“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

viernes, 16 de enero de 2026

3287 días

Hace 9 años compré en La Rambla de Barcelona una pequeña caja de música,  en la tienda Beethoven que  esta al lado del Mercado de La Boquería. Es una tienda especializada en música. La caja de música era para Prisci, no alcancé a dársela, 10 días después de mi regreso murió,  no nos vimos. La última vez que la vi fue el 27 de diciembre de 2016. 

Nueve años despues y diez días antes de mi a Barcelona,  murió Pablo. Es una mera casualidad. O no. Puede que signifique algo,  aunque lo más probable es que no signifique absolutamente nada, y solo sea eso, una casualidad. Igual no tiene importancia. La tendria solo si uno piensa que hay ciclos que se cierran. Pero un ciclo de qué,  qué se cierra, qué se había abierto hace 9 años. Ni idea. Seguro que nada.

Caminando por La Rambla pasé por la tienda Beethoven, y no la recordaba, hasta que la vi. Entré. Vi las cajitas de música , eran otras. Y me invadió una tristeza absoluta. No lo pude evitar. Me solté a llorar. El dueño de la tienda me vio, pero no dijo nada. Pero le conté  la historia de la cajita de música, hizo una cara de angustiada solidaridad. Me dijo que lo sentía,  no sabía qué más decir. Y la verdad es que no hay habia nada más qué decir. 

Nueve años han pasado ya, 3287 días,  y ninguno de esos días he dejado de pensar y extrañar a Prisci. Estoy a no sé cuántos kilómetros de distancia. La tristeza se lleva siempre, va por dentro, aunque ya no duela como antes. 

Daría lo que fuera porque las cosas hubieran sido diferentes, pero a estas alturas ya sé que no dependía de mí. Asi que lo que toca es convivir con el dolor eterno que solo se acabará cuando yo me lo lleve a mi tumba. 

Con casi 50 años solo vamos sumando y llorando a nuestros muertos, y desgraciadamente a los más jóvenes,  Pablo,  Prisci,  que debieron morir mucho después de mí.  Pero así  parece que es la vida, impredecible. Desde esta lejanía temporal les lloro. Les extrañaré hasta el día de mi muerte, y me reúna con ellos. O no. 

lunes, 11 de agosto de 2025

48

Llegué hoy a los 48 años, me acerco peligrosamente a los cincuenta. La vida se me ha pasado como un suspiro. Veo para atrás y todo parece que fue ayer. Tengo una mezcla de eventos, suceso, vivencias, muy dificiles de determinar cuándo pasó qué, debo recurrir a recordar por etapas de vida, o sea, a hacer un especie de "collague epocal". 

Cuando intento de recordarme de unos siete años y trato de recordar cómo me imaginaba sería mi futuro, ahora que ese futuro ya lo pasé hace algún tiempo, nada de lo que me imaginé fue, nada de lo que pensé pasó, ni de cerca. El caso es que la vida me llevó por otros caminos, a veces también mi propia estupidez, y mis propios errores. En términos generales, esos errores y esa estupidez, me han dejado satisfecho. Pero solo en términos generales, no es que quisiera ser otro, es solo que me hubiera gustado hacer algunas cosas distintas, y que otras tantas cosas que no dependen de mí, que no pasaran. Pero pasaron. Así que no hay de otra. Así que en términos generales satisfecho, me ha gustado mi vida, no la paso mal, me gusta lo que hago, tengo gente a quien quiero y me quiere. 

Bueno, decía, que de niño es muy difícil imaginar cómo será uno en el futuro, es más, tampoco es fácil imaginarlo cuando se es adolescente, ni siquiera cuando uno es joven. Cuando decidí estudiar psicología (tanía catorce años y medio) pensaba más en mí que en lo que significaba el ejercicio profesional de la psicología. Me explico. Tenía muchas preguntas y una profunda crisis existencial, y pensé que podría responder esas preguntas y resolver mi crisis existencial estudiandi psicología, aunque no tenía idea de qué era la psicología. Fue una intuición. Y creo que busqué en el lugar equivocado, pero a medias, porque estudiando psicología me di cuenta de ella, y también porque cambiaron preguntas, entendí además que las respuestas estaban en otro lado. Sucedió también que mientras estaba en la Universidad me imaginé que ejercería la profesión de otra manera. O sea, que nada de lo que me imaginé terminó siendo lo que es. 

Hoy en uno de los chats de WhatsApp alguien me felicitó y me dijo: "...que todo lo que esperas se haga realidad", mi respuesta mitad en broma mitad en serio fue: "el fin del capitalismo... que pare el genocidio en Gaza...". Pero a estas alturas ya sé que nada de lo que espero o deseo se cumple cabalmente, que la realidad poco tiene que ver con mis expectativas y deseos. Eso es muy desalentador, pero creo que ya me acostumbré. A mis cuarenta y ocho años, me invade el pesimismo. Jamás imaginé que me tocaría vivir el ascenso de tendencias neofascistas, y menos en Costa Rica, no me imaginé que podría ocurrir algo tan atroz como un genocidio con la complacencia de medio mundo. Con mucha ingenuidad pensé que, como humanidad, esto ya lo habíamos superado. 

Hace un tiempo hablaba con una amiga, a la que le decía que cuando estaba en plena juventud pensaba que las cosas podrían cambiar de forma radical, pero esa esperanza, esa especie de incocencia, desde hace ya varios años se había empezado a extinguir, no porque esté conforme con este mundo, para nada, no porque no crea que sea necesario un cambio radical, si no porque no veo que haya organización y  fuerza para ello. Entonces, ¿lo que vivimos hoy no lo vi venir o no quise verlo venir? ¿fue que no quise imaginar este mundo que vivimos hoy? No sé, no tengo la respuesta, tal vez simplemente no soy bueno imaginando futuros, ni el mío ni el de la humanidad. Me pregunto si es que abandoné la búsqueda de las certezas, o si fue que abandoné el optimismo de la imaginación, pero ¿alguna vez fui optimista? ¿o siempre he sido un militante del pesimismo? 

Pucha, ya no lo recuerdo. Creo que me estoy haciendo viejo.