Día largo el de hoy. Desde muy temprano sentado en la compu a trabajar con el montón de cosas por hacer, incluidas las correcciones de mi anteproyecto de tesis que debieron estar listas hace mucho tiempo. En todo caso logro sacar el rato para dedicarle al arbolito que sembré hace un par de días, tampoco es mucho lo que le hago, le hice más a las hortensias. Se me va la mañana en la redacción de un documento que dejo bastante avanzado, me da hambre, me doy cuenta de que prácticamente no tengo nada para comer. Así que cocino los raviolis que tenía en el congelador, hago una salsa exprés, y pienso que la cosa para la noche se va a poner medio complicada. Sigo trabajando. Avanzo otro documento, aunque no tanto como hubiese querido, pero algo es algo. Cuando oscurece me doy cuenta que no llovió hoy y que debería echarle agua al arbolito, eso me recomendaron "agua todos los días, no tanta para que no lo ahogue", no sé cuánto será "no tanta", busco en google pero no encuentro qué significa "no tanta", así que será ensayo y error, espero no matar mi arbolito, porque yo con las plantas soy como con las relaciones, muy chapa, las mato de las formas más absurdas posibles, esta vez procuraré hacerlo bien. Pospongo lo del agua porque, pienso debe estar por llover, al final no llueve. Pero como oscurece me acuerdo que no tengo nada para comer, excepto un paquete de galletas que hace rato me comí. Pienso que sería bueno avanzar un poco más en el documento que estoy trabajando aprovechando el impulso que tengo, y luego bajar a comer y de paso ir al súper, siempre es mejor ir al súper con la panza llena, así uno no se antoja de muchas cosas, eso es saludable para el bolsillo. Pero salir a comer implica como mínimo una par de horas, ese tiempo sería muy útil para seguir escribiendo. Pero ni modo, tengo hambre, así que me pongo un pantalón, estar en la casa tiene la ventaja de poder trabajar en boxer y con una de esas camisas a punto de desintegrarse, aquí arriba no hace ese calor infernal y húmedo.
Espero el bus para bajar hasta Guadalupe, que es lo que está menos lejos de mi casa y que implica solo tomar un autobús. A la vuelta, ya tarde, duré más de lo que había pensado originalmente, el bus va medio lleno, en realidad lleno, hay bastante gente de pie, como siempre la mayoría aglutinada en la parte de adelante. Intento abrirme campo entre la gente que va a pie, una amplia mayoría hombres a los que hay que empujar para poder seguir al fondo del bus, la mayoría se aparta molesta, sólo un impresentable con gorra y bulto no se mueve, de hecho es el que hace de dique para ir un poco menos incómodo en la parte de atrás. Al tipo no le importa que el resto vaya incómodo, casi parece disfrutarlo, hasta que el chofer pide de un grito que alguien le dé campo a una muchacha que lleva a un niño en brazos, nadie se había levantado a darle campo. El tipo de la gorra y bulto mira molesto hacia adelante y aprovecho para pasar hacia la parte de atrás del bus, el tipo me enjacha, pero ni modo ya pasé, más gente me sigue y los que van adelante ya no van como sardinas enlatadas. Alguien pide la parada, suena la alarma de las barras, el chofer grita que no se paren en las barras, demasiado tarde ya sonó la alarma y quien se había parado más tiempo de la cuenta ya se había bajado, seguro que eso implicará un rebajo al chofer.
Ese chofer al que seguro le rebajan un montón de plata por las múltiples "marcas" que se producen en ese obsoleto e injusto sistema de barras (esos empresarios se niegan rotundamente a un sistema moderno de cobro, obvio para no pagar impuestos y que se vea realmente su estructura de gastos). Ese chofer a pesar de las barras tiene que andar de buenas, manejar en las congestionadas calles del país a temperaturas infernales, o bajo esos aguaceros, capeando motociclistas y taxistas, cobrando y teniendo que hacer sumas y restas de dinero que si se equivoca también le rebajan, anotando a mano (en muchos casos) las cédulas de las personas adulto mayores, teniendo que pedirle a la gente que se corra para atrás o que le den campo a una persona mayor o una mujer embarazada o con un niño; si alguna persona con discapacidad va a montarse al bus tiene que bajarse para que la rampa funcione. O sea, un chofer de bus tiene que manejar y estar pendiente de todo eso, si se está orinando, debe esperar, si se está cagando, debe esperar. Posiblemente su salario sea un salario de mierda. Todos le exigimos que ande de buenas.
Sumemos por otro lado, que los usuarios no somos capaces de entender que todos necesitamos viajar, que todos queremos llegar a algún lado, no nos importa, tan educados en el individualismo nos quedamos en la mitad del bus, total ya nos montamos, no damos campo a personas que necesitan ir sentadas. Y no hay nada que apele a la colectividad, nunca el chofer (le estoy pidiendo que además piense en colectivo) pide a la gente que se mueva para atrás porque todo necesitamos viajar, tampoco cuando pide que no se paren en las barras le recuerda a la gente que le rebajan su salario. Útil sería ese recordatorio, como también sería útil que desde los medios de comunicación y desde el gobierno se apelara a ese sentido de colectividad, de bien común, de algo tan básico como dar paso en el bus, de pensar un poco en los otros.
Pero esto es mucho pedir en nuestra sociedad de la competencia como valor supremo, y más bien medios de comunicación y los ideólogos del neoliberalismo criollo apelan siempre a la solución desde lo privado, desde lo individual, defendiendo el negocio y la competencia por encima del bien común... porque claro, esos ideológos no viajan en bus. Me acordé de un tuit de Juan Carlos Hidalgo, ese "ciudadano privado" que recientemente le dio su adhesión al esquizofrénico PUSC:
Mientras me acordaba de ese tuit, pensaba en el dogma neoliberal: lo privado es prácticamente sagrado, "la empresa privada produce libertad". ¡Cuánta libertad hay en ese bus! pienso mientras veo la maravillosa eficiencia de la empresa privada en materia de transporte público. Porque es obvio que este modelo de transporte público de concesiones por rutas no funciona. Y no funciona simplemente porque cada empresario autobusero está pensando en su beneficio y no en el de la gente. Por eso es que los usuarios padecemos en buses incómodos (peor si una persona tiene alguna discapacidad física, solo recordemos que los autobuseros se han negado sistemáticamente a acatar la Ley 7600). El poder y la presión política que hacen estos empresario (donantes de las campañas políticas) hace que las cosas no mejoren para los usuarios y casi siempre empeoran, con un transporte caro y un servicio deficiente, solo la entidad encargada de regular el transporte público parece opinar lo contrario y por eso chinea a los empresarios, pobres criaturas, ¡la autoridad reguladora al servicio del empresario!... bonita cosa. Pero para el dogmatismo liberal esto es lo que funciona, jamás regulación estatal, y mucho menos una empresa pública, cosa por cierto, que funciona en la mayoría de los países. Lo más grave es que aunque es evidente que la cosa no funciona Nuestra obsoleta mentalidad de mercado, no nos deja pensar en soluciones alternativas poniendo como centro el bien común y no la ganancia privada de unos empresarios avaros. Al menos comí rico, y me hice de provisiones para estos días.
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“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
Ignacio Martín-Baró
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jueves, 6 de junio de 2019
domingo, 10 de febrero de 2013
Apuntes Aztecas. El Metro.
México DF.*
El Metro de la Ciudad de México sin duda alguna merece un apunte. Miles de miles de personas usan diariamente esta compleja red de trenes subterráneos, que en algunos tramos circula fuera de los túneles. Es impresionante el orden (y también el desorden) de esta red. Es muy sencillo viajar a casi cualquier lugar de la ciudad en cuestión de minutos, realmente práctico. Sin el Metro la Ciudad de México simplemente colapsaría... más. Porque la circulación por sus calles a horas pico es imposible, las presas son impresionantes, así que lo más sensato es transportarse por abajo.
Aunque debo acotar, que en las horas pico en algunas de las diez líneas del Metro es toda una hazaña abordar el Metro. Pude ver en la estación de la Candelaria todos los vagones llenos, se bajaba un montón de gente, y subía todavía más gente. Las personas, dentro, iban pegadas unas con otras sin espacio para moverse, como sardinas enlatadas, pegadas a las puertas, pegadas unas a otras, pegadas a todo. Me pareció imposible subir, y de hecho no lo hicimos, eran las 7:15 de la mañana, regresábamos de Guanajuato, y optamos mejor por un taxi. El caso es que cuando yo pensaba que no era posible que en ese Metro subiera una persona más, un tipo con un traje azul se lanzó a las puertas del vagón, se tiró de frente como si se tirara contra una piedra y pretendiera romperla con su cabeza y su cuerpo. El tipo del trajo azul logró hacerse campo a fuerza, la gente se estrechaba más y más conforme el tipo del traje azul, a fuerza de empujones, se metía lentamente. Cuando sonó el aviso del cierre de las puertas el tipo del traje azul tenía medio cuerpo afuera, pensé que no lo iba a lograr, pero pujaba y pujaba (en realidad empujaba y empujaba), y se iba haciendo campo entre las "otras sardinas ya enlatadas", las puertas empezaron a cerrarse y para ese momento solo le quedaba la pierna izquierda fuera. La escena no pudo ser más chistosa, las puertas se cerraron y la pierna cubierta por ese traje azul desaparecieron justo en el momento en las dos puertas se cerraron. No logro (aún) entender cómo ese tipo del traje azul logró meterse en ese vagón.
Para que se den una idea de cómo es el Metro a hora pico les comparto este video, aunque la cosa se ve caótica a veces la gente se lo toma con humor, creo que muchas veces no queda de otra...
En otra ocasión, corrimos para que no se nos fuera un Metro, la compa con la que andaba dio un pequeño brinco para entrar, si yo hubiera dado el brinco al mismo tiempo nos hubiéramos caído generando una escena bien chistosa pero quien sabe si también un accidente. El asunto es que como ella brincó primero cuando yo me metí al vagón me quedé pegado, mi bulto se atascó con las puertas, y por supuesto me asusté. No sabía que iba a pasar, aunque claro era lógico que las puertas volverían a abrirse, y así me lo hicieron saber una par de "chavos" muertos de risa al verme en semejante situación. Efectivamente las puertas se abrieron y pude entrar por completo.
En el Metro huele a todo, en la mayoría de los casos a mierda. Pueden imaginarse lo que es viajar en medio de ese montón de gente, cada uno con sus olores, sumados a los olores de las cloacas y de los millones de millones de metros cúbicos de caca que circula en la otra red, la de aguas negras. Es imposible que a algunas horas el Metro huela bien, sólo imagínense lo que es el final del día, todas las personas que vienen del trabajo, de todo tipo de trabajos. Imaginen ese montón de gente, todo aquello se vuelve un horno, pero además sudores, pedos, y las cloacas. Una belleza. Aunque no todo el tiempo es así, la mayoría de las veces uno viaja cómodo y algunas veces hasta sentado.
Debajo de esta gran ciudad hay vida subterránea. Cientos de negocios esparcidos por todas las estaciones del Metro. Todas las estaciones son distintas. Todas tienen negocios distintos, aunque parecidos. Pero debajo se puede conseguir de todo: palomitas de maíz, helados, periódicos, revistas, tacos, hay tiendas naturistas. Hasta hay un pasaje desde Pino Suárez hasta el Zócalo con unas cuarenta librerías en las que hay ofertas permanentes. Por ejemplo, esos libros de la Editorial Crítica que en Nueva Década valen como si fueran escritas sobre páginas de oro, se consiguen a muy buen precio, por lo menos unos diez mil colones menos, y los que están en oferta hasta por veinte mil menos se pueden conseguir. Realmente hay ofertas y buenos precios, razonables, de esos que ni siquiera en la "Feria del Libro" uno puede ver. Debo confesar que me dio miedo pensarme trabajando todos los días bajo tierra en una ciudad construida sobre un enorme lago, y conociendo ya las fatales consecuencias de un terremoto, me dio claustrofobia el solo pensar no ver el sol, ni siquiera por la ventana en todo el día.
También en el Metro los vendedores ambulantes venden todo tipo de cosas. Es impresionante, cualquier cosa se puede conseguir. Es muy interesante ponerse a pensar qué cosa venderá el siguiente ambulante. Hay unos que se montan con un parlante a sus espaldas y venden colecciones musicales: boleros, música ranchera, música grupera, colecciones de le Beatles... de todo. Cuando la música es de esos clásicos, la gente va como cantando moviendo sus cabezas al ritmo de la música, es realmente chistoso. Otros venden películas, pasta de dientes, turrones, chicles, bolas como de plasticina que uno le puede dar la forma que quiera e incluso hasta hacer pedacitos pero que al juntarlos y hacerlos una sola pelota otra vez, pican cuando las tira uno al suelo. Hay otros que venden manuales de electricista, y hasta martillos se pueden conseguir. Dicen que hay unos tipos que tiran al suelo una manta llena de vidrios y uno de ellos se tira encima, obviamente termina todo cortado (a estos no los vi). Normalmente todo vale 10 pesos (unos 400 colones).
También se suben los tipos que venden algo y se echan una hablada religiosa, y dicen cosas muy raras, o llaman a la reflexión por el desprecio a quien se gana la vida honradamente. Alguna gente mueve su cabeza en señal de aprobación, a otra no le interesa, y algunos otros parecen a punto de levantarse a darle loas al Señor. Uno de estos tipos con discurso religioso paró cuando vio a los policías en el andén de la estación de Portales en el sur de la ciudad, y cuando el Metro volvió a moverse inició esta vez con un discurso político bien fuerte contra la policía, la corrupción del gobierno de México, y de cómo la política baila al son de los buenos negocios. La gente movía su cabeza en señal de aprobación, pero esta vez quien casi da loas al Señor fui yo... el tipo dijo un montón de cosas con tanta claridad que era digno de un aplauso, más que de una moneda de diez pesos.
En otras ocasiones en el Metro la gente va dormida, absolutamente dormida, y sin embargo cuando está cerca de su parada, se despierta como si nada y sale. Impresionante cómo el cuerpo se adapta a todo.
Cuando alguien está cerca de su estación, pide campo y aunque el Metro vaya lleno, la gente da campo, todo el mundo hace maromas para que la persona que debe bajarse pueda hacerlo, es impresionante el nivel de cooperación que se encuentra uno en el Metro. Dicen que se trata de toda una campaña tratando de generar esta cultura. Eso me hizo recordar los tristes episodios en los buses de nuestro país y de cómo a la gente le vale madres el otro, aquí la gente se sube al bus y se queda donde le da la gana, nadie ayuda a nadie, y aunque haya campo más adentro se queda adelante obstaculizando el paso de los que entran, como si sólo ellos quisieran llegar a su casa. Pues bien, en el Metro de México me encontré con esta solidaridad, todo el mundo el es consciente de que si no coopera la cosa no funciona. Cuando uno va a bajar sale mientras la gente que sube se hace a un lado. Bueno en casi todos lados, en la estación de Pino Suárez a veces la cosa se pone difícil.
Esas cosas pasan en el Metro de la Ciudad de México, pasa de todo, absolutamente de todo. El Metro de la Ciudad de México es toda una experiencia, voy a extrañarlo. Por cierto que esa canción de Café Tacuba que está en el Re, cobra mucho sentido...
Ahora, lo del Metro de la Ciudad de México me hace pensar y preguntarme cómo es posible que una ciudad tan grande (en realidad enorme) como México pueda tener un sistema de transporte público que funcione, que sea ágil y efectivo, aún con todos sus problemas, y que el transporte público de un país minúsculo como Costa Rica con menos de un diez por ciento de la población de esa ciudad, sea un verdadero desastre. Cómo es que eso es posible, siendo el Estado Mexicano uno de los más corruptos, cómo es posible que las cosas funcionen, esas preguntas surgen y lo escupen a uno en la cara cuando ve el Metro de esta Ciudad. Me parece que uno de los problemas graves que tenemos es que el transporte público está concesionado a empresas privadas. Todo el sistema de transporte público, que es está estratégico, esta fragmentado, lo que hace que un reordenamiento de las rutas sea imposible, la red de intereses que se mueve en el fondo es tan enredada que reorganizarla es imposible. Es imperdonable que uno tenga que ir a San José para trasladarse a otro lado de la GAM. Es un absurdo que sólo la Periférica tenga este sistema de tarjetas, eso debería funcionar para todos los buses, y si estuvieran unidos bajo una red de transporte público controlada por el Estado funcionaría bien. Dirán que el Estado no lo haría eficiente, pero en otros lados funciona, de hecho en las grandes ciudades en las que he estado funciona, y bien. Alguien objetará que aquí hay demasiada corrupción, y yo responderé: ¿más que en México o Colombia? No lo creo, y por supuesto además tendríamos que dejar de votar por estos corruptos e inútiles que nos gobiernan.
Nuestros políticos son inútiles, mezquinos, faltos de visión, pero sobre todo títeres, esclavos del dinero, mientras sigamos así no tendremos una red de transporte público decente y barata. No digo que lo de México sea el modelo, de hecho hay muchos problemas, pero si una ciudad de esas magnitudes puede organizar el sistema de transporte público, es una vergüenza que el transporte público de este huevito de país sea el desastre que es.
Me extendí, demasiado, dejo hasta acá este apunte, ya vendrán otros, sobre seguridad, Guanajuato, Tehotihuacán, los museos... en fin mucho que contar de este país maravilloso país infinito que es México.
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* Aunque este apunte lo publico ya cundo regresé a Costa Rica fue hecho en el DF. Éste y todos los apuntes de esta serie. El tiempo, el trajín y el acceso a internet, no permitieron que los colgara en su debido momento, aún así espero que los disfruten.
El Metro de la Ciudad de México sin duda alguna merece un apunte. Miles de miles de personas usan diariamente esta compleja red de trenes subterráneos, que en algunos tramos circula fuera de los túneles. Es impresionante el orden (y también el desorden) de esta red. Es muy sencillo viajar a casi cualquier lugar de la ciudad en cuestión de minutos, realmente práctico. Sin el Metro la Ciudad de México simplemente colapsaría... más. Porque la circulación por sus calles a horas pico es imposible, las presas son impresionantes, así que lo más sensato es transportarse por abajo.
Aunque debo acotar, que en las horas pico en algunas de las diez líneas del Metro es toda una hazaña abordar el Metro. Pude ver en la estación de la Candelaria todos los vagones llenos, se bajaba un montón de gente, y subía todavía más gente. Las personas, dentro, iban pegadas unas con otras sin espacio para moverse, como sardinas enlatadas, pegadas a las puertas, pegadas unas a otras, pegadas a todo. Me pareció imposible subir, y de hecho no lo hicimos, eran las 7:15 de la mañana, regresábamos de Guanajuato, y optamos mejor por un taxi. El caso es que cuando yo pensaba que no era posible que en ese Metro subiera una persona más, un tipo con un traje azul se lanzó a las puertas del vagón, se tiró de frente como si se tirara contra una piedra y pretendiera romperla con su cabeza y su cuerpo. El tipo del trajo azul logró hacerse campo a fuerza, la gente se estrechaba más y más conforme el tipo del traje azul, a fuerza de empujones, se metía lentamente. Cuando sonó el aviso del cierre de las puertas el tipo del traje azul tenía medio cuerpo afuera, pensé que no lo iba a lograr, pero pujaba y pujaba (en realidad empujaba y empujaba), y se iba haciendo campo entre las "otras sardinas ya enlatadas", las puertas empezaron a cerrarse y para ese momento solo le quedaba la pierna izquierda fuera. La escena no pudo ser más chistosa, las puertas se cerraron y la pierna cubierta por ese traje azul desaparecieron justo en el momento en las dos puertas se cerraron. No logro (aún) entender cómo ese tipo del traje azul logró meterse en ese vagón.
Para que se den una idea de cómo es el Metro a hora pico les comparto este video, aunque la cosa se ve caótica a veces la gente se lo toma con humor, creo que muchas veces no queda de otra...
En otra ocasión, corrimos para que no se nos fuera un Metro, la compa con la que andaba dio un pequeño brinco para entrar, si yo hubiera dado el brinco al mismo tiempo nos hubiéramos caído generando una escena bien chistosa pero quien sabe si también un accidente. El asunto es que como ella brincó primero cuando yo me metí al vagón me quedé pegado, mi bulto se atascó con las puertas, y por supuesto me asusté. No sabía que iba a pasar, aunque claro era lógico que las puertas volverían a abrirse, y así me lo hicieron saber una par de "chavos" muertos de risa al verme en semejante situación. Efectivamente las puertas se abrieron y pude entrar por completo.
En el Metro huele a todo, en la mayoría de los casos a mierda. Pueden imaginarse lo que es viajar en medio de ese montón de gente, cada uno con sus olores, sumados a los olores de las cloacas y de los millones de millones de metros cúbicos de caca que circula en la otra red, la de aguas negras. Es imposible que a algunas horas el Metro huela bien, sólo imagínense lo que es el final del día, todas las personas que vienen del trabajo, de todo tipo de trabajos. Imaginen ese montón de gente, todo aquello se vuelve un horno, pero además sudores, pedos, y las cloacas. Una belleza. Aunque no todo el tiempo es así, la mayoría de las veces uno viaja cómodo y algunas veces hasta sentado.
Debajo de esta gran ciudad hay vida subterránea. Cientos de negocios esparcidos por todas las estaciones del Metro. Todas las estaciones son distintas. Todas tienen negocios distintos, aunque parecidos. Pero debajo se puede conseguir de todo: palomitas de maíz, helados, periódicos, revistas, tacos, hay tiendas naturistas. Hasta hay un pasaje desde Pino Suárez hasta el Zócalo con unas cuarenta librerías en las que hay ofertas permanentes. Por ejemplo, esos libros de la Editorial Crítica que en Nueva Década valen como si fueran escritas sobre páginas de oro, se consiguen a muy buen precio, por lo menos unos diez mil colones menos, y los que están en oferta hasta por veinte mil menos se pueden conseguir. Realmente hay ofertas y buenos precios, razonables, de esos que ni siquiera en la "Feria del Libro" uno puede ver. Debo confesar que me dio miedo pensarme trabajando todos los días bajo tierra en una ciudad construida sobre un enorme lago, y conociendo ya las fatales consecuencias de un terremoto, me dio claustrofobia el solo pensar no ver el sol, ni siquiera por la ventana en todo el día.
También en el Metro los vendedores ambulantes venden todo tipo de cosas. Es impresionante, cualquier cosa se puede conseguir. Es muy interesante ponerse a pensar qué cosa venderá el siguiente ambulante. Hay unos que se montan con un parlante a sus espaldas y venden colecciones musicales: boleros, música ranchera, música grupera, colecciones de le Beatles... de todo. Cuando la música es de esos clásicos, la gente va como cantando moviendo sus cabezas al ritmo de la música, es realmente chistoso. Otros venden películas, pasta de dientes, turrones, chicles, bolas como de plasticina que uno le puede dar la forma que quiera e incluso hasta hacer pedacitos pero que al juntarlos y hacerlos una sola pelota otra vez, pican cuando las tira uno al suelo. Hay otros que venden manuales de electricista, y hasta martillos se pueden conseguir. Dicen que hay unos tipos que tiran al suelo una manta llena de vidrios y uno de ellos se tira encima, obviamente termina todo cortado (a estos no los vi). Normalmente todo vale 10 pesos (unos 400 colones).
También se suben los tipos que venden algo y se echan una hablada religiosa, y dicen cosas muy raras, o llaman a la reflexión por el desprecio a quien se gana la vida honradamente. Alguna gente mueve su cabeza en señal de aprobación, a otra no le interesa, y algunos otros parecen a punto de levantarse a darle loas al Señor. Uno de estos tipos con discurso religioso paró cuando vio a los policías en el andén de la estación de Portales en el sur de la ciudad, y cuando el Metro volvió a moverse inició esta vez con un discurso político bien fuerte contra la policía, la corrupción del gobierno de México, y de cómo la política baila al son de los buenos negocios. La gente movía su cabeza en señal de aprobación, pero esta vez quien casi da loas al Señor fui yo... el tipo dijo un montón de cosas con tanta claridad que era digno de un aplauso, más que de una moneda de diez pesos.
En otras ocasiones en el Metro la gente va dormida, absolutamente dormida, y sin embargo cuando está cerca de su parada, se despierta como si nada y sale. Impresionante cómo el cuerpo se adapta a todo.
Cuando alguien está cerca de su estación, pide campo y aunque el Metro vaya lleno, la gente da campo, todo el mundo hace maromas para que la persona que debe bajarse pueda hacerlo, es impresionante el nivel de cooperación que se encuentra uno en el Metro. Dicen que se trata de toda una campaña tratando de generar esta cultura. Eso me hizo recordar los tristes episodios en los buses de nuestro país y de cómo a la gente le vale madres el otro, aquí la gente se sube al bus y se queda donde le da la gana, nadie ayuda a nadie, y aunque haya campo más adentro se queda adelante obstaculizando el paso de los que entran, como si sólo ellos quisieran llegar a su casa. Pues bien, en el Metro de México me encontré con esta solidaridad, todo el mundo el es consciente de que si no coopera la cosa no funciona. Cuando uno va a bajar sale mientras la gente que sube se hace a un lado. Bueno en casi todos lados, en la estación de Pino Suárez a veces la cosa se pone difícil.
Esas cosas pasan en el Metro de la Ciudad de México, pasa de todo, absolutamente de todo. El Metro de la Ciudad de México es toda una experiencia, voy a extrañarlo. Por cierto que esa canción de Café Tacuba que está en el Re, cobra mucho sentido...
Ahora, lo del Metro de la Ciudad de México me hace pensar y preguntarme cómo es posible que una ciudad tan grande (en realidad enorme) como México pueda tener un sistema de transporte público que funcione, que sea ágil y efectivo, aún con todos sus problemas, y que el transporte público de un país minúsculo como Costa Rica con menos de un diez por ciento de la población de esa ciudad, sea un verdadero desastre. Cómo es que eso es posible, siendo el Estado Mexicano uno de los más corruptos, cómo es posible que las cosas funcionen, esas preguntas surgen y lo escupen a uno en la cara cuando ve el Metro de esta Ciudad. Me parece que uno de los problemas graves que tenemos es que el transporte público está concesionado a empresas privadas. Todo el sistema de transporte público, que es está estratégico, esta fragmentado, lo que hace que un reordenamiento de las rutas sea imposible, la red de intereses que se mueve en el fondo es tan enredada que reorganizarla es imposible. Es imperdonable que uno tenga que ir a San José para trasladarse a otro lado de la GAM. Es un absurdo que sólo la Periférica tenga este sistema de tarjetas, eso debería funcionar para todos los buses, y si estuvieran unidos bajo una red de transporte público controlada por el Estado funcionaría bien. Dirán que el Estado no lo haría eficiente, pero en otros lados funciona, de hecho en las grandes ciudades en las que he estado funciona, y bien. Alguien objetará que aquí hay demasiada corrupción, y yo responderé: ¿más que en México o Colombia? No lo creo, y por supuesto además tendríamos que dejar de votar por estos corruptos e inútiles que nos gobiernan.
Nuestros políticos son inútiles, mezquinos, faltos de visión, pero sobre todo títeres, esclavos del dinero, mientras sigamos así no tendremos una red de transporte público decente y barata. No digo que lo de México sea el modelo, de hecho hay muchos problemas, pero si una ciudad de esas magnitudes puede organizar el sistema de transporte público, es una vergüenza que el transporte público de este huevito de país sea el desastre que es.
Me extendí, demasiado, dejo hasta acá este apunte, ya vendrán otros, sobre seguridad, Guanajuato, Tehotihuacán, los museos... en fin mucho que contar de este país maravilloso país infinito que es México.
Conectar al Canal Telegram Apuntes de una Parcial Irrescatable
* Aunque este apunte lo publico ya cundo regresé a Costa Rica fue hecho en el DF. Éste y todos los apuntes de esta serie. El tiempo, el trajín y el acceso a internet, no permitieron que los colgara en su debido momento, aún así espero que los disfruten.
domingo, 25 de diciembre de 2011
Apunte Paisa, Segunda Parte
Medellín, Colombia. Sigo con estos Apuntes Paisas.
En el apunte anterior mencionaba que el centro de Medellín es algo sucio, hoy por la tarde estaba completamente limpio, claro que estaba casi vacío, domingo y feriado, poca gente y mucho sol, una tarde preciosa. No adjunto fotos del centro de la ciudad porque me dio miedo sacar la cámara. Una anécdota. Caminábamos en dirección a ninguna parte y se nos ocurrió ir al Parque de las Luces y al Parque de los Pies Descalzos, estábamos como a unas 15 calles. Cuando por fin estábamos por llegar al Parque de las Luces, un guarda de seguridad nos dice que nos quedemos con él un minuto porque dos tipos nos habían marcado para asaltarnos. Nos indicó cuáles eran, se hicieron los majes, y seguimos caminando por la plaza, y los tipos como que nos seguían así al disimulo. Al llegar a una calle principal unos franceses le pedían una dirección a un policía, que por ser de Manizales y no hablar ni francés o inglés, no tenía la más mínima idea de cómo orientar a los turistas, así que le ayudamos a los turistas, y también al policía. El caso es que los tipos que nos "marcaron" no eran dos, sino tres, y cuando nos vieron con los policías empezaron a hacer que pedían un taxi. Nos "agallinanos" y tuvimos que irnos escoltados hasta el Parque de los Pies Descalzos, que quedaba como a cuatro calles. Meramente anecdótico el asunto, tampoco es que no se puede caminar por el cento de Medellín solo que con pinta de turistas las raticas se aprovechan. Muy amables los policías por cierto.
Pero pasando a otras cosas más importantes.
Medellín tiene un transporte público muy bien organizado, muy limpio y bastante barato. Hay metro, y un sistema de buses con carril exclusivo que llaman "Metroplus", empezó a funcionar hace un par de días y emula el sistema de Bogotá. Pero lo más impresionante del sistema de transporte público es el MetroCable, que es algo así como un teleférico, solo que no tiene fines exclusivamente turísticos, sino que es un sistema de transporte masivo que comunica barrios populares con el metro. El Metrocable es una obra impresionante, es el único de su naturaleza en el mundo.
Es una cosa super extraña pero además con mucha funcionalidad, a toda esta gente que vive en las afueras de la ciudad le ahorra muchísimo tiempo de camino a sus trabajos o de vuelta a su casa. La parte más extraña es que uno vuelve a ver para abajo y lo que ve son los techos de las casas de la gente, a los carajillos jugando en las calles, y como hoy unos chamacos en una asotea en una piscina de plástico tirando agua a quienes pasaban por la calle. El Metrocable lleva hasta un barrio que se llama Santo Domingo, un sector popular, pero ahí hay una biblioteca pública impresionante, una gran inversión de parte de la Alcaldía de Medellín que administra tanto la biblioteca y los centros deportivos (se trata en realidad de un sistema de bibliotecas populares y de centros de deporte y recreación en varios puntos de la ciudad, el ICODER es un mal chiste a la par de esto, y bueno a la par de cualquier cosa). Desde este punto se ve gran parte de la ciudad de Medellín. El Metrocable no llega hasta ahí, sigue hasta un Parque que se llama Arví, y la subida al Parque acojona, desde la cabina se ve toda la ciudad de Medellín que es enorme. Parte de lo que quiero decir tiene que ver con que el sistema de transporte público es administrado de forma eficiente y ordenada por la Alcaldía de Medellín, sujeto a múltiples controles, y funciona muy bien, es decir, que lo público (tan satanizado en Costa Rica) aquí nadie lo cuestiona (al menos en lo que a transporte se refiere). Esta ciudad es muy grande, y ya ven la cosa puede funcionar desde lo público.
Cuando uno viaja y ve estas cosas se da cuenta que efectivamente Costa Rica sigue siendo una aldea, pero peor que eso es la incapacidad y la corrupción de quienes gobiernan, es una lástima que un país tan pequeño sea tan mal administrado, esta ciudad tiene casi la misma población de Costa Rica entera, y funciona, no excenta de contradicciones y conflictos, pero funciona, y es posible administrarla, planificarla, aquí se nota que hay algo de eso. Ojalá la gente pudiera viajar más y darse cuenta de estas cosas, apreciaríamos más lo que tenemos, pero también podríamos cambiar a esa bola de mediocres que gobiernan, o al menos exigirles más.
Dejo acá este segundo Apunte Paisa, que ya hace hambre. Ya comentaré la celebración de navidad aquí que amerita un capítulo aparte.
En el apunte anterior mencionaba que el centro de Medellín es algo sucio, hoy por la tarde estaba completamente limpio, claro que estaba casi vacío, domingo y feriado, poca gente y mucho sol, una tarde preciosa. No adjunto fotos del centro de la ciudad porque me dio miedo sacar la cámara. Una anécdota. Caminábamos en dirección a ninguna parte y se nos ocurrió ir al Parque de las Luces y al Parque de los Pies Descalzos, estábamos como a unas 15 calles. Cuando por fin estábamos por llegar al Parque de las Luces, un guarda de seguridad nos dice que nos quedemos con él un minuto porque dos tipos nos habían marcado para asaltarnos. Nos indicó cuáles eran, se hicieron los majes, y seguimos caminando por la plaza, y los tipos como que nos seguían así al disimulo. Al llegar a una calle principal unos franceses le pedían una dirección a un policía, que por ser de Manizales y no hablar ni francés o inglés, no tenía la más mínima idea de cómo orientar a los turistas, así que le ayudamos a los turistas, y también al policía. El caso es que los tipos que nos "marcaron" no eran dos, sino tres, y cuando nos vieron con los policías empezaron a hacer que pedían un taxi. Nos "agallinanos" y tuvimos que irnos escoltados hasta el Parque de los Pies Descalzos, que quedaba como a cuatro calles. Meramente anecdótico el asunto, tampoco es que no se puede caminar por el cento de Medellín solo que con pinta de turistas las raticas se aprovechan. Muy amables los policías por cierto.
Pero pasando a otras cosas más importantes.
Medellín tiene un transporte público muy bien organizado, muy limpio y bastante barato. Hay metro, y un sistema de buses con carril exclusivo que llaman "Metroplus", empezó a funcionar hace un par de días y emula el sistema de Bogotá. Pero lo más impresionante del sistema de transporte público es el MetroCable, que es algo así como un teleférico, solo que no tiene fines exclusivamente turísticos, sino que es un sistema de transporte masivo que comunica barrios populares con el metro. El Metrocable es una obra impresionante, es el único de su naturaleza en el mundo.
Es una cosa super extraña pero además con mucha funcionalidad, a toda esta gente que vive en las afueras de la ciudad le ahorra muchísimo tiempo de camino a sus trabajos o de vuelta a su casa. La parte más extraña es que uno vuelve a ver para abajo y lo que ve son los techos de las casas de la gente, a los carajillos jugando en las calles, y como hoy unos chamacos en una asotea en una piscina de plástico tirando agua a quienes pasaban por la calle. El Metrocable lleva hasta un barrio que se llama Santo Domingo, un sector popular, pero ahí hay una biblioteca pública impresionante, una gran inversión de parte de la Alcaldía de Medellín que administra tanto la biblioteca y los centros deportivos (se trata en realidad de un sistema de bibliotecas populares y de centros de deporte y recreación en varios puntos de la ciudad, el ICODER es un mal chiste a la par de esto, y bueno a la par de cualquier cosa). Desde este punto se ve gran parte de la ciudad de Medellín. El Metrocable no llega hasta ahí, sigue hasta un Parque que se llama Arví, y la subida al Parque acojona, desde la cabina se ve toda la ciudad de Medellín que es enorme. Parte de lo que quiero decir tiene que ver con que el sistema de transporte público es administrado de forma eficiente y ordenada por la Alcaldía de Medellín, sujeto a múltiples controles, y funciona muy bien, es decir, que lo público (tan satanizado en Costa Rica) aquí nadie lo cuestiona (al menos en lo que a transporte se refiere). Esta ciudad es muy grande, y ya ven la cosa puede funcionar desde lo público.
Cuando uno viaja y ve estas cosas se da cuenta que efectivamente Costa Rica sigue siendo una aldea, pero peor que eso es la incapacidad y la corrupción de quienes gobiernan, es una lástima que un país tan pequeño sea tan mal administrado, esta ciudad tiene casi la misma población de Costa Rica entera, y funciona, no excenta de contradicciones y conflictos, pero funciona, y es posible administrarla, planificarla, aquí se nota que hay algo de eso. Ojalá la gente pudiera viajar más y darse cuenta de estas cosas, apreciaríamos más lo que tenemos, pero también podríamos cambiar a esa bola de mediocres que gobiernan, o al menos exigirles más.
Dejo acá este segundo Apunte Paisa, que ya hace hambre. Ya comentaré la celebración de navidad aquí que amerita un capítulo aparte.
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