Era 1986 y se jugaba el mundial de México. La final fue un domingo 29 de junio. Ese día fui con mi papá a visitar a mi abuelo que estaba internado en el hospital San Juan de Dios, no recuerdo que tenía. No pude ver todo el partido, pero para cuando ya pude sentarme frente al televisor Hitachi de mi casa, Argentina ganaba 1 a 0. El resto es historia, Valdano mete el segundo, y luego los alemanes empatan, hasta que un pase genial de Maradona deja a Burruchaga de cara al arco defendido por Schumacher para anotar el tercero, y darle el triunfo a Argentina. Fue el mundial de Maradona. Ese fue mi primer mundial, el que viví con absoluta consciencia de lo que ocurría, y por supuesto estaba fascinado con el pelusa. Aún faltaba un mes y medio para que cumpliera nueve años.
Dos días después nacería Prisci. Un primero de julio de 1986. También era ya totalmente consciente de lo implicaba tener una hermana menor, y no porque no tuviera hermanas menores, ya había nacido Raquel en 1979 y Ester en 1981, pero cuando ellas nacieron yo aun no entendía muy la cuestión. Con Prisci fue diferente porque me acuerdo cuando mi mamá me dijo que estaba embarazada y que tendríamos otro hermano, que íbamos a ser seis. Así que ese día cuando me enteré del nacimiento me emocioné mucho, y no podía esperar para conocerla.
Cuando al fin conocí a la bebé me sentí muy feliz, casi podría afirmar que nos llevamos bien desde ese momento, aunque ninguno de los dos lo supiéramos. Pero así fue, nos llevamos bien toda la vida, desde siempre. Nadie me cree pero fue así, Prisci dio sus primeros pasitos conmigo, lo recuerdo perfectamente, lo conté y me la llevé alzada para que lo volviera a hacer y lo que hizo fue sentarse, y no quiso caminar más, hasta días después. Fue como si fuera nuestra momento, como si lo hubiera solo para mí.
Hoy es 1 de julio, debería ser su cumpleaños 40. Han pasado ya nueve años y medio, y no hay día que no la recuerde, no hay día que no la extrañe. No hay día en que escuche alguna canción y no acuda a mi memoria. A veces hablo con ella para no olvidar su voz. Pocas veces sueño con ella, pero quisiera que fuera más frecuente, esas veces no he querido despertar, cuando despierto siento esa tristeza absoluta de saber que fue tan solo un sueño y que no está más, y que nunca más lo estará.
Así que no me queda más que recordarla hoy y escuchar alguna de todas esas canciones que nos emocionaron... a 40 años de que me enterara con mucha emoción de su nacimiento.