“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

jueves, 6 de junio de 2019

El transporte público, lo colectivo y el individualismo

Día largo el de hoy. Desde muy temprano sentado en la compu a trabajar con el montón de cosas por hacer, incluidas las correcciones de mi anteproyecto de tesis que debieron estar listas hace mucho tiempo. En todo caso logro sacar el rato para dedicarle al arbolito que sembré hace un par de días, tampoco es mucho lo que le hago, le hice más a las hortensias. Se me va la mañana en la redacción de un documento que dejo bastante avanzado, me da hambre, me doy cuenta de que prácticamente no tengo nada para comer. Así que cocino los raviolis que tenía en el congelador, hago una salsa exprés, y pienso que la cosa para la noche se va a poner medio complicada. Sigo trabajando. Avanzo otro documento, aunque no tanto como hubiese querido, pero algo es algo. Cuando oscurece me doy cuenta que no llovió hoy y que debería echarle agua al arbolito, eso me recomendaron "agua todos los días, no tanta para que no lo ahogue", no sé cuánto será "no tanta", busco en google pero no encuentro qué significa "no tanta", así que será ensayo y error, espero no matar mi arbolito, porque yo con las plantas soy como con las relaciones, muy chapa, las mato de las formas más absurdas posibles, esta vez procuraré hacerlo bien. Pospongo lo del agua porque, pienso debe estar por llover, al final no llueve. Pero como oscurece me acuerdo que no tengo nada para comer, excepto un paquete de galletas que hace rato me comí. Pienso que sería bueno avanzar un poco más en el documento que estoy trabajando aprovechando el impulso que tengo, y luego bajar a comer y de paso ir al súper, siempre es mejor ir al súper con la panza llena, así uno no se antoja de muchas cosas, eso es saludable para el bolsillo. Pero salir a comer implica como mínimo una par de horas, ese tiempo sería muy útil para seguir escribiendo. Pero ni modo, tengo hambre, así que me pongo un pantalón, estar en la casa tiene la ventaja de poder trabajar en boxer y con una de esas camisas a punto de desintegrarse, aquí arriba no hace ese calor infernal y húmedo.

Espero el bus para bajar hasta Guadalupe, que es lo que está menos lejos de mi casa y que implica solo tomar un autobús. A la vuelta, ya tarde, duré más de lo que había pensado originalmente, el bus va medio lleno, en realidad lleno, hay bastante gente de pie, como siempre la mayoría aglutinada en la parte de adelante. Intento abrirme campo entre la gente que va a pie, una amplia mayoría hombres a los que hay que empujar para poder seguir al fondo del bus, la mayoría se aparta molesta, sólo un impresentable con gorra y bulto no se mueve, de hecho es el que hace de dique para ir un poco menos incómodo en la parte de atrás. Al tipo no le importa que el resto vaya incómodo, casi parece disfrutarlo, hasta que el chofer pide de un grito que alguien le dé campo a una muchacha que lleva a un niño en brazos, nadie se había levantado a darle campo. El tipo de la gorra y bulto mira molesto hacia adelante y aprovecho para pasar hacia la parte de atrás del bus, el tipo me enjacha, pero ni modo ya pasé, más gente me sigue y los que van adelante ya no van como sardinas enlatadas. Alguien pide la parada, suena la alarma de las barras, el chofer grita que no se paren en las barras, demasiado tarde ya sonó la alarma y quien se había parado más tiempo de la cuenta ya se había bajado, seguro que eso implicará un rebajo al chofer.

Ese chofer al que seguro le rebajan un montón de plata por las múltiples "marcas" que se producen en ese obsoleto e injusto sistema de barras (esos empresarios se niegan rotundamente a un sistema moderno de cobro, obvio para no pagar impuestos y que se vea realmente su estructura de gastos). Ese chofer a pesar de las barras tiene que andar de buenas, manejar en las congestionadas calles del país a temperaturas infernales, o bajo esos aguaceros, capeando motociclistas y taxistas, cobrando y teniendo que hacer sumas y restas de dinero que si se equivoca también le rebajan, anotando a mano (en muchos casos) las cédulas de las personas adulto mayores, teniendo que pedirle a la gente que se corra para atrás o que le den campo a una persona mayor o una mujer embarazada o con un niño; si alguna persona con discapacidad va a montarse al bus tiene que bajarse para que la rampa funcione. O sea, un chofer de bus tiene que manejar y estar pendiente de todo eso, si se está orinando, debe esperar, si se está cagando, debe esperar. Posiblemente su salario sea un salario de mierda. Todos le exigimos que ande de buenas.

Sumemos por otro lado, que los usuarios no somos capaces de entender que todos necesitamos viajar, que todos queremos llegar a algún lado, no nos importa, tan educados en el individualismo nos quedamos en la mitad del bus, total ya nos montamos, no damos campo a personas que necesitan ir sentadas. Y no hay nada que apele a la colectividad, nunca el chofer (le estoy pidiendo que además piense en colectivo) pide a la gente que se mueva para atrás porque todo necesitamos viajar, tampoco cuando pide que no se paren en las barras le recuerda a la gente que le rebajan su salario. Útil sería ese recordatorio, como también sería útil que desde los medios de comunicación y desde el gobierno se apelara a ese sentido de colectividad, de bien común, de algo tan básico como dar paso en el bus, de pensar un poco en los otros.

Pero esto es mucho pedir en nuestra sociedad de la competencia como valor supremo, y más bien medios de comunicación y los ideólogos del neoliberalismo criollo apelan siempre a la solución desde lo privado, desde lo individual, defendiendo el negocio y la competencia por encima del bien común... porque claro, esos ideológos no viajan en bus. Me acordé de un tuit de Juan Carlos Hidalgo, ese "ciudadano privado" que recientemente le dio su adhesión al esquizofrénico PUSC:



Mientras me acordaba de ese tuit, pensaba en el dogma neoliberal: lo privado es prácticamente sagrado, "la empresa privada produce libertad". ¡Cuánta libertad hay en ese bus! pienso mientras veo la maravillosa eficiencia de la empresa privada en materia de transporte público. Porque es obvio que este modelo de transporte público de concesiones por rutas no funciona. Y no funciona simplemente porque cada empresario autobusero está pensando en su beneficio y no en el de la gente. Por eso es que los usuarios padecemos en buses incómodos (peor si una persona tiene alguna discapacidad física, solo recordemos que los autobuseros se han negado sistemáticamente a acatar la Ley 7600). El poder y la presión política que hacen estos empresario (donantes de las campañas políticas) hace que las cosas no mejoren para los usuarios y casi siempre empeoran, con un transporte caro y un servicio deficiente, solo la entidad encargada de regular el transporte público parece opinar lo contrario y por eso chinea a los empresarios, pobres criaturas, ¡la autoridad reguladora al servicio del empresario!... bonita cosa. Pero para el dogmatismo liberal esto es lo que funciona, jamás regulación estatal, y mucho menos una empresa pública, cosa por cierto, que funciona en la mayoría de los países. Lo más grave es que aunque es evidente que la cosa no funciona Nuestra obsoleta mentalidad de mercado, no nos deja pensar en soluciones alternativas poniendo como centro el bien común y no la ganancia privada de unos empresarios avaros. Al menos comí rico, y me hice de provisiones para estos días.

jueves, 4 de abril de 2019

Las ganas de vivir

En enero de este año el Semanario Universidad hizo una serie de reportajes que titularon "Crónicas de vulnerables" en los que se describen las penurias que muchas personas pasan para lograr sobrevivir. Una de ellas es la historia de Freddy que trabaja repartiendo comida en su bicicleta a través de la plataforma digital UberEats.

El periodista Ernesto Rivera reseña:
"Juntas [la tecnología de la rueda y la tecnología digital] son parte de lo que en el mundo se conoce como economía de plataformas, un fenómeno comercial imparable que hace llover oro sobre un puñado de corporaciones globales que inventaron una tecnología que conecta –a través suyo y con una buena comisión– la oferta y demanda con servicios y productos.
En la base de esta nueva economía hi-tech están Freddy y el resto de la tribu dos ruedas. Son una variante siglo XXI de los proletarios del XIX. No tienen nada. Usan una bicicleta y un celular para vender la fuerza de sus piernas junto a una buena dosis de empeño y algunas capas de piel que el sol les comisiona cada día."
Se trata de un segundo trabajo para redondearse dinero para sostener a su familia, necesidad que llaman. Otro chavalo, Osiris, dice: "Yo antes era hojalatero en construcción, pero qué va, no hay brete, no me sale nada y tenía la bici. Le reforcé los aros y salí. Le meto unos 30 kilómetros al día y me rinde. No crea, le saco entre 12 y 13 mil cañas al día". Agrega que buscó pero no consiguió otro trabajo.

Otro chavalo, Mauricio, dice: "Yo en realidad me pasé, hacía Uber con un auto pero tenía que pagarle ₡100.000 al dueño, juntar para la gasolina, lidiar con los taxistas y todo eso nada que ver. Agarré la moto, ahora me queda todo a mí y es mejor. Salgo como a las ocho de la mañana y a las siete pasaditas me voy a casa con ₡8.000 o ₡10.000 en la bolsa. Es mejor que el carro y que la bici. Yo por lo menos si me accidento, tengo el seguro del INS. Es carísimo, pero al menos si me rompo la madre, me arreglan".

Todos ellos tienen en común la precarización laboral, un salario (no reconocido como tal) que apenas alcanza y un esfuerzo corporal diario, descomunal. Todos ellos son parte de una relación laboral que tampoco es reconocida. Por supuesto, no tienen seguro, no cotizan a la CCSS, la empresa no se hace responsable de lo que les pase, porque son "socios repartidores" no trabajadores. La OIT las llama “formas vulnerables de empleo” en el sector informal. Pablo Sauma indicó que “Tienen características típicas del trabajo informal, son empleos autogenerados, riesgosos, apartados de la seguridad social y que hasta hace poco tiempo eran trabajos asalariados formales, ya que cada restaurante tenía sus motos y sus choferes. Ahora esos empleos se pasaron al sector informal”.

Para El Estado de la Nación (PEN) hay un serio problema con este tipo de empleos ya que “La tendencia a la informalidad laboral tiene impacto en que son personas que no están cotizando para su jubilación y tampoco están aportando a la seguridad social, por lo que le restan sostenibilidad a los actuales pensionados y rompen el pacto generacional de que los jóvenes financien las pensiones de quienes ya se jubilaron”.

La situación es jodida, porque se trata de una espiral de precarización del trabajo y la vida, con un Estado que se niega a tener una política de empleo que no sea la de atraer multinacionales y flexibilizar cada vez más las condiciones laborales. El PEN también advirtió que la aplicación de las políticas neoliberales de los PAE, en los ochenta y noventa, debilitó considerablemente la educación, produciendo miles de expulsados del sistema educativo, y el resultado es que muchísima gente que pudo haber accedido a un empleo de mayor calidad no lo hizo porque no tiene los estudios suficientes, y que eso tendrá será un serio problema en el futuro.

Pero a pesar de todo esto, para el economista Daniel Suchar Zomer, esta gente que la pulsea es más bien de gente con "ganas de vivir". El pasado 31 de marzo hizo un tuit bastante grosero al respecto:



Digo tuit grosero porque primero se banaliza la precarización de la vida de la personas mayores, yo dudo que a este señor le parezca muy bonito trabajar como "socio repartidor" en UberEats, creo más bien que este señor necesita algún ingreso económico. Esta foto, más que mostrar las "ganas de vivir", lo que en realidad muestra es nuestro fracaso como sociedad. Que una persona mayor tenga que trabajar para llegar a fin de mes no es otra cosa que un fracaso social. Una tuitera en defensa de Suchar, afirmando que "los mayores necesitan mantenerse activos", y por supuesto, que una cosa es mantenerse activo y otra muy distinta tener que trabajar. Son dos tipos de necesidades distintas, la primera desde la cierta tranquilidad que da tener una pensión, y la otra la necesidad de sobrevivir, que no es lo mismo que las "ganas de vivir". Ed Muñoz respondió desde su cuenta de Facebook a Suchar, aportando datos importantes:



Luego, la misma tuitera, me responde acusándome de matar el enfoque "de que quiere trabajar lo puede hacer sin poner  peros, sin pretender que “papá estado me dé todo!".



Y bueno, creo que la muchacha no entiende algo muy básico, que es el sistema de pensiones está pensado como un sistema solidario, no  como un sistema de "privilegio" como lo llama. Lo justo y digno es que tras una larga vida laboral, uno pueda retirarse en condiciones decentes para hacerle frente a lo que queda de vida.

Pero el problema es que este tipo de trabajo no regulados por el Estado (y que no se regulan por puro prejuicio ideológico) no aporta a la seguridad social, y entonces esas personas con "ganas de vivir" no van a tener luego una pensión digna, van a tener una pensión mínima, que hará que tengan que seguir trabajando, es un ciclo, una espiral de precarización que se extenderá hasta el final de la vida.

 

Este tipo de razonamiento tiene de fondo que quienes no tienen ese "privilegio" es porque no lo construyeron o no se lo ganaron. Pongamos por ejemplo a mi abuela, jornada de trabajo doble: casa y sostenimiento del hogar, nunca cotizó a la seguridad social, su trabajo era informal, pero trabajaba, y mucho. Al final de sus días recibió una pensión del régimen no contributiva, no tuvo "el privilegio", pero sí trabajó toda su vida. Pero para no ser autoreferencial, volvamos a los chavalos de UberEats, los "socios repartidores", con ese empleo informal tampoco cotizan, y desde la lógica de esta persona, no están construyendo ni se están ganado su pensión, o como ella insiste "su privilegio", ¿o sí? No es clara esta lógica, lo que sí es claro es que estos "socios repartidores" están precarizados, y están condenados  a seguirlo siendo.

Pero ella cree que no hay incoherencia, y creo que su último tuit es elocuente:

Yo sí creo que como sociedad estamos fallando. Cada persona que no puede estudiar por razones económicas es un fracaso social, cada persona que llega a viejo tras haber trabajado su vida entera sin haber cotizado es un fracaso social, cada viejo o vieja que no llega a fin de mes es un fracaso social, un fracaso que tenemos que asumir como sociedad. Gente "que luego hay que sostener", supongo que para ella sería ideal no haya que sostenerlos. Creo además que no hay que confundir la dignidad de la gente que la pulsea con la explotación a la que está siendo sometida, son cosas distintas, y en este caso estas personas sí están siendo explotadas. En fin, pura mentalidad neoliberal, que destila un individualismo vergonzoso.

Para finalizar volvamos al tuit de Suchar, porque cierra con broche de oro: "y tanta "gente" pidiendo en las calles". De acuerdo a esto, esa "gente"  es "no gente". Y esa "no gente" no tiene la misma consideración de los que sí tienen ganas de vivir, porque claro "el que es pobre lo es porque quiere".