“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
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viernes, 1 de marzo de 2024

Alive

Soy un fan irremediable de Pearl Jam, como ya lo era a los 14 años cuando los escuché por primera vez. Eso ocurrió a principios de 1992. Los escuché en la radio, no puedo precisar el momento, no lo recuerdo bien. Es curioso que no lo recuerde, porque sí recuerdo con absoluta certeza cuándo fue que escuché por pimera vez a Nirvana. Fue en una calle de Tegucigalpa una tarde de enero de ese 1992. Pero no nos desviemos con Nirvana. Como dije me parece raro no recordar ese momento cuando escuché Pearl Jam por primera vez, sí puedo recordar la sensación con los primeros acordes de Alive. Tampoco puedo recordar si fue Palma o Leo Rodríguez quien me prestó Ten. 

Ronen Ginovy, en Not for you. Pearl Jam and the presente tense, cuenta que en 1990 Jeff Ament (bajista) y Stone Gossard (guitarrista) se encontraron con Eddie Vedder en Los Ángeles, y que le dieron un casette con tres canciones instrumentales. Es muy raro, pero parece que ninguno recuerda quién le entregó el casette a Vedder. Pero eso es tan solo un detalle. Una de las tres canciones es Alive. Veddeer se fue a su trabajo, era guarda nocturno, escuchó la cinta, y a la mañana siguiente se fue directamente a surfear. Vedder relata:

La falta de sueño tuvo su efecto. Cuando llevas días sin dormir, estás tan sensible que sientes los nervios a flor de piel. Ves a una madre por la calle con su hijo y lees un artículo de prensa, y te pones a llorar.

Me fui a hacer surf sin haber dormido y empecé sacarme cosas que todavía tenía dentro. No quería pensar en nada más y tenía todo el rato esa música en la cabeza. Me puse literalmente a componer las canciones mientras me metía en las olas. Salí del agua y me fui derecho a casa a grabar tres canciones. Ni siquiera escribí las letras, me limité a anotar un esquema y canté directamente. Lo escuché ya cuando estaba mezclando las cuatro pistas. Vi que quedaba bien, lo escuché de nuevo y lo terminé. No le di muchas vueltas. Cuando lo pienso, es muy raro, porque era como una mini-ópera de tres canciones, con una historia muy intensa. Más o menos la mitad era real, prolongaciones de la realidad. 

La primera canción de Pearl Jam ya como grupo es Alive, esa que por razones del azar escuché por primera vez, porque el disco abre con Once. Pero Ginovy dice que Alive "... es un triunfo de la paradoja entre la autobiografía y la ficción especulativa, entre una historia privada y un monumento público, entre un ajuste de cuentas en primera persona y un complejo de Edipo. Una historia de incesto, engaños y traumas. Constituye un primer intento de Eddie [Vedder], como Orwell, de vengarse de los adultos que le hicieron daño en la infancia (...) en la letra de "Alive" el dolor está permanentemente fresco. Al mismo tiempo, su tema invoca simbóliamente las hisotrias más antiguas de la literatura: Edipo, Telémaco, Hamlet y varios personajes bíblicos". Tantas cosas se pueden decir sobre una canción. 

Hace poco me encontré un programa de VH1 que se llama Storytellers, el formato es interesante, actuaciones en vivo con un público reducido, que conversa y hace preguntas a los artitas invitados. En 2006 Pearl Jam fue el grupo invitado. Es muy curioso lo que Vedder contó en esa ocasión sobre Alive. Vedder la llamó "la maldición", seguro un poco pensando en lo que registra Ginovy en su libro, pero también en lo que él mismo contará a continuación. Esta es una canción que con toda certeza han tocado cientos de veces en los últimos 30 años. Según Vedder la canción se ha transformado no tanto por cómo la tocan o por sus arreglos, sino por la interpretación que, nosotros, los fans hemos hecho de ella, y esto es lo interesante. 

Cuenta Vedder: "... la historia original de la canción es la de un joven que se entera de unas verdades sorprendentes, el hombre que creía que era su padre no lo es, su verdadero padre está muerto desde hace algunos años" - Vedder agrega - "como si la adolescencia no fuera suficientemente dura". Cuando la madre revela la información sobre la muerte del verdadero padre, el joven no era muy estable en ese momento, y queda totalmente confundido, y dice: "Y lo sé porque lo conozo..." - hace un guiño al público, con una sonrisa cómplice - "... no tanto, pero lo conozco, porque ese joven soy yo, pero casi no me conocía en esa época..." - otra sonrisa cómplice, la cámara enfoca a la gente que sonríe también con complicidad y aplaude -. Vedder dice que al enterarse de esos secretos tomó esa información como una maldición, "... y debo perdonar, y debo encontrar la forms de vivir con esto, mi padre está muerto, pero yo estoy aún vivo, y debo lidiar con eso, era una maldición, y yo aún estoy vivo". ("I´m still alive", dice el coro de la canción). 

Vedder sigue, "... unos años después empezamos a tocar para audiencias cada vez más grandes, que respondían al estribillo de una manera inimaginable. Había personas que saltaban y usaban sus cuerpos para expresarse, cantaban sin parar "I'm still alive..." que revolucionaba las masas. Entonces todas las noches al ver esta avalancha de gente que reaccionaba con su propia interpretación positiva, era increíble, el público cambió el significado de estas palabras, y cuando cantan "I'm still alive...", están celebrando. Y el asunto es que cuando cambiaron el significado de esas palabras rompieron la maldición". Aplausos. Y suena la guitarra de Stone Gossard, empieza Alive.

En 1992 Pearl Jam tocó en el festival Pink Pop en Holanda, esta versión de Alive me parece que es muy poderosa, creo además que es una de las primeras veces que tocaron ante multitudes. 



Y esto es lo que me parece increíble, porque es realmente así, uno le da significado a las canciones independiente a la intención original de los músicos. Esa canción en mi adolescencia fue eso, fue una especie de grito de superviviencia, literalmente era "I´m still alive...", en medio de la bronca, del enojo, el resentimiento, de las contradicciones con mi papá y sus errores, que marcaron aquel inicio de los noventa e hicieron que la adolescencia fuera terriblemente dura, intensa, aunque mucha de la gente que tenía alrededor no lo notó (o tal vez sí). Alive se convirtió en un grito furioso para aferrarse a la vida. 

Más de treinta años después escucho Alive y me sigue pareciendo poderosa, me sigue recordando toda aquella época dura, y debo decir que a la vez maravillosa por toda esa intensidad. Pearl Jam me ayudó a llevarlo mejor, supongo que por ese tipo de cosas es que uno se hace fan de un grupo, porque uno se apropia de muchas formas de esas canciones que le mueven a uno el alma. 

sábado, 30 de diciembre de 2023

Hasta sentir el temblor, en mis piernas

 En Las ruinas circulares todo es irreal. 
Borges.

Cuando ingresé a la carrera de Psicología, allá por 1995, mentía de forma descarada cuando me preguntaban por mis pasatiempos, solía decir que me gustaba mucho leer. Estoy seguro que no era necesario un polígrafo para detectar tan vil mentira, solo tenía que hablar un poquito para que me descubrieran. En mi defensa debo decir, que más que un intento de engañar a los demás y hacerme el interesante, era un intento desesperado por convencerme a mí mismo de que me gustaba la lectura. Decidí estudiar psicología desde que estaba en noveno año, así que cuando terminé el colegio fui a buscar el plan de estudios para darme una idea más concreta, por supuesto el nombre y siglas de los cursos no me dijo mucho. Lo que sí me sorprendió es que la "ficha de información profesiográfica" que entregaban en el Centro de Orientación Vocacional (COVO) decía que que psicología era una carrera en que se leía mucho. Así que me angustié un poco. Hoy dirían que me dio ansiedad, pero no fue eso, ni de cerca. Solo que por entonces yo no leía nada, empecé a convencerme de que me gustaba. De hecho ahorré algo de dinero y me fui a comprar un libro, La Odisea, obviamente no sabía por dónde empezar, y no supe a quién preguntarle. El caso es que tantas veces dije que leer era mi pasatiempo favorito que terminé creyéndomelo y me aficioné de verdad a la lectura. Fue ahí cuando empecé a comprar libros con el poco dinero que lograba ahorrar y con las pagas de trabajos ocasionales, o la beca. En 1996 hice horas estudiante en la Biblioteca Carlos Monge Alfaro, y acomodando libros descubrí un montón de joyas de la literatuta latinoamericana. Empecé entonces a tratar de recuperar el "tiempo perdido". Llegué casi a saberme el orden de los libros de esa biblioteca.

Mientras me iba construyendo mi biblioteca, fui descubriendo música. Fui ampliando considerablemente mis gustos, fue la época de la explosión del rock latinoamericano, de las mezclas exquisitas con ritmos tradicionales. Se me abrió el mundo de reprente entre la lectura y la música. Ya había aprendido a estudiar escuchando música, en mi casa éramos tantos que me resultaba imposible concentrarme, así que la música sirvió de aislante.  Así que música y literatura han ido de la mano desde entonces, hasta el día de hoy.

En algún momento de esa época me dio por pensar qué pasaría si uno recordara todo, absolutamente todo, y llegué a la conclusión de que si eso pasara uno estaría entonces obligado a contar un recuerdo tal y como ocurrió, con exactamente la misma duración, pensé que eso lo metería a uno en un bucle intenso e inútil. Me pareció que esa, sería una historia interesante de contar. Pero la decepción llegó poco tiempo después, cuando un día cualquiera cayó en mi manos Ficciones, y me di cuenta que ya en 1944, Jorge Luis Borges había pensado en un cuento de un tipo que lo recordaba todo: Funes el memorioso, y encima, era un cuento perfecto, como todos sus cuentos. "Me cago en Borges", pensé, "¡cómo es posible que en pocas palabras pueda decir tanto y de forma tan perfecta!". Obviamente, hasta ahí llegó la idea de contar, o escribir, el relato de un tipo que lo recordaba todo, ya no tenía sentido hacerlo.  

 A principios de este año (2023) en el curso de Psicología General hice referencia al cuento de Borges. Como debo preparar el programa del curso de este primer ciclo de 2024, volví a leer Funes el memorioso, y aleatoriamente leí otros cuentos. Por alguna razón que no tenía clara me detuve en Las ruinas circulares, menos clara fue la razón por la que hice una búsqueda en internet de ese cuento, porque me llevé una sorpresa. Resulta que el cuento de Borges sirvió de inspiración a Gustavo Cerati para escribir la letra de Cuando pase el temblor, canción de 1985 incluida en el álbum Nada personal, una de mis canciones favoritas en mi niñez, y por supuesto la introducción a Soda Stereo. Luego esta información la corroboré en un podcast musical, y en un estudio académico del semiólogo Raúl Barreiros titulado Temor y temblor (1999). Honestamente, nunca había hecho la conexión, ni siquiera cuando leí el cuento de Borges. Así que lo volví a leer, volví a escuchar la canción, y busqué el artículo del ya fallecido Barreiros. 

No voy a reproducir lo que ya dice Barreiros, solo voy a citar un pequeño fragmento en el que dice "Es imposible deducir el sentido del cuento Las ruinas circulares y su argumentación a partir de esta canción, pero si lo inverso, la transformación está presente, la materia toma siempre nuevas formas". Por que esta relación no es tan automática como pensé cuando supe de ella, es necesario hacer un ejercicio de abstracción, y Barreiros ayuda mucho a hacerlo. Escuchar nuevamente Cuando pase el temblor ahora es otra cosa, tiene otro sentido, y me cuestiono si alguna vez le había dado algún sentido. 

Todo esto para llegar de vuelta a aquel recuerdo de 1990 cuando entré tarde a mi clase de matemática y la profesora en su arenga decía: "¡esos homosexuales de Soda Stereo!", doce y trece años tendríamos. Hoy lo veo en retrospectiva, y lo que veo es una profunda homofobia y mucho odio, eso era lo que esta señora nos estaba enseñando. No nos estaba enseñando a pensar, ni ella ni el resto del profesorado, salvo honrosas excepciones. Lo que nos transmitían era una terrible ignorancia, una vagancia intelectual insultante, era disfrazar un falaz discurso de amor al "señor", en nombre de dios se hacen tantas barbaridades. No sé si muchas cosas habrían cambiado en nuestras vidas, en mi vida, si en lugar de condenar todo lo que les sonara diferente o amenazante, hubiésemos analizado lo que decían las músicas que nos gustaban, si nos hubieran planteado las preguntas adecuadas, si nos hubieran enseñado la maravillosa relación entre música y literatura. Si en vez de enseñarnos a ser buenos cristianos, nos hubiesen enseñado a ser buenos ciudadanos, nos hubiesen enseñado a pensar críticamente, si nos hubiesen estimulado realmente a leer, si nos hubiesen abierto el mundo en vez de cerrarlo y ver la amenaza de Satanás y el pecado en todo lado, en vez de llenarnos de culpas absurdas y ajenas. Tal vez, solo tal vez, no habría tenido que convencerme a mí mismo que leer era divertido y maravilloso, y me hubiera ahorrado muchos ridículos cada vez que abría la boca y se me notaban las pocas páginas que tenía encima. Pero tal vez, solo tal vez, la cosa es más compleja, y solo le echo la culpa a un puñado de evangélicos en la primera mitad de los noventa que no tenían idea de que había algo más allá de su obtusa enseñanza, porque le tenían mucho miedo al diablo, o tal vez, tan solo lo que tenían era miedo de sentir el temblor en sus piernas.

sábado, 19 de diciembre de 2020

ROMPAN TODO

Tengo conmigo mismo uno de esos debates que son absolutamente insulsos e inútiles, que no aportan nada, ni a mí ni a nadie: soy o no soy un tipo nostálgico. Esta es la rosca mental (que por supuesto no lleva a ningún lado) que tengo desde hace un par de días luego de ver ROMPAN TODO (serie documental de Netflix sobre la Historia del Rock Latinoamericano). 



He tratado de imaginarme cómo sería ver este documental siendo un joven veinteañero, supongo que debe ser lo mismo que uno siente cuando ve documentales sobre Pink Floyd. Pero aunque trato no puedo, porque ROMPAN TODO me ha emocionado mucho, porque toda esa música es parte de mi vida, y como muchos de mis amigos y amigas, viví toda esa explosión rockera de los ochenta y los noventa. Inevitablemente ROMPAN TODO me traslada a esa época, a esos tiempos duros, pero felices. 

Crecí escuchando lo que se escuchaba en mi casa: la música pop romántica en inglés (todo eso que ahora se escucha BestFM) y la música romántica en español (con José José a la cabeza). Mi papá tenía varios de esos discos, y yo solía poner el tocadiscos para escucharlos, por ahí de repente había un disco de Serrat. Pero mi infancia fue escuchar eso, no había "música tropical", era todo bastante uniforme. Hasta que crecí un poco y con mis hermanos empezamos a escuchar HOLA JUVENTUD, y se nos abrió un poco el mundo. Esto fue a mediados de los ochenta, empezamos a oír rock en inglés, y por esos años también apareció Soda Stereo, y nos dimos cuenta que también había rock en español. Luego descubrimos que había rock costarricense, y eso ocurrió en el parqueo del Centro Comercial de Guadalupe cuando José Capmany y Café con Leche, dieron un concierto teniendo como público casi únicamente a la barra del barrio. Y así fue como empecé a tener mi propia "identidad musical". 

Digamos que no era fácil accesar a toda es música, no tenía dinero y no podía comprar discos, además nunca se me ocurrió pedirle a mi papá que me los comprara, supongo que estaba más interesado en otras cosas, entonces había que esperar a que sonaran en la radio. Y tampoco me ayudaba mucho el ambiente represor de un colegio evangélico que consideraba que el rock era "satánico". Tres perlas para ejemplificar. Uno. Un compañero de la escuela fue objeto de acoso de la profesora de artes plásticas, una evangélica fanática, que consideraba Iron Maiden era satánico, Diego se tuvo que ir del colegio. Dos. Ya en sétimo año (1990), la profesora de matemática en una de sus típicas arengas conservadoras al inicio de su clase, se refirió a Soda Stereo como "esos homosexuales" que corrompían a los jóvenes. Tres. Teníamos una "clase" que se llamaba "Capilla", más de una vez (el clásico truco de los panderetas) nos pusieron ANOTHER ONE BITES THE DUST de Queen "al revés", para demostrar que había contenido subliminal satánico y que incitaba al consumo de marihuana en las canciones de las bandas de Rock. Son unos enfermos, están obsesionados con lo diferente, no lo soportan. Pero no voy a hacer muy largo el cuento, porque podría contar muchísimas cosas de mis recuerdos infanto-juveniles. 

Así que, a lo que voy, es que en la década de los noventa experimentamos un explosión maravillosa de música latinoamericana, el rock mezclado con todas esos ritmos que le daban sabor a cada región.  Mi infancia había sido de pop romántico en inglés y español, y en mi adolescencia ya estaba abrazando profundamente al Grunge, y creía que si uno escuchaba rock no podía, o debía, escuchar por ejemplo, salsa. Reconozco con mucho pesar, y hasta vergüenza, que se trataba de un dogmatismo estúpido (inexplicable) que había excluido muchas cosas de mi gusto musical. Y esa es la importancia (en mi vida) de lo que hicieron todos estos grupos, me abrieron la cabeza, me di cuenta que no había antagonismos en la música. Pero además me politizaron, porque todo eso coincidió con mi adolescencia, con el enojo contra el mundo, con el descubrir que las cosas no eran como se decían, mi rebeldía encontró eco en toda esa música, encontré una identidad. Y me volví fanático de la música, me dediqué a investigarla, a escucharla en todo momento, y fui incorporando entre mis gustos cada vez más ritmos, más artistas, fui apreciando más las mezclas, y eso me ayudó a intentar comprender en qué contextos se desarrollaba toda esa música. La música latinoamericana fue la puerta de entrada a leer historia, a interesarme por lo que pasaba: música, política e historia entraron al mismo tiempo que estudiaba psicología. Fue la época en que me metí en política, fue la época en que devoré libros. Fue la época dura que vivíamos una situación económica dura en la casa, fue la época del caos, de mucho dolor y enojo. Pero también fue la época hermosa de compartir música con mis hermanas, tirados en un sillón, en la cama, de especulaciones sobre los significados de las letras, fue la época de esa felicidad juvenil. 

Y entonces, volviendo al inicio, ROMPAN TODO me llenó de nostalgia, sentí mucha emoción recordando toda esa época, todo ese asombro por la música nueva. Pero también me hizo sentir toda la tristeza por no poder comentar el documental y compartir todos esos recuerdos con mis hermanas, todos juntos, porque nos falta una, y con ella está enterrada también esa época. 

viernes, 3 de julio de 2020

Días de Cuarentena *

Hace más de cien días que inició el estado de emergencia sanitaria, y quedarse en casa es lo más
sensato para evitar el crecimiento exponencial del contagio. Pero desgraciadamente este es un lujo que
no todo el mundo puede darse. Vivimos en una sociedad que es muy claramente desigual, y un amplio
sector de la población debe salir a ganarse la vida, aún a riesgo de perderla.

A estas alturas de la pandemia, nuestra sociedad ha quedado desnuda, de la mano del miedo han salido
a flote todos nuestros prejuicios, nuestro clasismo (cocinado a fuego lento desde hace mucho tiempo),
nuestro individualismo, nuestra estupidez. Algunos pensaban que tras la pandemia tendríamos un
mundo mejor, que esto era una oportunidad para ir a mejor, pero con el tiempo, nos hemos dado cuenta
que no, que todo lo contrario. Nuestras miserias quedan desnudas, la pandemia ha sacado lo peor de
nosotros, y diluidos en un falso debate, en una falsa dicotomía, esa, de “la economía o la vida”, nos
hemos desgastado. Somos incapaces (como sociedad) de ver algo muy sencillo, que la economía debe
estar al servicio de la vida, que la economía no es un fin en sí mismo. Pero nos negamos a pensar otras
formas de entender la economía, ha triunfado entender la economía como una “ciencia exacta”, como si
la economía no fuera política, eso nos han hecho creer, que es un asunto técnico, sin ideología. Y claro
que la economía es ideológica.

Es la economía de los piñeros que poco o nada les importa la vida de los trabajadores. Descubrimos lo
que era evidente y desde hace tiempo se denunciaba: condiciones de trabajo en semi esclavitud. Las
últimas semanas hemos privilegiado la economía, hubo apertura y el resultado es que el contagio
aumentó, que posiblemente se salga de control. “La economía o la vida”, nos dijeron, y esa forma de
plantear la cosa es ideológica. Cuando se extienda el contagio y sea comunitario, igual se va a afectar la
economía, porque no hay forma de que la economía salga, por sí sola avante. Y cuando llegue ese
momento, seguro nos dirán, nuevamente, que tenemos que salvar la economía, y vendrá la agenda de
recortes, y el típico “todos tenemos que socarnos la faja” y el “sector público es un gasto que hay que
recortar”, ¿Cuál será el costo? Con esto no quiero decir que no se debe atender la economía, porque no
atenderla nos llevaría igual al desastre. El problema que tenemos es que, y vuelvo a lo que decía, la
crisis ha sacado lo peor de nosotros, somos incapaces de ponernos de acuerdo, somos incapaces de
escuchar a los otros, y buscar consensos, nos resulta imposible salvar la economía atendiendo criterios
que eviten muertes. Y lo peor de todo es que cada vez se asume de forma más naturalizada un discurso
totalitario.

Cuando se declaró el estado de alerta sanitaria y nos mandaron a hacer teletrabajo y “Quedate en casa”
era la consigna, recuerdo que alguna gente dijo que era el momento de leer todo aquello que no
habíamos podido leer, ver todas las series pendientes, aprender idiomas, y no sé cuántas cosas más.
Obviamente nada de eso ocurrió, básicamente porque el trabajo se multiplicó, y se diluyeron los
horarios, el trabajo y lo doméstico se fusionó, que lo digan quienes tienen hijos. El encierro transformó
el tiempo, lo hizo líquido, quedamos ahogados en un mar de trabajo, con apenas contacto con otros.
Bueno, todo esto para decir que al principio intenté llevar un “diario de la pandemia” pero como ya habrán notado, soy un poco pesimista... la verdad, muy pesimista. No tenía muchas cosas positivas qué decir, de hecho escribí un par de cosas que me parecieron deprimentes. Así que decidí mejor no escribir, sino hacer playlist en Spotify, pensé que esa era la única forma de aportar algo a mis amigos que no fuera una versión pesimista de mí y del mundo. Así fue cómo durante 75 días les envié un playlist, “Días de cuarentena” les llamé. Cada día a las once  de la mañana un playlist estaba en redes, expresando diferentes estados de ánimo, en algunos casos abordando con la música situaciones políticas, o climáticas, esa fue mi manera de decir.

Este ejercicio de buscar música, investigar sobre grupos y cantantes, tendencias musicales, ritmos,
países y regiones, hizo que no me quedara tan aislado (muy fácil si uno vive sólo en una montaña y
estamos en medio de una pandemia), ocurrió que la gente empezó a escribirme sugiriendo música,
temas para los playlist, un par de amigas me enviaron sus playlist para que las compartiera (a esas les
llamé “Playlist de otros”), otras personas me dijeron que les había alegrado el día, o simplemente que
les ahorré el tener que buscar qué escuchar. Pero otras personas me dijeron que no podían seguirme el
ritmo, que era demasiada música, y sí, es cierto era demasiada música, en promedio cada playlist
duraba tres horas, a veces más, dependiendo del tema. Hace poco, una amiga me escribió en medio de
la noche diciendo que extraña los playlist, y luego conversamos más de una hora, creo que se sentía
sola. Pronto empezaron a circular apuestas de hasta dónde llegaría, de si duraría todo el estado de
emergencia sanitario, yo no lo tenía claro, pero cuando fui dimensionando que la cosa iba para largo me
empecé a preguntar cuándo iba a parar.

Cualquiera, llegado a este punto, podría preguntarse a qué hora hacía las playlist si he dicho que se
multiplicó el trabajo, y ahí está la cuestión, porque hacer las playlist en realidad no me llevaba mucho
tiempo, es un pasatiempo muy entretenido, algunas veces podía hacerlas en media hora, y entonces en
un solo día podía hacer hasta tres o cuatro, y conforme oía más música iba pensando en otras, y el
algoritmo me sugería otras canciones y grupos. Mientras salía en bicicleta a hacer ejercicio o sacaba al
perro a un vuelta, iba escuchando música, a veces antes de dormir, y siempre mientras trabajaba o
estudiaba. Tengo muchos hermanos y cuando inicié la U para poder concentrarme, tuve que aprender a
estudiar con música, era más sencillo aislar el sonido de la música que las voces de mis hermanos o el
televisor, así que me acostumbré a la música. Además, confieso que soy un músico frustrado, me
encanta la música pero no tengo ningún talento como para tocar algún instrumento.

Así que hacer los playlist no afectaba mayor cosa mi rutina laboral, de hecho la complementaba. Pero,
otra confesión, me obsesioné, y por eso fue que paré. Porque me estaba imponiendo cada vez cosas más
complicadas, empecé a investigar y profundizar en algunos temas, y hasta me estaban dando ganas de
contar algunas historias de canciones, o de los temas de las playlist, y eso sí que me iba a llevar mucho
más tiempo, y viene el fin de semestre, consecuentemente la carga de trabajo se multiplica. Porque
hubiera podido seguir hasta el día 200 de la cuarentena, me faltaron muchos temas, países, regiones y
ritmos por explorar y compartir. Descubrí que la música es un océano infinito, bueno, en realidad no lo
descubrí, lo dimensioné, que es diferente, y eso me hizo querer seguir navegándolo más y más.

En resumen, este ejercicio de hacer y compartir playlist durante 75 días evitó que desde este blog
intoxicara a mucha gente con mi pesimismo desbordado, pero también me salvó de mí mismo. Pero
diría que tal vez lo más importante, fue que me mantuvo en contacto con el mundo, que evitó que me
volviera un ermitaño. Me gusta pensar que fue la forma de acompañar a mis amigos y hacerles menos
pesado el confinamiento. 





* Escrito originalmente para el blog de Good Food, y se titula Cien días después, ahí mismo pueden acceder al playlist en Spotify con el mismo nombre.





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sábado, 27 de agosto de 2016

Ten - Pearl Jam

Según veo el disco Ten de Pearl Jam cumple hoy 25 años de haber sido lanzado al mercado. Y como otras tantas veces pienso "¡cómo pasa el tiempo!". Recién había cumplido los 14 años y ya la cabeza me daba vueltas y vueltas, sin entender lo que me pasaba, y lo que pasaba a mi alrededor. Simplemente me sentía abrumado por todo lo que ocurría. Aquello por supuesto, derivó en una crisis existencial, que en gran medida explica porqué terminé estudiando psicología. Pero eso no viene al caso ahora. Lo que sí, es que por aquella época Leo Rodríguez me prestó el disco. Esto debió ser entre marzo y abril del 92, antes había visto muchas veces el video de Jeremy, cuando MTV valía la pena. La cuestión es que cuando escuché el disco completo me sentí de muchas formas. Creo que me dejé llevar por la ira y la melancolía. Es gracioso escuchar el disco hoy, después - y para tratar de ser algo más exacto - de unos 24 años y medio; recordar lo que sentía por aquella lejana etapa de mi vida. Ahora, es melancolía lo que siento. Y no sólo por recordar la primera vez que
escuché el disco, sino porque el disco me ha acompañado casi toda la vida. Así que son muchos recuerdos, demasiados momentos felices y tristes, muy tristes algunos. Recuerdo que a aquel disco de Leo, le hice una copia en un cassette Sony, que le robé a mi tío, y remplacé el delirio de algún pastor evangélico. Disfruté mucho borrando al charlatán aquel. Algún día en mi casa, o puede ser que lo andaba en un viejo Walkman, Palma vio el cassette y lo rebautizó con lapicero azul: "EL DIEZ". El cassette sonó miles de veces, no podría calcular exactamente cuántas. Y fue hasta el 2001 que en Quebec, en una tienda de segunda, pero en perfecto estado, que al fin pude comprarlo (extiendo mi agradecimiento a la Unión de Trabajadores Canadienses, fue con los viáticos que me dieron para la Segunda Cumbre de los Pueblos de América, que pude comprarlo, ah, y también un Discman). Fue un viaje modernizante aquel. También recuerdo que en Quebec huyendo de la policía en medio de las protestas contra el ALCA, terminé sentado en el portal de un edificio, descansando un poco mientras la policía tiraba gases lacrimógenos desde un puente, los vecinos del 1A, salieron, me preguntaron de dónde era y me invitaron a pasar y cenar, eran tres maes y una chavala, me parecieron mayores (una tontería porque seguramente tenían menos de 40). Mientras, me bebía el vino que me dieron, revisé su música - una mala costumbre que aún persiste, ampliada a los libros -, vi Ten de Pearl Jam, hice cara de asombro, ellos rieron y lo escuchamos. Desde la ventana vimos caer la última bomba de gas, y a los manifestantes correr tras la última carga policial mientras sonaba Porch, fue muy raro, hacía apenas media hora yo estaba ahí abajo, ahora era un espectador. Me dijeron que era mejor que no me fuera hasta más tarde porque de seguro la policía estaría persiguiendo y arrestando gente durante algún rato. Como era otro tiempo, no tenía forma de comunicarme con los compañeros, de seguro pensaron que me habían arrestado en alguna de las escaramuzas con la policía, no volví al hotel sino hasta el día siguiente. En aquella gigantesca manifestación fue la primera vez que vi una bomba molotov; desde que la prendieron, hasta que estalló en los escudos policiales, al menos cinco, hasta que la policía se hartó y dieron la orden de llevarse por delante a todo aquel que se les interpusiera. Hoy recuerdo muchas otras cosas, eso es lo que pasa con la música, que está asociada a momentos importantes de la vida. Y a mí me pasa que recuerdo cosas porque están asociadas a la música, recuerdo lo que ocurría alrededor, el año que era y lo que sentía, porque la música está completamente pegada a mi memoria emocional. Y lo obvio, que este disco lo he escuchado por tanto tiempo que tiene un carga sentimental altísima. Además, es un discazo.




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jueves, 14 de enero de 2016

Apunte Che: Fito Páez.

Tras dos años de intermitencia en el Blog, regreso. Espero este año escribir bastante más seguido, de la maestría solo me falta la tesis, que no es poca cosa, pero ya no tendré la presión de la responsabilidad de hacer entregas para los cursos y las lecturas que día a día tenía que hacer. Debo decir que me resulta maravilloso que mi rutina haya cambiado de esta forma, no tener que asistir a cursos casi todas las noches es un respiro de aire puro, casi tan fantástico como el que se respira en mi nueva casa. Pero bueno, este apunte no trata en lo absoluto de esto, si no del concierto de Fito Páez.

Buenos Aires, Argentina. Diciembre de 2015.

El pasado 20 de diciembre nos pusimos de acuerdo entre varios amigos que estábamos de vacaciones por el sur, para ir a ver a Fito Páez al Teatro Gran Rex. Nunca he sido fanático de Fito, de hecho hasta podría decir que no soportaba escuchar un disco suyo completo, esto a pesar de que hay canciones de Páez que realmente considero joyas, y que además tengo un par de sus discos (Circo Beat y El Amor después del Amor). Lo que pasa es que me aburría, me parecía - y esto es solo una opinión -, que su tono de voz era monótono, además siempre me pareció bastante pedante y su gesticulación no me gustaba, y tampoco me sigue gustando mucho.




La primera vez que lo vi en vivo, fue en un concierto en el Melico Salazar, y fui no muy convencido, en esa ocasión me estrené como fotógrafo de Radio U. El resultado fueron unas 20 fotos medianamente aceptables, nada mal para un primer trabajo fotográfico con una cámara prehistórica y la inseguridad que me dejó un curso corto que hice en la U. Aquel concierto me gustó, aunque no me fascinó. Y a pesar de ello, ese concierto representó un giro en mi vida, pero ese es un enano de otro cuento.

Esta vez el concierto tuvo una connotación completamente distinta, empezando por ser en tierras argentas - concretamente en el majestuoso Teatro Gran Rex -  y porque se trataba de los 30 años de la publicación de Giros, pero sobre todo porque la Argentina atraviesa un momento complicado, un giro lamentable a la derecha. El ambiente anda crispado, y desgraciadamente lo seguirá estando.

Desde antes de iniciar el concierto ya se escucharon algunas manifestaciones políticas cuando apareción Martín Sabbatella en el teatro, nosotros no nos enteramos que era él hasta que revisamos en Twitter. Pero una amplia mayoría de los presentes empezó a corear "vamos a volver" (consigna Kirschnerista tras la derrota electoral).

Pues bien, inició el concierto con Giros, y en el mismo orden del disco sonaron las otras ocho canciones que contiene ese álbum: Taquicardia; Alguna Vez Voy a Ser Libre; 11 y 6; Yo Vengo a Ofrecer Mi Corazón; Narciso y Quasimodo; Cable a Tierra; Decisiones; y, D.L.G. Ver a Fito Páez en un teatro como el Gran Rex es otra cosa, seguramente es una polada lo que estoy diciendo, pero lo que me parece es que el ambiente es bastante distinto, mucho más sentido, mucho más fiesta, mucho más de todo, que el concierto que viví en el Melico. No sé si fue porque había más de tres mil personas, no sé si era el ambiente, si fue porque era diciembre, si porque estaba en Argentina y cuando uno está en otro país todo cobre otro sentido. Puede ser eso, como que de repente Fito Páez tuvo sentido, no se me hizo tan ajeno, como que el escuchar el coro en "argento" fue distinto. No sé, pero me ha pasado con el tango, con el folklore argentino, me pasó también con la música banda en Guatemala, y el duranguense en México. 






El concierto fue creciendo en emoción conforme avanzaba, y para colmo apareció Fabiana Cantilo, que le puso un matiz muy lindo al concierto. Luego de haber tocado todo el Giros, siguió con Del 63; Tres agujas; Canción sobre canción; Nunca podrás sacarme mi amor; y de Spinetta Folis Verghet; siguió con una de Charly García: Fanky; Instantáneas; y otra de Spinetta Hay otra canción. Hubo varias referencias al momento que vive Argentina y una burla a los milicos.







Así pasaron otras nueve canciones más, con el público en la bolsa y extasiado, Fito nos llevó hasta Y dale alegría a mi corazón, y si ya el concierto estaba emotivo, esto fue el éxtasis (bueno uno de ellos) y el cierre del concierto. Cantó, cantamos... y luego nos invitó a seguir cantando, y así lo hicimos durante más de cinco minutos, y Fito pidiendo más, las manos se agitaban (a lo argentino, como en el estadio), y cada vez más fuerte coreamos... "y yaaaaaa verás, las sombras que aquí estuvieron no estarán, y yaaaaa verás que no necesitaremos nada más... y dale alegría, alegría a mi corazón...", y la alegría era tanta que que se nos hacía un nudo en la garganta, y la emoción era tanta que no necesitábamos nada más... e iba de nuevo, y cada vez más fuerte. Un hermoso momento, de lo mejor que he vivido en la vida. Hice el video, que se queda corto, pero al verlo se me eriza la piel.


Esa era la invitación a que Fito tocara otra, así estaba previsto, lo que no sabíamos era que al reabrirse el telón sonaría Yendo de la cama al living, pero con Charly García. Y ese fue el éxtasis (el otro). Confieso que nunca había visto a Charly en vivo, y sin ninguna duda será la última vez, Charly está en las últimas, en silla de ruedas, y puede apenas sostener la guitarra, su voz se escucha bien, pero es claro que él no lo está. Así que este otro fue un gran momento. Tres canciones más tocaron juntos: Necesito tu amor; Ciudad de pobres corazones; y Brillantes sobre el mic. ¿Qué más se podía pedir?










Y el cierre fue de lujo: A rodar mi vida. Todos cantamos "...y a rodar, y a rodar mi vida, yo sé dónde va, pero tampoco creo que sepás vos...". Y cuando pensé que se acababa, llegó la fuerza de la Mariposa Teknicolor.



La fuerza con que cerró el concierto nos dejó eléctricos. Pero ahí no se terminó la cosa. Nos esperaba en el lobby del teatro la multitud, cantando "oooooh vamos a volver, a volver, vamos a volver...", con la misma fuerza, con el eco del lugar, cientos de personas abrazadas a Sabbatella, Cecilia Roth, y otros personajes cantando, aquello se volvió en una especie de mitín y durante más de diez minutos la gente estuvo cantando, imposible no contagiarse. La cosa se extendió a la calle, y de pronto la Avenida Corrientes se llenó de gente.











Dije al inicio de este apunte que no era "fan" de Fito Páez, pero debo decir que este concierto lo ha cambiado todo, es sencillamente imposible salir inmune de una experiencia de este tipo.

miércoles, 25 de marzo de 2015

El punto ciego de la pena

Hay días como los de ayer: larguísimos y cansados. Camino a Güápiles ayer hubo varias cortes, y un choque, así que llegamos tarde a clases en el Recinto. Como la Ley de Murphy es infalible la presentación que llevaba no abría, y cuando pedí otra cumpu, ya la maldita presentación abrió. Así funciona. La clase afortunadamente no estuvo mal, las chicas habían hecho los deberes y la participación en el aula aportó. La vuelta fue igual. Cortes en la carretera por arreglos en la Ruta 32 que hicieron que el regreso dilatara un poco más de lo debido. Una vez en San Pedro, a comer, el almuerzo lamentable. De vuelta a la casa, leer un poco, dormir un rato, y a clases de la maestría, afortunadamente la Facultad está ahora muy cerca, la tarde hermosa y mi reproductor de música siempre con inteligencia propia hace el resto. Las clases estuvieron bien, todos ponen su parte. Pero a las 7:45 de la noche ya estaba destruido y con hambre, exhausto.

Pero como La noche no es una ciencia exacta, Jorge Drexler me borró el cansancio apenas salió al escenario, descuadró el protocolo rígido y absurdo del Melico, los pasillos se inundaron de baile y movimiento. Simpático y en total armonía con el público se acabó la pena, llegamos a ese punto ciego en el que la pena no nos tocó, se quedó afuera. Y claramente el mundo siguió siendo lo que es: caos, conflicto, desquilibirio, y tras más de dos horas de concierto volvimos a la realidad, eso sí, mejores, contentos, y con la música dándonos vuelta en la cabeza tras Bailar en la cueva.

La noche se acabó en el Lobo Estepario matando el hambre, y con Drexler tomándose una birra en el bar. El intento de la foto típica del grupi falló de forma estrepitosa y ridícula buscando la foto perfecta (que en mi caso es imposible), lo que denota que ni siquiera aspirante a paparazzi.

Queda ahora para la memoria que por segunda vez vi a Jorge Drexler dando un maravilloso recital, y que cada vez que uno lo ve Todo se transforma, pasan cosas.

Una cosa curiosa, uno lleva una cámara y automáticamente todo el mundo asume que uno es fotógrafo, no fue nada difícil mezclarme entre la prensa y sacar algunas fotos, luego Drexler al descuadrar el teatro e invitar a todo el mundo a bailar facilitó las cosas para tomar fotos sin que los "guardianes" del teatro pudieran hacer nada para impedir las decenas de fotos que hice. Las comparto.