“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

sábado, 1 de julio de 2017

1 de julio...

Hoy es 1 de julio, y deberíamos estar celebrando, hoy era (o es, no sé, tampoco sé si ahora somos 6 ó 5) el cumpleaños de Prisci, hoy debían ser 31 años. Es obvio que esto me entristece mucho.

Han pasado cinco meses y medio y sigo sin dar crédito a lo sucedido (que por cierto aún no sé muy bien qué fue lo sucedido, es decir no sé, no sabemos, los detalles), sólo sé el resultado, pero sigo negándome a creerlo. Sigo pensando que Prisci me llamará, en casa de mis papás sigo esperándola, sigo creyendo que me la encontraré en cualquier lado... sigo deseando que esté viva, no quiero creer que murió, me niego, aunque vi su cuerpo frío y pálido, aunque la enterramos. No sé cuánto tiempo más seguiré sintiéndome de esta forma. No quiero olvidar su voz, ni su mirada, ni nada, no hay día que no la piense, que no la escuche en mi cabeza, que no la llore. Quiero que se vaya el dolor, pero sé que me va a acompañar el resto de mi vida, que me tengo que a costumbrar.

Hoy deberíamos haber celebrado un cumpleaños, no llorarlo. Quisiera poder celebrar su vida, pero hoy el dolor no me deja, no nos deja, tal vez en algún momento podamos, pero hoy no. Hoy se me cierra la garganta en un nudo, y el pecho es un inmenso vacío que siento me tragará. Es 1 de julio, su cumpleaños 31, y recuerdo con toda nitidez la primera que la vi, la primera vez que la cargué, su primer cumpleaños, sus primeros pasos... y quiero no olvidarlo.

Todos los días me pregunto si habrá algo después de la muerte, si Prisci estará en algún lugar, esperándonos. Quisiera pensar que sí, que me reuniré con ella, que le diré cuánto la extrañé, que la abrazaré otra vez. Mientras, creo que lo que toca, es abrazarla en mi memoria, tenerla siempre conmigo, recordarla siempre.


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