“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
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viernes, 1 de noviembre de 2019

10 años de trabajo en la U

A mí me gustan las fechas, me gusta conmemorar eventos, porque creo que las fechas permiten hablar de cosas significativas, ligadas a sentimientos y recuerdos. Básicamente lo que digo es que la fecha es un pretexto para ver procesos de vida, o procesos institucionales. El asunto es que este 2 de noviembre cumplo 10 años de trabajar en la Universidad de Costa Rica y es una fecha importante para mí.

Ver hacia atrás es muy interesante por todo lo que ha pasado, por cómo entré y cómo estoy ahora (por ejemplo, sin pelo). Malos chistes aparte, puedo decir que afortunadamente me encuentro en una mejor y más interesante posición, aunque sí he decir que muy lejos de los salarios millonarios que La Nación, y mucha gente, cree que ganamos en la U. Luego de diez años sigo interino, aunque ya no en la Vicerrectoría de Acción Social (donde estuve poco más de nueve años), ahora estoy en el Instituto de Investigación en Educación y la Escuela de Psicología; esto me hace feliz y me ha dado tranquilidad después de los últimos tres dolorosos años. Pero en realidad no quiero hablar de mí en este apunte, lo anterior simplemente me sirve de pretexto para decir otra cosa.

Con la crisis que ha generado en la Universidad el anuncio del desvío de 70 mil millones de colones del presupuesto universitario de una partida a otra, y que nos dejaría en jaque, un grupo de docentes que tenemos a cargo la coordinación de TCU nos hemos reunido para reivindicar y evidenciar la importancia de lo que hace la U a través de los más de 170 proyectos de Trabajo Comunal bajo la pregunta ¿Qué pasaría si no existiera el TCU? Pero me he puesto a pensar que esta debería ser una tarea liderada por la Vicerrectoría de Acción Social (VAS), y con esto no digo que no deberíamos hacerlo nosotros, solo que hay una entidad que tiene toda la información y se supone los recursos para hacerlo.

Aunque la VAS no es la Acción Social, sí ejerce un rol importante en tanto es el ente rector de este pilar fundamental de la Universidad. Y sólo viendo hacia atrás es posible encontrar una respuesta a la pasividad de la Vicerrectoría en esta coyuntura, y el porqué nos hemos tenido que organizar entre nosotros.

"No voy a reducir la Acción Social" aseveró Henning Jensen en marzo de 2012 al Semanario Universidad cuando era candidato a Rector. Sin embargo, una vez ganada la elección su entorno se refería a la VAS como la "Vicerrectoría rebelde", y muchas veces llamaron a "poner orden" e incluso a "domesticar" a la VAS. Ese mismo entorno hablaba de desorden financiero, de corrupción y de caos. Para acabar “con todo lo desastroso que había hecho María Pérez” (quien no es santa de mi devoción), lo primero fue nombrar como Vicerrector a alguien que en su vida ejecutó un proyecto de Acción Social, que se perdió en su academicismo, un digno representante de la "Acción Ciudadana" sin ciudadanía, un repetidor de Boaventura de Souza Santos, alguien que nunca logró comprender realmente al sociólogo portugués. Lo segundo, fue nombrar un jefe administrativo "que pusiera orden" ("Míster No" le habían apodado en la Vicerrectoría de Vida Estudiantil), una ficha de OAF, y esa persona nunca comprendió qué es lo que se hacía en la VAS, nunca preguntó, tampoco parecía importarle mucho porque su misión era poner orden. Tercero, un director de cultura que en realidad era un productor de eventos privados, una persona con criterios elitistas de cultura, anti-izquierdista resentido y acomplejado, un tipo sediento de poder y enemigo de uno de los programas más exitosos de la VAS: Danza Universitaria, que aprovechó su posición para su vendeta personal con Danza U. Luego, el vicerrector se rodeó de aduladores que nunca comprendieron la dinámica de una Vicerrectoría que había crecido mucho y que tuvo sus muchos aciertos, y claro desaciertos. Intentaron borrarlo todo.

Para reducir la Acción Social no fue necesario reducir los presupuestos, la redujeron burocratizándola, encorsetándola en la rigidez del sistema de administración financiera, introduciendo algunos criterios economicistas, aplastando a los trabajadores, con discursos vacíos y contradictorios. La primera parte de la administración Jensen acabó con una guerra de alta intensidad y una ruptura abierta entre trabajadores y el vicerrector, sus directores (excepto la dirección de TCU) y su comparsa de aduladores. Tan es así que la salida de Salom fue celebrada a lo interno, pero también a lo externo, mucha gente pidió su cabeza, y el Rector la ofreció sin siquiera darle la cara a su fiel vicerrector (lo mismo hizo con la Vicerrectora de Investigación). Ya a esas alturas era evidente el desastre que estaba resultando Jensen al frente de la U. Si se reeligió fue porque la oposición no logró articularse y el candidato que tenía al frente era muy flojo y cometió todos los errores que no debía cometer en campaña, aún así logró sacar una buena cantidad de votos, porcentualmente hablando porque ya sabemos que una minoría es la que elige Rector.

Tras la reelección Jensen decidió poner al frente de la VAS a Marjorie Jiménez, su trayectoria al frente de la Sede del Pacífico nos hizo pensar que podría haber un cambio positivo. Pero aquello fue espejismo, y la crisis interna de la VAS fue peor. Aunque la vicerrectora tuvo el acierto de promover el nuevo Reglamento de TCU (que el anterior vicerrector "engavetó" dos años) pronto perdió el rumbo y no tuvo capacidad de dialogar con todos los sectores de la VAS, escuchó "a su gente" y la dinámica pronto se tornó tóxica a niveles intolerables, incluso para la misma vicerrectora. La crisis tuvo uno de sus climax cuando  los tres directores renunciaron en bloque (hecho grave que no fue contado por nadie, el Semanario miraba para cualquier porque seguramente Ernesto Rivera no quería meterse en problemas). Varios salimos de la VAS, y me atrevo a afirmar que son pocas las personas que se quieren quedar.

Durante el VII Congreso Universitario un grupo de trabajadores de la VAS propuso una reestructuración. La ponencia fue aprobada de forma unánime en el Congreso, pero Salom dijo "no es el momento" y nuevamente abrió la gaveta. La vicerrectora Jiménez retomó la propuesta, pero lejos de ponerla a discutir a lo interno para generar un consenso lo que hizo fue discutirla en su grupo de confianza, tampoco abrió un proceso a la Comunidad Universitaria, aunque le mostramos cómo fue que hicimos el Reglamento de TCU y le propusimos una metodología. Poco a poco la propuesta original se fue desdibujando, y se fue sustituyendo por chismes de un nuevo orden, por cambios que no tenían ningún sustento y no estaban escritos en ningún lado, en algunas ocasiones se implementaba un cambio y de un momento a otro se reculaba, lo que claramente generaba una sensación de estar gobernados a punta de ocurrencias. Esto lo discutimos abiertamente con ella en la Sección de TCU y su respuesta fue siempre descalificarnos.


Pero quizá el más grave de los "errores" (para utilizar un eufemismo) en este proceso (también usando un eufemismo) fue el suprimir la Sección de TCU. Mencioné que TCU realizó una propuesta de reglamento. Esa propuesta se construyó a través de un largo proceso de consultas y discusiones con estudiantes y docentes. Esto permitió que la Sección de TCU tuviera una claridad sobre lo que debía ser el Trabajo Comunal Universitario, en ese momento era la Sección de la VAS con mayor claridad política y académica, teníamos muy claro lo que debíamos ser, éramos “la vanguardia” de esa Vicerrectoría. Eso fue posible porque había un personal altamente capacitado y comprometido, porque había una discusión permanente y una dinámica de funcionamiento en la que las decisiones estratégicas se tomaban en conjunto. Eso ya no existe. La ocurrencia más dañina de la Administración fue que todos los asesores tuvieran proyectos de todo tipo, es decir, los que antes estaban encargados de darle seguimiento exclusivamente a proyectos de Trabajo Comunal, de pensar la política, de mirar estratégicamente, de articular esfuerzos desde el TCU, ahora debían dar seguimiento a proyectos de Extensión Docente, vínculo remunerado y otros tantos, llenando a esos asesores de burocracia y papeleo innecesario, convirtieron a los asesores en “todólogos”, donde es imposible darle seguimiento cabal a esa cantidad de proyectos tan disímiles. Si TCU logró tener un reglamento nuevo, si TCU estaba logrando reivindicar el papel académico de su quehacer, si se estaba logrando realizar articulaciones con otros proyectos, si se estaba logrando que todos los docentes tuvieran carga académica, si se estaba logrando articular con los Seminarios de Realidad Nacional, era porque había gente especializada en TCU, y todo eso se cayó. Se cayó por la implementación de una ocurrencia. Cierto que en TCU sigue funcionando la parte administrativa, se han mejorado procesos de matrícula (por cierto una promesa pospuesta desde hace años: un sistema de matrícula justo), se han reducido trámites absurdos. Pero políticamente TCU no tiene dirección estratégica, está diluido en la maraña burocrática de la VAS, y ahora sin capacidad de articularse como uno de los programas más importantes y exitosos de la Universidad, y único en Latinoamérica. En la VAS desde hace años hay una "guerra civil", desgraciadamente fomentada desde la Administración, que le ha hecho mucho daño a trabajadores y trabajadoras, pero sobretodo a quienes ejecutan los proyectos de Acción Social.

No faltará quien me diga que uno de los puntos altos fue el Foro de Acción Social, y bueno ¿qué salió de ahí? Una declaración. El trabajo de mucha gente lamentablemente ha servido para que las autoridades pongan su buena cara, mientras hablaban de diálogo de saberes y de participación, a lo interno los trabajadores y trabajadoras de la VAS tuvieron que hacer un paro de labores que dejó en evidencia la ineptitud y poca voluntad para resolver los problemas. Pero sobre todo dejó en evidencia el doble discurso de esta Administración: linda cara hacia afuera, discursos bonitos, persecución a lo interno, y solo por poner un ejemplo: la jefa administrativa y una directora de sección, durante la huelga contra el plan fiscal, intentaron levantar listas negras de trabajadores que nos fuimos a huelga.

Cumplo diez años de trabajar en la U en uno de los momentos más críticos de la historia de la Universidad. Y ahora que ya no estoy en la VAS y dirijo un proyecto de TCU (estoy "al otro lado") no dejo de pensar en lo que se hubiera podido hacer en este momento crítico si tuviéramos una Sección de TCU fuerte y no una gran "Unidad" de Proyectos en Comunidad abstracta e inoperante. Lo jodido de este momento, es que perdimos. El Rector que dijo no iba a reducir la Acción Social, terminó aplastándonos, y que, tal como decía su entorno, efectivamente logró “domesticar” a la “Vicerrectoría rebelde”, ese entre otros muchos despropósitos será su nefasto legado. De mi parte, he de reconocer que fracasamos en nuestro intento de transformar esa estructura vertical y burocrática, nos pasaron por encima. Ahora lo que toca es reivindicar la Acción Social como un espacio de construcción de conocimiento y de transformación, esta vez desde la acción, y a pesar de los Jensen, de los Salom, y de la casta universitaria. Nuestro trabajo es demostrar que la Universidad no es esa torre de marfil y que nuestro trabajo tiene sentido formando profesionales integrales, pero también generando cambios en todas esas comunidades que han sido excluidas.





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domingo, 15 de mayo de 2016

La calculadora

Es lamentable pensar con la calculadora en la mano, sobre todo cuando se ejercen puestos de poder, porque no hay forma de que los números cuadren. Cuando los dirigentes sacan las calculadoras ya todo se jodió, porque eso quiere decir que están dispuestos a torcer sus propios principios, y claro también las voluntades de otros. La calculadora implica el chantaje, ceder también a chantajes, es venderse, perder autonomía, entregarse a los caprichos de grupos de poder (no siempre con agendas transparentes, a veces hasta corruptos); y lo que pasa es que quien saca la calculadora cree que así le van a cerrar las cuentas. Y la cosa es que aún así no cierran.

Claramente una cosa es tener que negociar y tener la capacidad (y la fuerza para hacerlo), y otra es esta mecánica perversa de tomar decisiones con la calculadora en mano. No es fácil gobernar un país, no es fácil dirigir instituciones complejas, como la UCR, por ejemplo. Es más difícil aún cuando el proyecto no es tan claro, o cuando el proyecto se construye alrededor de agendas que se contraponen, y se hacen promesas tratando de quedar bien con todos, menos aún cuando se asume un discurso de cambio con viejas prácticas. Es ahí cuando la calculadora sale, y empiezan las maniobras, y el pragmatismo se hace regla. Eso no me extraña, es típico de quienes buscan mantenerse en el poder a toda costa y perdieron el horizonte hace tiempo, bueno sí es que lo tuvieron.

Pongamos como ejemplo lo que hacemos en la Vicerrectoría de Acción Social, concretamente desde Trabajo Comunal Universitario (TCU). Nuestro trabajo consiste en promover procesos pedagógicos con estudiantes y docentes que tengan impactos en comunidades, o sea, procuramos que los estudiantes aprendan haciendo, pero no desde cualquier lugar ni desde cualquier hacer, porque la cosa no es hacer por hacer. Cuando el TCU fue creado en nuestra Universidad no fue pensado como un voluntariado o como mano de obra barata para empresas o instituciones, tampoco fue pensado desde el mesianismo. Fue pensado como proceso de construcción de conocimiento y de transformación social. Sé que hay algunos académicos que consideran que no estamos para transformaciones sino para generar capacidades ("no dar la caña sino enseñar a pescar" en el lenguaje neoliberal de moda), se resignaron, envejecieron, sacaron la calculadora.

A lo que voy es que nuestro trabajo más allá de los cálculos políticos de las autoridades de turno, nuestra misión es velar porque no se tuerzan algunos principios, porque no se pervierta ese proceso pedagógico que es el TCU. Lamentablemente en nuestra Universidad se torció, por falta de supervisión, por desidia, por facilismo, por razones ideológicas; y en algunas Unidades Académicas, además, se desprecia ese hacer. Ha ocurrido también, que las universidades privadas creen que el TCU es hacer cualquier cosa, literalmente lo que sea.

Nosotros no estamos para hacer cualquier cosa, porque podemos aportar mucho, hacer cualquier cosa es desperdiciar recursos muy valiosos, es desaprovechar una valiosa oportunidad para aprender y enseñar. El TCU debe, necesariamente, generar aportes transdisciplinarios, a partir de la construcción dialógica de conocimientos, comportamientos y prácticas que promuevan procesos colectivos orientados a la incidencia directa en el entorno socioambiental. Y en ese proceso esperamos que el aprendizaje sea en doble vía, o sea, la Universidad también debe aprender.

En cierta ocasión un docente de agronomía me espetó que yo no sabía cómo se hacía un injerto de maíz, y no sé qué cosas, y claro que tenía razón, no lo sabía y aún no lo sé. Yo le respondí que yo no tenía porqué saber eso, y que de todas formas la discusión no estaba ahí, si no en el cómo se interactuaba con la comunidad, desde qué lugar se hacía, y que desde ahí sí que teníamos mucho que decir, y que precisamente para eso estábamos, para colaborar en la orientación del trabajo comunitario, que no era nuestra política ubicarnos en el lugar de los expertos, sino en la de generar procesos de aprendizaje con estudiantes y comunidades, potenciar autonomía, construir sujetos sociales. Eso no gustó al profesor que se imaginaba el TCU como una práctica profesional. Nuestra postura tampoco ha gustado a otras Escuelas y Facultades, acostumbrados (en algunos casos) a hacer cualquier cosa, a creer el TCU como la práctica académica que no tienen, o "llevar la luz" a esas comunidades atrasadas, visión muy desarrollista por cierto. Esto es lo que hemos venido poniendo en cuestión, teniendo claro que en algunos sectores no se prepara a los estudiantes para el trabajo en comunidad, y bueno, para eso es que está la formación humanista de la U, esa es nuestra razón de ser como TCU, ese es nuestro aporte a la formación de profesionales.

Al parecer algunas Escuelas o Facultades se han molestado un poquito porque hacemos nuestro trabajo, pero eso es normal, y hasta esperable, ojalá expresaran su malestar públicamente, los invitaríamos a discutir, no nos da miedo el debate, lo estamos deseando. Pero sucede esos académicos no discuten, sino que se quejan arriba, donde se toman decisiones con la calculadora y donde se tuercen los procesos académicos. Pero también eso es normal, y lo esperamos de las autoridades. Lo realmente jodido es cuando la calculadora se instala en el cerebro de otras personas, y justifican ese cálculo, por ejemplo culpándonos por hacer nuestro trabajo. Lo lamentable es que no son pocos, y que a ellos no les cierran las cuentas, porque, claro, no son sus cuentas.

martes, 17 de abril de 2012

Acción Social: transformación no caridad...

Otro de los temas que apenas fueron tocados en la campaña electoral fue el de uno de los tres pilares fundamentales de la Universidad: la Acción Social. Y digo apenas, porque las menciones fueron muy superficiales, y en el caso del Dr. Jensen un artículo en el Semanario aclarando que él no era el "coco" como se estaba afirmando en algunos sectores. Pero más allá de este artículo y algunas menciones y declaraciones de principios, fue poco lo que se dijo en campaña sobre Acción Social.

Yo también haré mi declaración de principios con respecto a la Acción Social, ya habrá tiempo para conversar a fondo con el nuevo Vicerrector, que según el Portal de la Investigación, será el Dr. Roberto Salom. Yo veo así la Acción Social, y aclaro de una vez que se trata de una visión personal que es posible que algunos compañeros y algunas compañeras compartan en la VAS (y en otros lados), pero que también es posible que esté alejada de lo que opinan otras personas, lo cual es muy natural.

Empecemos por lo básico. La Educación es un Derecho. La ideología neoliberal no sólo ha transformado este derecho en un servicio, sino que además cuando se refiere a la Educación Superior, lo hace ella como si fuera un privilegio. Es necesario reconocer que la Universidad (y la educación en general) tiene como función básica el formar profesionales que luego se insertarán en el mercado laboral, y producirán dentro del orden capitalista, cada vez más especializado, de ahí la división disciplinar de la Universidad. Pero la Universidad no sólo sirve para formar profesionales serviles y funcionales al capitalismo, como centro de pensamiento también tiene como función generar condiciones para subvertir ese mismo orden y aportarle lucidez a la sociedad, siempre reconociendo que este no es el único lugar en el que se produce conocimiento, pero sí que es un sitio en el por su propia naturaleza, tiene como función hacer que la gente piense. Dicho esto, considero que la función de generar buenos profesionales la cumplimos a cabalidad, a pesar muchas veces de la falta de recursos y de las condiciones laborales (las que abordé en apuntes anteriores).

Pero la misión de la Universidad no se limita sólamente a formar buenos profesionales. En el caso particular de la UCR, la discusión interna ha llevado a darnos una misión que va más allá de la formación profesional. Esta misión está plasmada con total claridad en el artículo 3 de nuestro Estatuto Orgánico: "El propósito de la Universidad de Costa Rica es obtener las transformaciones que la sociedad necesita para el logro del bien común, mediante una política dirigida a la consecución de una verdadera justicia social, del desarrollo integral, de la libertad plena y de la total independencia de nuestro pueblo".

Nuestro Estatuto Orgánico nos da un mandato claro: generar transformaciones sociales, a través de nuestras políticas, lo que necesariamente debe traducirse en acciones. Y ojo que no puede haber justicia social si no hay justicia económica, así que ese es un eje fundamental. El espíritu de este artículo es darle una orientación transformadora al vínculo entre la Universidad y la Sociedad. Y precisamente es este el origen de la Vicerrectoría de Acción Social: compromiso de transformación social. Nótese entonces que acá no estamos hablando de ningún "pecado original", la Acción Social y el compromiso de transformación no nace de la culpa, o sea, el tantas veces enarbolado discurso de la retribución a la sociedad no es lo que da origen al compromiso de transformación de la Universidad Pública. El discurso de la retribución a la sociedad es más bien un discurso de la caridad, que por lo tanto deviene en conservador, pero sobre todo en muy conveniente para el discurso neoliberal, porque transforma un derecho (la educación) en una deuda, de repente es como si todos los que hemos pasado por la Universidad o trabajamos en ella tuviéramos que sentirnos agradecidos eternamente y debiéramos algo por el acceso a ese derecho, o por nuestro trabajo.

La educación, además de un derecho, en nuestro país fue y es, una promesa de ascenso social, pero este discurso lo convierte en deuda. Y para ser honesto no creo que esa deuda exista, esto lo digo sin ningún cinismo. Lo digo desde el compromiso de aportar a través de mi trabajo algo para que esta sociedad sea mejor, pero no porque le deba nada. Por eso es que la Acción Social nada tiene que ver con la caridad, con esto de la retribución. La Acción Social debe estar comprometida con la necesidad de transformar una sociedad injusta y desigual.

Claramente en la Vicerrectoría de Acción no estamos exentos de errores, contradicciones, de avances y retrocesos, tampoco estamos al margen de la cruda lucha ideológica que hay en la Universidad, porque hay quienes no creen en la Acción Social, estamos en el centro de todo ello, así debe ser. Porque también hay quienes asumen que la Acción Social es una actividad que no está a la altura de la Investigación y la Docencia, cuando lo cierto es que la Acción Social conjuga de forma natural estos otros dos pilares fundamentales de la Universidad. En todo proceso de Acción Social, necesariamente hay investigación, no es posible trabajar en comunidad sin saber cómo es esta. Y este proceso si se lleva bien nutre la experiencia docente de una manera formidable. Porque como dije en las comunidades, en la gente también hay conocimiento, y tenemos mucho que aprender en las comunidades, de la gente. No somos dueños del saber.

Ésta, es pues una postura epistemológica, ética y política, claramente ideológica, y una opción por un accionar de la Universidad comprometido con la sociedad. Y en lo esencial, como habrán podido notar, apunta al modelo de Universidad.

Lo dejo acá, quedan cosas en el tintero, pero me extendí demasiado. Espero comentarios, en especial de don Roberto Salom y don Henning Jensen, aunque sé que están bastante ocupados en estos días.