“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

sábado, 11 de agosto de 2018

41

Hay un libro de Eduardo Sacheri que se llama Ser feliz era esto, me encanta ese título, y bueno también me gustó el libro. Pero no es del libro de lo que quiero hablar, más bien en sí del título, que me recuerda a una época bonita de mi vida. ¿Qué será, 1997? Puede ser. Entre otras cosas, ese año Los Cadillacs publicaron el Fabulosos Calavera, yo estaba por cumplir los 20 años, o sea estaba a mitad de mi vida. Recuerdo que un compañero de la escuela le regaló a Prisci ese disco,  qué ese gran aporte fue ése. Porque claro, fue colectivo el disco, lo escuchamos muchísimas veces.

En aquellos tiempos creo que nunca me puse a pensar si era feliz,. Creo que me abrumaban la U, la economía de estudiante, la situación que vivíamos... Pero con el tiempo me fui dando cuenta que aquello era ser feliz, que la pasaba bien, que me reía mucho y que me encantaba estar con mis hermanas apelotados en un sillón negro hecho mierda mientras veíamos alguna película, alguna serie con el cable pirateado, o escuchábamos música, muchas veces Los Fabulosos Calavera.

Pienso en todo esto porque siempre cuando cumplo años me da por pensar en mi vida. Y claro, me entra la nostalgia y un poco la tristeza. Mi vida me ha gustado, he cometido errores que por supuesto me gustaría enmendar, pero en algunos casos no se puede. Lo que más me gustaría, y por lo que daría todo, es por poder escuchar ese disco de Los Cadillacs juntos otra vez, como cuando éramos felices y no lo sabíamos, cuando la muerte pasaba de largo, cuando pensábamos que siempre íbamos a estar juntos. Así llego a los 41, con algo de nostalgia, extrañando mucho, todavía roto. Hoy extraño muchísimo a Prisci, no puedo evitarlo.

Y aunque es contradictorio, a la par de de esa nostalgia y tristeza, en este momento  tengo una sensación de felicidad que pensé no iba a sentir nuevamente, y eso me hace sentir bien, y por primera vez en mucho tiempo, siento algo de esperanza. Brindemos por eso, y por los 41, salú.