas y con seleccionar entre el menú de opciones.

Como dije al inicio, puede parecer ridículo, pero así funciona mi país natal. Algunos lo defienden hasta con anéctodas y la historia que les quiero relatar, es una de ellas. Caminaba un hombre por las calles de mi país, vestía como todos los demás y su rostro mostraba una seguridad y una firmeza envidiables. En su mano derecha llevaba un billete de alta denominación y en la otra llevaba una
caja de cereal. Yo lo vi y me acerqué a él y le dirigí un saludo (en aquel momento yo creí que se podía saludar). Él me miró e inmediatamente se arrojó a mis pies y comenzó a suplicarme que le ayudara. Yo, un tanto sorprendido, lo tomé de las manos, lo levanté y asiéndole la cabeza le pedí que se calmara, le dije que le ayudaría y nos dirigimos a un parque. Tomamos asiento y el comenzó a decir.

- Usted no sabe cómo me siento, camino desde hace mas de diez horas sin sentido por las calles de esta ciudad. No conozco a nadie y usted es la primera persona que me dirige la palabra: hasta hace veinte minutos todos mis intentos por comunicarme fueron infructuosos, todos a mi alrededor hablaban un idioma totalmente desconocido para mí, pero voy a ir paso por paso, es que me siento
como un intruso, como un parásito heterótrofo, cuando uno es un “invitado” siempre sale sobrando.

Me decían de niño que es mejor ser deseado que sobrado; un invitado siempre es alguien de quien se puede prescindir y desde que murieron mis padres me convertí en un invitado; me quedé sin hogar. Mis familiares me tendieron su amistad, atenta y cumplida, el tiempo que duró el luto, pasado ese lapso fui recibido con risas fingidas, con una amabilidad débil; con una cordialidad fría
y cortante. Al cabo de unos meses me convertí en una carga de la que todos se querían deshacer.

-Yo no soy de aquí, yo nací en el norte y me vine con mi familia cuando era pequeño, mi hermana menor no había nacido. Pese a haber crecido aquí nunca hice amistad con nadie, sus modales gruesos y destiempados me irritaban, así que decidí estar solo. Viví con mis padres hasta que ellos murieron, luego me mudé a la casa de mi hermana y después deambulé por las casas de familiares
más lejanos, siempre con la consciencia de que era un “invitado”. Luego opté por vivir solo, pero la soledad me aterró desde el primer momento que entré en la casa: un calor tropical atrapado por cuatro muros de cemento y un techo de zinc me abrazó el rostro y me mareó. Por la noche tuve miedo. Primero experimenté una ansiedad despiadada; mordisqueé mi alacena como una
cucaracha, encendí todos los artefactos electrónicos que poseía, busqué una excusa para llamar a alguien, al final no pude contenerme y me oculté en mi cama como una rata en su madriguera.

-Sentí taquicardia, pesadez en el estómago con vértigo y un doloroso cansancio mental y visual. Cerré los ojos y el cansancio se fue. Mis tímpanos, como excitados, comenzaron a indagar uno a uno, los sonidos a mi alrededor. Descubrí con terror que el silencio acontece únicamente en la soledad de la ciudad. Quise masturbarme para que me diera sueño, pero no fue así. Me tranquilicé por unos minutos y volvió el silencio.

-Me limpié, me vestí y salí a la calle, pero estaba como rociada de veneno, cientos de perros y ratas muertos yacían sin vida en las aceras y carreteras. Nadie caminaba ni prendía una luz, todas las puertas estaban cerradas y una bruma cortante y helada peinaba la ciudad, entonces vi a mis padres,
jorobados y débiles como antes de morir, caminando hacia mi. Quise correr a ellos, pero al dar el primer paso comencé a caer.

Di un brinco en la cama y me desperté. Me vestí y me acerqué a la ventana. Estuve mirando sin ver hasta que amaneció. Al día siguiente me mudé a la casa del único amigo que esperaba tener: era un hombrecillo gordo y sonriente que lucía su bigotillo con orgullo y vanidad. Yo le presté dinero en una ocasión y por eso nos conocíamos. Siempre fue un hombre de familia, comprometido y
responsable, su hija enfermó y él no tenía dinero para medicamentos; me dijo y yo le ofrecí una tasa de interés que él no podía despreciar, aceptó e hicimos el trato: le pedí una prenda como seguro y puso su casa como respaldo para la deuda. Lamentablemente ya estaba atrazado con los pagos de la deuda cuando su hija empeoró y murió. Volví a prestarle para el sepelio, pero esta vez tuve que
cobrarle una tasa de interés más alta. Perdió la casa en un año y yo decidí alquilársela barata para compensar la pérdida. A primera hora me dirigí a la casa de mi amigo, le pedí desayuno y hospedaje con la promesa de no cobrarle el alquiler mientras yo estuviera ahí: me recibió sonriente y amable, mis familiares no me querían, ni yo a ellos. Creí que al fin había dado con un hogar pero no fue así.

-Poco a poco comencé a sentir que nuestra amistad se debilitaba como un árbol sin raíces; su esposa constantemente hablaba de mi cuando yo dormía o estaba en el baño; mi amigo se reunía con sus otros amigos y no me invitaba, así que tenía que quedarme en la casa escuchado a la esposa quejarse de la vida: culpaba y maldecía su suerte de día y de noche y por las noches rezaba al pie de
la cama implorándole misericordia y piedad a la virgen de los ángeles.

-Hoy por la mañana estábamos solos ella y yo, su marido había salido al trabajo. Ella me solicitó amablemente pero sin esconder un intempestivo malestar, que fuera al centro por una compras. Tomé el dinero y salí con la convicción de que abusaban de mi amistad.. Caminé por las calles, siempre vacías y solitarias hasta el lugar que ella me indicó. Podría usted imaginar la sorpresa que me llevé al descubrir que el vendedor y todos los habitantes de esta ciudad hablan un idioma que yo desconozco. Puede sonar arrogante, pero yo hablo, no con la refinación y elegancia que me gustaría, los más bellos idiomas de Europa y algunos de Asia; por eso no logro entender por qué nunca había escuchado los fonemas que estas personas emiten: parecen chicharras gritándole al sol. Por más que intenté comunicarme con ellos, no lo logré. Hasta ese momento comencé a determinar a quienes me rodeaban. No vestían como yo, antes los despreciaba por su bajeza, ahora los miraba sin saber qué pensar, son tan extraños, como anacrónicos y maleducados. Volví sobre mis pasos siguiendo los puntos cardinales, intentaba llegar a la casa de mi amigo, pero no la encontré. El error no es acostumbrado en mi, pero este era justificable, así que no me asusté. Regresé nuevamente sobre mis pasos para volver a ubicarme pero descubrí que por esas calles nunca antes había caminado. Pensé con resignación que al menos tenía las monedas que las esposa de mi amigo me había dado, pero al buscarlas precipitadamente me horririzó no encontrar nada. Hice memoria y
llegué a la conclusión que en mi afán por comunicarme las había puesto sobre el mostrador: me sentí derrotado, no tenía dinero ni identificación. Tampoco sabía dónde estaba y no conocía el idioma: mi única herramienta era mi personalidad dominante y carismática. Con eso pretendía recobrar la vida que había perdido, decidí volver al norte a buscar nuevos conocidos y viejos familiares. Prentendía olvidar todo lo viejo y hacer una vida nueva hasta que me enteré de la nueva
ley del dinero que comenzaba a regir desde hoy: es una maravilla que ya no sean necesarias las palabras, ahora puedo vivir aquí sin ninguna dificultad. En cuanto a la casa de mi amigo, que se la deje, no me importa, si pudiera la vendería pero por ahora no puedo demostrar que es mía, porque no sé quién soy y no les voy a dar el gusto de aprender su idioma viejo. Precisamente para esto es que le pido ayuda.

Lo miré con desconfianza y repliqué:

-No entiendo nada de lo que quiere decir, usted habla un idioma que nunca antes había escuchado. De todas maneras le digo que hablar está prohibido, si nos descubren nos quitan dinero. Tenga más precaución. No se si me está entendiendo, pero le hago un favor al alejarme de usted.

Me levanté y me volví para marcharme, pero el me tomó de las manos.

-No entiendo por qué dice usted que hablo otro idioma si yo le entiendo perfectamente y creo que uso las mismas palabras que usted. De todas maneras lo único que quiero es que me ayude a elegir un cereal. Como podrá ver, ya tengo dinero y gracias a la nueva ley no tengo necesidad de aprender el idioma de los otros, pero resulta que ahora no sé qué quiero. Creí sentir hambre, pero al llegar al supermercado no supe qué comprar, he estado desde el medio día (son las seis de la tarde) frente al mostrador de cereales sin decidirme por uno, como no entiendo el idioma, no entiendo tampoco la publicidad ni los anuncios comerciales, entonces no sé cuál es el mejor cereal. Tomé este al azar y lo que quiero es que usted me diga si es bueno o no. Estoy dispuesto a pagarle lo que pida.

Me solté las manos haciendo fuerza y me alejé de ese triste y pálido hombre. Espero no volver a verlo nunca más.

sábado, 10 de marzo de 2012

No puedo callarme

 Les dejo acá un aporte del compañero Diego Zárate.

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NO PUEDO CALLARME


Así inicia un discurso de Tolstoi en contra de la opresión abierta que genera el sistema capitalista en la Rusia Zarista del siglo diez y nueve y así quiero iniciar yo un discurso en contra la opresión abierta que genera el sistema capitalista en la Costa Rica democrática del siglo veinte y uno.

Digito angustia en el buscador de youtube y entre los resultados generados sobresale un video que tiene como etiqueta el control de la ansiedad, el estrés y el pánico. El autor, un tipo audaz y con una voz poco agradable, inicia su trabajo diciendo que en el fondo el problema es el miedo; el miedo es lo que nos genera sistemáticamente angustia, pero, ¿de dónde proviene el miedo?

No hay que ser un intelectual de primer mundo para sentir el ambiente inseguro y opresivo que sirve de entorno para la producción de riqueza capitalista; la sociedad de consumo y el régimen de propiedad se encargan de convencer a las personas de que viven en un mundo desagradable e injusto, sistemáticamente nos es mostrada la desproporción social como una virtud: pobreza y riqueza son exaltados como el discurso dominante. La riqueza es el paraíso en la tierra y es la tierra prometida del individuo, el dinero es poder que se ejerce en el presente y en el futuro y es el instrumento técnico de la opresión capitalista, porque, al final de cuentas, ¿qué es un pobre, sino un desposeído de riqueza y por en ende de poder?


Las personas somos animales, independientemente de lo que quiera afirmar animal planet y la televisión en su conjunto. Los animales se comportan de forma previsible ante fenómenos como el miedo: se enojan e inician una lucha a muerte, la vida o la muerte, pero el miedo no es una opción para ellos o se someten involuntariamente ante la autoridad y la seguridad que puede
prodigar un discurso de poder.

Un discurso de poder es una ideología en todo el sentido de la palabra: un discurso de poder dice cómo comportarse en cualquier situación, un discurso de poder prentende dar las soluciones a todos los problemas y está contundentemente convencido de que dice la verdad y que cualquier
forma de negación es un crimen y acto merecedor de castigo y reprobación. La religión es un discurso de poder, por ejemplo, porque se atribuye la verdad y la promulga como única y como hegemónica. Sin embargo este ejemplo no se refiere al tipo de discurso de poder que en este momento nos atañe, a nosotros nos importa el discurso de poder tácito, aquel que no se reconoce a
si mismo como un discurso ordenado y coherente de significados opresivos.

Un discurso de poder tácito, subyace en las prácticas y solo ahí muestra todo el alcance de sus axiomas. El sistema capitalista tiene dos formas de ejercicio de poder: de forma tácita y de forma abierta; los precios son un ejemplo de opresión abierta, porque excluyen y oprimen a los desposeídos sin ninguna mediación. El pobre entiende que no le alcanza y se aleja, como la zorra con las moras, y en este acto de alejarse y comprender que no le alcanza se muestra con toda claridad la autoridad y la represión característicos de un sistema de mercado fundamentado en los precios.


La forma tácita de ejercicio del poder del sistema capitalista también puede ser aproximado desde el sistema de precios: el dinero consigue o alcanza lo que el precio aleja o prohibe, en el fondo solo se trata de que el dinero lo puede todo. Las personas comprenden, mediante la exclusión y el hambre(y por hambre me refiero a necesidad insatisfecha), que deben integrarse al sistema capitalista de producción de riqueza si quieren integrarse a la vida humana. Por vida humana me refiero a la satisfacción de un conjunto de necesidades tales como la ropa, el alimento, el afecto, el deporte, el arte, la educación, la salud, etc.

Esta forma tácita de ejercicio de poder es, sin embargo, la forma característica de nuestra época: en ella estriba el funcionamiento y reproducción del status quo, porque la mediación del dinero permite e introduce una lógica externa a la satisfacción de las necesidades. La ganancia, entendida como el beneficio que es apropiado por el dueño de los medios de producción, se cuela en medio del intercambio y se impone como el único sentido posible; los negocios se convierten en el norte de la acción humana y el trabajo asalariado se naturaliza. El dinero, como instrumento técnico de opresión, solo ocupa de la educación como el medio para la consecución de su fin, la opresión. El sistema educativo, que se funda con la palabra y se disuelve con la violencia, opera en las mentes
de las personas eficazmente. Un niño educado sabe cómo comportarse, sin embargo la educación genera un malestar que solo puede denominarse miedo.


Las personas aprendemos a comportarnos mediante una educación fundada en el miedo, una educación que responde a los intereses de la ganancia y que por lo tanto, coloca al dinero como el ideal social por alcanzar; la ética, como el conjunto de actividades y prácticas que nos permiten alcanzar la felicidad, modifica su esquema y se convierte el conjunto de actividades y prácticas que
nos permiten alcanzar el dinero. La educación es en todo momento un discurso que busca fundar una ética en las personas, pero esto es aprovechado por los detentores del dinero y la autoridad para que esa educación sirva a sus intereses represivos. Se educa para respetar la propiedad privada.

Pero las personas no nacimos para soportar esos cuadros represivos extremos, las cárceles están abarrotadas por personas que no entendieron el mensaje, o lo entendieron mal o que simplemente no quieren respetarlo. Esas personas tienen una doble función en el discurso tácito de la opresión: sirven como ejemplo para los otros, para que quienes dudan de la autoridad del dinero conozcan las consecuencias de no someterse y para que los que ya han pecado experimenten en carne propia el dolor correspondiente a no comportarse debidamente. Los antisociales son aquellos que no se comportan debidamente, como les ordena el discurso abierto del dinero.

El miedo se impone como negación: el dinero lo oculta pero lo promueve sistemáticamente. Nadie puede imaginarse a un consumidor aterrado por la indecisión y la inseguridad al elegir un cereal en el supermercado, precisamente ese proceso es negado, la decisión del consumidor lo coloca en el escalafón social y por lo tanto no puede generarle angustia, pero, ¿con qué criterios
decide el consumidor el cereal que desea? Con los criterios de la publicidad, la educación del dinero por excelencia.

La opresión del dinero se impone limitando el acceso de las personas a la riqueza social, una persona que quiera practicar deporte tiene necesariamente que adquirir los implementos en el mercado e introducirse a la lógica del precio. Lo restringe y lo priva: somos privados de libertad por el dinero. Si no tenemos dinero, no podemos ejercer nuestra voluntad, pero con dinero tenemos que
cumplir con la voluntad de la ganancia.

jueves, 19 de enero de 2012

Trabajo doméstico y becas creativas. Más sobre este vergonzoso caso

Lo de la universidad creativa es realmente asqueroso. Ya en el apunte de hace un par de días comenté el porqué me parece perverso esta forma tan particular (¿creativa?) de apropiarse del trabajo de jóvenes que quieren estudiar y no tienen recursos para hacerlo. Como el tema aún sigue dando de qué hablar, y además hay mucha tela que cortar, continúo hoy con algunas otras anotaciones que puedan ir, de alguna forma, generando debate en torno al derecho a la educación, y la educación privada.

En las redes sociales Twitter y Facebook, se han generado todo tipo de comentarios y chistes, algunos muy graciosos, y otros muy groseros y denigrantes, no sólo con el trabajo doméstico, sino también con los estudiantes de la esa universidad. Rechazo los comentarios y chistes que denigran el servicio doméstico per se, e incluso con un sesgo clasista lo asocian con falta de inteligencia o falta de educación, o incluso le dan tintes xenófobos.

Aclaro porqué.

Sobre el trabajo doméstico, hay que hacerse una pregunta muy básica ¿es el trabajo doméstico denigrante en sí mismo? ¿es indigno? En sí mismo, no.

Sin embargo hay prácticas sociales que sí lo hacen denigrante. ¿Qué tipo de prácticas sociales? Pues esas que han existido durante muchísimas décadas (¿siglos?) en los que se rebaja el servicio a una condición de semiesclavitud y las relaciones de poder de quienes pagan por el servicio denigran a las personas. Para ponerlo más claro, de todos es conocido los abusos de poder (cuando no físicos) de los ricos con jóvenes, y no tan jóvenes, del servicio doméstico, gritos, humillaciones y múltiples formas de hacer notar quién manda. Esto es conocido. A esto se agrega que además de ricos, ¡miserables! porque ni siquiera pagan las cuotas obrero-patronales. Existe hoy día ASTRADOMES, que reinvindicaa con mucha valentía sus derechos, ya que hasta hace muy poco no era reconocido como un trabajo asalariado. Pero lo que lo ha hecho más perversamente explotador es que el trabajo se hace dentro de una casa, en el "ámbito privado" donde ocurren todo tipo de cosas, es el trabajo "que no se ve" socialmente, está escondido, y por ser ejecutado mayoritariamente por mujeres en situaciones económicas de vulnerabilidad, en la mayoría de los casos se trata de una extensión grosera de la lógica machista de explotación. Hay una relación de poder absolutamente desigual, en el que quien ejecuta este tipo de trabajo está a merced del patrón, y como dije, en la oscuridad de la casa, no es visible.

Y esto cuando se trata de un servicio pagado, porque existe una ramificación del trabajo doméstico aún hoy no es considerado trabajo, y es el trabajo de las mujeres-madres-esposas relegadas al trabajo de la casa. La lógica de explotación patriarcal aquí es más evidente, pero no por eso censurada.

Pero esta lógica, es precisamente lo que no entiende la señora Madrigal, tal vez por su posición de clase, por ser dueña, porque cree que está haciendo un favor, total ella coordina la "comisión de becas" (pues claro, es la dueña), sería bueno preguntarse (y preguntarle a ella, pero no da la cara) cuáles eran los criterios para asignar las labores u optar por alguna de los "programas" de becas. Las labores domésticas en la casa de Madrigal y sus familiares, se dan en un marco de absoluta desigualdad, en la que estudiantes que quieren y necesitan estudiar y no tienen recursos. "Nadie les puso una pistola", gritan algunos de sus "compañeros" y "pueden decidir" se "defiende" la universidad, y puede que efectivamente nadie les haya puesto una pistola, simplemente el sistema los excluyó y eso es tan violento como la pistola, porque ¿qué libertad de decidir se puede tomar sobre la base de la necesidad? Para ponerlo más claro, esta señora se ha estado beneficiando de la necesidad de estudiantes de bajos recursos, así de concreto. Por eso es que resultan denigrantes las labores que estudiantes tuvieron que realizar para poder estudiar. Esto constituye un claro acto de violencia clasista y de violencia estructural.

Pero es más triste aún que jóvenes de esta universidad ahora la emprendan contra quienes denuncian. Un ejemplo de un comentario de Facebook: "yo creo que a nadie le pusieron una pistola en la cabeza para que limpiara o que aceptara la beca. si la persona acepto la beca es porque le interesa estudiar y si no le gusta, pues que abandone sus estudios o ingrese a otra modalidad de beca, ya que si es aplicado tambien se le puede otorgar una por excelencia academica, y si limpiaban la casa de la dueña, eso es un asunto propio de la universidad, ya que son un ente PRIVADO y no le confiere que el trabajo estudiantil beneficie al estado...". Aquí es clara la matriz ideológica dominante, se ataca a la víctima, un claro ejemplo de la sensibilidad clasista y patriarcal. Hay quienes creen que en el ámbito de lo privado se puede hacer de todo.

Otro ejemplo: "a mi lo que no me gustaria es que por un grupito de gente reclamona que en muchos casos ni estan enterados de lo que en verdad pasa se vean afectados muchos estudiantes que en verdad quieren estudiar esto y no tienen los recursos para hacerlo y que estarian encantados de queles otorgaran una beca para hacerlo". Un "grupito de gente reclamona", la sensibilidad del patriarca, del dueño, ahí puesta, es esta la lógica de la Costa Rica de paz, aunque el comentario esté lleno de violencia verbal. La paz en Costa Rica se entiende como censura a quien en todo su derecho reclama condiciones dignas para estudiar. Seguramente esta estudiante cree que estos estudiantes no quieren estudiar y sacar ventajas sobre otros.


Las dos personas que hicieron estos comentarios (hay otras joyas), por supuesto, no tienen en cuenta la relación de poder que media en el trabajo que realizan los becados, o no la quieren ver. Esta también es una forma de violencia pura, pero claro eso se niega, total vivimos en el país más feliz de mundo. No es justo que por una práctica que podríamos calificar de corrupta, abusiva y denigrante se culpe a la víctima y se invisibilice la responsabilidad de Madrigal como dueña, directora de una universidad (en un momento de inspiración sublime), coordinadora de becas, y beneficiaria directa de servicios delos estudiantes. ¡Cuánto descaro! ¡Qué desfachatez! Madrigal debe estar avergonzada pero por los reportajes y seguramente porque su negocio tendrá algunas pérdidas, pero no creo que esté reflexionando por haberse aprovechado de los estudiantes. Así es el cinismo de clase. 

Y el CONESUP, un ente que da pena y que siempre ve para otro lado, anuncia una "investigación más exhaustiva" porque según el Ministro Garnier el trabajo de la beca "no parece calzar con este tipo de trabajos" estipulados en el reglamento de becas y de trabajo social universitario. ¡Un genio el Ministro! ¿Dónde estaba el CONESUP durante todo este tiempo?

Y es que el CONESUP aquí tiene una responsabilidad política. Por más de dos décadas este ente al servicio de los mercaderes de la educación, ha permitido todo tipo de abusos por parte de universidades privadas. El CONESUP ha esta más preocupado en desregular y liberalizar los "servicios de educación" que en resguardar el derecho a una educación de calidad. No es nada casual esta cantidad exagerada de universidades privadas muchas de ellas con una pésima formación y, literalmente, en casas. Súmele una política sistemática de desfinanciamiento de la Educación Superior Pública y toda una campaña mediática de desprestigio de lo Público.

Todo este cuadro tiene como resultado este tipo de prácticas denigrantes, que por cierto, los mismos estudiantes dicen que era un secreto a voces. El CONESUP es responsable, porque siempre ve para otro lado, porque para estos neoliberales está por encima la libertad de comercio que el derecho a la educación, y al anteponer el comercio frente a la educación le están haciendo un daño imponderable al país, además de estafar a miles de jóvenes que como son formados con una gran creatividad.

Ojalá que el CONESUP, o alguien, levante tan sólo una piedra, y ya verán toda la porquería que hay debajo, lo de las becas de la universidad es tan sólo la punta del iceberg.