“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”. Ignacio Martín-Baró
Estaba resignado a no ver a Roger Waters, no había conseguido entrada, y de repente, casi producto de una casualidad (como muchas cosas en la vida), la semana pasada me regalaron una. Así que tuve la oportunidad de asistir al mejor concierto que he visto en mi vida, difícilmente algo supere esto. La noche simplemente perfecta, luna llena, cielo medio despejado y hasta se podían ver las estrellas. El sonido perfecto, y un despliegue visual de un nivel, me atrevo a decir, nunca antes visto en el país.
Más allá de esto lo que me gustaría comentar es un pequeño detalle. Roger Waters es un artista global, es también un activista global, posiblemente lleno de contradicciones, como todo el mundo. Resist, fue el mensaje que se repitió en muchas ocasiones anoche. Hay mucha gente que dice que es muy fácil ser un activista desde un lugar como el que ocupa Waters, pero lo cierto es que es más fácil aún no decir nada, como muchos otros. Porque decir algo implica, obvio, posicionarse y que inmediatamente haya alguien que va a señalar las incoherencias, los fallos, "lo fácil de la posición". No sé si Waters es una persona coherente o no, pero sí es claro que hace un llamado a resistir y enfrentarse al neofascismo, por la defensa de los Derechos Humanos, contra el genocidio que está siendo objeto el pueblo palestino.
Foto de Gerardo Madrigal
A mí me ha parecido muy evidente la disociación tan brutal de muchas de las personas que asistieron al concierto anoche y que a la vez defienden a un gobierno neoliberal como el que tenemos. Que Waters haya hablado de Costa Rica desde los lugares comunes no es de extrañar, no debe ser fácil entender lo que pasa en un país minúsculo, y sin importancia, como Costa Rica. Por eso es que Waters alabó que no tengamos ejército (que no es poca cosa, aunque también la policía recibe entrenamiento militarizado, incluso ha participado en las "olimpiadas militares"), que utilicemos energías limpias para la producción de electricidad (aunque la dependencia de los hidrocarburos es vergonzosa, y por otro lado hay intentos explotación petrolera y quienes siguen soñando con la explotación minera), y alabó el respeto de los Derechos Humanos de nuestro país (porque claro comparado con el resto de la región aquí se respetan los Derechos Humanos, aunque las personas sexualmente sigan siendo discriminadas y la violencia que se ejerce contra las mujeres sigue creciendo, aunque claro no hay situación como la de Honduras o Nicaragua). Insisto, todos lugares comunes.
Foto de Alejandro Madrigal.
Este país, no lo olvidemos, estuvo a punto de ser gobernado por fanáticos religiosos, estuvimos muy cerca de esta mezcla explosiva de religión y neoliberalismo. El triunfo de Carlos Alvarado no nos libró del neoliberalismo. La reforma fiscal de este gobierno es neoliberal, no es progresiva, toda la élite ha cerrado filas en su defensa. Resist. Esta reforma o el caos, dijo Alvarado, no hay alternativa, tampoco diálogo. porque no les importaba el diálogo. Esta reforma fiscal era "lo políticamente viable", porque los sectores económicamente poderosos hicieron que eso fue lo políticamente viable. Resist. Y cuando resistimos, la furia antisindical salió, también el anticomunismo visceral (aún cuando no hay comunistas a los que atacar, es este un anticomunismo sin la "amenaza comunista"). Un amigo me espetó que saliera de la burbuja, que el mundo está globalizado... pero Resist, The Global Oligarchy, que si lo dice Waters todo bien, pero si lo decimos nosotros, ya es otra cosa: somos trasnochados, estamos en una burbuja, no hay nada que hacer. Waters es un artista global, y ha de ser que habla de cosas que no son con nosotros (como el genocidio en Palestina, el fascismo, la mezcla entre religión y Estado, etc.), y tal vez por eso es más fácil aplaudirle. Resis to neoliberalism politics, dijo Waters, y la masa aplaudió, incluidos quienes implementan esa política y nos dicen que no hay alternativa, es esto o el caos. Resist, pero eso no aplica para nosotros, porque somos libres, porque este es un paraíso, aquí se respetan los Derechos Humanos, tanto que Alvarado no ha firmado la norma técnica: "cuando yo diga" será el momento. Alvarado no es un fascista, pero sí es un neoliberal, arrogante, prepotente.
A mí de verdad me cuesta un poco entender los niveles de disociación cognitiva de miles de personas, que pueden aplaudir a Waters cuando grita Resist, pero le grita vagos a quienes resisten. Posiblemente se trate de una cuestión estética, o de la tranquilidad de sentirse coherente sentado en una butaca teniendo al frente a uno de los artistas más importantes de nuestro tiempo con un slogan progre.
Foto de la diputada Paola Vega.
"Pigs rule the world", decía un rótulo que alzó Waters, el otro "Fuck the Pigs", no creemos en los gobiernos, pero luego otro que decía, ¿en Costa Rica porqué no? El pecho se le infló a Alvarado, que dice que no le importa la popularidad. Waters hizo la pregunta, aunque en tono afirmativo, y yo respondería que no, que no podemos confiar en un gobierno neoliberal, en un gobierno que está destruyendo lo público, y dando giro al carácter del Estado hacia el neoliberalismo. Así que Resist, aunque para muchos de los que asistieron sea tan solo un slogan.
El concierto: simplemente mágico, espectacular, no tengo palabras, lo mejor que he visto en mi vida.
Tras dos años de intermitencia en el Blog, regreso. Espero este año escribir bastante más seguido, de la maestría solo me falta la tesis, que no es poca cosa, pero ya no tendré la presión de la responsabilidad de hacer entregas para los cursos y las lecturas que día a día tenía que hacer. Debo decir que me resulta maravilloso que mi rutina haya cambiado de esta forma, no tener que asistir a cursos casi todas las noches es un respiro de aire puro, casi tan fantástico como el que se respira en mi nueva casa. Pero bueno, este apunte no trata en lo absoluto de esto, si no del concierto de Fito Páez.
Buenos Aires, Argentina. Diciembre de 2015.
El pasado 20 de diciembre nos pusimos de acuerdo entre varios amigos que estábamos de vacaciones por el sur, para ir a ver a Fito Páez al Teatro Gran Rex. Nunca he sido fanático de Fito, de hecho hasta podría decir que no soportaba escuchar un disco suyo completo, esto a pesar de que hay canciones de Páez que realmente considero joyas, y que además tengo un par de sus discos (Circo Beat y El Amor después del Amor). Lo que pasa es que me aburría, me parecía - y esto es solo una opinión -, que su tono de voz era monótono, además siempre me pareció bastante pedante y su gesticulación no me gustaba, y tampoco me sigue gustando mucho.
La primera vez que lo vi en vivo, fue en un concierto en el Melico Salazar, y fui no muy convencido, en esa ocasión me estrené como fotógrafo de Radio U. El resultado fueron unas 20 fotos medianamente aceptables, nada mal para un primer trabajo fotográfico con una cámara prehistórica y la inseguridad que me dejó un curso corto que hice en la U. Aquel concierto me gustó, aunque no me fascinó. Y a pesar de ello, ese concierto representó un giro en mi vida, pero ese es un enano de otro cuento.
Esta vez el concierto tuvo una connotación completamente distinta, empezando por ser en tierras argentas - concretamente en el majestuoso Teatro Gran Rex - y porque se trataba de los 30 años de la publicación de Giros, pero sobre todo porque la Argentina atraviesa un momento complicado, un giro lamentable a la derecha. El ambiente anda crispado, y desgraciadamente lo seguirá estando.
Desde antes de iniciar el concierto ya se escucharon algunas manifestaciones políticas cuando apareción Martín Sabbatella en el teatro, nosotros no nos enteramos que era él hasta que revisamos en Twitter. Pero una amplia mayoría de los presentes empezó a corear "vamos a volver" (consigna Kirschnerista tras la derrota electoral).
Pues bien, inició el concierto con Giros, y en el mismo orden del disco sonaron las otras ocho canciones que contiene ese álbum: Taquicardia; Alguna Vez Voy a Ser Libre; 11 y 6; Yo Vengo a Ofrecer Mi Corazón;Narciso y Quasimodo; Cable a Tierra; Decisiones; y, D.L.G. Ver a Fito Páez en un teatro como el Gran Rex es otra cosa, seguramente es una polada lo que estoy diciendo, pero lo que me parece es que el ambiente es bastante distinto, mucho más sentido, mucho más fiesta, mucho más de todo, que el concierto que viví en el Melico. No sé si fue porque había más de tres mil personas, no sé si era el ambiente, si fue porque era diciembre, si porque estaba en Argentina y cuando uno está en otro país todo cobre otro sentido. Puede ser eso, como que de repente Fito Páez tuvo sentido, no se me hizo tan ajeno, como que el escuchar el coro en "argento" fue distinto. No sé, pero me ha pasado con el tango, con el folklore argentino, me pasó también con la música banda en Guatemala, y el duranguense en México.
El concierto fue creciendo en emoción conforme avanzaba, y para colmo apareció Fabiana Cantilo, que le puso un matiz muy lindo al concierto. Luego de haber tocado todo el Giros, siguió con Del 63; Tres agujas; Canción sobre canción; Nunca podrás sacarme mi amor; y de Spinetta Folis Verghet; siguió con una de Charly García: Fanky; Instantáneas; y otra de Spinetta Hay otra canción. Hubo varias referencias al momento que vive Argentina y una burla a los milicos.
Así pasaron otras nueve canciones más, con el público en la bolsa y extasiado, Fito nos llevó hasta Y dale alegría a mi corazón, y si ya el concierto estaba emotivo, esto fue el éxtasis (bueno uno de ellos) y el cierre del concierto. Cantó, cantamos... y luego nos invitó a seguir cantando, y así lo hicimos durante más de cinco minutos, y Fito pidiendo más, las manos se agitaban (a lo argentino, como en el estadio), y cada vez más fuerte coreamos... "y yaaaaaa verás, las sombras que aquí estuvieron no estarán, y yaaaaa verás que no necesitaremos nada más... y dale alegría, alegría a mi corazón...", y la alegría era tanta que que se nos hacía un nudo en la garganta, y la emoción era tanta que no necesitábamos nada más... e iba de nuevo, y cada vez más fuerte. Un hermoso momento, de lo mejor que he vivido en la vida. Hice el video, que se queda corto, pero al verlo se me eriza la piel.
Esa era la invitación a que Fito tocara otra, así estaba previsto, lo que no sabíamos era que al reabrirse el telón sonaría Yendo de la cama al living, pero con Charly García. Y ese fue el éxtasis (el otro). Confieso que nunca había visto a Charly en vivo, y sin ninguna duda será la última vez, Charly está en las últimas, en silla de ruedas, y puede apenas sostener la guitarra, su voz se escucha bien, pero es claro que él no lo está. Así que este otro fue un gran momento. Tres canciones más tocaron juntos: Necesito tu amor; Ciudad de pobres corazones; y Brillantes sobre el mic. ¿Qué más se podía pedir?
Y el cierre fue de lujo: A rodar mi vida. Todos cantamos "...y a rodar, y a rodar mi vida, yo sé dónde va, pero tampoco creo que sepás vos...". Y cuando pensé que se acababa, llegó la fuerza de la Mariposa Teknicolor.
La fuerza con que cerró el concierto nos dejó eléctricos. Pero ahí no se terminó la cosa. Nos esperaba en el lobby del teatro la multitud, cantando "oooooh vamos a volver, a volver, vamos a volver...", con la misma fuerza, con el eco del lugar, cientos de personas abrazadas a Sabbatella, Cecilia Roth, y otros personajes cantando, aquello se volvió en una especie de mitín y durante más de diez minutos la gente estuvo cantando, imposible no contagiarse. La cosa se extendió a la calle, y de pronto la Avenida Corrientes se llenó de gente.
Dije al inicio de este apunte que no era "fan" de Fito Páez, pero debo decir que este concierto lo ha cambiado todo, es sencillamente imposible salir inmune de una experiencia de este tipo.
Hay días como los de ayer: larguísimos y cansados. Camino a Güápiles ayer hubo varias cortes, y un choque, así que llegamos tarde a clases en el Recinto. Como la Ley de Murphy es infalible la presentación que llevaba no abría, y cuando pedí otra cumpu, ya la maldita presentación abrió. Así funciona. La clase afortunadamente no estuvo mal, las chicas habían hecho los deberes y la participación en el aula aportó. La vuelta fue igual. Cortes en la carretera por arreglos en la Ruta 32 que hicieron que el regreso dilatara un poco más de lo debido. Una vez en San Pedro, a comer, el almuerzo lamentable. De vuelta a la casa, leer un poco, dormir un rato, y a clases de la maestría, afortunadamente la Facultad está ahora muy cerca, la tarde hermosa y mi reproductor de música siempre con inteligencia propia hace el resto. Las clases estuvieron bien, todos ponen su parte. Pero a las 7:45 de la noche ya estaba destruido y con hambre, exhausto.
Pero como La noche no es una ciencia exacta, Jorge Drexler me borró el cansancio apenas salió al escenario, descuadró el protocolo rígido y absurdo del Melico, los pasillos se inundaron de baile y movimiento. Simpático y en total armonía con el público se acabó la pena, llegamos a ese punto ciego en el que la pena no nos tocó, se quedó afuera. Y claramente el mundo siguió siendo lo que es: caos, conflicto, desquilibirio, y tras más de dos horas de concierto volvimos a la realidad, eso sí, mejores, contentos, y con la música dándonos vuelta en la cabeza tras Bailar en la cueva.
La noche se acabó en el Lobo Estepario matando el hambre, y con Drexler tomándose una birra en el bar. El intento de la foto típica del grupi falló de forma estrepitosa y ridícula buscando la foto perfecta (que en mi caso es imposible), lo que denota que ni siquiera aspirante a paparazzi.
Queda ahora para la memoria que por segunda vez vi a Jorge Drexler dando un maravilloso recital, y que cada vez que uno lo ve Todo se transforma, pasan cosas.
Una cosa curiosa, uno lleva una cámara y automáticamente todo el mundo asume que uno es fotógrafo, no fue nada difícil mezclarme entre la prensa y sacar algunas fotos, luego Drexler al descuadrar el teatro e invitar a todo el mundo a bailar facilitó las cosas para tomar fotos sin que los "guardianes" del teatro pudieran hacer nada para impedir las decenas de fotos que hice. Las comparto.