Como he venido apuntando, son muchos los síntomas de la venia autoritaria del PLN y el gobierno. Lo del jueves anterior es tan sólo un eslabón más de esta escalada que no sabemos hasta dónde llegará, o hasta dónde permitiremos que llegue.
La no reelección del Magistrado Cruz, no sólo no tiene precedentes, sino que no tiene ninguna justificación política válida. Hasta la fecha no he escuchado ningún argumento realmente fuerte que logre justificar lo actuado por los 38 diputados el pasado 15 de noviembre.
Justo Orozco ha dado la justificación más absurda y estúpida que a alguien se le pueda ocurrir. ¿Qué dijo el diputado? Pues que él creía que Cruz no quería reelegirse porque nunca nadie le habló, nadie cabildeó, así que en entendió que Cruz no quería ser reelecto. Sólo en su cerebro de mosca cabe una explicación tan llena de estupidez. ¿Es que acaso no le dijo algo que el nombramiento del Magistrado se hubiera conocido previamente en a Comisión Legislativa de Nombramientos? ¿O es que pensaba que alguien pasa por una comisión sólo para joder a los diputados? ¿No le dijo nada el dictamen aprobado de forma unánime? Justo Orozco puede rajar, o de idiota o de mentiroso, yo diría que de ambas. Pero lo que es peor no es un diputado idiota, sino que crea que todos somos idiotas.
Jorge Guardia en su columna de este martes 20, argumenta que la decisión de los diputados es legítima, porque el sistema les da esa potestad de reelegir o no a un magistrado. Eso es cierto. Pero resulta que el señor Guardia omite, pareciera que deliberadamente, que no se argumentó ninguna razón para sacar a Cruz de la Sala IV, y que la motivación es estrictamente política, máxime cuando había un dictamen aprobado de forma unánime (que incluía a diputados del PLN). Esta motivación política, la enunció el autor de la brillante "ideología del chuchinguismo político": se trata de dar un mensaje al Poder Judicial, de mostrar quién manda. Guardia tampoco menciona que el procedimiento utilizado tiene algunos vicios. Así que ni siquiera la argumentación del señor Guardia da para mucho. Y vale que quiere una coalición electoral, ahora para todo el mundo es evidente de qué lado está. Es claro que se trata de un liberal, tirando a neoliberal, aunque él diga que no.
Tampoco lo escenificado este martes 20 de noviembre en la Asamblea Legislativa arroja más argumentaciones. Una resolución muy bien hecha por el Presidente del Congreso se echa abajo el procedimiento, pero 26 diputados se la trajeron abajo, y ahora curiosamente el asunto se resolverá en el Poder Judicial, y todo parece indicar que se declarará nula la decisión de no reelegir a Cruz por vicios de procedimiento.
¿Entonces de qué se trata todo esto? ¿Qué es lo que está pasando realmente? ¿Porqué este matonismo? ¿Por qué querer sacar a Cruz de la Sala IV? Hay quienes dicen que hay fallos importantes que aún están pendientes y que el Magistrado Cruz razonará de forma negativa, o que podría ser el voto clave: Crucitas, la reforma eléctrica, entre otras. Son cosas grandes, muchos millones, jugosos negocios, compromisos de algunos. ¿Pero se trata sólo de esto? No lo sé la verdad. Pero lo cierto es que la jugada es una torpeza política absoluta, porque ha quedado al descubierto la grosera e irrespetuosa intromisión del ejecutivo, aparentemente el operador desde Casa Presidencial, Carlos Ricardo Benavides, tiene intereses económicos.
¿Y la presidente (con minúscula y en masculino, se comporta como macho)? Pues la señora de alguna forma acuerpa lo dicho por Molina: "... sí quiero ser muy franca que la Asamblea, distintas fracciones,
incluyendo la oficialista, han compartido con el Poder Ejecutivo
preocupaciones en torno a cual debe ser el papel de la Sala
Constitucional frente a decisiones de naturaleza legislativa y
administrativa. Y la fracción legislativa (PLN) sí viene expresando de
manera reiterada la necesidad de renovar visiones y planteamientos sobre
el alcance de la Sala Constitucional".
Y nuevamente Chinchilla eximirá a uno de sus ministros , cuando le preguntan por Benavides y su visible intromisión, responde: "Sí, bastante injusto, algunos procuraron hacer la crisis mayor. No se
vale. Si todos creemos en nuestra democracia hay que buscar cómo se
elimina el conflicto y resolverlo por la vía institucional. Quienes
trataron de culpar a Carlos Ricardo quisieron involucrar al Poder
Ejecutivo y que los tres poderes termináramos en un ring de boxeo." La salida típica de Chinchilla, negar responsabilidades, tirarle la pelota a otros. Porque la crisis institucional la ha generado el PLN, y los Arias. Hasta ahí llegará Chinchilla, y lejos de resolver, atizará más la hoguera.
Ahora, ¿Será posible que dentro del PLN y el gobierno no hayan calibrado la reacción a lo interno del Poder Judicial? Por qué la respuestaha sido unánime, han cerrado filas. Hasta el Fiscal General, por todos conocido que es ficha de los Arias, ha hablado fuerte, muy fuerte. Luis Paulino Mora nada sospechoso de izquierdismo ha estado beligerante. ¿Qué es lo que se está jugando aquí? ¿Será que el gremio no admite que les toquen? Es posible que en el Poder Judicial quieran guardar las formas, porque hay decisiones judiciales más que cuestionables, y hay Magistrados poco independientes (para decirlo bonito). Basta recordar la penosa actuación de la Magistrada Calzada en el caso Crucitas, parecía vocera de la compañía minera. Pero también es justo mencionar que hay Magistrados con criterios independientes y que no se someten a las presiones políticas o económicas. Conozco a un par de ellos.
Para mí es evidente que existe un conflicto interno en las élites, tal y como apuntó por ahí Luis Paulino Vargas. Pero ¿por dónde va la cosa? Aún es difícil saberlo.
Por otro lado, la reacción de la opinión pública ha sido de rechazo total. Esto afecta por parejo a los precandidatos, porque es el PLN el expuesto, y en su totalidad, y claramente es Rodrigo Arias, quien al parecer da las órdenes ahí. Se les ha visto una vez su cara fascistoide ¿Qué preparan que no les importa la reacción de la gente? ¿Será que Rodrigo Arias ante una inminente derrota electoral busca amarrar a todas sus fichas? Porque la amenaza a los jueces es clara, o se alinean o van para afuera. Inadmisible.
Como dije, no tengo claro de por dónde va la cosa, de cuáles son las razones y cuál la trama político-económica en esta jugada tan torpe, tan osada, y que pareciera suicida.
Se avecinan tempestades políticas, más movilizaciones, más malestar, más protestas. Hay un caldo de cultivo para la conflictividad social, y el Poder Ejecutivo, y los Diputados de esta derecha rancia, parecen estar felices en echar más leña a la hoguera. Pero lo más peligroso es que hay, además, una sensibilidad y valores individualistas. Las encuestas publicadas en La nación S.A. durante las últimas semanas indican que en el país hay una tendencia a valorar más el bienestar económico que el colectivo, eso es reflejo de un creciente individualismo, pero además, y esto es lo peligroso prepara un clima de justificación de la "mano dura", de la salida autoritaria, de la figura del "hombre fuerte". Los cuerpos policiales desde un tiempo a la fecha están siendo entrenados y asesorados por militares, hay asesores colombianos en el tema de seguridad, y al parecer el esquema de seguridad que algunos desean aplicar, es el represivo, ejecutado en Colombia.
¿Se tratará de esto? ¿de jugar al límite, de llevar la situación al extremo que justifique la salida autoritaria? Todos los síntomas apuntan hacia ahí, sé que sueno algo extremo, y para ser honesto no estoy seguro de que esto sea así, pero no se puede descartar. Espero estar muy equivocado, y que esto se trate de una estupidez política, pero el contexto nacional e internacional a lo que apuntan es a un creciente autoritarismo, a la defensa por la fuerza del proceso de acumulación capitalista; al cierre de filas frente a un sistema que hace aguas, y que deja cada día más pobres, más malestar.
Habrá que esperar. Lo cierto en este momento es que "no hay que irse en la finta", no hay que olvidar quién es Jorge Chavarría ni de dónde viene, tampoco hay que olvidar que Luis Paulino Mora es un consevador, y que sus fallos han favorecido a la clase política-empresarial. Eso no quiere decir que en este momento no sean aliados tácticos en la defensa de esta institucionalidad (aunque venida a menos y algo podrida, y que es necesario renovar desde abajo). Es importante salir a la calle, a manifestarse por este vulgar atentado a la separación de poderes, que como dije nos dejaría ya ni siquiera con el cascarón democrático. Tampoco nos creamos que los jueces son imparciales, que la política no toca a los jueces, o que jueces no toman decisiones políticas. No seamos ingenuos. Lo que no se puede permitir es que los Arias, el PLN, destruyan y acaparen todo el poder, porque eso nos encamina a la "Tiranía en democracia", que no es otra cosa que la dictadura. Por eso hay que salir, porque quieren tapar su corrupción en el último reducto que les queda, es una avanzada, torpe, pero avanzada al final de cuentas. Nosotros debemos hacer la nuestra y ha de ser masiva, pero teniendo claro que ahí, en el Poder Judicial también se cuecen habas.
“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
Ignacio Martín-Baró
miércoles, 21 de noviembre de 2012
sábado, 17 de noviembre de 2012
"Libertad de tránsito"; la discusión es política no legal
El gobierno dice, los medios reproducen, algunos aplauden como focas. Aunque claro, no es tan sencillo eso de que el gobierno dice, porque en realidad por ratos, el gobierno y los medios parecen una sola cosa, total este gobierno es de empresarios, y empresas son estos "medios de comunicación". Y frente a las deformaciones ideológicas están quienes repiten sin pensar las afirmaciones que criminalizan la protesta a la vez que niegan sus propios derechos.
Las últimas semanas nos dejan una gran cantidad de afirmaciones que bien analizadas, resultan ideología pura. Lo complicado es cómo este país ha asumido un discurso derechizado, y sin apenas contenido, las discusiones se suelen dar desde los estereotipos cuando no desde el desconocimiento más absoluto. Y esto es lógico si pensamos en el dominio que se ejerce desde el sistema educativo, las iglesias, los medios de comunicación, y por supuesto la familia.
Por ejemplo, resulta, como mínimo, chistosa la defensa a ultranza de la "libertad de tránsito". Esta discusión de la libertad de tránsito no es legal, es política, por lo tanto ideológica. La ley puede decir que es un delito bloquear una calle. La ley puede decir lo que sea. Pero en cualquier Escuela de Derecho decente, se sabe que el origen de la ley tiene un contenido político, las leyes no son hechas con "objetividad", tienen una intencionalidad social y política (y además económica), solo basta preguntarse quiénes hacen las leyes y a quiénes representan. Por tanto una ley que reprima con cárcel una expresión popular también la tiene, y la intención es que la gente no proteste, o lo haga "bonito". O como pareció sugerir la presidente (con minúscula, y en masculino, se comporta como macho), manifestaciones con horario y ojalá por la acera (¿se imaginan a los 20.000 que se manifestaron el 15 de noviembre por la acera? jajaja).
La discusión legal sobre la "libertad de tránsito" es una falsa discusión. La discusión de fondo es porqué esa gente protesta y porqué lo hace cerrando una vía. La protesta es cerrando vías porque no queda de otra, las "instituciones democráticas" no les han escuchado, no les han resuelto sus justas demandas. El caso de la manifestación del 8 de noviembre es ejemplar. Comunidades, y personal médico, juntos, de la mano, protestando. El personal de salud por condiciones dignas para hacer bien su trabajo; las comunidades por su derecho a la salud, las dos caras del mismo derecho. Las autoridades de las CCSS simplemente han ignorado sus demandas, durante meses. Y ahora tienen el descaro de anunciar que en otras comunidades se reducirá la cantidad de centros, la situación es grave. Entonces, ¿qué le queda a la gente? ¿mandar más cartas? Pues no, tirarse a la calle, presionar políticamente. La protesta es una forma de manifestación política. Es un acto político. Ese acto político, un recurso ante el autismo de las autoridades, y como acto político, es absolutamente legítimo. La presión política de las comunidades y de grupos organizados se da dentro de la institucionalidad, y cuando esa institucionalidad no responde, se traslada a otro campo, y para que surta algún efecto hay que tomar medidas que se vuelva la mirada pública sobre eso que se reclama y que las instituciones no resuelven. Así que aunque a algunos no les guste es absolutamente legítima esa medida de presión política.
Que algunos se traguen el cuento de que la "libertad de tránsito" está por encima de todo, es un claro ejemplo de como esa ideología neoliberal, de como los valores del capitalismo salvaje, han calado en nuestra población. Son la muestra del individualismo más vulgar, porque es no reconocer el derecho a la salud, en el caso concreto de la protesta del 8 de noviembre, pero aplicaría para cualquier otra protesta. Es como si la gente se tirara a la calle porque sí, porque es divertido "joder" a los otros. Pero quienes defienden su "libertad de tránsito", defienden una abstracta libertad, porque en realidad nada les impide transitar por las rutas alternas, que por cierto las autoridades deberían facilitar. Cosa que no hicieron el 8 de noviembre. Como ya dije en otro apunte, fue la policía la que ocasionó el caos en el centro de San José, por puro matonismo. Porque además, no se trataba de un bloqueo, sino de una manifestación. No es lo mismo.
Así que, si cerrar o no una calle para protestar por un derecho es un asunto legal, es completamente secundario, lo de fondo es por qué el Estado no cumple con sus obligaciones, por qué el gobierno no cumple con su responsabilidad. Esa es la cuestión de fondo.
La gente tiene derecho a protestar, a reclamar sus derechos, y utilizará los medios que estime sean útiles para que las autoridades atiendan sus demandas. Claro que no todo es legítimo, pero eso no lo marca la autoridad, ni mi moral ni la moral del que defiende su "libertad de tránsito". Así que aunque pueda incomodar es un recurso válido, no el único. La legitimidad de las acciones la marcan la justicia de sus demandas, la forma en que se logre posicionar y comunicar esa demanda, y sobre todo el momento político. Porque hay bloqueos que no tienen ningún sentido, como el de hoy en la Rotonda de la Hispanidad y luego fuera de la Facultad de Derecho, no sumó nada.
Pero ¿por qué le importa tanto al poder la "libertad de tránsito"? No porque le interese que lleguemos temprano a nuestras casas, sino porque lleguemos temprano al trabajo, porque en una calle cerrada la mercancía no circula, los trabajadores no producen. Al gobierno, a los empresarios, les importa un carajo toda esa gente que defiende la "libertad de tránsito" como si se tratara de un derecho otorgado por dios, les instrumentaliza. A los empresarios, al gobierno, sólo le importa que las mercancías lleguen a su destino a tiempo para ser vendidas, para cumplir con el ciclo de reproducción del capital. De eso se trata, de los objetos, no de la gente. Por eso el cierre de vías es una medida de presión tan efectiva porque interrumpe de alguna forma el ciclo económico. O sea, le toca la billetera a los "demócratas", y como ya sabemos, éstos que nos gobiernan son demócratas de la billetera para afuera. A los empresarios no hay que tocarles los huevos, hay que tocarles la billetera, y verán como entran en furia rabiosa.
De ahí que sea delito tapar una calle, porque les toca la billetera, esa es su legalidad. Y ya ven, su legalidad tiene un trasfondo económico. Lo económico se traduce en ley, y luego, cuando los medios cierran filas en defensa del sistema, en discurso político que al final de cuentas es ideológico. Esa es la tarea del gobierno, asegurar que no se interrumpa este ciclo. La tarea encomendada a este gobierno es que por nada se interrumpan los buenos negocios, ni siquiera por el derecho a la salud.
Así mientras tanto, el montón de alienados defienden su abstracta "libertad de tránsito", no se enteran que en realidad están defendiendo un sistema que destruye sus derechos; se quieren trasladar aunque su salud no valga nada porque está por encima el lucro farmacéutico y hospitalario; aunque las calles den lástima; aunque paguen el doble en el marchamo para que se roben el dinero los empresarios-políticos de la trocha, los que hacen clavos de oro con los puentes "baileys"; aunque vivamos con miedo y el narco se entronice en la policía; aunque el país se esté cayendo a pedazos; aunque el PLN destruya la separación de poderes y cada vez estemos mas cerca del Estado autoritario.
Y claro que es incómodo estar pegado en una presa, pero lo es más no tener con qué pagar las medicinas, porque eso no es incómodo sino más bien acongojante, frustrante. Eso sí es un delito. Y los que deberían ir presos son los que han quebrado a la CCSS. Pero a los que defienden la "libertad de tránsito" no les importa, sólo están ellos, esa es la ideología neoliberal, lo individual por encima de lo colectivo.
Lo más gracioso de todo esto, es que muchos de los que aplauden como focas al discurso del poder, esos que defienden su "libertad de tránsito" y les pareció una barbaridad que el 8 de noviembre la Avenida Segunda estuviera cerrada casi ocho horas por culpa de la policía, ni siquiera pasan por San José. El individualismo normalmente viene acompañado de hipocresía.
Las últimas semanas nos dejan una gran cantidad de afirmaciones que bien analizadas, resultan ideología pura. Lo complicado es cómo este país ha asumido un discurso derechizado, y sin apenas contenido, las discusiones se suelen dar desde los estereotipos cuando no desde el desconocimiento más absoluto. Y esto es lógico si pensamos en el dominio que se ejerce desde el sistema educativo, las iglesias, los medios de comunicación, y por supuesto la familia.
Por ejemplo, resulta, como mínimo, chistosa la defensa a ultranza de la "libertad de tránsito". Esta discusión de la libertad de tránsito no es legal, es política, por lo tanto ideológica. La ley puede decir que es un delito bloquear una calle. La ley puede decir lo que sea. Pero en cualquier Escuela de Derecho decente, se sabe que el origen de la ley tiene un contenido político, las leyes no son hechas con "objetividad", tienen una intencionalidad social y política (y además económica), solo basta preguntarse quiénes hacen las leyes y a quiénes representan. Por tanto una ley que reprima con cárcel una expresión popular también la tiene, y la intención es que la gente no proteste, o lo haga "bonito". O como pareció sugerir la presidente (con minúscula, y en masculino, se comporta como macho), manifestaciones con horario y ojalá por la acera (¿se imaginan a los 20.000 que se manifestaron el 15 de noviembre por la acera? jajaja).
La discusión legal sobre la "libertad de tránsito" es una falsa discusión. La discusión de fondo es porqué esa gente protesta y porqué lo hace cerrando una vía. La protesta es cerrando vías porque no queda de otra, las "instituciones democráticas" no les han escuchado, no les han resuelto sus justas demandas. El caso de la manifestación del 8 de noviembre es ejemplar. Comunidades, y personal médico, juntos, de la mano, protestando. El personal de salud por condiciones dignas para hacer bien su trabajo; las comunidades por su derecho a la salud, las dos caras del mismo derecho. Las autoridades de las CCSS simplemente han ignorado sus demandas, durante meses. Y ahora tienen el descaro de anunciar que en otras comunidades se reducirá la cantidad de centros, la situación es grave. Entonces, ¿qué le queda a la gente? ¿mandar más cartas? Pues no, tirarse a la calle, presionar políticamente. La protesta es una forma de manifestación política. Es un acto político. Ese acto político, un recurso ante el autismo de las autoridades, y como acto político, es absolutamente legítimo. La presión política de las comunidades y de grupos organizados se da dentro de la institucionalidad, y cuando esa institucionalidad no responde, se traslada a otro campo, y para que surta algún efecto hay que tomar medidas que se vuelva la mirada pública sobre eso que se reclama y que las instituciones no resuelven. Así que aunque a algunos no les guste es absolutamente legítima esa medida de presión política.
Que algunos se traguen el cuento de que la "libertad de tránsito" está por encima de todo, es un claro ejemplo de como esa ideología neoliberal, de como los valores del capitalismo salvaje, han calado en nuestra población. Son la muestra del individualismo más vulgar, porque es no reconocer el derecho a la salud, en el caso concreto de la protesta del 8 de noviembre, pero aplicaría para cualquier otra protesta. Es como si la gente se tirara a la calle porque sí, porque es divertido "joder" a los otros. Pero quienes defienden su "libertad de tránsito", defienden una abstracta libertad, porque en realidad nada les impide transitar por las rutas alternas, que por cierto las autoridades deberían facilitar. Cosa que no hicieron el 8 de noviembre. Como ya dije en otro apunte, fue la policía la que ocasionó el caos en el centro de San José, por puro matonismo. Porque además, no se trataba de un bloqueo, sino de una manifestación. No es lo mismo.
Así que, si cerrar o no una calle para protestar por un derecho es un asunto legal, es completamente secundario, lo de fondo es por qué el Estado no cumple con sus obligaciones, por qué el gobierno no cumple con su responsabilidad. Esa es la cuestión de fondo.
La gente tiene derecho a protestar, a reclamar sus derechos, y utilizará los medios que estime sean útiles para que las autoridades atiendan sus demandas. Claro que no todo es legítimo, pero eso no lo marca la autoridad, ni mi moral ni la moral del que defiende su "libertad de tránsito". Así que aunque pueda incomodar es un recurso válido, no el único. La legitimidad de las acciones la marcan la justicia de sus demandas, la forma en que se logre posicionar y comunicar esa demanda, y sobre todo el momento político. Porque hay bloqueos que no tienen ningún sentido, como el de hoy en la Rotonda de la Hispanidad y luego fuera de la Facultad de Derecho, no sumó nada.
Pero ¿por qué le importa tanto al poder la "libertad de tránsito"? No porque le interese que lleguemos temprano a nuestras casas, sino porque lleguemos temprano al trabajo, porque en una calle cerrada la mercancía no circula, los trabajadores no producen. Al gobierno, a los empresarios, les importa un carajo toda esa gente que defiende la "libertad de tránsito" como si se tratara de un derecho otorgado por dios, les instrumentaliza. A los empresarios, al gobierno, sólo le importa que las mercancías lleguen a su destino a tiempo para ser vendidas, para cumplir con el ciclo de reproducción del capital. De eso se trata, de los objetos, no de la gente. Por eso el cierre de vías es una medida de presión tan efectiva porque interrumpe de alguna forma el ciclo económico. O sea, le toca la billetera a los "demócratas", y como ya sabemos, éstos que nos gobiernan son demócratas de la billetera para afuera. A los empresarios no hay que tocarles los huevos, hay que tocarles la billetera, y verán como entran en furia rabiosa.
De ahí que sea delito tapar una calle, porque les toca la billetera, esa es su legalidad. Y ya ven, su legalidad tiene un trasfondo económico. Lo económico se traduce en ley, y luego, cuando los medios cierran filas en defensa del sistema, en discurso político que al final de cuentas es ideológico. Esa es la tarea del gobierno, asegurar que no se interrumpa este ciclo. La tarea encomendada a este gobierno es que por nada se interrumpan los buenos negocios, ni siquiera por el derecho a la salud.
Así mientras tanto, el montón de alienados defienden su abstracta "libertad de tránsito", no se enteran que en realidad están defendiendo un sistema que destruye sus derechos; se quieren trasladar aunque su salud no valga nada porque está por encima el lucro farmacéutico y hospitalario; aunque las calles den lástima; aunque paguen el doble en el marchamo para que se roben el dinero los empresarios-políticos de la trocha, los que hacen clavos de oro con los puentes "baileys"; aunque vivamos con miedo y el narco se entronice en la policía; aunque el país se esté cayendo a pedazos; aunque el PLN destruya la separación de poderes y cada vez estemos mas cerca del Estado autoritario.
Y claro que es incómodo estar pegado en una presa, pero lo es más no tener con qué pagar las medicinas, porque eso no es incómodo sino más bien acongojante, frustrante. Eso sí es un delito. Y los que deberían ir presos son los que han quebrado a la CCSS. Pero a los que defienden la "libertad de tránsito" no les importa, sólo están ellos, esa es la ideología neoliberal, lo individual por encima de lo colectivo.
Lo más gracioso de todo esto, es que muchos de los que aplauden como focas al discurso del poder, esos que defienden su "libertad de tránsito" y les pareció una barbaridad que el 8 de noviembre la Avenida Segunda estuviera cerrada casi ocho horas por culpa de la policía, ni siquiera pasan por San José. El individualismo normalmente viene acompañado de hipocresía.
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