Poco más de dos semanas sin ejercicio pesan no sólo en lo físico sino que también en lo mental. Dos semanas casi metido entre la casa y el trabajo (y eso no es vida), pero eso es lo que dejan esas gripes extrañas que andan por ahí.
Por eso aprovechando el feriado, con muy buena música de fondo... me subí a la bicicleta a oxigenar el pecho y sobre todo la mente. Y mientras pedaleo cerca de la Universidad pienso en lo que debe estar ocurriendo en Guanacaste, de repente me siento horrorizado con lo de Santiago de Compostela (no dejo de pensar en lo irresponsable del maquinista, pero tampoco en lo alienado que debe estar ese tipo producto de su trabajo en una situación como la que vive España)... pienso además si Laura Chinchilla no estará ya deseando (tanto como nosotros) que se acabe su periodo de gobierno, o si pensará que realmente lo ha hecho muy bien, pero así convencida de ello, o lo pensará porque tiene alrededor una bola de aduladores... o es que ella y la clase gobernante son tan cínicos que no les importa...
Y no me había dado cuenta, pero así no más, apenas saliendo, y a pesar de las cosas en que iba y fui pensando, tuve aquella vieja sensación de bienestar, de felicidad... y pienso y siento que a pesar de todo en realidad aún se puede sentir un poco de paz y tranquilidad... Y pues nada, que me acordé de vos, de aquella época feliz... un abrazo.
Conectar al Canal Telegram Apuntes de una Parcial Irrescatable
“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
Ignacio Martín-Baró
jueves, 25 de julio de 2013
martes, 23 de julio de 2013
Tolerancia...
Para
ser absolutamente honesto, detesto ese concepto de "tolerancia".
Sobre todo detesto a quienes lo instrumentalizan, a quienes lo
convierten en un mandato, y por ello vacío en sus intenciones que
pretenden de respeto, pero que en realidad esconden de un severo
autoritarismo. Sí, en nuestro país eso de "tolerancia" es
un mandato egocéntrico, políticamente correcto y muy propio de esta
"forma de ser de los ticos", es decir, de la doble moral,
de ser muy correcto, muy superiores. A mí eso de "tener que"
ser tolerante me tiene podrido. Como también me tiene podrido el
concepto mismo de "tolerancia". Lo peor es que esa gente
que va de superior, de correcta, de objetiva, por encima de las
ideologías o de la política, de la moral y por tanto del bien o el
mal (solo por debajo de Dios, porque claro suelen ser muy creyentes),
me lo pasa diciendo... "mae usted sí que es intolerante...",
y claro, es que eso de "ser tolerante" viene mezclado con
una pizca de pasividad, medias tintas, superioridad, y claro de que
quien sostenga una posición divergente es considerado un
"intolerante". Tolerancia es el mejor arma contra una buena
discusión, o para discutir y simplemente no escuchar, porque uno es
muy tolerante, te oigo pero no cambiaré de opinión, te tolero; o la
típica, "sí es homosexual, pobrecito, pero hay que tolerarlo".
Es decir, la palabra tolerancia es nuestro contexto es utilizada para todo lo contrario de lo que la gente pretende, y ni siquiera se para a pensarlo, simplemente la usa. Por lo que su uso deviene tremendamente autoritario, y sirve como forma de censura y condena moral. Este un uso autoritario destruye la disidencia, la diferencia y busca homogeneizar. Lo hace en nombre de lo diferente, pero solo en su nombre, porque su trasfondo es violento. Es decir, que su "inverso" (intolerancia) es el perfecto reverso de tolerancia, es su complemento. Ahora, tampoco estoy haciendo una defensa de la intolerancia, es tan sólo una arenga contra la hipocresía tolerante y sus fans, sobretodo sus fans.
Eduardo Haro
Tecglen en su "Diccionario de Política" (1997) explica que
tolerar “... en sus acepciones castellanas es “sufrir con
paciencia”, es “disimular algo que no es lícito sin consentirlo
expresamente”; es “soportar, aguantar”; todo ello está
presente en la tolerancia política, es decir, que el tolerado es
soportado y sufrido por el que tolera, que por consiguiente está en
un nivel superior, paternal y autoritario; sus actos resultan
disimulados, pero resultan ilícitos, de manera su forma de vida es
siempre marginal, y está pendiente de la represión que en cualquier
momento pueda ejercerse.” (p. 408). La tolerancia, entonces, lleva
implícita una cierta represión moral, y representa una ambigüedad
sobre lo que se tolera, porque los márgenes sobre lo que se tolera,
y cuánto, no están escritos ni tipificados, en muchos casos además
podría tener ver con asuntos meramente económicos.
En nuestro país la "tolerancia" es considerada una virtud dentro de la cultura democrática, y se pretende que implique el respeto a la diferencia de los otros y a las ideologías también de los otros. Pero como dice Haro Tecglen “Hay que desconfiar de quienes, de palabra o por escrito, lanzan el interdicto: “es intolerancia que...: son intolerantes”.
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