“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
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domingo, 23 de junio de 2013

El tiempo y el "modelo país"

Abro el diario de Tibás y me encuentro dos cosas que me llaman la atención: una entrevista a Fancisco Chacón (ex-ministro de propaganda) y un reportaje sobre el uso del tiempo de los costarricenses. En principio, una cosa no tiene que ver con la otra... y en realidad no, bueno tal vez un poco.

En noviembre del año pasado escribí un par de apuntes sobre el "Absurdo de vivir", el segundo específicamente relacionado con el trabajo y de cómo nuestra vida se va en el trabajo. Decía que "Vivimos sometidos (voluntariamente, es lo peor) a un ritmo de vida que únicamente sirve para la producción de cosas. Un ritmo de vida que en realidad es un ritmo de producción. Nuestra vida está en función de la producción, nos hemos convertido en simples eslabones de esta absurda y destructiva espiral de producción-consumo, que en realidad es de destrucción de la vida humana y del planeta, en forma paralela." 

Cuando leo el "reportaje especial" del diario de Tibás me quedo pensando que Álberto Barrantes C. ni siquiera se pregunta qué es lo que pasa, su reportaje es completamente superficial, lo cual no debería extrañarme. En su narración (decir análisis sería exagerar) Barrantes nos explica: "Corre como el agua. El principal culpable es el tiempo. Ese enemigo que, con sus minutos y segundos, se escurre en un abrir y cerrar de ojos entre la computadora, el celular, comer, dormir, el traslado para llegar al centro de trabajo y para realizar los quehaceres domésticos del día a día."  (la negira es mía).


Según Barrantes se trata del tiempo, no de la lógica de producción que nos ata al trabajo y al consumo. Sería mucho pedir que hubiese llegado al fondo del asunto. La colega y amiga Amaryllis Quirós lo pone un poco más en perspectiva cuando cuestiona la lógica materialista que nos exige tener más, pero se queda corta (claro que la entrevista y las opiniones de Quirós no están del todo consignadas en el reportaje). El reportaje de Barrantes por eso se queda corto, porque como es típico en estos periodistas de molde, apenas se dedica a describir una encuesta a la que podría sacársele más jugo, pero no es de interés ni del periodista ni del diario, que ya sabemos lo que es. Es apenas un dato que el 44% de los encuestados se sienta satisfecho con su trabajo, es decir el 56% está insatisfecho más de la mitad, hace diez años el 70% se manifestaba satisfecho. Esto no es un dato menor, ya veremos si en otro reportaje se mencionan las causas. 


Pero obviamente el "culpable" no es el tiempo, si no su distribución, y la distribución del tiempo no es azarosa, está completamente estructurada en función de la producción. La vida se nos va en el trabajo,  en estudiar para tener mejor trabajo, y en el consumo, porque el consumo es una pieza fundamental para que el sistema se sostenga, sin consumo no hay crecimiento y sin crecimiento, "hay caos". Por eso la reivindicación con respecto al tiempo es fundamental, y tiene también que ver con darle el verdadero valor que corresponde a los valores de uso, nuestra sociedad le da ha dado una posición privilegiada al valor de cambio, y es así como hemos convertido todo en una mercancía que se vende o se compra, "time is money", dicen los dueños de todo, los capitalistas, y las focas aplauden, aunque no tengan dónde caer muertos. Con esta lógica es que acabamos con nuestra vida, no es por culpa del tiempo, el tiempo es el que es, siempre lo ha sido, la diferencia fundamental es nuestro "ritmo de vida". 


Hace unos días veía una entrevista en TVE al presidente del Uruguay, José Mujica (ese que es "igualito a la Chinchilla"). En esa entrevista el Mujica reflexionaba sobre la vida, sobre nuestra vida en la sociedad de consumo, en esta misma línea en la que he venido argumentando desde hace meses sobre el trabajo y el tiempo, y Mujica decía: "... porque para vivir hay que tener libertad y para tener libertad hay que tener tiempo, si me preocupo mucho de los cacharros, de la casa grande, del servicio, cosas no tengo tiempo, me tengo que ocupar de eso, y si tengo mucha plata me tengo que preocupar de que no me roben y que trabajan, y si despilfarro estoy viviendo a costilla de otros. Entonces prefiero tener el mayor margen de tiempo para hacer lo que a mí me gusta y eso es la libertad. Mientras tengo que trabajar para llenar la olla no tengo libertad (…) Cuando tu compras con plata, no estás comprando con plata, estás comprando con tiempo de tu vida, que tuviste que gastar para tener esa plata y lo único que no se compra es la vida, entonces hay que ser avaro en la forma de gastarla y veo que la humanidad esta enloquecida y no tiene tiene tiempo." (se puede ver la entrevista completa aquí: http://www.rtve.es/alacarta/videos/los-desayunos-de-tve/entrevista-jose-mujica-presidente-uruguay-desayunos/1847647/)


Es muy claro, nuestro tiempo está castrado por la lógica de producción-consumo, y eso no tiene ningún sentido. Y hay quienes se sienten muy felices con esta lógica - hasta orgullosos -, de que cada vez dediquemos más tiempo al trabajo y al consumo, total se trata de un modelo que en nuestro país se viene profundizando, ellos le llaman "modelo país". 



No tenemos tiempo para disfrutar de la vida, estamos insatisfechos con nuestro trabajo, y el malestar en esta cultura neoliberal sale por todos lados, pero aún así Francisco Chacón dice en esa entrevista publicada en el diario de Tibas, cuando le preguntan cuál es el "modelo país" que han impulsado, responde: "Hacer de Costa Rica un país exitoso en el mundo económico, para mejorar la calidad de vida de la población. Los esfuerzos que ha hecho Costa Rica en los últimos 25 años, y de los cuales me siento orgulloso de haber formado parte, han sido exitosos".

Gracias don Francisco, pero mejor no se hubiera molestado. 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Apunte del fin del mundo...

Hago una pequeña pausa de estos apuntes gráficos, creo que amerita hacer una breve reflexión del "final de los tiempos".

He estado haciendo joda desde hace varias semanas sobre esto del fin del mundo, alguien me increpó casi exigiendo respeto por la cosmogonía maya. Pues no entendió nada. No hago mofa de la cosmogonía maya, hago mofa del fatalismo occidental, del uso del miedo como forma de control, el miedo vende, y mucho. Y recordemos que el sistema se sostiene porque se consume... de forma desmedida.

Nunca he creído que el mundo se vaya a acabar mañana o pasado, no creo que sea posible fijar una fecha, y si fuera posible habría que hacerlo viendo hacia atrás, no tanto al futuro. Creo que desde hace tiempo hemos venido acabando el planeta, y que esto es un proceso sostenido de destrucción, y por ende de nosotros mismos. Hay quienes tienen más responsabilidad que otros. Por ejemplo, no se puede comparar la responsabilidad del dueño de la Coca-Cola frente a la de, digamos, un vecino cualquiera (aún cuando ese vecino cualquiera no recicle ni media botella), la contaminación que uno y otro genera es disímil. Y sin embargo la responsabilidad se le suele tirar al vecino: recicle, ahorre energía, etc. Mientras por otro lado se le exige consumir. ¿Y la empresa? Mientras tenga una política de responsabilidad social corporativa, no pasa nada, son buenos. En nuestro país, para no divagar mucho, el tema de la producción limpia es sencillamente un slogan muy bonito, pero no efectivo, simplemente porque no se aplica como debería una política sostenida, estricta y consciente. Lo que importa es producir, es el crecimiento que es el sostén de la economía, y del fondo, por supuesto, que el capital se reproduzca, el cómo, vale madres. Ahora, lo discutible es si con esa política estricta de producción verde, podría haber capitalismo. Porque capitalismo y sostenibilidad ambiental son "antónimos". Lo uno niega lo otro. Así de sencillo.

Lo que le hemos hecho al planeta simplemente no tiene nombre. Y lo peor de todo es que lo hemos hecho en nombre de un absurdo, sosteniendo un absurdo. Una falsa noción de libertad sujeta al consumo irracional, como si tuviéramos 25 planetas. Lo más absurdo de todo, es que el sistema está hecho para que unos pocos acumulen lo que se produce entre muchos, y a eso le llaman naturaleza humana. Nos han hecho creer que este es el orden natural, que siempre ha sido así, que el ser humano es egoísta por naturaleza. Quienes nos acusan de querer volver a la era de piedra en el fondo están defendiendo una animalidad sin sentido, son ellos quienes se comportan como los animales de la edad de piedra. Eso es en lo que creen, en el fondo son eso, animales con poder, y nosotros les damos ese poder. Y lo que ocurre es que no tiene justificación algo así, simplemente contamos con la inteligencia necesaria para que sea diferente - yo sé que los hechos están probando lo contrario -, pero apelo a la racionalidad, por lo visto quienes gobiernan apelan, a la "racionalidad", pero de la animalidad. Este mundo tal y como está en este momento simplemente no tiene sentido. Hoy tenemos todos los elementos como para buscar otras formas de producir, pero eso implicaría parar... y eso es una mala palabra para los economistas, y también para quienes desde su día a día creen en el capitalismo y su crecimiento económico como única forma de organización económica, social y política.

Se nos va más de media vida trabajando, produciendo, destruyendo el planeta en ese mismo acto de producción, y no disfrutamos de la vida. Pensamos que la vida es consumo. ¿qué sentido tiene esto? Ninguno. Yo no sé para qué carajos vivimos, pero lo cierto es que me niego a vivir solo para trabajar. Me niego a tener que vivir produciendo para que alguien se haga rico a costa de mi trabajo, y que en este mismo acto otros simplemente mal vivan.

Una nueva era debería iniciar. A eso se referían los mayas. Pero muchas cosas deberían cambiar, también dijeron. Y las cosas no han cambiado, empeoran.

Y no creo que mañana ocurra el cataclismo que Hollywood y algunos insensatos esperan. Yo creo que "el fin del mundo" en realidad lo venimos provocando desde hace décadas de obstinado consumo irracional. Y lo que va a ocurrir no es que el mundo se acabe, es que el planeta se va a acomodar buscando el equilibrio que le hemos robado, y en esa búsqueda del equilibrio natural, una inmensa mayoría de la humanidad estará de más. Uno quisiera que la naturaleza tuviera el mecanismo para cobrar a cada quién de acuerdo a su responsabilidad, pero esa es tarea de un dios en el que no creo. Para ser muy honesto, y aunque quisiera vivir unos cuantos años más, creo que nos merecemos este final, por haber destruido el planeta de esta forma. No hay justificación. Nuestra forma de vida es absurda.

sábado, 10 de noviembre de 2012

El absurdo de vivir, parte 2: El trabajo

"A usted que corre tras el éxito (...)
¿No le gustaría no ir mañana a trabajar
y no pedirle a nadie excusas, para jugar al juego
que mejor juega y que más le gusta...?
¿No le gustaría ser capaz de renunciar a todas sus pertenencias,
y ganar la libertad y el tiempo que pierde en defenderlas...? 
¿No le gustaría acaso, vencer la tentación
sucumbiendo de lleno en sus brazos...?"
Serrat

 
Luego de un par de semanas con el blog botado lo retomo, una vez que se acabó la tesis (por fin!!!) y sólo queda la graduación.

Continúo con este apunte sobre lo absurdo de vivir, esta vez con el apunte que debió ser el primero, pero que por razones no muy claras dentro de mi cabeza salió después.


Desde hace tiempo estoy convencido que nuestro estilo de vida es completamente absurdo. Vivimos para trabajar. La vida se nos va en el trabajo, y peor aún en el trabajo para Otro, que no es lo mismo que decir trabajo para los otros, para la colectividad. A producir, ese es el mandato. Pero ¿A producir para quién? ¿Para qué?

Voy a decir una obviedad. Vivimos en una sociedad en la prevalece el modo de producción capitalista.

La lógica del sistema en realidad es bastante simple, aunque sus formas y el entramado social y cultural que lo sostiene es bien complejo. ¿De qué se trata el capitalismo? Como ya había dicho en otro apunte, el capitalismo trata de algo bien sencillo: de acumular capital a partir de la producción de cosas, mercancías que llaman. Para que algo sea mercancía debe ser un objeto útil (valor de uso) que pueda ser intercambiable por otro objeto (valor de cambio). Ahora bien resulta que en la sociedad actual las cosas no se producen para ser útiles, sino para ser intercambiadas, para generar acumulación, y entonces eso ha derivado en que las cosas que consumimos hoy día, tengan una fecha de caducidad programada, con el simple objetivo de que tengamos que consumir un objeto similar en un periodo corto. Las compañías se encargan de hacernos creer luego que necesitamos ese nuevo objeto porque el anterior ya era obsoleto. Y así entramos en una esfera "infinita" de producción-consumo de cosas como si la naturaleza se regenerara a la misma velocidad. Estamos entonces atrapados en una esfera de consumo irracional que es la que precisamente provoca la destrucción de la naturaleza, esto a cambio de que los capitalistas (unos pocos, que son los dueños de las fábricas y de los bancos) acumulen riqueza. Este es el primer aspecto de esta espiral destructiva, el lado de la producción: la primacía del valor de cambio, ignorando el valor de uso, o lo que los economistas ("sabios gurús" de nuestro tiempo) llaman crecimiento económico, es decir, producir cada vez más (lo medimos año con año). Ya hemos escuchado que la economía decrece, y que eso produce desempleo, la desaceleración económica es por lo tanto mala, y para que haya aceleración económica debe haber consumo, sin consumo no hay producción sostenible para el capitalista. Recordemos que la motivación última del capitalista no es otra que la acumulación de capital.

Todo esto podría sonar a retórica trasnochada si no fuera porque esto tiene implicaciones directas en la subjetividad, y por extensión en la forma en que nos relacionamos. O sea, vivimos en una sociedad que produce mercancías, y en el que hemos establecido relaciones (de todo tipo, hasta afectivas) a través de la producción de objetos. Para decirlo de otra, nuestra sociedad está organizada bajo una serie de relaciones económicas que no son sólo económicas. Como ya se dijo, el modo de producción capitalista genera subjetividades, formas de relacionarnos que están marcadas por las relaciones económicas, es toda una lógica. Esta lógica de producción requiere de una legislación específica, y esa legislación se legitima socialmente, y subjetivamente, al punto que se naturaliza. Para que el sistema capitalista funcione, es necesaria una internalización de esa legalidad, o como la llamaría el programa de educación cívica: "cultura de la legalidad". Para eso existen una serie de mecanismos e instituciones, desde la familia, la iglesia, la escuela, los medios de comunicación. Y claramente lo que se busca es que este sistema se legitima socialmente, que no se cuestione, algo así como lo que Antonio Gramsci denominó hegemonía cultural.

El capitalismo ha logrado por tanto legalizar, y peor aún, naturalizar que los patrones (los dueños de la medios de producción) roben a diario el plus de valor que producen los trabajadores con su fuerza de trabajo. Ha logrado que nos sintamos culpables cuando reclamamos nuestros derechos: "no muerdas la mano que te da de comer", como si la mano que nos dan de comer no fueran otras que las nuestras.

A todo el mundo la parece natural ir a trabajar todo el día (o la noche), gastar varias horas de transporte de la casa al trabajo, y del trabajo a la casa. Pongo dos ejemplos.


Mi vecina tiene 23 años, ella viaja cada mañana 2 horas hasta su centro de trabajo, eso quiere decir que si la hora de entrada es a las 8 a.m., debe salir del edificio a las 6 a.m., o sea que como mínimo se tuvo que haber levantado a las 5:15 a.m. para alistarse; a la vuelta la cosa no es más alentadora, si sale a las 5 p.m., y atravesando la ciudad nuevamente se le van unas dos horas, y a veces más. Llegará cansada, con ganas de comer y dormir; para, a la mañana siguiente, seguir con su rutina. Eso quiere decir, que esta chica cada día dura una media jornada de trabajo para llegar a su centro de trabajo. Ella estudió, se le acabará esta semana su contrato, y no sabe si encontrará trabajo pronto. Digo esto, porque habrá quien pueda plantearle "cambiar de trabajo", sí claro, si encuentra trabajo. Porque la "libertad para escoger el trabajo" en realidad es casi un mito, funciona para unos pocos, en el Reino de la Necesidad la cosa no funciona así de sencillo. Así que a la vecina no le quedó opción, viajar todos los días al otro lado de la ciudad, al menos por esta semana.

Los chavalos que trabajan en la construcción del frente empiezan su jornada laboral con los primeros rayos del sol, o sea, como a las 6 a.m., o quizá antes; eso quiere decir que si viven relativamente cerca, mínimo deben levantarse a las 4:30 a.m., o sea que a las 5 a.m. deber ir saliendo de su casa. Terminan su jornada laboral a las 6 p.m., más o menos, eso quiere decir que posiblemente lleguen a su casa tipo 7 p.m. Al día siguiente la misma rutina: todo el día volando pala, jalando blocks, bajo el sol o la lluvia, y aunque tiemble. No mencionemos los riesgos laborales en una construcción. Esos chavalos deben llegar a su casa sin ganas de nada. La paga no debe ser muy buena tampoco.

Podría seguir poniendo ejemplos de aquí al infinito de gente que se le va la vida completa en el trabajo. ¿qué sentido tiene esto? ¿No es les parece un total sinsentido que alguien trabaje 8 horas diarias más otras 4 horas transportándose a causa del trabajo? Doce horas en total invertidas en el trabajo, y eso que no estamos contemplando la hora de almuerzo, que normalmente se hace en el centro de trabajo o muy cerca.

Es decir, nuestra vida se nos va en el trabajo. Vivimos para trabajar, y no trabajamos para vivir. En un trabajo que produce objetos, ¡que son para otros! Más claramente ¡qué hacen ricos a unos pocos! ¿A qué hora vemos crecer a nuestros hijos? ¿A qué hora gozamos de la vida? Sumemos además que nuestro tiempo libre se nos va en actividades que también tienen que ver con el trabajo, solo que no pago, como ocurre a muchas mujeres que dedican su tiempo libre para limpiar, cocinar, lavar y otras labores domésticas. Jornadas dobles en el mejor de los casos.

Y nuestras actividades de ocio tampoco son muy gratificantes que digamos, son más bien alienantes, los fines de semana pasamos metidos en el Mall, en esta orgía de consumo para que el sistema funcione. El cuadro no puede ser más patético. Nos  pasamos todo el día produciendo valor para Otro, otro tanto transportándonos, para llegar a la casa a comer, si acaso ver y que nos pasen ordenando que debemos consumir (la publicidad no es más que eso), y consumimos cuando tenemos tiempo libre. Una locura.

Vivimos sometidos (voluntariamente, es lo peor) a un ritmo de vida que únicamente sirve para la producción de cosas. Un ritmo de vida que en realidad es un ritmo de producción. Nuestra vida está en función de la producción, nos hemos convertido en simples eslabones de esta absurda y destructiva espiral de producción-consumo, que en realidad es de destrucción de la vida humana y del planeta, en forma paralela.

¿Porqué nos cuesta tanto pensar en que las cosas podrían ser diferentes? ¿No deberíamos simplemente disfrutar de la vida? Es perfectamente posible hoy, con el desarrollo tecnológico, trabajar lo estrictamente necesario, y el resto dedicarlo a cosas realmente productivas, pero para el espíritu, para la convivencia, bajo otros parámetros. Produciendo, pero para los otros, para nosotros, no para Otro. ¿No le gustaría, acaso?

Pero simplemente nos horrorizamos cuando pensamos en otra forma de vivir, hasta nos sentimos culpables, y es más fácil aceptar que el mundo se pueda acabar que otra forma de vida, de organización social, de convivencia. Nos cuesta aceptar que esta forma de vivir simplemente no tiene sentido: es absurda.

Tomado del álbum de fotos de Facebook de LaErre.tv

domingo, 21 de octubre de 2012

El absurdo de vivir, parte 1: Dios

Ahora que estoy cada día más cerca de mi muerte, me ha dado por pensar en lo absurdo de todo esto de la vida, y también en la muerte. Ante este absurdo que se llama vida, nos inventamos miles de historias para justificar nuestra existencia. Todo el tiempo estamos tratando de darle un sentido, porque la vida en sí misma, no la tiene. Dice una canción de Bersuit: "No hay fracaso más rotundo que haber venido al mundo pa'morirse y nada más...", pero, ¿es que acaso no venimos al mundo, y un buen día simplemente nos morimos? Incluso a quienes se les recuerda mucho vinieron al mundo y ya. Nuestra vida es un minúsculo paréntesis en la Historia, en la vida de este planeta. Y el mundo, y la vida, existen a pesar de nosotros, da igual nuestra vida. ¿Qué sentido tiene nuestra vida, corta o larga?

Las explicaciones que nos inventamos para responder a esta pregunta tan sencilla, son infinitas, algunas rayan en lo mágico y otras tantas en lo irracional, que es el germen del fanatismo religioso, tan de moda últimamente (en realidad siempre). Lo que ocurre es que nos acomodamos a lo que queremos creer, porque, insisto, todos buscamos darle sentido a nuestra existencia, de alguna forma.

Por preguntarme este tipo de cosas, mis papás y mis hermanos, creen que soy ateo, y la verdad no lo soy. Bueno, en realidad no lo sé, no me importa. He intentando, en múltiples ocasiones explicarlo, sin éxito. Ellos simplemente no logran comprender que no me gustan las iglesias, que para mí fueron suficientes 18 años de "militancia religiosa" forzosa (no es un reclamo pero yo no decidí que debía ir a la iglesia, de hecho me zafaba cada vez que podía). Diez años, de esos 18, estuve en un colegio evangélico. Mucho para mí, aunque debo confesar que hice amigos entrañables, que aún hoy día sigo frecuentando, también tuve muy buenos profesores.

Y entonces cuando me preguntan si creo en Dios, siempre respondo que no sé, y la verdad no me interesa saberlo. Hace un tiempo me "visitaron" unos Testigos de Jehová, y me hicieron la pregunta que utilizan como gancho para soltar toda su perorata, poco les importa que uno les diga sí o no, igual viene el bombardeo, sus respuestas están hechas, les cuesta un poquito argumentar. Y suelen ser un poco irrespetuosos. El caso es que cuando me preguntaron, no les dije sí o no (que eran lo que esperaban), les dije que "a veces", y la chavala que preguntó "se desconfiguró", les cuesta un poco cuando se les saca del molde. Así que ya saben, si quieren quitarse a los Testigos de encima, la respuesta es "a veces", y siempre está la mejor opción no abrirles.

Pero más allá de la anécdota, es cierto eso, no sé si creo o no. No me preocupa saberlo. Porque cuando me sorprendo pensando en la existencia o no de Dios, tiendo a cuestionarme si creo que existe Dios porque me dijeron desde que me acuerdo que existe, o también porque todos los días alguien habla de Dios - y hablan como si lo conocieran, como si lo hubieran visto -. Por ejemplo, uno ve los noticieros y siempre hay alguna alusión directa a Dios. En la escuela y colegio, todos los días durante diez años, había oraciones, la mayoría de los profesores eran practicantes evangélicos, algunos, bastante inconsecuentes, conservadores y autoritarios, otros, desde su fe acompañaban, buscaban comprender y no imponer, eran los mejores.

En todo caso, volviendo a la pregunta ¿existe Dios porque lo construimos, porque nos enseñaron que existía? Tiendo a creer que sí. Tiendo a creer que necesitamos explicar nuestra existencia, y que nos hemos inventado toda esta historia de Dios para poder sobrellevar el sinsentido de esta vida terrenal. 

Pero a veces me pregunto ¿y si es cierto? ¿Si es cierto que hay un infierno en el que arderemos eternamente si no somos "buenos", si no nos negamos a nosotros mismos? ¿y si es cierto que hay vida después de la muerte? Cuando me lo pregunto, me da mucha cólera pensar que esto es objeto de miedo, utilizado para la dominación. Pienso que se trata de una trama del miedo, que es tan útil para someter, que vende tanto, y tan bien. Cuando me da por pensar en todo este rollo del cielo y el infierno, del pecado y la virtud, me doy cuenta que vivimos en una sociedad dominada por la culpa. ¿por la culpa de qué? Simplemente de existir. El miedo y la culpa son utilizados para dominar, lo interiorizamos, lo asumimos, y no nos permite liberarnos de todo. No nos permite simplemente vivir, que es lo que deberíamos hacer, y ya.

Ocupamos darle un sentido a la vida, para expiar la culpa, esa que nos inculcaron, como la existencia de Dios, desde que somos niños. Esa culpa que nos recuerdan cada día, y quienes nos la recuerdan son los perversos, son aquellos que viven atormentados por fantasmas, son los que nunca se liberarán. Y que claramente, si existe todo eso que creen, tienen cupo reservado en el infierno.

Yo prefiero, la verdad, no insistir en este absurdo de si Dios existe o no, eso nunca lo sabremos (al menos no en esta vida, jeje). Creo que lo más importante es tratar de vivir esta vida decentemente, y con eso me refiero a no vivir como viven esas autoridades religiosas, llenas de lujos, que lo mejor sería comprender que hay para todos, y que todos tenemos derecho a una vida digna.

Precisamente por esto es que hace años decidí no regresar a ninguna iglesia, porque no soporto las jerarquías, no soporto esa estructura que aplasta toda subjetividad en nombre de Dios. Terminé odiando ese machismo que se justifica desde lo religioso y que nos ha amargado la vida. Pero sobre todo no soporto a los hipócritas que se esconden detrás de la biblia para no verse a sí mismos, y necesitan trasladar su miserable culpa al resto. Porque necesitan que el resto sea tan infeliz como ellos. No soporto que no puedan ver a alguien feliz, sin pensar que es un pecador. No soporto que no puedan simplemente disfrutar del cuerpo, el propio y el del otro, que les asuste el placer, que la sexualidad les de pavor. No soporto que se aprovechen de la ingenuidad y el miedo de la gente para hacerse ricos. No soporto esa teoría de que la "bendición de Dios" es tener dinero, es lo material.

Claramente no todos los que creen en Dios entran en esta última descripción, pero sí la mayoría de las jerarquías religiosas, sólo basta encender la televisión y poner alguno de los canales religiosos. El amor al dinero, y el odio a lo diferente, se les sale por todo lado.

Así que, para finalizar, podrán notar que todo mi alegato en realidad poco tiene que ver con Dios, tiene más que ver con el absurdo que nos han impuesto para vivir. Es un alegato contra la culpa, contra la hipocresía. Porque como dije no sé si existe Dios, no lo sé simplemente porque siempre me dijeron que existía y que eso no se cuestionaba. Lo que sí sé, es que como especie necesitamos darle un sentido a esta vida. Que insisto, me parece absurda. Absurda, aún cuando efectivamente Dios exista.




Pd. Este es un primer apunte existencial sobre este absurdo de vivir, la segunda parte vendrá con otro matiz: El absurdo de vivir, parte 2: El trabajo. Aclaro además, que no atravieso ninguna crisis de existencia ni tengo tendencias suicidas, no vaya a ser que se armen cadenas de oración por mi alma.