“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

martes, 13 de agosto de 2019

42

La cuenta ya llega a 42 ¿en qué momento ocurrió tal cosa? No me di cuenta. A veces me pregunto si a todo el mundo le pasa que llega esta edad y todavía se siente joven, supongo que sí. Obviamente no es que me sienta como un adolescente, porque cuando juego fútbol el cuerpo lo recuerda con absoluta crueldad, pero sí me siento joven. 

Llego a esta edad, que posiblemente sea algo más de la mitad de mi vida, con una sensación contradictoria. Por un lado, el personal, con un cierto optimismo, sintiendo que hay cosas que van mejorando. Pero por otro lado, veo con mucha preocupación lo que sucede a mi alrededor, lo que pasa en un país cada vez conservador y derechizado.

Más allá de la falsa polaridad "progres"-"ramachecos", lo que vivimos es un embate brutal de las élites, que van a por todo, tienen la fuerza. Tanto "progres" como "cristianos" apoyan esa agenda económica, igual que el PLN, el PUSC y los otros partidos representados en la Asamblea Legislativa (excepto el FA). La correlación de fuerzas, hoy, nos tira a la derecha, en lo político y en lo cultural. La narrativa neoliberal se ha vuelto hegemónica como nunca antes. Se ha logrado construir un discurso anti comunista potente, como si hubiera una amenaza comunista. Se trata de un discurso anti comunista sin comunistas. Todo aquello que cuestione el discurso oficial es atacado desde todos los medios, desde todos los frentes, tienen la fuerza y están por destruir toda oposición. Esto es muy peligroso porque va a generar una fractura. Las políticas que se están implementando y las leyes que se están aprobando no van dejando salida, y tras tanto tiempo lo único que hacen es acelerar la desigualdad y la exclusión. Lo peligroso de todo es que es posible que la salida sea autoritaria, porque desde la izquierda tampoco vemos proyecto. Ojalá me equivoque, pero veo la cosa muy mal, el embate contra lo público es brutal.

Pero como decía, contradictoriamente en lo personal me siento más optimista. Se cerró un ciclo, mi ciclo en la Vicerrectoría de Acción tras casi diez años y un ambinete laboral tóxico. Paso a hacer cosas más interesantes y estimulantes. A partir de este año estoy trabajando en el INIE (Instituto de Investigación en Educación) ejecutando un proyecto de Acción Social, y en estos días me estrenaré como profesor de la Escuela de Psicología y dirigiré un TCU. La vida me cambió, y después de la tristeza absoluta, siento que puedo sonreír. Tal vez suene un poco exagerado ponerlo de esta forma, pero este es un cambio importante. Yo diría que determinante en mi vida, y estoy agradecido por ello. Lentamente se va cerrando el duelo, y aunque esta tristeza siempre me va a acompañar el dolor ha mutado. Hoy es momento de sonreír, y de celebrar, así que salú: ¡por la vida!