“O se opta consciente y reflejamente, o la opción de nuestra vida se realiza sin que ni siquiera caigamos en la cuenta de ello. Pero en cualquier caso, nuestra vida y nuestra acción se inscriben en uno de los sectores contendientes. No hay marginados frente al conflicto social; hay sencillamente, contendores abiertos y contendores solapados, luchadores convencidos y tontos útiles. Demasiadas veces, y más por ingenuidad que por mala voluntad, los universitarios formamos parte de este último grupo. Todos estamos comprometidos: resta saber por quién”.
Ignacio Martín-Baró

jueves, 4 de abril de 2019

Las ganas de vivir

En enero de este año el Semanario Universidad hizo una serie de reportajes que titularon "Crónicas de vulnerables" en los que se describen las penurias que muchas personas pasan para lograr sobrevivir. Una de ellas es la historia de Freddy que trabaja repartiendo comida en su bicicleta a través de la plataforma digital UberEats.

El periodista Ernesto Rivera reseña:
"Juntas [la tecnología de la rueda y la tecnología digital] son parte de lo que en el mundo se conoce como economía de plataformas, un fenómeno comercial imparable que hace llover oro sobre un puñado de corporaciones globales que inventaron una tecnología que conecta –a través suyo y con una buena comisión– la oferta y demanda con servicios y productos.
En la base de esta nueva economía hi-tech están Freddy y el resto de la tribu dos ruedas. Son una variante siglo XXI de los proletarios del XIX. No tienen nada. Usan una bicicleta y un celular para vender la fuerza de sus piernas junto a una buena dosis de empeño y algunas capas de piel que el sol les comisiona cada día."
Se trata de un segundo trabajo para redondearse dinero para sostener a su familia, necesidad que llaman. Otro chavalo, Osiris, dice: "Yo antes era hojalatero en construcción, pero qué va, no hay brete, no me sale nada y tenía la bici. Le reforcé los aros y salí. Le meto unos 30 kilómetros al día y me rinde. No crea, le saco entre 12 y 13 mil cañas al día". Agrega que buscó pero no consiguió otro trabajo.

Otro chavalo, Mauricio, dice: "Yo en realidad me pasé, hacía Uber con un auto pero tenía que pagarle ₡100.000 al dueño, juntar para la gasolina, lidiar con los taxistas y todo eso nada que ver. Agarré la moto, ahora me queda todo a mí y es mejor. Salgo como a las ocho de la mañana y a las siete pasaditas me voy a casa con ₡8.000 o ₡10.000 en la bolsa. Es mejor que el carro y que la bici. Yo por lo menos si me accidento, tengo el seguro del INS. Es carísimo, pero al menos si me rompo la madre, me arreglan".

Todos ellos tienen en común la precarización laboral, un salario (no reconocido como tal) que apenas alcanza y un esfuerzo corporal diario, descomunal. Todos ellos son parte de una relación laboral que tampoco es reconocida. Por supuesto, no tienen seguro, no cotizan a la CCSS, la empresa no se hace responsable de lo que les pase, porque son "socios repartidores" no trabajadores. La OIT las llama “formas vulnerables de empleo” en el sector informal. Pablo Sauma indicó que “Tienen características típicas del trabajo informal, son empleos autogenerados, riesgosos, apartados de la seguridad social y que hasta hace poco tiempo eran trabajos asalariados formales, ya que cada restaurante tenía sus motos y sus choferes. Ahora esos empleos se pasaron al sector informal”.

Para El Estado de la Nación (PEN) hay un serio problema con este tipo de empleos ya que “La tendencia a la informalidad laboral tiene impacto en que son personas que no están cotizando para su jubilación y tampoco están aportando a la seguridad social, por lo que le restan sostenibilidad a los actuales pensionados y rompen el pacto generacional de que los jóvenes financien las pensiones de quienes ya se jubilaron”.

La situación es jodida, porque se trata de una espiral de precarización del trabajo y la vida, con un Estado que se niega a tener una política de empleo que no sea la de atraer multinacionales y flexibilizar cada vez más las condiciones laborales. El PEN también advirtió que la aplicación de las políticas neoliberales de los PAE, en los ochenta y noventa, debilitó considerablemente la educación, produciendo miles de expulsados del sistema educativo, y el resultado es que muchísima gente que pudo haber accedido a un empleo de mayor calidad no lo hizo porque no tiene los estudios suficientes, y que eso tendrá será un serio problema en el futuro.

Pero a pesar de todo esto, para el economista Daniel Suchar Zomer, esta gente que la pulsea es más bien de gente con "ganas de vivir". El pasado 31 de marzo hizo un tuit bastante grosero al respecto:



Digo tuit grosero porque primero se banaliza la precarización de la vida de la personas mayores, yo dudo que a este señor le parezca muy bonito trabajar como "socio repartidor" en UberEats, creo más bien que este señor necesita algún ingreso económico. Esta foto, más que mostrar las "ganas de vivir", lo que en realidad muestra es nuestro fracaso como sociedad. Que una persona mayor tenga que trabajar para llegar a fin de mes no es otra cosa que un fracaso social. Una tuitera en defensa de Suchar, afirmando que "los mayores necesitan mantenerse activos", y por supuesto, que una cosa es mantenerse activo y otra muy distinta tener que trabajar. Son dos tipos de necesidades distintas, la primera desde la cierta tranquilidad que da tener una pensión, y la otra la necesidad de sobrevivir, que no es lo mismo que las "ganas de vivir". Ed Muñoz respondió desde su cuenta de Facebook a Suchar, aportando datos importantes:



Luego, la misma tuitera, me responde acusándome de matar el enfoque "de que quiere trabajar lo puede hacer sin poner  peros, sin pretender que “papá estado me dé todo!".



Y bueno, creo que la muchacha no entiende algo muy básico, que es el sistema de pensiones está pensado como un sistema solidario, no  como un sistema de "privilegio" como lo llama. Lo justo y digno es que tras una larga vida laboral, uno pueda retirarse en condiciones decentes para hacerle frente a lo que queda de vida.

Pero el problema es que este tipo de trabajo no regulados por el Estado (y que no se regulan por puro prejuicio ideológico) no aporta a la seguridad social, y entonces esas personas con "ganas de vivir" no van a tener luego una pensión digna, van a tener una pensión mínima, que hará que tengan que seguir trabajando, es un ciclo, una espiral de precarización que se extenderá hasta el final de la vida.

 

Este tipo de razonamiento tiene de fondo que quienes no tienen ese "privilegio" es porque no lo construyeron o no se lo ganaron. Pongamos por ejemplo a mi abuela, jornada de trabajo doble: casa y sostenimiento del hogar, nunca cotizó a la seguridad social, su trabajo era informal, pero trabajaba, y mucho. Al final de sus días recibió una pensión del régimen no contributiva, no tuvo "el privilegio", pero sí trabajó toda su vida. Pero para no ser autoreferencial, volvamos a los chavalos de UberEats, los "socios repartidores", con ese empleo informal tampoco cotizan, y desde la lógica de esta persona, no están construyendo ni se están ganado su pensión, o como ella insiste "su privilegio", ¿o sí? No es clara esta lógica, lo que sí es claro es que estos "socios repartidores" están precarizados, y están condenados  a seguirlo siendo.

Pero ella cree que no hay incoherencia, y creo que su último tuit es elocuente:

Yo sí creo que como sociedad estamos fallando. Cada persona que no puede estudiar por razones económicas es un fracaso social, cada persona que llega a viejo tras haber trabajado su vida entera sin haber cotizado es un fracaso social, cada viejo o vieja que no llega a fin de mes es un fracaso social, un fracaso que tenemos que asumir como sociedad. Gente "que luego hay que sostener", supongo que para ella sería ideal no haya que sostenerlos. Creo además que no hay que confundir la dignidad de la gente que la pulsea con la explotación a la que está siendo sometida, son cosas distintas, y en este caso estas personas sí están siendo explotadas. En fin, pura mentalidad neoliberal, que destila un individualismo vergonzoso.

Para finalizar volvamos al tuit de Suchar, porque cierra con broche de oro: "y tanta "gente" pidiendo en las calles". De acuerdo a esto, esa "gente"  es "no gente". Y esa "no gente" no tiene la misma consideración de los que sí tienen ganas de vivir, porque claro "el que es pobre lo es porque quiere".



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miércoles, 20 de marzo de 2019

¡Fue el Estado!

En pocas ocasiones queda tan en evidencia el carácter de clase y racista del Estado como este pasado lunes 18 de marzo. Durante la mañana el Ministro de Seguridad, Michael Soto, comparecía en la comisión especial que "analiza" el derecho a huelga en la Asamblea Legislativa. Bueno, decir que analiza es mucho, porque lo que ahí se "discute" es cómo limitar del derecho de huelga y la protesta social. Lo que hay ahí es un intento de cierre autoritario vía modificación de las leyes para amedrentar la protesta, crece el malestar social y lo que hacen los partidos no es tratar de resolver el malestar, es aplicar la "mano dura".

El señor Ministro durante un largo rato argumentó que se debían aumentar las penas contra las personas que ejerciendo el derecho a la protesta bloquearan vías, contraponiendo ese derecho al de "libertad de tránsito" (ya en otros apuntes había comentado algo al respecto). Esta contraposición de derecho se basa en una falsa premisa, que es que el derecho a la protesta se contrapone con el derecho a la libertad de tránsito, se ha venido diciendo que el derecho de protesta lesiona el derecho de circulación, pero en realidad esto es sólo un movimiento discursivo, porque en realidad lo que importa no es la circulación de la gente, sino que las mercancías circulen, importa que la gente no llegue tarde al trabajo para que no se pare la producción, eso en el fondo es la cosa.

La arenga reaccionaria del ministro dio pie para que el diputado Erick Rodríguez hiciera declaraciones aún más rancias. El diputado dijo que si él fuera trailero sería el primero en echarle el trailer a los manifestantes, quiso suavizarlo diciendo que no se trataba de ser violento. Y bueno, quién sabe que entenderá el diputado por "ser violento", porque si eso no es ser violento entonces qué. Lo más asombroso (ironía por supuesto) es que, salvo algún medio digital, ningún medio de comunicación censuró las palabras del diputado, tampoco se le cuestionó en la comisión. Y el problema es que este tipo de discursos incitan a la violencia y luego tienen consecuencias. Pero siempre queda el recurso de decir que los violentos son los otros, sobre todo si esos otros reclaman derechos. Rodríguez es un cobarde y un provocador, un instigador, y debería censurársele por este tipo de manifestaciones que alientan y naturalizan la violencia. Esto es peligroso, cuando los políticos naturalizan la violencia desde el discurso, desde la tribuna, cosas muy negativas pueden pasar. Trump, es el mejor ejemplo.

Pero volvamos al ministro de seguridad. Según él, su propuesta de penar los bloqueos no criminaliza la protesta social. Yo me pregunto qué se imagina el ministro significa criminalizar la protesta social, porque criminalizar la protesta es justo eso que él quiere hacer. Como ya dije, esa Comisión Especial tiene como objetivo reducir al mínimo el derecho de huelga y criminalizar la protesta, vean nada más las arengas reaccionarias del diputado Carlos Ricardo Benavides.

En esta comparecencia el ministro dijo: "... también recuerdo una circunstancia muy particular en la frontera con Panamá en Paso Canoas donde incluso nos pusieron a miembros de la comunidad indígena a bloquear la salida fronteriza". De estas declaraciones del ministro se puede interpretar que piensa que los indígenas no tienen capacidad de discernimiento, "nos pusieron" los indígenas: pensamiento colonizador del ministro, los indígenas no tienen capacidad para analizar, pensar y tomar decisiones, no son sujetos políticos, y como tales tampoco sujetos de derecho. Y claro, lo que en realidad ocurrió es que esas personas indígenas ejercicieron su legítimo derecho a la protesta contra el plan fiscal, aunque no le guste al gobierno.

Eso pasaba por la mañana, por la noche, 15 balazos mataban a uno de esos no sujetos: Sergio Rojas. El gobierno que exige represión, permite que se asesine a un líder indígena. Para mayor gravedad, si es que en sí mismo el hecho no lo es lo suficiente, Rojas tenía medidas de protección desde hace años, que el gobierno nunca implementó. Cuestión de prioridades. Reprimir sí, proteger no. Un conflicto que tiene años, y que el gobierno ha hecho poco o nada por resolver. Todo lo contrario, ha desprotegido alentando entonces a los invasores de tierras blancos y racistas.

De nada sirven hoy los lamentos y la supuesta indignación del Presidente, de nada sirve que ahora, tras el cobarde asesinato se activen los protocolos de seguridad y medidas cautelares. Demasiado tarde. Ahora el gobierno a nivel internacional no ha quedado "como el gobierno que golpea indígenas", sino como el gobierno cobarde, y que por racista, permitió un brutal asesinato. Esto es el gobierno de la República de Costa Rica. Esto es el gobierno del bicentenario. Este es el gobierno de los Derechos Humanos... selectivos eso sí. Este asesinato deja en evidencia el carácter de clase, el carácter racista del Estado costarricense. Desde el gobierno no se apretó el gatillo cierto, pero se permitieron las condiciones para que ocurriera y eso los hace igual de responsables, que se dejen de lamentos y asuman las responsabilidades políticas.


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