Cuarenta y cinco es un número redondo, me gusta. Está justo entre los cuarenta y los cincuenta, o sea, sigue siendo la década, pero aún no están cerca los cincuenta, deben ser como la plenitud de los cuarenta, no su declive. Hubiese querido celebrar los cuarenta y cinco, ya no mejor, si no simplemente celebrarlos, pero no se pudo. Seguro que fueron los cambios violentos de temperatura de Bogotá, pero lo cierto es que estuve prácticamente todo el día en cama recuperándome de la gripe. Así no se debe pasar un cumpleaños, pero al menos sigo invicto con el Covid. A estas alturas no sé si eso es bueno o malo.
Cuando me sienta mejor, tal vez pueda decir algo más, o no. De momento, es todo.
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