“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
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lunes, 18 de diciembre de 2023

Señor, sálvanos del rock!!

 Era 1988, y yo estaba por cumplir los 11 años. Vestía una camisa de anchas rayas celestes y blancas, con un pantalón verde oscuro. Iba en los asientos traseros de un autobús escolar junto con la gente más grande del colegio, nos dirigíamos al concurso "Antorcha". Todo eran risas y bromas. Y de repente la conversación se tornó seria. Hugo, uno de los de quinto de secundaria, iba parado en las gradas de salida del bus, y pidió a quienes estábamos atrás, silencio. Luego reflexionó sobre la peligrosa puerta que se abría con un concierto de rock que se celebraría en nuestro país próximamente. Pidió una oración para detener el concierto y el resto a mi alrededor se unió. A mí aquello me pareció muy raro, pero no dije nada, no tenía cómo contestarles. 

Por supuesto el Señor no escuchó aquellas plegarias y el Concierto por los Derechos Humanos se realizó el 13 de setiembre de ese año 1988. El antiguo Estadio Nacional fue el escenario en el que actuaron  Bruce Springsteen & the E Street Band, Sting, Peter Gabriel, Tracy Chapman y Youssou N’Dour, junto a la costarricense Guadalupe Urbina. Este concierto fue organizado por Amnistía Internacional en  conmemoración de los 40 años de la declaración de Derechos Humanos. Por supuesto que hubo aluciones a la dictadura chilena. Según cuentan, parte de la gira incluía Santiago de Chile, pero el régimen militar del dictador Pinochet prohibió la realización del concierto, así que el “recital chileno” se realizó en el estadio Malvinas Argentina de Mendoza el 14 de octubre de 1988, y contó con las bandas chilenas Los Prisioneros e Inti Illimani y el grupo mendocino Mankama. Según los relatos miles de chilenos pudieron acudir a la cita. Es probable que algún otro "Hugo" (o tal vez el mismo), ante las fallidas las plegarias ticas, se sintió más complacido con lo implacable del dictador chileno. 

Yo no asistí al concierto en el Estadio Nacional, con los años lo he lamentado mucho, pero bueno tenía apenas 11 años. Lo que no lamenté nada fue no haberme unido a la oración antirockera, porque la verdad yo sí quería que se abriera esa puerta. Ya desde entonces me gustaba mucho la música. 

Este no fue el único episodio del conservadurismo rancio que viví en mis años escolares. Hubo bastantes más. Recuerdo otro, 1990, tenía apenas 12 años y estaba en primero de la secundaria. Llegué tarde, como casi siempre. Cuando entré la profe estaba haciendo una arenga anti Soda Stereo, índice levantado y tono de acusació  dijo: "¡esos homosexuales de Soda Stereo...!", yo recuerdo pensar "me gustan unos homosexuales". Ya en la tarde no importó cuando cantaba a todo galillo "... del aquel amor... de música ligera... nada nos libra... nada más queda...",  poco me importaba ya el tono profundamente homofóbico de la profesora. 

En otras ocasiones, nos juntaban a todos los estudiantes del nivel, en una materia que se llamaba "capilla". Ahí nos decían cosas como que Pink Floyd o Queen eran satánicos. Y claro, el viejo truco de "poner el disco al revés" para denotar adoración a satán o el incentivo al consumo de drogas. Según nos advertían, escuchar esa música tenía una influencia oculta, mensajes subliminales que calarían en nuestro insconsciente hasta llevarnos a la perdición. Un rídiculo absoluto. 

En junio de 1992 la policía irrumpió en el Cráneo Metal, un concierto de metal que se estaba realizando en La Fosforera. Aquello desató todo un debate que tomó unos tintes moralistas muy feos. Recuerdo que a raíz de la intervención policial los medios de comunicación empezaron a "satanizar" ya no solo al metal, sino a la juventud como tal. Andar pelo largo y camisetas negras era muy sospechoso. Sospechoso de cualquier cosa. Y se organizó toda una cruzada contra "los satánicos". No sé porqué en aquellos momentos me acorde de Hugo. 

El debate público que se armó fue lamentable. Yo estaba por cumplir los 15 años, y en Canal 4 se transmitía el programa En la Mira, que conducía Jorge Valverde. Como los estudios del canal quedaban a la vuelta de mi casa, fui junto con mis amigos del barrio a la grabación del programa en el que se debatió sobre el rock y el satanismo. Ahí estaba yo entre el público, claro, al lado de la gente de camisetas negras y  pelo largo. Entre las panelistas estaba mi profesora de artes plásticas, Leda Ortega, acusando de satanismo a los organizadores y a quienes nos gustaba el rock. Esta señora solía definirse como "bíblica", y decía cosas como que el rojo era satánico o que el negro no existía en la naturaleza. Al día siguiente dl programa, por supuesto, la profesora me llamó aparte en su clase y con cara de preocupación por mi alma perdida, me preguntó qué hacía con "esa gente", "son mis amigos" le respondí. 

Algunos años antes, Ortega se había encargado (no sé si solita ella o en conivencia con otros docentes) de hacerle la vida imposible a Diego. Esto pudo haber sido en el año 1987, o sea, estábamos en cuarto grado. Y cuando digo hacerle la vida imposible, era literal, acosaron a Diego hasta que lo trasladaron de escuela. El acoso no fue gratuito, Diego era fanático de Iron Maiden. Parece que según Ortega, Diego era una mala influencia para nosotros porque escuchaba rock satánico. Creo que no exagero si califico esto como un episodio de persecución por parte de una fanática religiosa a un niño de 10 años que le gustaba el rock. Una vergüenza total. Hace unos cuantos años me encontré a Diego en el AreaCity, y recordamos aquellos momentos.

Pero el origen de todo este ya largo apunte, es que hace poco me enteré de algo que me conectó directamente con lo que estoy contando. Resulta que Bruce Dickinson, cantante de Iron Maiden (pero además compositor, productor musical, esgrimista, empresario, escritor, historiador, locutor, presentador, guionista, catedrático universitario y piloto de aviación) en 1994 tenía su propia banda llamada Skunwords, y en medio de la Guerra de los Balcanes, decidió hacer un concierto en Sarajevo, para llamar la atención sobre las atrocidades que se estaban ahí viviendo. En muchos documentales y crónicas se cuenta que había un circuito de conciertos en la ciudad, y recordarán que ese mismo año se organizó un concurso de belleza, el famoso Miss Sarajevo ("Don´t let them kill us" rezaba la pancarta que las concursantes sostuvieron). Todo aquello buscaba no solo llamar la atención del resto del mundo sobre lo que ocurría, sino también intentaba hacer que hubiese algo de vida en medio del asedio. La presentación de Skunwords fue usada para crear el documental Scream For Me Sarajevo, estrenado en 2017. En un capítulo de su libro What Does This Button Do?, Dickinson también cuenta del concierto y lo que vio en Sarajevo durante aquel cerco a la ciudad de Sarajevo. Posteriormente Dickinson fue declarado ciudadano honorario de la ciudad. No voy a reproducir todo lo que dicen tanto el documental ni el libro, solo basta decir que ese concierto fue un evento épico en medio de una sangrienta guerra, Dickinson y el grupo se jugaron la vida en un momento en el que ahí no había garantías de nada. 

Leda Ortega y Hugo, protagonizan en mi vida, episodios que me resultan vergonzosos por su naturaleza profundamente reaccionaria. Con el tiempo aquellos eventos que he narrado, fueron tomando dimensiones muy importantes en mi historia de vida y en lo que pienso, es decir, me afianzaron en muchas de mis convicciones, aunque claro no del modo en que mis profesores y mi entorno escolar hubiese querido. Porque estos hechos me abrieron una grieta muy profunda con la religión, particularmente con la de los evangélicos. Y aunque tengo claro, que estas personas no representan a todos los evangélicos, sí son parte de una forma del evangelismo que es hegemónico. Al respecto me parece que hay contradicciones que son simplemente insalvables. ¿Cómo alguien puede hablar de amor al prójimo y oponerse a la vez a un concierto de rock por los derechos humanos? ¿era eso lo que pesnaba Hugo o estaba reproduciendo otras cosas que había escuchado en su casa, la iglesia o el colegio? A favor de Hugo habría que señalar que tienía 17 años, y no sé si ahora haría una oración similar. Pero Ortega ya era una adulta en aquel momento, y la pregunta es ¿Cómo una persona adulta que predica el amor puede acosar a un niño de 10 años porque le gusta el rock? ¿No estaba pensando en el daño que le podía causar a un niño de 10 años? ¿En serio creía que le iba a xpulsar al demonio, o que nos iba salvar a nosotros? 

Lo que tienen en común ambos casos, es que no importa el mensaje que transmiten los artistas, no les importa si hablan de la desigualdad, si denuncian la guerra, si piden que se acabe una brutal dictadura... o tal vez sí, y ese puede ser el fondo, porque esta gente es muy conservadora, no toleran lo diferente, y quieren que todos seamos como ellos. Y esos discusos de odio, desgraciadamente, no son parte de una anécdota de mi niñez y adolescencia. 

domingo, 21 de octubre de 2012

El absurdo de vivir, parte 1: Dios

Ahora que estoy cada día más cerca de mi muerte, me ha dado por pensar en lo absurdo de todo esto de la vida, y también en la muerte. Ante este absurdo que se llama vida, nos inventamos miles de historias para justificar nuestra existencia. Todo el tiempo estamos tratando de darle un sentido, porque la vida en sí misma, no la tiene. Dice una canción de Bersuit: "No hay fracaso más rotundo que haber venido al mundo pa'morirse y nada más...", pero, ¿es que acaso no venimos al mundo, y un buen día simplemente nos morimos? Incluso a quienes se les recuerda mucho vinieron al mundo y ya. Nuestra vida es un minúsculo paréntesis en la Historia, en la vida de este planeta. Y el mundo, y la vida, existen a pesar de nosotros, da igual nuestra vida. ¿Qué sentido tiene nuestra vida, corta o larga?

Las explicaciones que nos inventamos para responder a esta pregunta tan sencilla, son infinitas, algunas rayan en lo mágico y otras tantas en lo irracional, que es el germen del fanatismo religioso, tan de moda últimamente (en realidad siempre). Lo que ocurre es que nos acomodamos a lo que queremos creer, porque, insisto, todos buscamos darle sentido a nuestra existencia, de alguna forma.

Por preguntarme este tipo de cosas, mis papás y mis hermanos, creen que soy ateo, y la verdad no lo soy. Bueno, en realidad no lo sé, no me importa. He intentando, en múltiples ocasiones explicarlo, sin éxito. Ellos simplemente no logran comprender que no me gustan las iglesias, que para mí fueron suficientes 18 años de "militancia religiosa" forzosa (no es un reclamo pero yo no decidí que debía ir a la iglesia, de hecho me zafaba cada vez que podía). Diez años, de esos 18, estuve en un colegio evangélico. Mucho para mí, aunque debo confesar que hice amigos entrañables, que aún hoy día sigo frecuentando, también tuve muy buenos profesores.

Y entonces cuando me preguntan si creo en Dios, siempre respondo que no sé, y la verdad no me interesa saberlo. Hace un tiempo me "visitaron" unos Testigos de Jehová, y me hicieron la pregunta que utilizan como gancho para soltar toda su perorata, poco les importa que uno les diga sí o no, igual viene el bombardeo, sus respuestas están hechas, les cuesta un poquito argumentar. Y suelen ser un poco irrespetuosos. El caso es que cuando me preguntaron, no les dije sí o no (que eran lo que esperaban), les dije que "a veces", y la chavala que preguntó "se desconfiguró", les cuesta un poco cuando se les saca del molde. Así que ya saben, si quieren quitarse a los Testigos de encima, la respuesta es "a veces", y siempre está la mejor opción no abrirles.

Pero más allá de la anécdota, es cierto eso, no sé si creo o no. No me preocupa saberlo. Porque cuando me sorprendo pensando en la existencia o no de Dios, tiendo a cuestionarme si creo que existe Dios porque me dijeron desde que me acuerdo que existe, o también porque todos los días alguien habla de Dios - y hablan como si lo conocieran, como si lo hubieran visto -. Por ejemplo, uno ve los noticieros y siempre hay alguna alusión directa a Dios. En la escuela y colegio, todos los días durante diez años, había oraciones, la mayoría de los profesores eran practicantes evangélicos, algunos, bastante inconsecuentes, conservadores y autoritarios, otros, desde su fe acompañaban, buscaban comprender y no imponer, eran los mejores.

En todo caso, volviendo a la pregunta ¿existe Dios porque lo construimos, porque nos enseñaron que existía? Tiendo a creer que sí. Tiendo a creer que necesitamos explicar nuestra existencia, y que nos hemos inventado toda esta historia de Dios para poder sobrellevar el sinsentido de esta vida terrenal. 

Pero a veces me pregunto ¿y si es cierto? ¿Si es cierto que hay un infierno en el que arderemos eternamente si no somos "buenos", si no nos negamos a nosotros mismos? ¿y si es cierto que hay vida después de la muerte? Cuando me lo pregunto, me da mucha cólera pensar que esto es objeto de miedo, utilizado para la dominación. Pienso que se trata de una trama del miedo, que es tan útil para someter, que vende tanto, y tan bien. Cuando me da por pensar en todo este rollo del cielo y el infierno, del pecado y la virtud, me doy cuenta que vivimos en una sociedad dominada por la culpa. ¿por la culpa de qué? Simplemente de existir. El miedo y la culpa son utilizados para dominar, lo interiorizamos, lo asumimos, y no nos permite liberarnos de todo. No nos permite simplemente vivir, que es lo que deberíamos hacer, y ya.

Ocupamos darle un sentido a la vida, para expiar la culpa, esa que nos inculcaron, como la existencia de Dios, desde que somos niños. Esa culpa que nos recuerdan cada día, y quienes nos la recuerdan son los perversos, son aquellos que viven atormentados por fantasmas, son los que nunca se liberarán. Y que claramente, si existe todo eso que creen, tienen cupo reservado en el infierno.

Yo prefiero, la verdad, no insistir en este absurdo de si Dios existe o no, eso nunca lo sabremos (al menos no en esta vida, jeje). Creo que lo más importante es tratar de vivir esta vida decentemente, y con eso me refiero a no vivir como viven esas autoridades religiosas, llenas de lujos, que lo mejor sería comprender que hay para todos, y que todos tenemos derecho a una vida digna.

Precisamente por esto es que hace años decidí no regresar a ninguna iglesia, porque no soporto las jerarquías, no soporto esa estructura que aplasta toda subjetividad en nombre de Dios. Terminé odiando ese machismo que se justifica desde lo religioso y que nos ha amargado la vida. Pero sobre todo no soporto a los hipócritas que se esconden detrás de la biblia para no verse a sí mismos, y necesitan trasladar su miserable culpa al resto. Porque necesitan que el resto sea tan infeliz como ellos. No soporto que no puedan ver a alguien feliz, sin pensar que es un pecador. No soporto que no puedan simplemente disfrutar del cuerpo, el propio y el del otro, que les asuste el placer, que la sexualidad les de pavor. No soporto que se aprovechen de la ingenuidad y el miedo de la gente para hacerse ricos. No soporto esa teoría de que la "bendición de Dios" es tener dinero, es lo material.

Claramente no todos los que creen en Dios entran en esta última descripción, pero sí la mayoría de las jerarquías religiosas, sólo basta encender la televisión y poner alguno de los canales religiosos. El amor al dinero, y el odio a lo diferente, se les sale por todo lado.

Así que, para finalizar, podrán notar que todo mi alegato en realidad poco tiene que ver con Dios, tiene más que ver con el absurdo que nos han impuesto para vivir. Es un alegato contra la culpa, contra la hipocresía. Porque como dije no sé si existe Dios, no lo sé simplemente porque siempre me dijeron que existía y que eso no se cuestionaba. Lo que sí sé, es que como especie necesitamos darle un sentido a esta vida. Que insisto, me parece absurda. Absurda, aún cuando efectivamente Dios exista.




Pd. Este es un primer apunte existencial sobre este absurdo de vivir, la segunda parte vendrá con otro matiz: El absurdo de vivir, parte 2: El trabajo. Aclaro además, que no atravieso ninguna crisis de existencia ni tengo tendencias suicidas, no vaya a ser que se armen cadenas de oración por mi alma.










domingo, 1 de abril de 2012

La Iglesia pecadora

Aunque posiblemente la mayoría de lectores de este blog deben estar tirados en alguna playa (tomándose alguna cerveza, fumándose alguito y disfrutando de la  buena vida, gracias a estas vacaciones, quiero decir, semana santa), y no leerán estos apuntes, he de comentar algunas cosillas que me encontré por ahí, solo para no perder la costumbre.

Veo La Nación S.A. de hoy. Una entrevista al Sacerdote Mauricio Víquez. Siempre me ha impresionado la capacidad que tienen los curas para decir, de acuerdo a un criterio que es completamente subjetivo, y por supuesto moral, lo que es pecado y lo que no lo es. Entonces de acuerdo a la moral de cada cura, así será entonces nuestro pecado. Si alguien se confiesa y le toca uno de esos retrógrados, entonces el confesado será un pecador perdido, pero si en cambio tuvo la "suerte" de confesarse con uno más o menos abierto, entonces de sentir un poquito de culpa no pasará, y quien quita que salga sin tener que rezar nada. Esto de la confesión en realidad me parece absurdo, y me parece que es más bien una estrategia de control y de chantaje emocional, hasta perverso me parece. Además, siempre me he preguntado porqué un cura lo absuelve a uno "de los pecados", ¿qué se creen para ir por ahí "perdonando" pecados? Es ridículo que alguien lo absuelva a uno con puros criterios morales. Es casi Kafkiana la cosa.

En todo caso, lo que realmente me llama la atención de la entrevista es el titular: "No pagar impuestos y botar basura a un río son pecado". Del titular, hay que decir que es completamente intencionado por parte de La Nación S.A. y que atiza más la hoguera en torno al PACquetazo fiscal y los escándalos por la subvaloración de propiedades de minsitros y diputados.

Pero más allá de eso, sorprende lo que dice el sacerdote, transcribo:

"¿La gente ignora pecados o confiesa cosas que no lo son?
Sí, esa es un poco la misión del sacerdote. Hacerles ver lo que no han visto y que descubran qué cosas que consideran faltas no lo son.
(...)
¿Y faltas que no se confiesan?
Hay cosas que no se perciben como falta, por ejemplo, si yo no pago impuestos. Hay que decirle: ‘No, señor, esto es una falta, es una cosa muy seria’”.
Entonces, ¿no pagar impuestos es un pecado?
Sí, es un pecado. El mismo catecismo lo dice clarísimo. Cuando salió aquel catecismo en el 92, entre los grandes temas estaban no pagar impuestos, así como tirar basura a un río o desde la ventana de un carro, o si uso un spray que afecta la capa de ozono..."
Aunque el Sacerdote Víquez no es La Voz de la Iglesia Católica, menciona un catequismo del año 92, en el que se establece que no pagar impuestos es pecado, o digámoslo de otra forma está mal. Es decir la opinión de Víquez, al hacer referencia a un documento oficial, está avalado por la Iglesia. La pregunta concreta de todo esto es: ¿Cómo entonces explicar que la Iglesia haya quedado exenta del pago de impuestos? ¿Simplemente porqué la ley, luego del lobby de la Iglesia, así lo dictamina? O sea, y para ponerlo algo más claro: La Iglesia Católica no tenía ninguna intención de pagar impuestos, por eso hizo lobby con los diputados. Posiblemente llamaron a un devoto hijo de la Iglesia y propulsor del PACto fiscal, y claramente contaban también con la "Hija predilecta de la Virgen" que no se opondría a lo que a virgencita mandara, por supuesto a través de sus representantes en Cartago. Nunca tuvo la Iglesia la más mínima intención de pagar impuestos, hizo todo lo posible y lo logró, aún cuando tienen jugosas inversiones en negocios muy lucrativos.

Y claro la pregunta del millón, de acuerdo a lo expresado por Víquez (y considerando el catequismo del 92): ¿es entonces la Iglesia Católica una institución pecadora?

miércoles, 7 de marzo de 2007

Las caricaturas como pretexto

Nunca terminan de asombrarme los comentarios que escribe el “demócrata” de Carlos Alberto Montaner y que suelen ser publicados en las páginas de opinión de La Nación S.A. Y es que el último artículo suyo publicado por ese medio (13 de febrero) me llamó la atención por la forma en que este tipo sustenta sus ideas, dando una falsa discusión sobre la publicación de unas caricaturas de Mahoma, pero que en realidad se trata de “sostener” su posición ante Irán, lo que le interesa realmente es justificar una eventual guerra preventiva y posterior ocupación de ese país, y supuesto el saqueo.
El asunto de las caricaturas, si se desea discutir seriamente, plantea discusiones bastante complejas, pero todas ellas no son tocadas de forma seria por Montaner, que, como dije poco le interesan las caricaturas, tampoco le interesan las protestas, le interesa hacer un ligue entre fundamentalismo e Irán.
Antes de comentar el artículo de Montaner para ubicarnos en lo que le sirve de pretexto hago un breve resumen. Es conocido por todos que un diario danés publicó doce caricaturas, en una de ellas el Profeta Mahoma (o más bien, un dibujo que se suponía era una caricatura de Mahoma) aparecía con un turbante en forma de granada, haciendo claramente una equiparación entre islamismo y terrorismo, pero además cometiendo una ofensa gravísima a quienes profesan el Islam (según entiendo algunos teólogos islamistas rigurosos consideran una idolatría blasfema la reproducción una efigie de Mahoma). Posteriormente las caricaturas fueron publicadas en Francia y España por periódicos de línea conservadora. Quienes justifican la publicación han argumentado que tienen “derecho a caricaturizar a Dios” (también, según entiendo, Mahoma es un profeta y no Dios, ¿ignorancia o cinismo?), también alegan la libertad de expresión como derecho fundamental en occidente, “derecho irrenunciable”. Esta serie de hechos, como también sabemos, provocó una gran cantidad de manifestaciones en todo el mundo musulmán y en muchas ciudades de occidente, algunas de estas manifestaciones fueron violentas (la mayoría no, pero de eso no informó la prensa, que seguía defendiendo la libertad de expresión). Lo contradictorio es que quienes defienden la libertad de prensa no hablan de la censura que hay en EE.UU., representante del mundo libre, pongo un ejemplo, la ceremonia de entrega de los Óscar que se transmitió en diferido para evitar manifestaciones políticas, esos medios no hicieron una defensa a ultranza de la libertad de expresión como sí lo hicieron con el asunto de las caricaturas.
Volviendo al artículo, me parece detestable que La Nación S.A. publique este tipo de comentarios todos los días (o casi todos), y que no haga una reflexión seria sobre lo que realmente pasó con las mal famosas caricaturas, con lo que pasa con Irán, sobre los límites de la libertad de expresión (allá y aquí) y el derecho a una información equilibrada. La Nación S.A. no lo hace, en vez de ello publica al columnista estrella de la derecha cubana más reaccionaria de Miami, quien empieza la “discusión” con una simpleza impresionante. Para llegar al punto que le interesa divide su artículo en tres “observaciones”.
En la primera, se manifiesta sorprendido por la “serena actitud de la comunidad islamista en USA” ante las caricaturas de Mahoma, nos explica la “clave del éxito”, textualmente dice: “es posible que la clave esté en una característica de la cultura norteamericana que acaso ha teñido las actitudes de las comunidades mahometanas estadounidenses: han aprendido a convivir con aquello que detestan” (¡!). Creo que se le olvidó mencionar la constante “amenaza terrorista” que se cierne sobre los EE.UU. un día sí y otro también, imagino que el aparato represivo tendrá muy en cuenta a la comunidad islámica de EE.UU., o sea, bien vigilada, pero esto para Montaner podría ser en el mejor de los casos, o una anécdota o una falsedad propia de los enemigos de la libertad. Mejor sigamos adelante y no especulemos con “teorías conspirativas” poco alejadas de la realidad estadounidense.
Por otro lado, espero que el llamar “mahometanos” a quienes profesan el Islam sea pura ignorancia, y no el afán de llamarlos de una forma despectiva, porque insito, desde mi ignorancia, que el Dios del Islam no es Mahoma, sino Alá.
Siguiendo con su brillante línea argumentativa, nos instruye y nos explica en qué consiste la tolerancia (valor cultural gringo): en simplemente “tragar en seco o protestar pacíficamente” ante todos aquellos ataques o insultos étnicos (chistes racistas de mal gusto, supongo que para él existirán algunos chistes racistas de “buen gusto”), o ataques a las creencias religiosas, porque “ese es el precio que se paga por vivir en una sociedad libre”. ¡Brillante! Para este tipo, la sociedad libre se basa en la libertad de insultar al otro, y que el otro “lo tolere” (o sea, no diga “ni pío”), bonita definición de sociedad libre. El insulto y la ridiculización del otro como derecho. No se plantea en ningún lugar del artículo la necesidad asumir una actitud de respeto a los otros diferentes. No. Tampoco, ni por asomo, hay un intento de ubicarse en la lógica del otro, es decir entenderlo, menos aún hay disposición de diálogo, ni siquiera se le ocurrió a Montaner plantear el intercambio cultural de todo tipo. Su lógica absolutamente limitada y conservadora únicamente llama, desde una posición de poder, a “tolerar”, y por supuesto (bajo esta definición de “tolerancia”) quienes deben tolerar son “los otros”, las minorías, los diferentes, los excluidos, las mujeres. Las élites y mayorías blanquitas, simplemente ejercerán su derecho de expresión (o sea de burla y humillación) teniendo como instrumento legal la famosa Primera Enmienda de la Constitución Política de EE.UU., sostenedora, según Montaner, “de este espíritu envidiable de tolerancia”, ¡vaya envidia que me da!
La segunda y todavía “más brillante” observación, no es nada original, ya se la había escuchado a Bush (¡que casualidad!), pero va un poco más allá y es el punto de enlace hacia el tema de Irán: “A los fanáticos violentos no es posible convencerlos. Hay que vencerlos. Frente a un energúmeno dispuesto a matar por un supuesto agravio moral como el de las inocentes caricaturas danesas, solo es posible atarlo, sedarlo, juzgarlo y condenarlo a una pena grave”. Como dije Montaner es todo un “demócrata”, y sobretodo, un defensor de los derechos humanos, la integridad de las personas es lo primero, pero claro estamos ante los otros, los no-personas, animales en el mejor de los casos. Por eso hay sedarlos y amarrarlos, podrían ahorrarse el juicio y todo eso, de por sí la suerte está echada. Las “inocentes caricaturas” como vimos no lo son tanto, puesto que fueron una ofensa muy grave, y así se percibió, y no una “supuesta ofensa”, es más, debo confesar que me sentí indignado ante la equiparación musulmán-terrorista. Por supuesto además de eso se agrega lo de Mahoma en el mundo islámico, con lo que lo de “supuesta ofensa” se las trae. Pero eso lo que hace es demostrar, una vez más, lo reducido del pensamiento derechoso de Montaner.
Por otro lado, sin afán de justificar actos terroristas, es claro que éstos no tienen su origen en caricaturas sino en situaciones mucho más complejas, como fanatismo religioso, desesperación, indignación, explotación extrema de una élite político-económica, dominación cultural, etc., a veces se mezclan todos estos factores. Por eso resulta inadmisible la argumentación que hace Montaner, porque denota incomprensión de la realidad del medio oriente, y del mundo árabe en general, muestra que no tiene disposición de dialogar y entender, menos de buscar una salida de coexistencia en un marco de respeto, no entiende un mundo pluricultural. No, dice que ¡a los fanáticos hay que acabarlos, vencerlos, destruirlos! Por supuesto los fanáticos son los otros, él es un “demócrata”, un “amante de la libertad”. La fórmula que se propone entonces es el peso de la ley, la misma que debe atar, sedar, juzgar y condenar severamente a los fundamentalistas (que dicho de paso ya fueron condenados de antemano), y por supuesto, no pueden faltar los buenos negocios, libertad de empresa para todo el mundo (entiéndase las corporaciones), ¡viva la acumulación de capital!
La tercera “observación” de Montaner, aunque no lo crean es todavía más limitada, la expresa en una fórmula matemática (¡¡¡!!!), en la que hace una relación directa entre fanatismo, capacidad de destrucción y la “pasión que los domina” en su afán de destruir. El uso de esta fórmula tiene que ver con lo que realmente le preocupa a Montaner: Irán. Desde su punto de vista nadie ataca a Irán, por eso es absurdo que se plantee que Irán desarrolle energía nuclear de “forma defensiva” (sic.). Pero hasta donde sé los Estados Unidos tienen un “ligero” interés geopolítico en la zona, que llevó a la invasión de Irak, también entiendo que hay algunos yacimientos de petróleo y de gas en Irán, pero como eso no interesa a los gringos, debe ser que los iraníes son muy paranoicos. Pero de seguro se trata de eso, porque Montaner asegura que EE.UU. ayudó a Irán invadiendo Irak, ya que eliminó a un gran enemigo iraní, “nunca en las últimas décadas Irán había estado más seguro y protegido”. Eso último es textual aunque no lo crean. No voy a comentar semejante disparate, porque mi memoria es pésima y no recuerdo bien cuáles, según Buhs, eran los países que componían el “eje de mal”. El artículo de Montaner finaliza diciendo que Ahmadineyad (presidente de Irán) está dispuesto a borrar a Israel del mapa (un párrafo antes para explicar su formidable fórmula matemática mencionaba a Hitler, ya más o menos se ve por donde va la cosa), lo llama fanático y terrorista. Ignora la historia, no le interesa. Que quede claro que no justifico las declaraciones hechas por Ahmadineyad, pero sí creo que se les saca de contexto histórico con claras intenciones ideológicas, además el tema de la ocupación israelí y el genocidio al pueblo palestino, ni siquiera es mencionado por el cubano de Miami. Pero esto da para una amplia discusión que no desarrollaré ahora.
Lo que me interesa, como mencioné al inicio, es demostrar (como creo que ha quedado claro) que a Montaner le importa un carajo el asunto de las caricaturas, no le interesa comprender si hubo agravio contra el mundo árabe o no, es más no le interesa el mundo árabe, ni la diferencia cultural, solo utiliza el tema para justificar que los musulmanes son fanáticos y que deben tolerar los insultos y desagravios, “calladitos más bonitos”, de lo contrario si se indignan, serán tratados como lo que son: no-humanos, y justamente de eso está plagado el estado agresor de Irán, a quien los EE.UU. protege desinteresadamente. El asunto es claro, ese tipo que se dice presidente de Irán es un fanático, hay que desarmarlo, sedarlo, atarlo, juzgarlo y condenarlo, antes de que se inmole, y nos mande al sétimo piso del infierno.¡Guerra preventiva ya! ¡Muerte! ¡Dinero! ¡Acumulación de recursos! ¡Poder! ¿porqué diablos no lo dice así de una maldita vez? Porque necesitan que tengamos miedo, necesitan que estemos asustados, para eso sirven las alertas en los EE.UU. para tener a la gente con los nervios de punta y que con su miedo a cuestas apoyen y justifiquen el saqueo y los buenos negocios. Montaner trabaja en eso, en crear miedo, en hacer argumentaciones llenas de mentiras, vive confundir a la gente, es un parásito que vive de la intriga.
Para terminar, y hablando de fanatismos, y justificaciones sin sentido para una guerra, recordemos los orígenes religiosos de Bush, y que éste en nombre de Dios ha declarado guerras y ya invadió países, de hecho ha insinuado que actúa de tal manera porque es el mismo Dios quien le anima. En otras palabras, el Dios de los occidentales (de los cristianos para entendernos mejor) al parecer sigue invocado (e invocando según Bush) para matar – como en las Cruzadas –, solo que peor, porque las muertes son más masivas. ¿quién es el fanático entonces? ¿quién es el loco?
Cualquiera que lea esto puede preguntarse, ¿porqué Josué entonces lee a Montaner si está casi enfermo de leerlo? La respuesta es simple: no sé, pero tal vez sea por puro masoquismo.
4 de marzo, 2006