“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

domingo, 19 de agosto de 2018

No a la xenofobia!!!

Creíamos que habiamos tocado fondo cuando los "restauradores" casi se hacen con el gobierno en las elecciones pasadas, pero no, parece que como sociedad estamos empeñados en demostrarnos que siempre podemos ir a peor. Lo de este sábado 18 de agosto es sin duda un nuevo paso a la decadencia social que hemos venido incubando desde hace años.

La indignante e intolerable manifestación xenófoba debe preocuparnos mucho. El Diario Extra la llamó "marcha pacífica", a pesar de los 43 detenidos, de las armas decomisadas, las bombas molotov, las agresiones, la utilización de simbología nazi o el abierto llamado al odio. Parece que para La Extra esto es muestra de pacifismo. Una manifestación convocada contra los migrantes es en sí misma violenta. Pero La Extra no fue la única, en el noticiero de las 7, Repretel (tampoco es de extrañar) dedicó varios minutos a "explicar" cómo la llegada de nicaragüenses "ha aumentado la inseguridad" en la zona norte, que hasta hace apenas tres meses era un remanso de paz, la migración rompió el idílico paraíso del abandonado norte.

¿Es extraño lo que ocurrió este sábado 18? No, para nada. Este año 2018 será recordado como el año en que se terminó de evidenciar que nuestra sociedad se hace pedazos. Es el año en que maduró el cultivo neoliberal. En el que toda la sintomatología de la podedrumbe del capitalismo salvaje nos revienta en la cara, para sorpresa de la burbujita hipster de Barrio Escalante y el periodismo de cafetín que se mira al ombligo y se pregunta qué nos pasó.

Algunos sectores políticos, los mismos que defienden la agenda neoliberal, han venido alimentando el odio desde años. Han instrumentalizado el miedo, han creado un enemigo falso, un fantasma al que echarle la culpa de la destrucción de las instituciones, de la creciente desigualdad producto de la politica económica y la corrupción. El fantasma del "otro que nos amenaza" es una pantalla que se ha convertido en un monstruo que se puede volver incontrolable. Un peligroso monstruo que se alimenta del miedo, de la ignorancia, pero también de la creciente desigualdad e injusticia.

Hoy algunos de esos políticos se rasgan las vestiduras y hacen decalaraciones hipócritas, otros ni siquiera eso. Otto Guevara o Juan Diego Castro no han condenado la violencia y el fascismo; los "cristianos" ni mú, claro muchos de ellos se han manifestado abiertamente contra la migración. Aunque no son lo mismo, conservadurismo religioso, neoliberalismo, machismo y fascismo van juntos de la manita.

El reto que tenemos por delante es enorme y no se va a resolver "con más educación", que es el cliché "progre", va a requerir un esfuerzo de transformación cultural con la grave desventaja de que tenemos un gobierno neoliberal, con un presidente de mentirillas que cree que a punta declaraciones (aunque claro, hay que condenar lo ocurrido) o tratando de quedar bien con todo el mundo se puede parar lo que se nos viene encima. La agenda de este gobierno neoliberal no hace otra cosa más que echar leña a la hoguera. Si algo deberíamos haber aprendido ya, es que este camino neoliberal nos lleva a más crisis, más desigualdad, más frustración y más ruptura social.

Advertidos estamos, la cosa pasó de la redes sociales a la calle. Al fascismo, a la xenofobia, al conservadurismo y al machismo hay que combatirlos de frente, pero no basta salir a la calle a repudiarlos, hay que el trabajo de verdad, en lo económico y lo cultural. Nada fácil la tenemos.

sábado, 11 de agosto de 2018

41

Hay un libro de Eduardo Sacheri que se llama Ser feliz era esto, me encanta ese título, y bueno también me gustó el libro. Pero no es del libro de lo que quiero hablar, más bien en sí del título, que me recuerda a una época bonita de mi vida. ¿Qué será, 1997? Puede ser. Entre otras cosas, ese año Los Cadillacs publicaron el Fabulosos Calavera, yo estaba por cumplir los 20 años, o sea estaba a mitad de mi vida. Recuerdo que un compañero de la escuela le regaló a Prisci ese disco,  qué ese gran aporte fue ése. Porque claro, fue colectivo el disco, lo escuchamos muchísimas veces.

En aquellos tiempos creo que nunca me puse a pensar si era feliz,. Creo que me abrumaban la U, la economía de estudiante, la situación que vivíamos... Pero con el tiempo me fui dando cuenta que aquello era ser feliz, que la pasaba bien, que me reía mucho y que me encantaba estar con mis hermanas apelotados en un sillón negro hecho mierda mientras veíamos alguna película, alguna serie con el cable pirateado, o escuchábamos música, muchas veces Los Fabulosos Calavera.

Pienso en todo esto porque siempre cuando cumplo años me da por pensar en mi vida. Y claro, me entra la nostalgia y un poco la tristeza. Mi vida me ha gustado, he cometido errores que por supuesto me gustaría enmendar, pero en algunos casos no se puede. Lo que más me gustaría, y por lo que daría todo, es por poder escuchar ese disco de Los Cadillacs juntos otra vez, como cuando éramos felices y no lo sabíamos, cuando la muerte pasaba de largo, cuando pensábamos que siempre íbamos a estar juntos. Así llego a los 41, con algo de nostalgia, extrañando mucho, todavía roto. Hoy extraño muchísimo a Prisci, no puedo evitarlo.

Y aunque es contradictorio, a la par de de esa nostalgia y tristeza, en este momento  tengo una sensación de felicidad que pensé no iba a sentir nuevamente, y eso me hace sentir bien, y por primera vez en mucho tiempo, siento algo de esperanza. Brindemos por eso, y por los 41, salú.