“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

lunes, 11 de marzo de 2013

Primer día de clases en la U

Hoy 11 de marzo inició un nuevo ciclo lectivo en la Universidad de Costa Rica. Inevitablemente recordé mi ingreso a la U. Semejante suceso ocurrió un 27 de febrero de 1995. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Ya he contado en alguna ocasión que decidí estudiar Psicología en un momento algo caótico de mi vida, más o menos en 1992, tenía 15 años y muchas preguntas que no sabía dónde ni cómo responderlas, pasaba mucho y de forma vertiginosa. Mi familia había sido rebasada por los hechos, las instituciones me parecían una farsa (aún hoy) y Dios no respondía, por más que le preguntaba, estaba mudo, y pensaba que también sordo. Siempre tuve muy claro que no estudiaba psicología porque daba buenos consejos (a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido pedirme un consejo por aquella época), tampoco porque era el trapito de lágrimas de nadie. Yo lo tenía muy claro, quería respuestas, quería entender, entenderme. Dieciocho años después no sé si logré responder todas esas preguntas, algunas de ellas perdieron sentido o importancia, y otras tantas las olvidé. Lo cierto es que ahora tengo otras.

Mi primera cédula, 1995.
El caso es que cuando fui a retirar el resultado de la solicitud de ingreso a carrera no podía creer que efectivamente había entrado a Psicología. Siempre he creído que tuve mucha suerte. Para ese año se combinaron varios factores. Un cambio en el modelo de admisión, a algún genio en la Universidad se le ocurrió que era un buena idea que uno marcara SEIS opciones de carrera, sí SEIS. Quién fue el de la brillante idea no lo sé, pero no importa. En aquellas épocas el internet era ciencia ficción, así que uno tenía que verificar en el padrón ubicado a un costado del comedor. Aquello por ratos parecía el muro de los lamentos. Como dije, hubo un par de factores determinantes para que yo lograra entrar a Psicología, el primero es que hubo un colador previo, el famoso examen psicométrico, eso de un tajo eliminó a mucha gente, y por otro lado, se aumentó el cupo de estudiantes, pasando de 60 a 100. Yo quisiera pensar que fue mi determinación y mi seguridad en lo que quería estudiar lo que hizo que lograra entrar a Psicología, pero no, no fue eso, claramente. Cuando vi el resultado en el padrón tuve que verlo dos veces, no podía creerlo, no sé que hubiera sido de mí si hubiese entrado a mi segunda opción, o a la tercera, cuarta, quinta o ¡sexta!

Pero volviendo al punto. Ese lunes 27 de febrero tenía mi primera clase en la U, y fue de Teorías y Sistema de Psicología. Como ya daba por descontado que me iba a perder (la clase no estaba en la facultad de Ciencias Sociales, sino en Biología) me fui temprano. Una chica a la que quise mucho cumplía años ese día (en parte por eso recuerdo que fue 27 de febrero) hice parada en el pretil (que no sabía que era el pretil hasta ese día) y la llamé desde los teléfonos públicos que estaban ahí, una moneda de 10 colones le eché al teléfono. En aquella época no existía la semana de bienvenida, la recibida aún por aquellas épocas era el corte de pelo, aunque ya no con la violencia de antes.

Marzo de 1995, más o menos me veía así cuando entré a la U
Faltando como 20 minutos para las seis empezó la travesía hacia el edificio de Biología, con cara aún de adolescente pregunté donde estaba ese edificio, y las direcciones me dejaban peor que antes: "vea mae agarre por el puentecito que esta por química", y yo con cara de imbécil: "¿dónde queda química?", y el chavalo: "baje por Sociales". Y ya no preguntaba más para no sentirme más tonto. Por ahí le pregunté a un muchacha que me vio con ojos de ternura, pero que seguro se burló mucho de mí con sus amigas, y me explicó por donde llegar. En fin, tardé 15 minutos de Generales a Biología. Y una vez en Bilogía a buscar el aula 209, me preguntaba como es que habían tantas aulas en esos edificios, no sabía que las aulas que empezaban con 2 estaban en el segundo piso. Llegado al aula, verifiqué que se tratara de la correcta, no fuera que entrara y a mitad de la clase me diera cuenta que estaba en la clase equivocada, como sí le ocurrió a otro jetas. Verifiqué hasta cinco veces, hasta que vi a Tatiana, que había sido compañera de la escuela, así que pensé que la vergüenza compartida era más llevadera.

Al cabo de cinco minutos entró una muchacha que me pareció bonita, y se sentó al frente, no dijo nada. Al cabo de un par de minutos entró una señora que tampoco saludó. Lo primero que dijo la asistente (esa muchacha que me pareció bonita) fue: "saquen una hoja que vamos a hacer un quiz". Lo único que pensé fue "pucha, ahora sí que estoy en la U". Saqué la hoja, le puse mi nombre y así se quedó, porque las preguntas contenían palabras que en mi vida había escuchado. Una de las pregunta era: "¿Qué es epistemología genética?" (y yo pensaba para mis adentros qué carajos era "epistemología"); otra era: "¿qué es cognoscitivismo?" ("¡mierda! que será esa vara"); otra: "¿qué pesa más en los procesos de conocimiento lo cognoscitivo o lo genético?" ("di pos lo genético, porque eso sí sé qué es"). Las otras dos no las recuerdo, pero conforme iba escuchando las preguntas me iba sintiendo cada vez más estúpido, a la vez que crecían las maldiciones contra el colegio en el que estuve.

Una vez entregada mi blanca hoja, y sintiéndome el más animal del aula, nos presentamos, y la profe por primera vez abrió la boca para explicarnos que el quiz no tenía nota (suspiré de alivio, pensaba que obtendría un -20) y que se trataba de un diagnóstico (¿de qué?). Cuando inició la clase, las palabras que por primera vez escuchaba se hacían cada vez más etéreas, y mientras pasaba el tiempo me iba diciendo a mí mismo que era un verdadero ignorante, no entendía ni media palabra de lo que decía la profe. Maldije a Jean Piaget cada vez que la profesora lo nombraba con esa pasión de una discípula de la discípula de Piaget.

Para peores, los compañeros preguntaban, parecía que sabían algo, y las explicaciones de la profesora me dejaban peor aún. Y cuando pensaba que la cosa no podía empeorar, ocurrió algo que me dejó frío, al jueves siguiente debía exponer. Lo de la exposición es un enano de otro cuento, y es bien chistoso lo que ocurrió. Pero cuando fui el designado para exponer me sentí rojo, verde, pálido, de todos colores. No sabía como iba a hablar de algo que no entendía, ni siquiera sabía pronunciar el apellido de ese tal Piaget.

Llegadas las 8:45 p.m. salimos de la clase y yo me cuestionaba seriamente si debería seguir. Y entonces fue cuando el resto de compañeros confesaron que no habían entendido nada de lo que había dicho la profe en esa clase. Confieso que eso me consoló un poco, pero sólo un poco, porque me tocaba leer algo que sabía estaría escrito en chino.

Así fue mi primer día en la U. Lunes 27 de febrero de 1995. Qué montón de tiempo ha pasado. Y qué montón de cosas pasaron ese año, y los siguientes. Demasiado. y lo que me confirma que ha pasado tanto tiempo es que la gran mayoría de los que entraron hoy a la U nacieron ese año, o sea, les doblo la edad, ya podría ser el papá de cualquiera de esos chavalos, de esas chavalas. Ahora sí me sentí viejo.

7 comentarios:

  1. esta muy buena la historia, me recordo muy buenos tiempos, yo entre en el 94, era alumno flotante, hasta el 96 entre a carrera, porque no tenia ni idea que estudiar!

    ResponderEliminar
  2. Luciana Peri vía feisbuc comentó:
    "Increíble, e inevitablemente me puse a recordar mi 1º día en la U, que mucho distaba de las maravillas de la UCR y su interminable Campus.

    Universidad del Salvador (privada y católica), porque en la UBA no daban RRII, y a mis 18 años, yo estaba muy segura de que quería ser diplomática. En medio del atiborrado barrio de once, en un espacio que alguna vez fue Convento. Llegué con mi remera del último Cosquín Rock, larga, grande, como de buena rocanrolera, y adelante mío empezó un desfile de tacos agujas y mocasines (que después aprendí a identificar como de funcionarios públicos con cargos altos).

    “Introducción a las Ciencias Sociales”, la profesora nos dio un apunte con consejos para hacer resúmenes, que me acompañó los cuatros años de carrera (y también el quinto, que dediqué a los finales que habían quedado por el camino) Y nos dio como tarea que todos los lunes teníamos que leer el diario (periódico) y comentar noticias en clase. Costumbre que me acompaña al día de hoy.

    Era un día de marzo, no recuerdo cuál, estaba demasiado inmersa en esa experiencia nueva que era vivir sola, en otra ciudad, con mis amigos del cole, como tantas veces había soñado.

    Intercambio de experiencias"

    ResponderEliminar
  3. Emmanuel Fonseca comenta en el feisbuc:
    "Ya que nos ponemos nostálgicos, mi primer día de clases en psico fue 7 de marzo del 2005, si no mal recuerdo. No me perdí en Ciencias Sociales, ya conocía el edificio luego de una cuidadosa inspección previa el día de la inducción. Recuerdo que en el aula 202 de nuestra amada y antisísmica facultad tenía Teorías y Sistemas, y me senté todo inocente afuera en el pasillo mientras esperaba, pues tengo la mala costumbre de llegar temprano. En eso llega una señora y me pregunta muy amablemente si recibo clases en esa aula, le contesto que eso creía yo, y luego de agradecerme, ella sigue por el pasillo. Empieza a llegar gente al aula, reconozco a dos colegas que conocí en la inducción y la matrícula, respectivamente, y veo luego que la señora que me preguntó al inicio entra en el aula: era la profe Rebeca Quirós. Empieza la clase muy amena, y en ese momento comencé mi profesión."

    ResponderEliminar
  4. Como me he reido. Te trataron mal a vos. Unos años antes a mi no me hicieron tantas groserías!!!

    Como estuvo la cosa con Piaget.

    Se que te gusta escribir sobre política, pero deberías de vez en cuando entrarle a las anécdotas e incluso a la ficción. Muy bien!!!!

    ResponderEliminar
  5. Caballero, de casualidad usted no se confundió de clase..

    ResponderEliminar
  6. Como ya entré un año antes a Generales sí sabía donde quedaba biolo... a Corina tampoco le entendí mucho pero sí recuerdo cuando ella te dio un reconocimiento público por algún quizz o algo así.. y todos "pucha ese mae Josué sí sabe" jajajajajaja como cambia todo dependiendo del cristal con que se mire!!!

    ResponderEliminar