“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
Mostrando las entradas con la etiqueta TCU. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta TCU. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de noviembre de 2019

10 años de trabajo en la U

A mí me gustan las fechas, me gusta conmemorar eventos, porque creo que las fechas permiten hablar de cosas significativas, ligadas a sentimientos y recuerdos. Básicamente lo que digo es que la fecha es un pretexto para ver procesos de vida, o procesos institucionales. El asunto es que este 2 de noviembre cumplo 10 años de trabajar en la Universidad de Costa Rica y es una fecha importante para mí.

Ver hacia atrás es muy interesante por todo lo que ha pasado, por cómo entré y cómo estoy ahora (por ejemplo, sin pelo). Malos chistes aparte, puedo decir que afortunadamente me encuentro en una mejor y más interesante posición, aunque sí he decir que muy lejos de los salarios millonarios que La Nación, y mucha gente, cree que ganamos en la U. Luego de diez años sigo interino, aunque ya no en la Vicerrectoría de Acción Social (donde estuve poco más de nueve años), ahora estoy en el Instituto de Investigación en Educación y la Escuela de Psicología; esto me hace feliz y me ha dado tranquilidad después de los últimos tres dolorosos años. Pero en realidad no quiero hablar de mí en este apunte, lo anterior simplemente me sirve de pretexto para decir otra cosa.

Con la crisis que ha generado en la Universidad el anuncio del desvío de 70 mil millones de colones del presupuesto universitario de una partida a otra, y que nos dejaría en jaque, un grupo de docentes que tenemos a cargo la coordinación de TCU nos hemos reunido para reivindicar y evidenciar la importancia de lo que hace la U a través de los más de 170 proyectos de Trabajo Comunal bajo la pregunta ¿Qué pasaría si no existiera el TCU? Pero me he puesto a pensar que esta debería ser una tarea liderada por la Vicerrectoría de Acción Social (VAS), y con esto no digo que no deberíamos hacerlo nosotros, solo que hay una entidad que tiene toda la información y se supone los recursos para hacerlo.

Aunque la VAS no es la Acción Social, sí ejerce un rol importante en tanto es el ente rector de este pilar fundamental de la Universidad. Y sólo viendo hacia atrás es posible encontrar una respuesta a la pasividad de la Vicerrectoría en esta coyuntura, y el porqué nos hemos tenido que organizar entre nosotros.

"No voy a reducir la Acción Social" aseveró Henning Jensen en marzo de 2012 al Semanario Universidad cuando era candidato a Rector. Sin embargo, una vez ganada la elección su entorno se refería a la VAS como la "Vicerrectoría rebelde", y muchas veces llamaron a "poner orden" e incluso a "domesticar" a la VAS. Ese mismo entorno hablaba de desorden financiero, de corrupción y de caos. Para acabar “con todo lo desastroso que había hecho María Pérez” (quien no es santa de mi devoción), lo primero fue nombrar como Vicerrector a alguien que en su vida ejecutó un proyecto de Acción Social, que se perdió en su academicismo, un digno representante de la "Acción Ciudadana" sin ciudadanía, un repetidor de Boaventura de Souza Santos, alguien que nunca logró comprender realmente al sociólogo portugués. Lo segundo, fue nombrar un jefe administrativo "que pusiera orden" ("Míster No" le habían apodado en la Vicerrectoría de Vida Estudiantil), una ficha de OAF, y esa persona nunca comprendió qué es lo que se hacía en la VAS, nunca preguntó, tampoco parecía importarle mucho porque su misión era poner orden. Tercero, un director de cultura que en realidad era un productor de eventos privados, una persona con criterios elitistas de cultura, anti-izquierdista resentido y acomplejado, un tipo sediento de poder y enemigo de uno de los programas más exitosos de la VAS: Danza Universitaria, que aprovechó su posición para su vendeta personal con Danza U. Luego, el vicerrector se rodeó de aduladores que nunca comprendieron la dinámica de una Vicerrectoría que había crecido mucho y que tuvo sus muchos aciertos, y claro desaciertos. Intentaron borrarlo todo.

Para reducir la Acción Social no fue necesario reducir los presupuestos, la redujeron burocratizándola, encorsetándola en la rigidez del sistema de administración financiera, introduciendo algunos criterios economicistas, aplastando a los trabajadores, con discursos vacíos y contradictorios. La primera parte de la administración Jensen acabó con una guerra de alta intensidad y una ruptura abierta entre trabajadores y el vicerrector, sus directores (excepto la dirección de TCU) y su comparsa de aduladores. Tan es así que la salida de Salom fue celebrada a lo interno, pero también a lo externo, mucha gente pidió su cabeza, y el Rector la ofreció sin siquiera darle la cara a su fiel vicerrector (lo mismo hizo con la Vicerrectora de Investigación). Ya a esas alturas era evidente el desastre que estaba resultando Jensen al frente de la U. Si se reeligió fue porque la oposición no logró articularse y el candidato que tenía al frente era muy flojo y cometió todos los errores que no debía cometer en campaña, aún así logró sacar una buena cantidad de votos, porcentualmente hablando porque ya sabemos que una minoría es la que elige Rector.

Tras la reelección Jensen decidió poner al frente de la VAS a Marjorie Jiménez, su trayectoria al frente de la Sede del Pacífico nos hizo pensar que podría haber un cambio positivo. Pero aquello fue espejismo, y la crisis interna de la VAS fue peor. Aunque la vicerrectora tuvo el acierto de promover el nuevo Reglamento de TCU (que el anterior vicerrector "engavetó" dos años) pronto perdió el rumbo y no tuvo capacidad de dialogar con todos los sectores de la VAS, escuchó "a su gente" y la dinámica pronto se tornó tóxica a niveles intolerables, incluso para la misma vicerrectora. La crisis tuvo uno de sus climax cuando  los tres directores renunciaron en bloque (hecho grave que no fue contado por nadie, el Semanario miraba para cualquier porque seguramente Ernesto Rivera no quería meterse en problemas). Varios salimos de la VAS, y me atrevo a afirmar que son pocas las personas que se quieren quedar.

Durante el VII Congreso Universitario un grupo de trabajadores de la VAS propuso una reestructuración. La ponencia fue aprobada de forma unánime en el Congreso, pero Salom dijo "no es el momento" y nuevamente abrió la gaveta. La vicerrectora Jiménez retomó la propuesta, pero lejos de ponerla a discutir a lo interno para generar un consenso lo que hizo fue discutirla en su grupo de confianza, tampoco abrió un proceso a la Comunidad Universitaria, aunque le mostramos cómo fue que hicimos el Reglamento de TCU y le propusimos una metodología. Poco a poco la propuesta original se fue desdibujando, y se fue sustituyendo por chismes de un nuevo orden, por cambios que no tenían ningún sustento y no estaban escritos en ningún lado, en algunas ocasiones se implementaba un cambio y de un momento a otro se reculaba, lo que claramente generaba una sensación de estar gobernados a punta de ocurrencias. Esto lo discutimos abiertamente con ella en la Sección de TCU y su respuesta fue siempre descalificarnos.


Pero quizá el más grave de los "errores" (para utilizar un eufemismo) en este proceso (también usando un eufemismo) fue el suprimir la Sección de TCU. Mencioné que TCU realizó una propuesta de reglamento. Esa propuesta se construyó a través de un largo proceso de consultas y discusiones con estudiantes y docentes. Esto permitió que la Sección de TCU tuviera una claridad sobre lo que debía ser el Trabajo Comunal Universitario, en ese momento era la Sección de la VAS con mayor claridad política y académica, teníamos muy claro lo que debíamos ser, éramos “la vanguardia” de esa Vicerrectoría. Eso fue posible porque había un personal altamente capacitado y comprometido, porque había una discusión permanente y una dinámica de funcionamiento en la que las decisiones estratégicas se tomaban en conjunto. Eso ya no existe. La ocurrencia más dañina de la Administración fue que todos los asesores tuvieran proyectos de todo tipo, es decir, los que antes estaban encargados de darle seguimiento exclusivamente a proyectos de Trabajo Comunal, de pensar la política, de mirar estratégicamente, de articular esfuerzos desde el TCU, ahora debían dar seguimiento a proyectos de Extensión Docente, vínculo remunerado y otros tantos, llenando a esos asesores de burocracia y papeleo innecesario, convirtieron a los asesores en “todólogos”, donde es imposible darle seguimiento cabal a esa cantidad de proyectos tan disímiles. Si TCU logró tener un reglamento nuevo, si TCU estaba logrando reivindicar el papel académico de su quehacer, si se estaba logrando realizar articulaciones con otros proyectos, si se estaba logrando que todos los docentes tuvieran carga académica, si se estaba logrando articular con los Seminarios de Realidad Nacional, era porque había gente especializada en TCU, y todo eso se cayó. Se cayó por la implementación de una ocurrencia. Cierto que en TCU sigue funcionando la parte administrativa, se han mejorado procesos de matrícula (por cierto una promesa pospuesta desde hace años: un sistema de matrícula justo), se han reducido trámites absurdos. Pero políticamente TCU no tiene dirección estratégica, está diluido en la maraña burocrática de la VAS, y ahora sin capacidad de articularse como uno de los programas más importantes y exitosos de la Universidad, y único en Latinoamérica. En la VAS desde hace años hay una "guerra civil", desgraciadamente fomentada desde la Administración, que le ha hecho mucho daño a trabajadores y trabajadoras, pero sobretodo a quienes ejecutan los proyectos de Acción Social.

No faltará quien me diga que uno de los puntos altos fue el Foro de Acción Social, y bueno ¿qué salió de ahí? Una declaración. El trabajo de mucha gente lamentablemente ha servido para que las autoridades pongan su buena cara, mientras hablaban de diálogo de saberes y de participación, a lo interno los trabajadores y trabajadoras de la VAS tuvieron que hacer un paro de labores que dejó en evidencia la ineptitud y poca voluntad para resolver los problemas. Pero sobre todo dejó en evidencia el doble discurso de esta Administración: linda cara hacia afuera, discursos bonitos, persecución a lo interno, y solo por poner un ejemplo: la jefa administrativa y una directora de sección, durante la huelga contra el plan fiscal, intentaron levantar listas negras de trabajadores que nos fuimos a huelga.

Cumplo diez años de trabajar en la U en uno de los momentos más críticos de la historia de la Universidad. Y ahora que ya no estoy en la VAS y dirijo un proyecto de TCU (estoy "al otro lado") no dejo de pensar en lo que se hubiera podido hacer en este momento crítico si tuviéramos una Sección de TCU fuerte y no una gran "Unidad" de Proyectos en Comunidad abstracta e inoperante. Lo jodido de este momento, es que perdimos. El Rector que dijo no iba a reducir la Acción Social, terminó aplastándonos, y que, tal como decía su entorno, efectivamente logró “domesticar” a la “Vicerrectoría rebelde”, ese entre otros muchos despropósitos será su nefasto legado. De mi parte, he de reconocer que fracasamos en nuestro intento de transformar esa estructura vertical y burocrática, nos pasaron por encima. Ahora lo que toca es reivindicar la Acción Social como un espacio de construcción de conocimiento y de transformación, esta vez desde la acción, y a pesar de los Jensen, de los Salom, y de la casta universitaria. Nuestro trabajo es demostrar que la Universidad no es esa torre de marfil y que nuestro trabajo tiene sentido formando profesionales integrales, pero también generando cambios en todas esas comunidades que han sido excluidas.





Conectar al Canal Telegram Apuntes de una Parcial Irrescatable


domingo, 15 de mayo de 2016

La calculadora

Es lamentable pensar con la calculadora en la mano, sobre todo cuando se ejercen puestos de poder, porque no hay forma de que los números cuadren. Cuando los dirigentes sacan las calculadoras ya todo se jodió, porque eso quiere decir que están dispuestos a torcer sus propios principios, y claro también las voluntades de otros. La calculadora implica el chantaje, ceder también a chantajes, es venderse, perder autonomía, entregarse a los caprichos de grupos de poder (no siempre con agendas transparentes, a veces hasta corruptos); y lo que pasa es que quien saca la calculadora cree que así le van a cerrar las cuentas. Y la cosa es que aún así no cierran.

Claramente una cosa es tener que negociar y tener la capacidad (y la fuerza para hacerlo), y otra es esta mecánica perversa de tomar decisiones con la calculadora en mano. No es fácil gobernar un país, no es fácil dirigir instituciones complejas, como la UCR, por ejemplo. Es más difícil aún cuando el proyecto no es tan claro, o cuando el proyecto se construye alrededor de agendas que se contraponen, y se hacen promesas tratando de quedar bien con todos, menos aún cuando se asume un discurso de cambio con viejas prácticas. Es ahí cuando la calculadora sale, y empiezan las maniobras, y el pragmatismo se hace regla. Eso no me extraña, es típico de quienes buscan mantenerse en el poder a toda costa y perdieron el horizonte hace tiempo, bueno sí es que lo tuvieron.

Pongamos como ejemplo lo que hacemos en la Vicerrectoría de Acción Social, concretamente desde Trabajo Comunal Universitario (TCU). Nuestro trabajo consiste en promover procesos pedagógicos con estudiantes y docentes que tengan impactos en comunidades, o sea, procuramos que los estudiantes aprendan haciendo, pero no desde cualquier lugar ni desde cualquier hacer, porque la cosa no es hacer por hacer. Cuando el TCU fue creado en nuestra Universidad no fue pensado como un voluntariado o como mano de obra barata para empresas o instituciones, tampoco fue pensado desde el mesianismo. Fue pensado como proceso de construcción de conocimiento y de transformación social. Sé que hay algunos académicos que consideran que no estamos para transformaciones sino para generar capacidades ("no dar la caña sino enseñar a pescar" en el lenguaje neoliberal de moda), se resignaron, envejecieron, sacaron la calculadora.

A lo que voy es que nuestro trabajo más allá de los cálculos políticos de las autoridades de turno, nuestra misión es velar porque no se tuerzan algunos principios, porque no se pervierta ese proceso pedagógico que es el TCU. Lamentablemente en nuestra Universidad se torció, por falta de supervisión, por desidia, por facilismo, por razones ideológicas; y en algunas Unidades Académicas, además, se desprecia ese hacer. Ha ocurrido también, que las universidades privadas creen que el TCU es hacer cualquier cosa, literalmente lo que sea.

Nosotros no estamos para hacer cualquier cosa, porque podemos aportar mucho, hacer cualquier cosa es desperdiciar recursos muy valiosos, es desaprovechar una valiosa oportunidad para aprender y enseñar. El TCU debe, necesariamente, generar aportes transdisciplinarios, a partir de la construcción dialógica de conocimientos, comportamientos y prácticas que promuevan procesos colectivos orientados a la incidencia directa en el entorno socioambiental. Y en ese proceso esperamos que el aprendizaje sea en doble vía, o sea, la Universidad también debe aprender.

En cierta ocasión un docente de agronomía me espetó que yo no sabía cómo se hacía un injerto de maíz, y no sé qué cosas, y claro que tenía razón, no lo sabía y aún no lo sé. Yo le respondí que yo no tenía porqué saber eso, y que de todas formas la discusión no estaba ahí, si no en el cómo se interactuaba con la comunidad, desde qué lugar se hacía, y que desde ahí sí que teníamos mucho que decir, y que precisamente para eso estábamos, para colaborar en la orientación del trabajo comunitario, que no era nuestra política ubicarnos en el lugar de los expertos, sino en la de generar procesos de aprendizaje con estudiantes y comunidades, potenciar autonomía, construir sujetos sociales. Eso no gustó al profesor que se imaginaba el TCU como una práctica profesional. Nuestra postura tampoco ha gustado a otras Escuelas y Facultades, acostumbrados (en algunos casos) a hacer cualquier cosa, a creer el TCU como la práctica académica que no tienen, o "llevar la luz" a esas comunidades atrasadas, visión muy desarrollista por cierto. Esto es lo que hemos venido poniendo en cuestión, teniendo claro que en algunos sectores no se prepara a los estudiantes para el trabajo en comunidad, y bueno, para eso es que está la formación humanista de la U, esa es nuestra razón de ser como TCU, ese es nuestro aporte a la formación de profesionales.

Al parecer algunas Escuelas o Facultades se han molestado un poquito porque hacemos nuestro trabajo, pero eso es normal, y hasta esperable, ojalá expresaran su malestar públicamente, los invitaríamos a discutir, no nos da miedo el debate, lo estamos deseando. Pero sucede esos académicos no discuten, sino que se quejan arriba, donde se toman decisiones con la calculadora y donde se tuercen los procesos académicos. Pero también eso es normal, y lo esperamos de las autoridades. Lo realmente jodido es cuando la calculadora se instala en el cerebro de otras personas, y justifican ese cálculo, por ejemplo culpándonos por hacer nuestro trabajo. Lo lamentable es que no son pocos, y que a ellos no les cierran las cuentas, porque, claro, no son sus cuentas.

viernes, 27 de septiembre de 2013

TCU en Pueblos Indígenas... Boruca.

Fin de semana de gira en Boruca, muchas cosas en qué pensar.

Lo primero que debo decir es que la gira corresponde con uno de los proyectos interuniversitarios que se ejecutan desde CONARE (Concejo Nacional de Rectores). Desde TCU se ejecuta una parte del programa, y que consiste en colaborar en territorios y con poblaciones indígenas. Esto desde TCU tiene un par de años en ejecución. No tengo a mano los datos sobre promociones luego de la "intervención " de la Universidad, peor para efectos del apunte no tiene importancia. No la tiene porque me quiero referir a cosas muy puntuales, y que no tienen que ver con los resultados.

La primera cosa tiene que ver con el choque que le significa a algunos estudiantes ir a comunidad indígena. Es muy común escuchar comentarios del tipo "no imaginaba que estuvieran tan desarrollados". No lo digo concretamente por lo estudiantes que fueron a la gira este fin de semana, sino porque en general, se cree que los indígenas aún están en el Siglo XIX. Y entonces el choque es grande, antenas de televisión satelital, reggeaton, celulares, internet. Y es ahí donde viene el gran debate, y las discusiones, sobre cómo mantener la identidad cultural en un mundo globalizado, en el constantemente los indígenas están bombardeados por las mismas cosas que nosotros. El tema es que solemos pensar que los indígenas deberían quedarse como estaban, que es fundamental la "conservación" de su cultura. Como si fueran piezas de museo, como para calmar nuestra culpa cultural, tras años de negación y discriminación. No sé si me estoy dando a entender. Trataré de plantearlo de otra forma. Hay una tendencia a que los indígenas sigan siendo "indígenas en estado puro", como si no hubiesen procesos globales que influyen en la cultura y en la cotidianidad, ese "estado puro", ya no es posible. Lo que sí es posible y a lo que deberíamos aspirar es a una colaboración que permita procesos de autoconstrucción de identidades, es decir, de constitución de sujetos con una identidad histórica, política y cultural, que permita que esos sujetos (esas comunidades) puedan acceder a los recursos y posibilidades que efectivamente ofrece Occidente, pero no desde un lugar de subordinación, sino desde un lugar de sujeto con identidad propia. Esto por supuesto es bien complicado en el marco de una relación que suele someter a unos en nombre del miedo a lo diferente y la intolerancia a lo que no es igual, de relaciones fetichizadas. Lo más curioso de todo esto, es que a escala local es toda una discusión, es decir, que esta discusión es muy fácil de identificar en lo que toca al tema indígena, pero no solemos verla en lo que concierne a escala nacional o regional. Es decir, no nos hacemos las mismas preguntas sobre nuestra identidad, sobre los procesos tan fuertes de transculturalización que vivimos. Es toda una contradicción, cuando deberíamos vernos en ese espejo que nos refleja nuestro alejamiento a nuestra identidad, por cierto ¿cuál será?

Y de ahí se deriva la segunda cuestión que me interesa comentar. Tiene que ver con nuestro papel ahí, como Universidad, concretamente. Este proyecto ofrece tutorías a estudiantes de los territorios indígenas para que ganen su examen de bachillerato, y eventualmente lograr acceder a la Educación Superior Pública. Para comprender porqué se hace esto es necesario mencionar que el Convenio 169 de OIT, suscrito por nuestro país, establece que la educación en territorios indígenas debe ser "ejecutada" por personas indígenas, la lógica es clara, fortalecer la identidad cultural, pero sobre todo una educación contextualizada. Sin embargo, la aplicación a rajatabla del convenio tiene varios problemas, entre ellos que los docentes que imparten actualmente lecciones no están en su mayoría preparados
adecuadamente, y el efecto de eso es que la formación termina siendo deficiente y deja en desventaja (mayor aún) a estudiantes de comunidades indígenas con respecto a estudiantes de otras zonas del país. Por si fuera poco, el MEP y la misma Universidad aplican sus exámenes como si no existieran diferencias, lo que claramente genera una desigualdad. Entonces, como no hubo transición en la formación de docentes indígenas para que asumieran esta tarea, se siguen generando desigualdades. Recientemente el gobierno y el MEP sacaron un nuevo decreto sobre educación en territorios indígenas. El decreto número 3780. Los requisitos que tendrán los nombramientos de educadores en los centros educativos de los Territorios Indígenas incluyen que los postulantes sean del propio pueblo, conozcan su cultura, dominen su lengua y sean graduados o estudiantes de carreras de pedagogía, lo que debiera generar un plan de acción para que en el mediano plazo haya docentes indígenas. La lógica indicaría que las Universidades Públicas tengan algo que ver, pero ya está demostrado que a nuestros políticos neoliberales el único sentido que les impulsa es el económico.



Ahora bien, la propuesta de apoyar a los estudiantes mediante tutorías es una propuesta bien intencionada dirigida a estimular el ingreso a las Universidades Públicas, eso por un lado, pero por otro a ampliar el horizonte de "desarrollo" en estas comunidades.  Este pudo haber empezado en el 2006 ó 2007. En un principio el ingreso a la educación superior era un “efecto secundario” de las tutorias. Pero es hasta ahora que se ha estado  considerando un proceso más integral que logre mejorar las posibilidades de ingreso en la educación superior, partiendo de las tutorias desde cuarto año y llevando procesos de orientación vocacional a los colegios, lo cual tiene lógica.

En el contexto actual también la mejora el ingreso tiene que ver con el compromiso suscrito por las Universidad con el Banco Mundial, es decir de los compromisos de gestión (que desde mi punto de vista colisionan con la Autonomía Universitaria) para aumentar la matrícula de indígenas en el corto plazo. Aun cuando reconozco que hay un interés sincero en quienes ejecutan el proyecto a más alto nivel se trata de compromisos de gestión, sobre todo si uno observa a las figuras que están por ahí "comprometidos" con esto y que tienen posiciones del más alto perfil neoliberal, que entienden la cultura como una mercancía al alcance de quienes la pueden pagar, no hace falta decir a quiénes me refiero, sólo que no se trata de los ejecutores del proyecto, también habría que considerar la apropiación que puedan hacer las mismas comunidades de este proyecto y otros, pero eso habría que promoverlo a la vez que las comunidades deben demandarlo, todo un reto. Porque no se trata de que ingresa un indígena se trata del ingreso de una comunidad, como posibilidad histórica y reivindicación, es mucha la gente que está involucrada. Y no sólo lo digo por las comunidades indígenas, en el Sur el haber ingresado a la Universidad tiene una significación social. Por lo que en mi opinión es que esto de las tutorías deviene en paliativo si la Universidad no logra concertar un plan integral que forme docentes, prepare a los estudiantes, y que integre una visión crítica y reflexione en conjunto con las comunidades indígenas sobre qué es lo que quieren las comunidades, y aquí lo complejo es poner de acuerdo a comunidades que históricamente han sido manoseadas por el poder, discriminadas y pisoteadas, en territorios donde los recursos naturales son ricos y amplios, tanto que hay intereses comerciales muy fuertes en juego.

¿Pasa esta reflexión por la cabeza de los estudiantes que ejecutan el TCU, y que de muy buena gana y con gran compromiso van a territorios indígenas? Me ha parecido que no, al menos no me ha parecido desde el contacto que he tenido con el proyecto desde que estudiantes de TCU se involucran. Considero que ahí hay todo un trabajo por hacer. Sobre todo en el intentar generar procesos educativos tendientes a constituir sujetos, pero está la otra parte, la necesidad real de pasar los exámenes de bachillerato y cumplir con los contenidos que exige el MEP. Consideremos además que se trata de adolescentes, sí adolescentes indígenas, que son como cualquier otro, pero con sus particularidades. Ahí está el nudo de la cuestión, nuestra contradicción básica, atrapados en el resultadismo de esta sociedad occidental. Cuando le pregunté a una de las estudiantes de TCU para qué hacía su trabajo ahí respondió para que los estudiantes ganaran su bachillerato, y le pregunté para qué, y me respondió, para que vayan a la Universidad, y volví a preguntar para qué, para que salgan de aquí, y volví a preguntar para qué, porque son pobres respondió, y le pregunté, pobres según quién. Y se generó una interesante conversación sobre la concepción de educación de nuestra sociedad occidental y de cómo esa educación (santo remedio para todos nuestros males) es un vehículo ideológico y de dominación cultural. Todo un tema "oculto", y negado, desde el pensamiento simple de nuestro patético imaginario.

Y la pregunta es muy sencilla ¿queremos como institución que los y las jóvenes indígenas que estudian en la universidad se conviertan en sujetos para el mercado? Y claramente esa misma pregunta la podemos extrapolar a la situación nacional. Pero no sólo debemos preguntarnos qué queremos, debemos preguntarnos también el para qué, porque si al hacernos esta pregunta la respuesta es para cumplir con los compromisos con el Banco Mundial hemos perdido el horizonte y la perspectiva, y con lo que he visto en estos tiempos neoliberales no dudo que haya gente dentro de la Universidad que responda eso.




* Agradezco a Yoni Arias la lectura y observaciones a este apunte.

domingo, 27 de noviembre de 2011

El TCU en la universidad privada y la discusión de fondo


En el apunte de hace un par de días comentaba sobre lo justo que es el reclamo de los estudiantes de universidades privadas contra el impuesto que se les quiere imponer en el PACquetazo fiscal, y que más bien el impuesto debería ser sobre la ganancia de estas empresas y no cargarse sobre los estudiantes. Mencioné la lógica que se ha seguido para fortalecer el negocio de la educación privada y cité a la dueña de uno de estos negocios, ejemplo perfecto de la lógica excluyente. Concluyo que tanto estudiantes de universidades privadas como de Universidades Públicas, deberían hacer frente común para exigir calidad en la Educación Superior.


Siguiendo sobre este tema de la Educación Superior en el ámbito privado y su lógica, hace unos meses nos enteramos a través El Chamuco que un estudiante de derecho de la Universidad Latina interpuso una Acción de Inconstitucionalidad contra el "Trabajo Comunal Universitario" que deben hacer estudiantes de universidades privadas. La Acción fue rechazada de plano el pasado 2 de noviembre.


Esto podría resultar meramente anecdótico, si no fuera porque en la argumentación dada por este estudiante se expone con toda claridad la lógica que subyace a las universidades privadas, las razones por las que la Sala IV ni siquiera entró a considerar la acción por el fondo, es enano de otro cuento y no viene al caso. Pero, como dije, se expone la lógica tal cual es, no me interesa hacer juicios de valor si este estudiante tiene una posición cínica o completamente neoliberal, simplemente me interesa reseñar la estructura lógica de su argumentación, y a partir de ahí extraer algunas conclusiones.


Resumo la argumentación expuesta en el recurso:


  • Las universidades privadas son empresas cuyo negocio es la educación. Los estudiantes por tanto son clientes, "adulto-consumidor". El trabajo comunal universitario es una obligación cuyo cumplimiento implica 150 horas, que equivalen a 3 cursos, pero sin tener créditos asociados, que dentro de esta lógica es la moneda de cambio universitaria. Al no tener créditos, se trata de un esfuerzo inútil y sin ningún beneficio, y al ser cobrado por la universidad, se convierte en un requisito impuesto por el Estado, se trataría entonces de un "tributo".
  • Los adultos-consumidores de la educación "dada su condición social o "baja escolaridad" (¡¡¡¡!!!!¿¿¿¿????) trabajan para mantener a sus familias, el cumplimiento de este requisito resta tiempo al consumidor en su carrera y en calidad de vida, sin que reciba a cambio nada. Al imponer el TCU le da una carga onerosa e innecesaria al adulto-consumidor. El Estado tiene como obligación proveer educación para mejorar la calidad de vida, lo cual es un derecho tutelado por el Estado, alternativa que no se brinda con la oferta de las Universidades Pública, y que además el adulto-consumidor cumple sin la ayuda del Estado.
  • Al hacer el TCU se cumplen labores típicas del área profesional, se trata de un trabajo pseudo profesional, con "un contrato de trabajo implícito, verbal e individual" en un centro laboral y con horarios estrictos. Por lo que el TCU deviene en trabajo forzoso, restringido a unos pocos lugares establecidos por el colegio profesional (en este caso concreto el de abogados).
  • Finalmente, transcribo: "... ha de tenerse presente que el primigenio establecimiento del del TCU en la universidad estatal, fue motivado en la inteligencia del legislador en lograr que el estudiante al cual se le brinda su educación costeada por el Estado (...) retribuya de alguna forma la enorme inversión pública que hace el pueblo de Costa Rica en su formación universitaria". Por lo que su traslado al ámbito privado no procede.

Este estudiante de derecho aunque tiene muchos errores conceptuales sobre el TCU, pero deja de manifiesto la lógica de las universidades privadas. Empecemos señalando que efectivamente se trata de un negocio privado, cuya mercancía es el servicio que se vende a los estudiantes. Este "servicio" al venderse convierte  a los estudiantes en consumidores, y los excluye del lugar de ciudadanos con derechos, los inserta directamente en la lógica de mercado. Por supuesto, esto es la consecuencia de un modelo que precisamente necesita generar excluidos del sistema de educación pública, para eso se han creado leyes, desregulado el negocio y sobre todo, limitado el presupuesto de la Educación Superior Pública. En este sentido lleva razón este estudiante al argumentar que el Estado no cumple con su obligación y genera desigualdades.


Ahora bien, la argumentación citada alude al establecimiento del TCU en la Universidad Estatal. Al respecto hay que aclarar que el TCU no nace de una ley, ni de una fuente externa a la Universidad. El TCU fue creado en el III Congreso Universitario a mediados de los años setenta como presión de los estudiantes para institucionalizar lo que por aquellos años se llamaba "Campos de trabajo", y que tenía por objetivo el fortalecer la vinculación de la Universidad con la sociedad para generar transformaciones en la condición de vida de la población. Es decir, el origen del TCU, y de la Vicerrectoría de Acción Social, nace por la visión de estudiantes y académicos comprometidos con la transformación de la sociedad. Para decirlo de otra forma, no nace del "pecado original", no nace de la culpa, no salió de la idea caritativa de la retribución a la sociedad, sino de la necesidad de cambiarla, a través del aporte que desde la Academia se puede hacer.

Pero este discurso de la caridad ha calado tan hondo que hasta los mismos académicos lo han asumido y es parte del imaginario universitario, basta recordar la discusión en medio de la negociación del FEES del año pasado, y la mediocre campaña de la Oficina de Divulgación e Información de la UCR. Si la Universidad Pública hace una retribución a la sociedad es en la formación de profesionales de calidad, pero esa es su función, para eso fue creada, así que es irrisorio hablar de retribución.


¿Porqué este este rechazo tan tajante a este discurso de la caridad en la Universidad? Sencillamente porque la educación es un Derecho Humano, por lo tanto no hay ninguna retribución que hacer, es obligación del Estado hacer esta inversión (los neoliberales le llaman gasto), es nuestro derecho recibir una educación de calidad, en todos los niveles. El caso del TCU como ya se dijo no tiene nada que ver entonces con la retribución, por el contrario tiene que ver con la necesidad de transformar esta sociedad tan injusta y desigual como la nuestra. Por supuesto, no estamos exentos de contradicciones, avances y retrocesos, en la Universidad Pública, a lo interno hay una cruda lucha ideológica, hay quienes creen que el TCUa lo interno, y la Acción Social, no debería existir.


Otra pifia en la concepción de TCU que se impugna, es que se trata de una práctica profesional, de ahí que este estudiante alegue que se trata de un trabajo "pseudo profesional" y eso es el fundamento de lo que denomina "trabajo forzoso". En realidad el TCU (al menos en la UCR) no está concebido como una práctica profesional y la mera aplicación de conocimientos de los estudiantes. En realidad estamos hablando de una modalidad de Acción Social en la estudiantes de varias carreras, sí, aplican sus conocimientos, pero lo que se busca es que lo construyan en conjunto (diversas carreras) a las comunidades. Porque también se reconoce que la gente sabe cosas, que hay saberes en la comunidad, que ahí se produce conocimiento, distinto al que se produce en las Universidades, pero también válido. No somos dueños del saber, la realidad es muy compleja, por lo que se requieren de propuestas interdisciplinarias. La división disciplinar de las Universidades responden a una determinada división social del trabajo de la sociedad capitalista.

A estas alturas, ya se habrán dado cuenta que el asunto de fondo es el Modelo de Universidad. Y es por eso que esto del TCU no encaja en la universidad privada, porque no tiene forma de encajar, simplemente porque se trata de un adefesio legal que devino en obligación, y que como vemos hay quienes lo consideran trabajo forzoso. No hubo una reflexión a lo interno que justificara su creación, de hecho ni siquiera les importa hacer esa reflexión, su razón de ser es hacer dinero. Los legisladores quién sabe que pensaban sería su función cuando aprobaron la ley, pero de fijo no dieron esta discusión, porque si la hubieran dado habrían tenido que modificar algunas cuantas cosas. En estos negocios de educación superior la lógica del "adulto-consumidor" es la que prevalece, por eso hasta se cobra el TCU (el accionante adjunta copia del recibo) cualquier cosa sirve para sacarle plata a la gente, por algo es un negocio redondo.¿Deberían entonces hacer TCU en las universidades privadas? Tal y como están las cosas no tiene ningún sentido, porque las cosas no se hacen simplemente porque sí. En todo caso, la discusión de fondo es ¿para qué sirven las universidades privadas? ¿a quién le sirven? Preguntas llenas de polémicas y que espero abran un buen debate.


Lo dejo acá, me extendí mucho, quedan muchos aspectos por discutir, ya los abordaré. Espero comentarios.