“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

miércoles, 27 de marzo de 2013

Semana santa

Debo confesarlo, me gusta la semana santa, aunque no por las mismas razones que a un católico ferviente. Me gusta esta semanita de vacaciones, de descanso total, de no hacer nada, de hacer lo que me de la gana, de encuevarme. No me gusta salir en esta semana, me gusta simplemente quedarme acá, este sitio es un paraíso, me gusta leer, ver buenas películas, escuchar música. O sea, de verdad, hacer nada.

Antes de continuar mejor aclaro, no pretende ser éste un apunte anticatólico ni mucho menos,  menos aún pretendo cuestionar la fe de nadie. Lo digo para que nadie se sienta herido, que eso de dañar al prójimo en semana santa debe valer como doble pecado.

Hay cosas de la semana santa que nunca comprendí. Por ejemplo. Recuerdo que antes, cuando era niño, en semana santa no se comía carne, de hecho ni siquiera la vendían. Y no es que ahora se promueva su consumo, lo que pasa es que a diferencia de antes, ya no obligan a la dieta de pescado. Nunca he comprendido porqué sólo pescado. Seguro porque nunca fui católico, pero aún cuando algún lector me indique algún link con la explicación de lo del pescado, no lo comprenderé. A ver, puedo comprender que a un católico practicante le dé por no comer carne, pero ¿porqué la imposición a los que no somos católicos? A los diez años me parecía una imposición insoportable, ya a mis casi 36 me parece una estupidez. Afortunadamente ya no sólo venden carne en el supermercado, sino que los amigos lo invitan a uno a un asado un "viernes santo".

Otra imposición, las películas (que hoy llaman "clásicos de semana santa") que durante más de 40 años pasan por estas épocas. Como en aquellos tiempos tener cable era un lujo, había que aguantárselas, bueno, si uno quería ver tele. Los Diez Mandamientos me gustó las primeras 10 veces, Marcelino Pan y Vino, sólo la primera vez me bastó para no verla nunca más, y así uno puede enumerar todos esos "clásicos". Lo que nunca comprendí muy bien es por qué todas las películas que tuvieran algo de romanos, aunque no tuvieran nada que ver con Jesús o algún personaje o historia bíblica, las zampaban en semana santa. Afortunadamente hoy hay cable si uno quiere ver tele.

Otra cosa que "nunca he comprendido", es la Ley Seca. Porque es una contradicción en sí misma. Nunca una refri está tan llena de licor como en Semana Santa, si uno se toma normalmente, digamos, tres birras, ante la posibilidad de que no vendan uno va al súper y compra entonces doce, para que no falte. Lo peor de todo es que efectivamente uno se las toma todas. Aunque claro, no faltan las ventas clandestinas de alcohol, y siempre se pueda conseguir más. O sea, que la Ley Seca logra exactamente el efecto contrario, uno toma más, el doble y hasta el triple. Pero además logra "daños colaterales" (como le gustaba decir a Bill Clinton), como la violencia de género, muy típica por estas épocas, o sea, que la santa es la semana, no la gente, o sea, que los días no son santos en sí mismos como piensa la gente. Dicho de otra forma, a Dios no le debe servir mucho que el jueves sea santo, si la "tasa de pecado" se multiplica por diez. Ahora, volviendo a lo de la Ley Seca, ésta tiene un sentido que es meramente comercial, las ventas en el supermercado se disparan, y que quienes ganan son los dueños, y claramente la Cervecería, por supuesto que las ganancias crecen también para sus socios, no sé si aún la Iglesia Católica tiene ahí acciones, pero las tuvo, y de seguro se forró.

Pero lo que se lleva el premio, es sin duda aquello de no jugar porque "se puede hacer pez". Me pregunto: ¿a quién se le habrá ocurrido semejante estupidez? Recuerdo que la llegada de la semana santa, además de los temblores de rigor, traía unas mejengas callejeras memorables. Pero siempre cuando la mejenga estaba en lo mejor, o sea empatada a nueve y el que hacía el gol ganaba, aparecía "Úrsula" la doña gorda, horrible (no por gorda sino porque de verdad se parecía a Úrsula la de la Sirenita) y nos pegaba cuatro gritos enviándonos a la penitencia. Evidentemente yo no entendía por qué, simplemente lo que entendía es que Úrsula se había cagado en la mejenga que estaba buenísima. Tiendo a creer que le molestaba nuestra felicidad, y que ella en realidad creía que nosotros debíamos estar tristes, de penitencia o algo así. El caso es que para mí, que nunca fui católico, aquello de que si seguíamos jugando nos convertíamos en peces me parecía una tontera, pero la doña a punta de gritos lograba disolver la mejenga.

Pues bien, éstas son algunas de las cosas que nunca logré comprender de la semana santa, y para ser honesto, no voy a comprender. Pero repito, me encanta la semana santa, aunque los domingos no son de resurrección, el lunes hay que trabajar.

6 comentarios:

  1. Esa hipótesis de la tasa de pecados está interesantísima... jeje...q

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  2. A mi lo que me decían era que si me metía al mar me convertía en pez ... vaya locuras de la gente...

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  3. Cuentos de cuentos hay sobre la Semana Santa, que si nos convertimos en peces por meternos al mar, que no se coma carne y un buen montón de restricciones que como bien lo dices en ocasiones generan el efecto contrario como la LEY SECA que a miles aterroriza y los empuja a llenar sus hieleras como para un año. La simple idea de abstenernos de comer carne para quienes somos católicos nos invita a reflexionar sobre aquellas cosas que son parte de nuestra dieta diaria pero le agregaría FAVORITA, un sacerdote nos decía un día de domingo, si la carne es parte favorita en tu dieta pues podrías abstenerte de carne, si lo es el cereal private de comer cereal, si lo es volar lengua (o sea comerte a la gente) pues intenta comportarte y deja a tu prójimo en paz, en pocas palabras no es la carne o el pescado aquello de lo que nos debemos privar, sino de practicas inadecuadas que empeoran la vida propia así como la de los (as) demás, no soy 100% practicante ni mucho menos un ejemplo para otros (as), pero sin duda en la Semana Santa más que apegarme a reglas sin sentido, busco generar un cambio en mi que no me dure solo una semana, sino que perdure en mi vida. Pues bueno recalco que no soy fanática pero a mi manera pretendo que esta semana sea más que 5 días libres perdidos a pata cruzada, los uso para compartir en familia, estar con la gente que amo y reflexionar por ratos...

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  4. Interesantes razonamientos, en particular el de la Ley Seca :/

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