Demasiada moral. Sólo así se puede calificar lo ocurrido hoy con la ya ex-ministra de juventud Karina Bolaños.
Si una persona quiere enviarle un video a su amante, esposo, novio o lo que sea diciéndole que le lleva ganas, si en el video aparece masturbándose o haciendo cualquier otra cosa, no es asunto de nadie más, eso compete únicamente a la pareja, trío o quienes tengan la relación en cuestión.
Si Bolaños le da vuelta a Víctor Hugo Víquez (no comprendo como alguien pueda estar casada con un tipo así) es asunto de ella, no nuestro. Si la ex-viceministra acosa a alguien, pues que ese alguien la denuncie. Y punto. Y si este es el caso pues que ella renuncie para enfrentar la denuncia, si es falsa pues luego tendrá las formas legales para limpiar su nombre.
Pero que la presidenta (así con minúscula) destituya a una viceministra porque circula un video, me parece sencillamente mucha mojigatería, demasiada hipocresía, demasiado moralismo. Si Karina Bolaños decide ponerle los cuernos al perrito faldero de los Arias, es cosa de ella, y bueno también de él, pero no de la presidenta. De hecho lo que debería hacer es intentar buscar cómo se filtró ese video, que claramente no estaba dirigido a ninguno de nosotros.
Este video sí es del ámbito privado, no como el memorando del miedo, que era de interés público. Sin embargo en aquella oportunidad se quiso evitar el escándalo desviando la atención diciendo que se trataba de una comunicación privada, que evidentemente no lo era, de hecho era un plan delictivo, en cambio, esto sí que era una comunicación privada. Claramente un asunto de doble moral.
Llama además la atención la destitución sobre un asunto que es del ámbito privado cuando otros asuntos realmente graves, y en los que ha mediado un dictamen de la Procuraduría de la Ética Pública, no son tratados ni por asomo con la misma "firmeza". Claramente un asunto de doble moral.
Y esto solamente por poner dos ejemplos. Porque podríamos poner muchos más de cosas graves en los cuales la presidenta no ha dicho ni mu, y menos ha sido firme. Como por ejemplo la financiación fraudulenta de su campaña, a la fecha: cero destituidos. ¿Recuerdan todo lo que tuvo que pasar para que se fuera el exministro de transportes? Robo de armas, la platina, y la trocha de la corrupción, solo para mencionar lo más sonado. Claramente un asunto de doble moral.
Y este país es tan moralista, tan mojigato, tan hipócrita, que es capaz de aceptar esta forma de actuar de la presidenta en resguardo de la moral, una moral que ni los curas practican, ni siquiera los más enfermos defensores de la familia. La oleada de comentarios machistas, misóginos y otros tantos de corte moralista así lo demuestran, los insultos a Bolaños desde la lógica patriarcal sencillamente da pena, y más que pena, asco. Pero este país es así, por eso es que un idiota fanático preside la comisión de derechos humanos del Congreso, por eso es que el Estado sigue siendo católico. A Bolaños debería criticársele por su pésima gestión al frente de un ViceMinisterio tan importante como el de Juventud, en el que no ocurre nada, porque simplemente no nos representa, estaba ahí por pura politiquería.
Agreguemos que el video, es un perfecto distractor ahora que la popularidad de Chinchilla se acerca peligrosamente a los niveles que tuvo el ahora "precandidato" Figueres cuando fue presidente. El morbo distrae de los verdaderos problemas nacionales, la multitudinaria marcha de trabajadores y trabajadoras del ICE no será noticia, tampoco lo será la marcha de agricultores, sólo será noticia el pinche video.
Pero la actitud de la presidenta se explica únicamente en el contexto de su cruzada moralista en defensa de su concepto obsoleto y monolítico de familia; se explica por su catolicismo hueco y casi fanático; se explica porque es la hija predilecta de la virgen, se explica porque en su lógica, Chinchilla se comporta como un macho, porque su lógica es patriarcal. Posiblemente la presidenta, que no da pie en bola, creyó que destituyendo a Bolaños se mostraría firme y honesta, pero en realidad se muestra torpe políticamente, mojigata y patriarcal. Y claro, es más fácil echar a "una zorra" que le pone los cachos a su marido y acosa a un tipo, en fin una "loca calentona", que a un ambicioso banquero representante del poder financiero que busca influir en las contrataciones de sus amigotes, o a un mechudo que va de ministro de educación y que se gasta 500 millones en una reforma educativa chafa que hicieron sus compinches.
La presidenta como que nunca se entera de qué va la cosa. Y tiene demasiada moral, tanta, que le da para tenerla doble.
“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró
Ignacio Martín-Baró
lunes, 30 de julio de 2012
sábado, 21 de julio de 2012
Memorias Rojas
Memorias Rojas este es el título de las memorias de Álvaro Rojas Valverde, libro que fue presentado, al fin, hace unas semanas. Debo decir que el título me gusta mucho, porque efectivamente se tratan de las memorias de todo un Rojo, que además es de apellido Rojas. Libro de una lectura muy agradable.
Le dije a Álvaro que se había ganado un Apunte, y que no sabía si eso era bueno o malo para él. En todo caso, y ya fuera de bromas, sé que Álvaro agradecerá que le dedique este Apunte lleno de opiniones sinceras.
Lo primero: Que he disfrutado muchísimo de estas Memorias, en parte porque las esperaba desde hace tiempo, pero sobre todo porque creo que se trata de un gran aporte a la memoria colectiva de la izquierda de nuestro país.
Las esperaba porque desde 2006 ó 2007 en aquellos acongojantes, pero hermosos días de la lucha contra el TLC, Álvaro nos anunciaba en el despacho del entonces diputado José Merino, que escribiría sus memorias, al tiempo que me animaba a seguir con este blog que apenas daba sus primeros pasos, o más bien sus primeros apuntes. Antes solía escribir pero los lectores eran mucho más reducidos y vía correo. El caso es que por aquellos tiempos cuando estábamos en el despacho, en el momento en que Álvaro se disponía a contar algunas de sus historias luego de alguna estupidez de los brillantes diputados, debíamos parar el trabajo para escucharlo, no como imperativo, sino porque era imposible seguir con cualquier cosa, simplemente había que ponerle atención a aquel cuento, que muchas veces nos hacía reír pero otras tantas nos hacía pensar. Fue una buena época, aprendí, pero ahora veo que no lo suficiente.
El libro, en realidad es como una larga conversación con Álvaro, según me dijo esa era su intención, y creo que en mi caso lo logró. Cada página fue como escuchar la voz de Álvaro, e incluso los tonos y énfasis en algunas de las frases. Eso hizo que lo disfrutara más. Además algunas de estas historias ya las había escuchado de propia voz.
Sus Memorias, como le expresé a Álvaro hace unos días, me han hecho pensar sobre lo poco que a veces uno conoce a la persona que tiene al lado. Uno de mis tantos defectos.
Siempre lo he contado y no es objeto de vergüenza o cosa parecida: yo no provengo de una familia de izquierdas, tengo familiares que militaron en el Partido, pero eso no lo descubrí hasta poco. Así que debo reconocer que desconocía la trayectoria de Álvaro, claro que sabía de su militancia en el Sur, pero no de los detalles.
Y es precisamente ahí donde el libro de Álvaro adquiere ese otro valor: el histórico. Álvaro hace un esfuerzo fundamental, que es el de no permitir que esas luchas tan importantes que se dieron en el Sur se pierdan para siempre. Nos la cuenta él, desde su perspectiva y su prodigiosa memoria, rescatando muchos nombres que la historia, injustamente, ha dejado en el olvido, o que nosotros mismos hemos dejado en el olvido. Álvaro nos da cuenta de una Costa Rica que ya no existe, de una organización que existió y nos brinda hipótesis del por qué ya no existe, y me parece que nos invita a abrir ahí una discusión.
En varios pasajes de su libro, he de decir, me sentí interpelado, como por ejemplo cuando menciona que le parece injusto que los más jóvenes critiquemos con tanta dureza la estructura del Partido (bueno esto lo digo yo, Álvaro no lo dice en estos términos). Yo he cuestionado eso en varias ocasiones, y de hecho solíamos discutirlo con él, tal vez ocurra que no tengo la disciplina que se requiere para militancia partidista, y mi carácter sea el que choque con esa vieja concepción de Partido. Pero posiblemente, también se deba a que la experiencia tanto por dolorosa, como por derrotada, se haya transformado en fracaso. Esta es otra de la hipótesis de Álvaro, y nos invita a recrear NUESTRA historia, porque no puede ser que la izquierda no tenga memoria, su propia memoria.
Por ejemplo:
Y claramente no se trata de exculpar los errores que se cometieron, Álvaro tampoco intenta ocultarlos, sino de ver en su real perspectiva al Partido, en su contexto y su momento histórico.
Como ya dije, el libro es valioso por la cantidad de nombres que rescata, por su intento de contarnos cómo fue la lucha y organización del Partido en el Sur, pero sobre todo porque nos "tira la pelota", y nos invita a rescatar también esa memoria. Nos reta a no dejar que la derecha nos borre de la historia, a que no permitamos que se olvide que este país lo construyó la gente más humilde con su esfuerzo y su idealismo, con su solidaridad.
Álvaro nos invita a no perder la fe en que las cosas pueden ser mejores aún cuando pareciera que el mundo se cae a pedazos, a pesar de la nostalgia, su nostalgia, porque lo peor que nos puede pasar es estar desmemoriados.
Agradezco muchísimo a Álvaro que se animara a escribir sus Memorias Rojas, un gran aporte, como lo ha sido su vida honesta, comprometida y consecuente. Les invito a que disfruten de este gran libro.
Le dije a Álvaro que se había ganado un Apunte, y que no sabía si eso era bueno o malo para él. En todo caso, y ya fuera de bromas, sé que Álvaro agradecerá que le dedique este Apunte lleno de opiniones sinceras.
Lo primero: Que he disfrutado muchísimo de estas Memorias, en parte porque las esperaba desde hace tiempo, pero sobre todo porque creo que se trata de un gran aporte a la memoria colectiva de la izquierda de nuestro país.
Las esperaba porque desde 2006 ó 2007 en aquellos acongojantes, pero hermosos días de la lucha contra el TLC, Álvaro nos anunciaba en el despacho del entonces diputado José Merino, que escribiría sus memorias, al tiempo que me animaba a seguir con este blog que apenas daba sus primeros pasos, o más bien sus primeros apuntes. Antes solía escribir pero los lectores eran mucho más reducidos y vía correo. El caso es que por aquellos tiempos cuando estábamos en el despacho, en el momento en que Álvaro se disponía a contar algunas de sus historias luego de alguna estupidez de los brillantes diputados, debíamos parar el trabajo para escucharlo, no como imperativo, sino porque era imposible seguir con cualquier cosa, simplemente había que ponerle atención a aquel cuento, que muchas veces nos hacía reír pero otras tantas nos hacía pensar. Fue una buena época, aprendí, pero ahora veo que no lo suficiente.
El libro, en realidad es como una larga conversación con Álvaro, según me dijo esa era su intención, y creo que en mi caso lo logró. Cada página fue como escuchar la voz de Álvaro, e incluso los tonos y énfasis en algunas de las frases. Eso hizo que lo disfrutara más. Además algunas de estas historias ya las había escuchado de propia voz.
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| Álvaro Rojas Valverde en la presentación de su libro |
Sus Memorias, como le expresé a Álvaro hace unos días, me han hecho pensar sobre lo poco que a veces uno conoce a la persona que tiene al lado. Uno de mis tantos defectos.
Siempre lo he contado y no es objeto de vergüenza o cosa parecida: yo no provengo de una familia de izquierdas, tengo familiares que militaron en el Partido, pero eso no lo descubrí hasta poco. Así que debo reconocer que desconocía la trayectoria de Álvaro, claro que sabía de su militancia en el Sur, pero no de los detalles.
Y es precisamente ahí donde el libro de Álvaro adquiere ese otro valor: el histórico. Álvaro hace un esfuerzo fundamental, que es el de no permitir que esas luchas tan importantes que se dieron en el Sur se pierdan para siempre. Nos la cuenta él, desde su perspectiva y su prodigiosa memoria, rescatando muchos nombres que la historia, injustamente, ha dejado en el olvido, o que nosotros mismos hemos dejado en el olvido. Álvaro nos da cuenta de una Costa Rica que ya no existe, de una organización que existió y nos brinda hipótesis del por qué ya no existe, y me parece que nos invita a abrir ahí una discusión.
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| El Salón de expresidentes de la Asamblea Legislativa lleno, durante la presentación de Memorias Rojas. (Foto: Edgar Mora Guerrero) |
En varios pasajes de su libro, he de decir, me sentí interpelado, como por ejemplo cuando menciona que le parece injusto que los más jóvenes critiquemos con tanta dureza la estructura del Partido (bueno esto lo digo yo, Álvaro no lo dice en estos términos). Yo he cuestionado eso en varias ocasiones, y de hecho solíamos discutirlo con él, tal vez ocurra que no tengo la disciplina que se requiere para militancia partidista, y mi carácter sea el que choque con esa vieja concepción de Partido. Pero posiblemente, también se deba a que la experiencia tanto por dolorosa, como por derrotada, se haya transformado en fracaso. Esta es otra de la hipótesis de Álvaro, y nos invita a recrear NUESTRA historia, porque no puede ser que la izquierda no tenga memoria, su propia memoria.
Por ejemplo:
Marchena es hoy prácticamente un desconocido, incluso entre la gente de izquierda. Igual ocurre con otros destacados luchadores y luchadoras. Es un daño que nos causamos a nosotros mismos, a nuestra causa. Mientras en otros países de América Latina muchas agrupaciones de izquierda se apoyan fuertemente en su pasado, en sus luchadores y luchadoras, que son leyenda y mito, como ocurre en Uruguay y El Salvador, por citar sólo dos casos, en Costa Rica más bien se ha propagado en ciertos sectores toda una leyenda adversa y sin fundamentos contra la "vieja izquierda".
Como ya dije, el libro es valioso por la cantidad de nombres que rescata, por su intento de contarnos cómo fue la lucha y organización del Partido en el Sur, pero sobre todo porque nos "tira la pelota", y nos invita a rescatar también esa memoria. Nos reta a no dejar que la derecha nos borre de la historia, a que no permitamos que se olvide que este país lo construyó la gente más humilde con su esfuerzo y su idealismo, con su solidaridad.
Álvaro nos invita a no perder la fe en que las cosas pueden ser mejores aún cuando pareciera que el mundo se cae a pedazos, a pesar de la nostalgia, su nostalgia, porque lo peor que nos puede pasar es estar desmemoriados.
Agradezco muchísimo a Álvaro que se animara a escribir sus Memorias Rojas, un gran aporte, como lo ha sido su vida honesta, comprometida y consecuente. Les invito a que disfruten de este gran libro.
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