“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

sábado, 27 de agosto de 2016

Ten - Pearl Jam

Según veo el disco Ten de Pearl Jam cumple hoy 25 años de haber sido lanzado al mercado. Y como otras tantas veces pienso "¡cómo pasa el tiempo!". Recién había cumplido los 14 años y ya la cabeza me daba vueltas y vueltas, sin entender lo que me pasaba, y lo que pasaba a mi alrededor. Simplemente me sentía abrumado por todo lo que ocurría. Aquello por supuesto, derivó en una crisis existencial, que en gran medida explica porqué terminé estudiando psicología. Pero eso no viene al caso ahora. Lo que sí, es que por aquella época Leo Rodríguez me prestó el disco. Esto debió ser entre marzo y abril del 92, antes había visto muchas veces el video de Jeremy, cuando MTV valía la pena. La cuestión es que cuando escuché el disco completo me sentí de muchas formas. Creo que me dejé llevar por la ira y la melancolía. Es gracioso escuchar el disco hoy, después - y para tratar de ser algo más exacto - de unos 24 años y medio; recordar lo que sentía por aquella lejana etapa de mi vida. Ahora, es melancolía lo que siento. Y no sólo por recordar la primera vez que
escuché el disco, sino porque el disco me ha acompañado casi toda la vida. Así que son muchos recuerdos, demasiados momentos felices y tristes, muy tristes, algunos. Recuerdo que a aquel disco de Leo, le hice una copia en un cassette Sony, que le robé a mi tío, y remplacé el delirio de algún pastor evangélico. Disfruté mucho borrando al charlatán aquel. Algún día en mi casa, o puede ser que lo andaba en un viejo Walkman, Palma vio el cassette y lo rebautizó con lapicero azul: "EL DIEZ". El cassette sonó miles de veces, no podría calcular exactamente cuántas. Y fue hasta el 2001 que en Quebec, en una tienda de segunda, pero en perfecto estado, que al fin pude comprarlo (extiendo mi agradecimiento a la Unión de Trabajadores Canadienses, fue con los viáticos que me dieron para la Segunda Cumbre de los Pueblos de América, que pude comprarlo, ah, y también un Discman). Fue un viaje modernizante aquel. También recuerdo que en Quebec huyendo de la policía en medio de las protestas contra el ALCA, terminé en el portal de un edificio sentado, descansando un poco mientras la policía tiraba gases lacrimógenos desde un puente, los vecinos del 1A, salieron, me preguntaron de dónde era y me invitaron a pasar y cenar, eran tres maes y una chavala, me parecieron mayores (una tontería porque seguramente tenían menos de 40). Mientras, me bebía el vino que me dieron, revisé su música - una mala costumbre que aún persiste, ampliada a los libros -, vi Ten de Pearl Jam, hice cara de asombro, ellos rieron y lo escuchamos. Desde la ventana vimos caer la última bomba de gas, y a los manifestantes correr tras la última carga policial mientras sonaba Porch, fue muy raro, hacía apenas media hora yo estaba ahí abajo, ahora era un espectador. Me dijeron que era mejor que no me fuera hasta más tarde porque de seguro la policía estaría persiguiendo y arrestando gente durante algún rato. Como era otro tiempo, no tenía forma de comunicarme con los compañeros, de seguro pensaron que me habían arrestado en alguna de las escaramuzas con la policía, no volví al hotel sino hasta el día siguiente. En aquella gigantesca manifestación fue la primera vez que vi una bomba molotov; desde que la prendieron, hasta que estalló en los escudos policiales, al menos cinco, hasta que la policía se hartó y dieron la orden de llevarse por delante a todo aquel que se les interpusiera. Hoy recuerdo muchas otras cosas, eso es lo que pasa con la música, que está asociada a momentos importantes de la vida. Y a mí me pasa que recuerdo cosas porque están asociadas a la música, recuerdo lo que ocurría alrededor, el año que era y lo que sentía, porque la música está completamente pegada a mi memoria emocional. Y lo obvio, que este disco lo he escuchado por tanto tiempo que tiene un carga sentimental altísima. Además, es un discazo.