“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

jueves, 15 de diciembre de 2016

¡Usted no sabe quién soy yo!

Mucho se ha hablado estos días de la prepotencia, la arrogancia y el semblante clasista de Andrey Amador (a algunos se les olvida de dónde vienen). Se le cayeron las medallas, aunque se haya disculpado, se mostró tal cual es. Pero más allá del papelón de Amador, es común que los famosos o los poderosos se valgan de su posición para zafarse de las consecuencias de sus actos irreflexivos o prepotentes. El "¡Usted no sabe quién soy yo!" es más común de lo que pensamos o de lo que muestran las cámaras, y se da en todos los niveles. Lo más grave, y eso es lo que deja ver Amador, es que esta gente se cree impune, siente que la ley no les aplica simplemente por ser quienes son y, claro, la autoridad normalmente responde sumisa a este tipo de gente. Los ejemplos sobran. Uno muy claro y vergonzoso es el de Álvarez Desanti. Podríamos hacer una lista; pero no es el objeto de este apunte.

A nosotros en cambio, simples mortales, insignes desconocidos, nos pasa eso, y tenemos que recurrir al ¡Usted no sabe quién soy yo! de otra forma. Digamos que como defensiva frente al abuso de autoridad y el talante represivo de la policía. Nada que ver con lo de Amador. 

Resulta que en alguna de las manifestaciones contra la guerra de Irak, la policía se había puesto algo agresiva, nos llamaban terroristas, y un policía en cierta ocasión me dijo que por qué no iba a poner bombas a Irak. Otro día, cuando la policía se había cansado de que estuviéramos en la calle, y nos echó a los antimotines, uno de los tombos se abalanzó hacia mí, con cara de pitbul. Me sentí perdido y pensé que sumaría un nuevo arresto. Fue entonces cuando se me ocurrió gritarle: "¡Usted no sabe quién soy yo!"... El tombo titubeó, se quedó mirándome como preguntándose quién diablos podría ser yo... fue una fracción de segundo, pero suficiente como para salir corriendo y librarme de un arresto seguro. Es posible que el tombo haya entrado en cólera sabiéndose burlado, traicionado por su sumisión al poder, instrumentalizado... aunque es posible que no haya dado para tanto, y que simplemente se haya quedado pensando si efectivamente yo era alguien importante.

En otra ocasión, podría ser el año 2010 ó 2011 -épocas en que la policía andaba muy agresiva, estaban muy matones, y era el mal gobierno del PLN y Laura Chinchilla- estaba con unos amigos fuera de La Chicha, nada más hablando. Las cervezas las habíamos dejado adentro, la policía hizo un operativo y ordenó que entráramos, nos dijo que no podíamos estar en la acera. Preguntamos por qué y uno de los oficiales entró en cólera, nos gritó que estábamos obstruyendo la vía. Asombrado por la respuesta le pregunté a quién le obstruíamos la vía, más sorprendente fue la respuesta: "¡A mí!". Me hice a un lado y le dije "pase, nadie le obstruye el camino". Parece que el oficial se enojó un poquito, porque al rato volvió con refuerzos y me pidieron la cédula. La cosa se tornó absurda cuando dijeron que estaba arrestado, y uno de los compas preguntó por qué. La respuesta de antología, aunque típica, fue: "resistencia a la autoridad, no quiso entregar la cédula"... Este compa le hizo ver que tenía mi cédula en la mano, la respuesta del policía fue un codazo a la mandíbula. Luego de eso, mientras fui llevado a la perrera que estaba cerca del Hotel de Rey, el policía me insultó tantas veces como se puede en 150 metros. "Vamos a acabar de una vez con esto, lo vamos a barrer como la basura que son", "se les acabó la fiesta", entre otras bellezas. Contra la pared me quitaron el teléfono, me empujaron esperando que reaccionara para golpearme, me metieron a la perrera y me dieron el celular sin la batería. Estuve media hora en la perrera, cada tanto algún policía abría la puerta para insultarme. Mis amigos estuvieron fuera tratando de que me dejaran libre. Al parecer hubo muchas discusiones, que se acabaron cuando a uno de ellos se le ocurrió decir "¡Ustedes no saben a quién han arrestado! ¡Tienen a un profesor universitario!". Según me contaron, los tombos se quedaron fríos, y parece que la jugada funcionó porque me soltaron, no sin antes volverme a insultar. A empujones me devolvieron a La Chicha, y lo más lamentable fue que alguien se había tomado mi cerveza. 

Pero bueno, la anécdota es que hay muchos "Usted no sabe quién soy yo", y tienen diferentes usos (en mi caso defensivos frente a la represión). Lo único común que tienen, y de ahí su efectividad, es que la autoridad siempre (casi siempre, seamos justos) es sumisa a los que son "alguien". De ahí que reaccionen de esta forma, que se lo piensen dos veces cuando se trata de algún personaje. Así funciona este paisito...

sábado, 27 de agosto de 2016

Ten - Pearl Jam

Según veo el disco Ten de Pearl Jam cumple hoy 25 años de haber sido lanzado al mercado. Y como otras tantas veces pienso "¡cómo pasa el tiempo!". Recién había cumplido los 14 años y ya la cabeza me daba vueltas y vueltas, sin entender lo que me pasaba, y lo que pasaba a mi alrededor. Simplemente me sentía abrumado por todo lo que ocurría. Aquello por supuesto, derivó en una crisis existencial, que en gran medida explica porqué terminé estudiando psicología. Pero eso no viene al caso ahora. Lo que sí, es que por aquella época Leo Rodríguez me prestó el disco. Esto debió ser entre marzo y abril del 92, antes había visto muchas veces el video de Jeremy, cuando MTV valía la pena. La cuestión es que cuando escuché el disco completo me sentí de muchas formas. Creo que me dejé llevar por la ira y la melancolía. Es gracioso escuchar el disco hoy, después - y para tratar de ser algo más exacto - de unos 24 años y medio; recordar lo que sentía por aquella lejana etapa de mi vida. Ahora, es melancolía lo que siento ahora. Y no sólo por recordar la primera vez que
escuché el disco, sino porque el disco me ha acompañado casi toda la vida. Así que son muchos recuerdos, demasiados momentos felices y tristes, muy tristes, algunos. Recuerdo que a aquel disco de Leo, le hice una copia en un cassette Sony, que le robé a mi tío, y remplacé el delirio de algún pastor evangélico. Disfruté mucho borrando al charlatán aquel. Algún día en mi casa, o puede ser que lo andaba en un viejo Walkman, Palma vio el cassette y lo rebautizó con lapicero azul: "EL DIEZ". El cassette sonó miles de veces, no podría calcular exactamente cuántas. Y fue hasta el 2001 que en Quebec, en una tienda de segunda, pero en perfecto estado, que al fin pude comprarlo (extiendo mi agradecimiento a la Unión de Trabajadores Canadienses, fue con los viáticos que me dieron para la Segunda Cumbre de los Pueblos de América, que pude comprarlo, ah, y también un Discman). Fue un viaje modernizante aquel. También recuerdo que en Quebec huyendo de la policía en medio de las protestas contra el ALCA, terminé en el portal de un edificio sentado, descansando un poco mientras la policía tiraba gases lacrimógenos desde un puente, los vecinos del 1A, salieron, me preguntaron de dónde era y me invitaron a pasar y cenar, eran tres maes y una chavala, me parecieron mayores (una tontería porque seguramente tenían menos de 40). Mientras, me bebía el vino que me dieron, revisé su música - una mala costumbre que aún persiste, ampliada a los libros -, vi Ten de Pearl Jam, hice cara de asombro, ellos rieron y lo escuchamos. Desde la ventana vimos caer la última bomba de gas, y a los manifestantes correr tras la última carga policial mientras sonaba Porch, fue muy raro, hacía apenas media hora yo estaba ahí abajo, ahora era un espectador. Me dijeron que era mejor que no me fuera hasta más tarde porque de seguro la policía estaría persiguiendo y arrestando gente durante algún rato. Como era otro tiempo, no tenía forma de comunicarme con los compañeros, de seguro pensaron que me habían arrestado en alguna de las escaramuzas con la policía, no volví al hotel sino hasta el día siguiente. En aquella gigantesca manifestación fue la primera vez que vi una bomba molotov; desde que la prendieron, hasta que estalló en los escudos policiales, al menos cinco, hasta que la policía se hartó y dieron la orden de llevarse por delante a todo aquel que se les interpusiera. Hoy recuerdo muchas otras cosas, eso es lo que pasa con la música, que está asociada a momentos importantes de la vida. Y a mí me pasa que recuerdo cosas porque están asociadas a la música, recuerdo lo que ocurría alrededor, el año que era y lo que sentía, porque la música está completamente pegada a mi memoria emocional. Y lo obvio, que este disco lo he escuchado por tanto tiempo que tiene un carga sentimental altísima. Además, es un discazo.